Aprendiendo a rezar en casa
Por Gachi Waingortin
Pero echamos de menos otras prácticas, como la tefilá, que era netamente sinagogal. Eso estaba bien, nuestra tradición indica que las tefilot deben hacerse en comunidad. El concepto de minián nos enseña que no debemos rezar solos, necesitamos estar junto a otros judíos para recitar ciertas oraciones. En esta situación inédita, rabinos de todas las corrientes y geografías están buscando antecedentes halájicos para evaluar la factibilidad de contar un minián virtual o transmitir servicios religiosos por streaming. Mientras tanto, y hasta que recuperemos el contacto social, debemos ser capaces de llevar al seno del hogar rituales que no solíamos hacer en casa.
Las partes de la tefilá que requieren minian son pocas, básicamente Barjú, Kedushá, Kadish y lectura de la Torá. La mayor parte de nuestras oraciones pueden hacerse en soledad. No es necesario un rabino ni un jazán que las recite para uno. Lo único es precisamos es saber hacerlo. Y lo bueno de estar solos es que podemos rezar a nuestro ritmo, detenernos en una frase, o en una idea, releerla y disfrutar de un momento más íntimo y personal.
Hace algunos años presenté en este espacio una serie de artículos analizando nuestro Sidur. Propongo volver a entregarlos con una mirada que nos ayude a aprender a rezar. Si lo logramos, eso puede llegar a ser una de las enseñanzas más importantes de esta pandemia.
Comencemos por Kabalat Shabat. Después de encender las nerot y antes de sentarnos a la mesa, comenzamos leyendo seis salmos, uno por cada día de la semana. Podríamos hacer una pausa antes de cada uno, para evaluar día a día la semana que pasó.
Estos salmos entronan a D-s como soberano desde dos perspectivas distintas, lo universal y lo particular, como Rey del mundo y como D-s de Israel. El Salmo 95 comienza conectándonos con D-s como Rey universal, pero sigue diciendo “Porque Él es nuestro D-s y nosotros somos Su pueblo”. Al llegar al final de nuestra semana de trabajo, debemos detenernos a pensar para Quién trabajamos. Tomar conciencia de que el mundo es una creación divina nos recuerda que nuestra vida tiene sentido, pues forma parte de un plan superior. Recordar que “nosotros somos Su pueblo” nos dice que como judíos tenemos una manera maravillosa de vivir, que es la vida de mitzvot. Tenemos el motivo y las herramientas para hacer que nuestras vidas cobren un significado trascendente.
El Salmo 96 es enteramente universal y exhorta a toda la creación a cantar un nuevo cántico a D-s. Toda la creación lo hace. Hay un libro bellísimo pero muy poco conocido llamado Séfer Shirá el cual, basándose en esta idea, dice que todo en nuestro mundo, animales, plantas, astros celestes, paisajes, cada una de las cosas que nos rodean, tiene su propio canto a D-s. Séfer Shirá elige para cada uno de sus “personajes” un versículo del Tanaj que lo representa, que es su canto particular. Así, tenemos el canto del pasto, de las montañas, de la Luna, de animales, frutas y flores. Cada elemento de la naturaleza tiene su propio canto.
Si la naturaleza tiene esa sensibilidad, con más razón debemos tenerla nosotros. Cada ser humano es un cántico nuevo y distinto para D-s. Cada acción que hacemos, si apunta a mejorar el mundo, es una nueva canción de alabanza. Porque cada vida es única, cada uno hace su aporte irreemplazable para completar la creación. No es mala idea detenernos a pensar cuál es nuestro canto particular.
Sigue el salmo 97, diciendo que D-s reina sobre toda la Tierra y que nosotros debemos amarlo con una indicación bien clara: “Los que amáis al Señor, aborreced el mal”. Amar a D-s es actuar buscando el bien. Pero hay que saber cuál es el bien y cuál es el mal. Como judíos tenemos la Torá que nos enseña a reconocer la diferencia. Leemos que “Or zarúa latzadik”, la luz ilumina al justo. Todos podemos y debemos buscar y generar luz. La luz de una vida de mitzvot, de relaciones sanas, la luz del amor a D-s.
El Salmo 98 nos convoca a la alabanza. “Su salvación manifestó D-s a las naciones, Su justicia a los pueblos” nos dice que todos los seres humanos debemos reconocer a D-s. “Aclamad a D-s toda la Tierra”, “Los ríos canten Su gloria, las montañas entonen canciones” muestra a D-s reverenciado por la naturaleza. La Creación alaba a D-s, tú también debes hacerlo.
El Salmo 99 se enfoca exclusivamente en la relación de D-s con el pueblo de Israel. D-s escucha las plegarias y perdona los errores. Pertenecemos a este pueblo peculiar que tiene una peculiar relación con D-s. En esta relación directa, sin intermediarios, sentimos que D-s se involucra en nuestras vidas, nos tiene en cuenta y nos perdona si nos equivocamos como escuchó y perdonó a nuestros antepasados.
Finalmente nos ponemos de pie para recitar el Salmo 29 pues, al contener 18 veces el nombre de D-s, funciona como una pequeña Amidá. Decimos Kol Adon-ai bakoaj, kol Adon-ai behadar, la voz de D-s mueve la Tierra, engendra la fuerza, manifiesta Su gloria. La voz de D´s rompe los cedros y hace saltar las montañas. Con fuerza poética el salmista ve a D-s en todo. Acá “voz” implica poder, decisión, intervención en el mundo. Para escuchar esa voz hay que querer hacerlo; para encontrar, solo hay que saber buscar.
Una vez que hemos evaluado día a día nuestra semana, podemos dar la bienvenida al Shabat con Lejá Dodí. Eso lo dejamos para la próxima.