En medio de la incertidumbre regional y reconfiguraciones diplomáticas: ISRAEL CUMPLE 78 AÑOS DE INDEPENDENCIA
Hace 78 años, David Ben-Gurión proclamó la independencia del Estado de Israel en una modesta ceremonia en el Museo de Arte de Tel Aviv. Horas después, ejércitos de países árabes vecinos invadieron el naciente Estado judío, dando inicio a la guerra de independencia. Desde entonces, la historia de Israel ha estado definida por amenazas externas y una extraordinaria capacidad de construir, adaptarse y convertir la adversidad en motor de innovación y desarrollo.Hoy, más de siete décadas después, ese proceso de construcción se refleja tanto en su dimensión demográfica como en su desarrollo económico. Israel es un país de más de 10,2 millones de habitantes, según la Oficina Central de Estadísticas, una cifra que multiplica por más de doce la población original de aproximadamente 800.000 personas en 1948. El crecimiento anual —alrededor de un 1,4%— se mantiene entre los más altos del mundo occidental.Este crecimiento no es solo cuantitativo, sino también diverso. La composición demográfica refleja tanto continuidad como pluralidad: un 76% de la población es judía, mientras que el 21% es árabe, y el 3% restante incluye cristianos, beduinos y otras minorías. En un contexto regional donde muchas comunidades cristianas disminuyen, Israel destaca por ser uno de los pocos países del Medio Oriente donde esta población continúa creciendo.En paralelo a esta evolución social, el país ha consolidado un modelo de desarrollo singular. El vertiginoso crecimiento económico y tecnológico en las últimas décadas lo ha posicionado como un actor global en innovación, investigación y defensa.Sin embargo, este desarrollo no ocurre en el vacío, sino en estrecha relación con su entorno de seguridad. En esa línea, la reciente aprobación del presupuesto nacional —que además evitó elecciones anticipadas— da luces sobre las prioridades actuales. El plan es el de mayor volumen en la historia del país: 850 mil millones de shekels (unos 271 mil millones de dólares), y destaca un fuerte aumento del gasto en defensa (142 mil millones de shekels), destinado a enfrentar las amenazas regionales.Este vínculo entre desarrollo y seguridad también se refleja en la dimensión simbólica del calendario nacional. Como cada año, la celebración de la independencia está precedida por Yom Hazikarón, el Día del Recuerdo de los soldados caídos y víctimas del terrorismo. Las cifras oficiales hablan de 25.648 soldados caídos y 5.313 víctimas del terrorismo desde la creación del Estado. Durante estas jornadas, el contraste es evidente. Primero, el país se detiene. Sirenas paralizan la vida cotidiana en un ritual cívico que refuerza la conciencia de que la independencia israelí sigue estando íntimamente ligada al costo humano de su defensa.Luego, es en ese cruce entre memoria y proyección de futuro donde comienzan las celebraciones. En su mensaje a los ciudadanos, el presidente Herzog destacó que “el Estado de Israel es una potencia de desarrollo y progreso: agricultura de vanguardia, tecnologías que cambian vidas y sistemas de defensa avanzados que contribuyen a la seguridad y estabilidad”.Tensión regionalEl aniversario número 78 llega en un momento particularmente delicado en el plano geopolítico. El Primer Ministro Netanyahu declaró, al dirigirse a la nación, que “actuamos con valentía para eliminar amenazas existenciales, de armas nucleares y miles de misiles apuntando a nuestras ciudades”. Además, agregó que “la epidemia del antisemitismo está desatada en muchos países, pero Israel es más fuerte que nunca. Podemos luchar contra nuestros enemigos. La creación de Israel no eliminó el antisemitismo, pero sí nos dio el poder físico para responder a los ataques”.La confrontación tras la operación conjunta entre Estados Unidos e Israel contra el régimen iraní continúa marcando la agenda regional.Tras 40 días de hostilidades, un cese al fuego anunciado entre Estados Unidos e Irán ha abierto una ventana diplomática, aunque cargada de incertidumbre. Las negociaciones, que comenzaron en Islamabad, Pakistán, no han logrado aún resultados concretos, y el futuro de una segunda ronda permanece indefinido.Antes de que el plazo de dos semanas de cese al fuego expirara, el presidente Trump anunció este martes: “Con base en el hecho de que el Gobierno de Irán está seriamente fracturado. Se nos ha pedido que detengamos nuestro ataque contra el país de Irán hasta que sus líderes y representantes puedan presentar una propuesta unificada. En consecuencia, extenderé el alto el fuego hasta que dicha propuesta sea presentada y las discusiones concluyan, de una forma u otra.”En paralelo, otros frentes muestran movimientos significativos. Las conversaciones entre Israel y Líbano en Washington D.C., un hito que no ocurría hace más de 30 años, evidencian una convergencia frente a un enemigo común. Según declaraciones del embajador israelí en Estados Unidos, ambas partes comparten el interés de “liberar a Líbano de un poder ocupante dominado por Irán”, en referencia a la organización terrorista Hezbolá.Estos desarrollos reflejan una tendencia más amplia: la reconfiguración de alianzas en Medio Oriente y las oportunidades que aparecen en momentos de tensión regional. América Latina: un nuevo eje en construcciónEn el escenario global, este año América Latina emerge como un espacio de creciente relevancia diplomática para Israel. La región está experimentando un giro gradual hacia liderazgos de centroderecha que están redefiniendo las prioridades de política exterior. En el caso chileno, el gobierno de José Antonio Kast supone un cambio en las relaciones con Israel. La señal más reciente fue la conversación telefónica que mantuvo el ministro de Exteriores de Israel, Gideon Saar, con su par de Chile, Francisco Pérez Mackenna, en la que el israelí aseguró haber expresado su “admiración por el pueblo chileno y su éxito económico”, además de agradecerle por retirarse del “Grupo de la Haya”, una coalición de países del sur global liderado por Colombia y Sudáfrica dedicado a impulsar medidas legales y diplomáticas contra Israel.Entre las señales emergentes de este realineamiento hacia Israel también se encuentran la restauración de relaciones con Bolivia, cambios en la orientación política de Ecuador, la visita del presidente electo de Honduras, Tito Asfura, a Israel, y el creciente protagonismo regional de la líder opositora venezolana María Corina Machado, laureada con el Premio Nobel de la Paz, quien se reunió este año con el ministro de Relaciones Exteriores de Israel en Estados Unidos.Este escenario en evolución también incluye procesos ya consolidados. Además del caso de Paraguay, cuyo presidente Santiago Peña ya ha visitado Israel, se siguen profundizando los vínculos con Argentina bajo el presidente Javier Milei. En su reciente visita —la tercera desde el inicio de su mandato— además de presentarse un vuelo directo entre Tel Aviv y Buenos Aires operado por El Al, se anunciaron los “Acuerdos de Isaac”.En una declaración conjunta entre los gobiernos de Argentina e Israel, se explica que el lanzamiento del acuerdo es para “fortalecer la cooperación entre Argentina, Israel y socios afines en el Hemisferio Occidental, los descendientes de Isaac y las naciones de tradición judeocristiana, en defensa de la libertad y la democracia, y en la lucha contra el terrorismo, el antisemitismo y el narcotráfico.”Las próximas elecciones en Brasil y Colombia —que, junto con Chile, representaron a los gobiernos más críticos de Israel en América Latina durante la reciente guerra— también serán determinantes para el mapa diplomático regional.Estos giros sugieren que Israel no solo enfrenta desafíos en su entorno inmediato, sino que también está activamente redefiniendo su red de alianzas a nivel global.

