publicado hace 9 días

Judíos desleales

Donald Trump, a quien los judíos del mundo aplaudimos unánimemente por trasladar la Embajada de EE.UU. a Jerusalem, dijo el pasado 20 de agosto que: “Cualquier persona judía que vote por los demócratas muestra una falta total de conocimiento o una gran deslealtad”. Esto ocurrió en el marco de una disputa por el ingreso que Israel denegó a dos congresistas pro BDS (parecido a los casos que se han construido en Chile). Pero el mandatario fue más allá: “Si un judío vota por un demócrata, es muy, muy desleal con Israel y con el pueblo judío”. En respuesta a estas declaraciones, David Harris, Director del American Jewish Committee, AJC, salió a decir que: “Estamos indignados por los comentarios del presidente Trump, que son sorprendentemente divisivos e impropios de la máxima autoridad del país. Su evaluación del conocimiento o “lealtad” de los judíos basada en la preferencia de su partido, es inapropiada, inoportuna y peligrosa “. En la misma línea, el representante de Virginia, Gerald E. Connolly, aseguró que lo dicho por Trump es un viejo argumento antisemita. En efecto, lo más grave de lo expresado por el presidente de EE.UU., es su discurso de odio hacia todo lo que no sea “puramente norteamericano”. Está naturalizando el odio; tanto así que el reciente tiroteo en El Paso estuvo influido por sus aseveraciones respecto de la “invasión mexicana”. Mucho antes había ocurrido la manifestación de neonazis en Charlottesville a la que no dio importancia y el año pasado, cómo olvidarlo, sucedió la matanza en la sinagoga de Pennsylvania. Pero hay más, esta semana el World Jewish Congress informó que en Nueva York el año pasado hubo un aumento del 83% en delitos de odio, de los cuales el 59% fue dirigido a judíos. Cabe cuestionarse si Trump ofrece la plataforma para que ello ocurra. ¿Qué pretende si sabe que, desde principios de 1990, la participación Demócrata en el electorado judío nunca ha caído por debajo del 63%, mientras que la votación por el Partido Republicano nunca ha subido por encima del 31%? A propósito de esta polémica, Michelle Goldberg del New York Times, escribió “Mazel Tov, Trump, has revivido la izquierda judía”. Se trata de una excelente y aguda forma de hacer ver que los judíos redoblarán su compromiso con los valores que en general representa el Partido Demócrata. Habrá que ver cómo será su comportamiento electoral en 2020. Quizás algunos no consideren estos dichos como algo grave, porque finalmente, se trata de Donald Trump, un mandatario que habla de todo con desparpajo, no responde a preguntas de medios que califica como “fake news” y los descalifica públicamente. Su twitter debe ser el más activo, irresponsable y odioso de un presidente, pues lo usa para ironizar, poner sobrenombres a políticos de oposición, postear declaraciones que debería dar desde la Casa Blanca, iniciar guerras comerciales, terminar guerras comerciales, anunciar cambios arancelarios, etc. Es una actitud matonesca poco propia del presidente de una potencia como EE.UU. Sin embargo, no debemos tomar esto a la ligera. Lo que ha dicho sobre los judíos nos atañe directamente y debemos estar atentos porque, como declaró David Harris, esto es grave y peligroso. Calificar de desleales a los judíos que no votan por él no es sólo una acción inaceptable, es una falta de respeto hacia todos los judíos del mundo que adhieren valores como la solidaridad, el Tikun olam (mejorar el mundo), la apertura y el pluralismo. Cuando Donald Trump naturaliza el rechazo a los judíos y apunta a que “son desleales con Estados Unidos”, estamos ante un problema mayor, pues quienes promueven y activan acciones de odio, cuentan con el aval del mismísimo presidente.

publicado 29 Agosto 2019

La energía nuclear no debe conducir a las bombas nucleares

A principios de este mes, se informó que la Casa Blanca de Trump quiere un nuevo acuerdo con Irán que elimine el enriquecimiento de uranio de la República Islámica. A partir de su muy desarrollada sospecha de las intenciones de Irán, la Casa Blanca ha tropezado con un principio que necesita una aplicación casi universal si se quiere que el uso de la energía nuclear sea compatible con la seguridad internacional. La razón es simple: a pesar de las valientes palabras del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) sobre sus capacidades técnicas para salvaguardar las instalaciones de energía nuclear, el hecho es que, si el plutonio o el uranio altamente enriquecido están disponibles para los posibles fabricantes de bombas, pueden ser utilizados para bombardear tan rápidamente que otros países se verían enfrentados a un hecho consumado. Tenemos que hacer frente a este hecho básico en todo el mundo. Hace décadas, Fred Iklé recordó a los controladores de armas en un artículo clásico de Asuntos Exteriores de 1961 que la detección no es suficiente. Los tratados no se aplican por sí mismos. Los principales guardianes del tratado tienen que estar dispuestos a aplicarlo, y a dejarlo específicamente claro. Esto significa que los posibles infractores deben estar convencidos no sólo de que serán detectados, sino también de que saldrán de la experiencia peor que antes de que se produjera la violación de un tratado. ¿Pero es así hoy en día para los miembros del Tratado de No Proliferación (TNP)? Siendo realistas, ¿qué podríamos hacer con un país que ahora cuenta con armas nucleares, aunque esté mínimamente armado? O, ¿qué querríamos hacer? Al pensar en poner fin a la propagación de las armas nucleares, nos basamos demasiado en un modelo anticuado. Durante la Guerra Fría, Estados Unidos tuvo un solo adversario y se sintió amenazado por cualquier aumento de su capacidad militar. No había duda de que querían reaccionar con firmeza ante cualquier violación de un tratado de control de armamentos, al menos si pudiera hacerlo. Por el contrario, en el caso de la mayoría de las violaciones pasadas y posibles futuras de las normas de no proliferación, no nos sentimos directamente amenazados por sus nuevas armas nucleares adquiridas, excepto en el sentido más abstracto de que otros Estados con armas adicionales complican aún más los esfuerzos para prevenir las guerras nucleares. Y en algunos casos, el infractor potencial es un país amigo al que no tenemos intención de castigar. Así que, por ejemplo, parece que Estados Unidos está dispuesto a abalanzarse sobre Irán si cruza la línea hacia las armas nucleares, ¿pero caería sobre Japón? ¿Corea del Sur? ¿Arabia Saudita? Y si no lo hace, ¿a dónde lleva eso? El historial estadounidense en la aplicación de las normas nucleares no inspira confianza en que trataremos de invertir sus acciones. Consideremos la promesa incumplida de la India de utilizar el agua pesada de Estados Unidos para usos pacíficos, sólo para fabricar plutonio para su explosión nuclear de 1974. Estados Unidos no hizo nada en respuesta. En la década de 1980, Estados Unidos ignoró el desarrollo de armas nucleares de Pakistán porque pensó que necesitaba la ayuda de Pakistán para oponerse a la invasión soviética de Afganistán. Cuando el OIEA consideró que la declaración material de Corea del Norte de 1992 era deshonesta, los americanos sobornaron a Pyongyang con 5.000 millones de dólares en reactores eléctricos para evitar que abandonara el TNP. El hecho de que este acuerdo se desmoronara posteriormente no elimina la debilidad de la reacción inicial. Las explosiones nucleares de la India y Pakistán de 1998 desencadenaron sanciones de la Enmienda Glenn, pero éstas fueron suspendidas en 2001. ¿Sería sorprendente que un país que contempla cruzar la línea de fuego para fabricar armas nucleares concluyera que no es probable que Estados Unidos haga mucho en respuesta? ¿Entonces qué? La única manera de evitar que se nos presente el hecho consumado de que un nuevo miembro del club de armas nucleares ha entrado en el mismo, y así preservar la aplicabilidad del TNP, es, como mínimo, prohibir el acceso a los explosivos nucleares y los medios para adquirirlos rápidamente. La energía nuclear comercial no necesita plutonio ni uranio altamente enriquecido. Los reactores de potencia necesitan uranio poco enriquecido, pero ese enriquecimiento sólo debería tener lugar en un pequeño número de centros de gran confianza. Esa es básicamente la forma en que funciona hoy en día el mercado mundial del enriquecimiento. Restringir el acceso a combustibles que también son explosivos nucleares es precisamente lo que el presidente Gerald Ford propuso en su Declaración sobre Energía Nuclear de 1976 cuando dijo que deberíamos poner de nuevo el plutonio (entonces el explosivo de mayor preocupación) en el estante hasta que el mundo pueda hacer frente a las consecuencias de la proliferación. ¿Hay alguien que piense que ya hemos llegado? Por supuesto, queremos seguir mejorando las capacidades técnicas de detección del OIEA. Pero los esfuerzos actuales de no proliferación están muy desequilibrados. La respuesta a los problemas que plantea el fácil acceso a los explosivos nucleares no reside en los laboratorios de control de seguridad nuclear. Se deriva de una evaluación realista de las perspectivas de aplicación: Permitir únicamente las actividades de energía nuclear cuyo posible uso indebido proporcione un margen adecuado de protección contra el desvío repentino hacia las armas. Lo que esto significa, como mínimo, para el futuro inmediato es condicionar el comercio nuclear con todos los países (con excepción de los cinco Estados nucleares autorizados por el TNP) a compromisos legalmente vinculantes de no enriquecer uranio o separar plutonio, y trabajar con otros proveedores para hacer de ello una norma universal. Fuente: https://israelnoticias.com/editorial/energia-nuclear-bombas-nucleares/

publicado 22 Agosto 2019

La Causa AMIA 25 años después y la probable vuelta de Cristina Fernández al gobierno

El jueves 18 de julio de 2019 se cumplieron 25 años del atentado terrorista más grande cometido en Argentina y el más importante en contra de una comunidad judía desde el término de la Segunda Guerra Mundial. Casi un mes después, el domingo 11 de agosto, se produce una imponente victoria electoral de Alberto Fernández y de Cristina Fernández en las denominadas PASO, esto es “primarias abiertas, simultáneas y obligatorias”. ¿Cómo se relacionan estos dos hechos? Es lo que trataremos de responder en estas líneas. El atentado en contra de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) causó 85 muertos y más de 300 heridos. La investigación judicial del mismo se ha clasificado en dos pistas estrechamente interrelacionadas: la internacional y la local. La primera ha conducido a la responsabilidad de las más altas autoridades iraníes de la época, quienes habrían diseñado y planificado el atentado, ejecutado por el movimiento Hezbollah, declarado como agrupación terrorista por el gobierno argentino en la misma semana del 25 aniversario del ataque. Esta sentencia, acusando a Irán y Hezbollah, fue dictada por el fiscal Alberto Nisman, quien apareció muerto en su casa el 18 de enero de 2015, un día antes de su comparecencia ante el Congreso Nacional para denunciar a la entonces presidenta Cristina Fernández. Aquí se interrelaciona la pista internacional con la local, aquella que conduce a la acusación de obstrucción a la justicia de diferentes autoridades nacionales argentinas. Al menos, hay dos hitos fundamentales en esta investigación local. El primero se remonta hasta el 2005, cuando varias personalidades argentinas fueron acusadas de encubrimiento y violación de medios de prueba. El más importante de ellos, el ex presidente Carlos Menem, acusado de presionar a la justicia para que abandonase la investigación sobre una supuesta conexión siria del atentado. Sin embargo, el 28 de febrero de 2019, la justicia argentina absolvió a Menem por esta causa. No corrió la misma suerte el juez José Galeano, condenado a seis años de cárcel por el pago a un testigo, con el objetivo de obstruir la justicia. El segundo hito comienza en 2018, cuando la justicia argentina confirma que la muerte del fiscal Nisman corresponde a un homicidio, y no a un suicidio, como se destacó en un comienzo. ¿Y cuál fue el motivo del crimen según los jueces? Este habría sido consecuencia directa de la denuncia que formulara Nisman en contra de la ex presidenta Fernández por encubrimiento del atentado. La acusación de Nisman era enfática, contundente e involucraba de manera directa a la presidenta. He aquí un relato de los hechos. En enero de 2013 Cristina Fernández anunció que se había firmado un memorándum de entendimiento con Irán, entonces gobernado por Mahmud Amadineyad, para la creación de una Comisión de la Verdad, destinada a investigar el ataque contra la AMIA. Este memorándum fue fuertemente rechazado por las mayores organizaciones judías argentinas, entre ellas la propia AMIA y la DAIA, y denunciado por el fiscal Nisman. Este señaló que detrás del memorándum existía un plan para encubrir a los responsables iraníes del atentado, a cambio de ganancias económicas para Argentina. Desde marzo de 2018, la ex presidenta ha sido interrogada en diferentes ocasiones por el supuesto delito de encubrimiento a los sospechosos iraníes en el atentado. El juez Claudio Bonadio es el encargado de retomar la denuncia de Nisman, y ha acusado a Fernández de “traición a la patria” al existir un cambio de actitud de Argentina con respecto a Irán, gestándose negociaciones secretas y oficiales entre ambos gobiernos, que culminaron con la suscripción del memorándum. En marzo de 2019, la Corte Suprema de Argentina ratificó su prisión preventiva por el supuesto encubrimiento a los autores del atentado. El juez Bonadio solicitó a la ex mandataria que explicara ante el jurado si el pacto firmado con Irán fue un “plan criminal” ideado por la Casa Rosada. No obstante, Fernández no puede ir a prisión porque tiene fuero parlamentario por ser senadora federal. Por su parte, la ex presidenta niega estos supuestos delitos, y señala que ellos responden a una persecución política liderada por el presidente Macri. En este contexto, y para complejizar más este enredado puzle, surgen fuertes diferencias al interior de la comunidad judía argentina sobre esta investigación. De este modo, la AMIA solicitó a la DAIA, a través de una carta fechada en enero de 2019, que la DAIA desista de impulsar la causa judicial en contra de la ex mandataria. Las razones que daba la AMIA eran que esta causa divide profundamente a los argentinos. Frente a esta solicitud, la DAIA respondió que esto constituía algo inaceptable. Posteriormente, la AMIA retiró este pedido y su presidente. Agustín Zbar, renunció al cargo. Tras 25 años, la Causa AMIA sigue siendo un tema presente en la agenda política argentina y de las comunidades judías latinoamericanas. La probable vuelta de Cristina Fernández, esta vez como vice presidenta, abrirá un nuevo debate en la opinión pública y en la justicia argentina sobre su responsabilidad en la firma del memorándum con Irán. Tal vez, puedan ser promisorias las palabras de Alberto Fernández, candidato y probable próximo presidente de la Nación, quien en julio de 2019 declaró ante el juez Bonadio que siempre fue crítico del acuerdo con Irán. De llegar a la Presidencia es de esperar que mantenga esta opinión, y que no se transforme en nuevo obstructor a la justicia por el Caso AMIA.

publicado 15 Agosto 2019

Temas contemporáneos del judaísmo

Los temas del cambio climático han favorecido los movimientos sociales que proponen detener el progreso y volver a la naturaleza. En la actualidad hay movimientos ecologistas muy fundamentalistas, a veces hasta agresivos, como también los hay aquellos que proponen la intervención genética del hombre para adecuarse a la nueva realidad de la inteligencia artificial que nos dominará. ¿Cómo encontrar el camino intermedio? La estrella de David es un símbolo muy poderoso del judaísmo que entre muchas otras cosas muestra el equilibrio armónico entre dos fuerzas aparentemente opuestas. También muestra la vieja sabiduría del mandato de subir y bajar simultáneamente el Árbol de la Vida, es decir estudiar y hacer al mismo tiempo. La estrella es también la indisoluble conexión que tiene un judío con Dios. También puede ser el cruce entre lo exotérico y lo místico, como el Talmud y la Cábala por ejemplo. También es simbólico de la relación entre el cielo y la tierra. La estrella tiene 6 puntas externas y 6 internas, que equivale a las 12 tribus. Hay textos medievales de Cábala que hablan de un escudo mágico que poseía el Rey David, que lo protegió de sus enemigos. En 1890, el movimiento sionista adoptó la estrella de David como emblema y que hoy luce radiante en la bandera de Israel, o cuelga orgullosa en nuestros cuellos. Rabbi Akiva, se cuenta, puso frente a sus estudiantes dos platos, uno con granos, otro con pan, y preguntó a sus alumnos cuál prefieren. La respuesta es evidente. El rol de la humanidad en la creación es elocuente, es nuestra responsabilidad completarla. La tecnología sin duda mejora nuestra calidad de vida material de manera indiscutida, pero abre la pregunta acerca de cuanto nos desvía de la espiritualidad, del sentido esencial del ser humano, y en particular del judaismo. Un ejemplo simple: Hashem nos comanda el “parirás con dolor” y hoy de hecho podemos evitarlo y lo hacemos, ¿Cuál es la respuesta correcta? Internet nos abre fuentes de información antes imposibles, buenas y malas de acuerdo a cada cultura. Tenemos acceso a sabiduría de la Torah, pero también a la pornografía, y al antisemitismo entre otros. También abre las puertas de nuevas relaciones entre personas o instituciones. Los impactos del celular inteligente abren todo tipo de preguntas muy difíciles de responder. La halajá sin duda los enfrenta, pero es necesario el entendimiento profundo de la tecnología para legislar, y eso obliga a abrirse a otras fuentes de información que están asociadas a otras formas de entender el mundo y por cierto su futuro. ¿Puede un dron definir el eruv? ¿Puede el judaísmo ser una isla de la civilización? ¿Puede un get hacerse por video-conferencia? Son temas reales de halajá. Por otro lado, con computadores y estadísticas se abren sorprendentes códigos escondidos en la Torah, lo que como libro sagrado claramente significa que estaban ahí para ser descubiertos. Como esos descubrimientos requieren de esa tecnología y conocimientos, se puede deducir que la Torah de alguna manera “ya tenía previsto” que esa tecnología alguna vez existiría y permitiría revenar los secretos que la Torah tiene para cada tiempo. Todos estos temas son parte del judaísmo moderno y tiene no sólo aspectos prácticos sino enormes alcances espirituales. La clave es entender que la tecnología no es sólo una herramienta, como lo es la máquina. Lo correcto es pensar en una tecno-lógica y eso es lo realmente trascendental. Una lógica genera realidad con propósito, y por ello sabemos que la tecnología no es neutra, sólo máquina lo es. Pero precisamente es esa lógica la que nos ha traído cosas como la inteligencia artificial, la clonación, la manipulación genética, los robots, la inseminación artificial, la realidad aumentada. Para que hablamos de las armas de destrucción masiva. Todas estas “realidades” nos confrontan de alguna manera con las visiones de la Torah, ¿o no? Desde otra perspectiva, para quienes entendemos el judaísmo con una visión más mística, los Tefilim por ejemplo son una tecnología ancestral muy poderosa, lo que de otro modo no tendrían ningún sentido en su poder. Es simplemente maravilloso escuchar a un rabino sobre el asunto, y después no amar los Tefilim. ¿Y la menorah, la meditación cabalística, la mezuzah, o las fuerzas escondidas en las letras hebreas? Quizás es tiempo de abordar más todos estos temas. Dentro de todos estos temas, la primera curiosidad es que Israel, hogar ancestral del judaísmo y de la Torah, es hoy también uno de los líderes mundiales en muchas de esas tecnologías. Esto probablemente abre una brecha interna en Israel con el judaísmo más ortodoxo, nuestras raíces y matrices fundamentales. De la misma manera distintas congregaciones, religiosas o comunitarias, hacen uso intensivo de las plataformas tecnológicas para comunicarse, enseñar, difundir. Estamos en un terreno gris. Decenas de miles de estudiantes judíos estudian los temas tecnológicos y otros en las universidades del mundo. ¿Empezarán a divergir del judaísmo tradicional? La asimilación es un tema central del judaísmo moderno, y por cierto tiene mucho que ver con la educación.

publicado 08 Agosto 2019

¿Por qué importa el camino del schnitzel al humus?

Política y globalización: Schnitzel y humus El poder de la comida –de la cocina– no debería sorprendernos. Pensemos en las festividades judías. Todas tienen un elemento culinario. Manzanas y miel en Rosh Hashaná; latkes o sufganiot en Janucá; lácteos en Shavuot, y las mil y una preparaciones de Pesaj. Tal vez la única excepción, por razones obvias, es Iom Kipur, aunque incluso ahí cada familia tiene platos tradicionales con los que deja el ayuno. También hay quienes mantienen la reglas de la kashrut, por lo que los judíos son un pueblo que usa la comida como un identificador. Según algunos académicos, como el profesor Ronald Hendel de Berkeley, la kashrut tiene sus orígenes en la diferenciación cultural (aparentemente el cerdo, muestran las excavaciones arqueológicas, era una carne bastante común en la dieta de los filisteos). Maimónides, por el otro lado, decía que la kashrut estaba vinculada con la salud – que las comidas no kasher eran menos saludables. Abarbanel discrepó: para él la explicación de Maimónides le quitaba toda espiritualidad a las leyes de Moisés. Era imposible que la Torá fuera un simple manual médico. Lo cierto, es que los judíos entienden el poder simbólico y cultural de la comida. Pero más allá de la religión, la comida está fuertemente vinculada al poder. Una de las primeras cosas que aprende una guagua es negarse a comer ciertos tipos de comida. Los padres empiezan a negociar, la hija cierra la boca o empuja el plato, y empieza la lucha de poder. Son nuestras primeras negociaciones políticas. Aprendemos lo que es el poder a través de la comida. Como la política es el ejercicio del poder, no debe sorprender que exista una relación entre comida y política. Cuando se piensa en el poder del estado –especialmente en el contexto israelí– se suele pensar en términos concretos. Israel sobrevive gracias a su poder militar, la inteligencia, el Mossad, y también a un poder científico que le da cierta ventaja comparativa. Pero hay otros tipos de poder. Gramsci, un teórico marxista italiano, veía el poder como una condición impuesta por uno o varios grupos no solamente a través de la violencia, sino a través de estructuras sociales como los medios, la educación, la economía, y, desde luego, las relaciones sociales. El cientista político Joseph Nye identificó hace años lo que llamaba el “Poder blando”, que incluye la influencia cultural. Nye se refiere al ejercicio del poder que un país puede ejercer en la esfera internacional más allá de las presiones tradicionales como la militar. Un buen ejemplo son las películas de Hollywood, y cómo han influido en las percepciones que el resto del mundo tiene de EEUU, o cómo las cadenas de comida rápida ya casi no son vistas como restaurantes estadounidenses sino como un patrimonio global. La comida, tal vez sin querer, se hizo parte del poder blando estadounidense. Es muy raro, sin embargo, que alguien diga, “voy a comer comida gringa o china o italiana porque me gusta Estados Unidos, China o Italia.” A la vez, debe haber, pero son pocos, los que dirían “no como bagels o jalá porque son panes judíos”. El consumo de distintas comidas nacionales o étnicas no suelen ser declaraciones políticas. Como escribe el académico israelí Nir Avieli, la comida no es reflexiva. Uno no lo piensa. Come lo que le gusta. Pero aunque la comida no sea reflexiva, sí refleja. Es evidente que una cocina nacional refleja la cultura en que opera, los productos locales, las influencias extranjeras, la disposición a probar lo nuevo, la relativa riqueza o pobreza, y desde luego, las relaciones de poder. Todos estos factores están muy presentes en la comida israelí. Si uno hubiera visitado Israel en sus primeros años, la comida que se podía encontrar estaba muy determinada por la escasez y la cultura. La política de Tsena de los años cincuenta limitó el acceso a ingredientes, y la cultura dominante era la ashkenazí. Pero, ¿cuándo fue la última vez que vieron guefilte fish en un restaurante israelí? Hoy, en todo restaurante, y en casi todos los hogares, con la posible excepción de la comunidad ultra-ortodoxa, se sirve humus, falafel, shawarma y shakshuka. Y no solamente en Israel. La comida israelí está de moda. Uno de los restaurantes más comentados en EE.UU. no está en Chicago o Nueva York, sino que en Filadelfia. Se llama Zahav. En Londres, el chef israelí Yotam Ottolenghi tiene seis restaurantes y sus libros de cocina -incluyendo “Jerusalem”, escrito con un amigo palestino, Sami Tamimi- son bestsellers. Estos restaurantes, como Zahav, ganador del prestigioso premio James Beard, no sirven bolitas de matzá. Sirven comida mizrají. Este giro en lo que se come en Israel refleja un cambio importante dentro de la cultura israelí. Si bien desde su fundación hasta hace unos años atrás los ashkenazim construyeron una cultura nacional –política, literaria y culinaria– dominada por tradiciones alemanas, rusas y polacas, hoy Israel es una sociedad mucho más compleja. Entre 1948 y 1956, la población de Israel creció por un poco más de la mitad, y la mayoría de esos nuevos inmigrantes llegaron de los países árabes, expulsados por la violenta reacción de sus gobiernos locales al establecimiento del Estado Judío. En esos años llegaron casi un millón de personas de los países MENA (la sigla en inglés por el Medio Oriente y el Norte de África), es decir, judíos orientales o, en hebreo, mizrajim. El estado israelí intentó integrar estos nuevos inmigrantes dentro de una visión hegemónica del sionismo de la época, queriendo construir en Israel un modelo socialdemocrático y moderno, según líneas europeas. Un ejemplo de lo anterior lo recuenta la académica Orit Rozin, que explica que durante los años de racionamiento de la Tsena, David Ben Gurion le envía una carta a Yigal Yadin, dándole instrucciones de cambiarle los hábitos alimenticios a los yemenitas. Le ordena a Yigal Yadin que busque para los niños de padres yemenitas “mejor nutrición, ojalá fuera de la casa, porque el padre yemenita no cuida a sus hijos como lo hacemos nosotros…”. La relación entre comida y poder se hace evidente. La generación de Ben Gurión, además de absorber a los casi un millón de mizrajim, veía la capacidad que tenía la comida para moldear una cierta imagen de Israel y del israelí. Instalaron en el Boulevard Rotschild y en Dizengoff cafés vieneses que servían strudel y schnitzel. Cuenta la leyenda que Golda Meir recibía líderes internacionales en su pequeña cocina y les servía sopa de pollo (tan importante es la receta que, en el año 2012, los Archivos Nacionales de Israel la desclasificaron y la publicaron en su sitio web). Pero los mizrajim trajeron sus propias preparaciones; falafel, humus, malawaj, kabuneh y yajnun, y especias como zhug y za’atar. El cambio desde el Israel del schnitzel de pollo hacia el Israel del humus ha sido gradual pero constante, desde el primer minuto. Los primeros jalutzim, los que se cambiaron de nombre de Grün a Ben Gurion, o de Meyerson a Meir, entendieron la importancia de volver, por lo menos lingüísticamente, a los orígenes locales. Pero con la comida fue distinto. ¿Por qué importa el camino del schnitzel al humus? Por dos razones. Primero, existen voces, cada vez más vociferantes, que han tomado la idea de la apropiación cultural –una teoría sociológica que emerge desde las críticas anti-coloniales de los 80– y la han aplicado a la política del Medio Oriente. El argumento sería que el humus y el falafel son comidas árabes, y el hecho que hoy se venda como comida israelí es nada más que una muestra más del colonialismo sionista. Queda claro, al entender que los cerca un millón de inmigrantes de los países MENA trajeron con ellos sus tradiciones culinarias, que la acusación peca en la repetición de un tipo de estereotipología que la misma teoría dice combatir. Si uno ve en Israel un proyecto colonial europeo, claramente el consumo de la cocina árabe es un acto de colonialismo, junto con su versión geográfica y política. Pero como señala Hen Mazzig en una columna en el Los Angeles Times, “borrar la experiencia mizrají niega las vidas de los 850.000 refugiados judíos quienes, incluso en los estados herederos al Imperio Otomano de comienzos del siglo XX, fueron tratados de ‘dhimmis’, una palabra árabe que describe una minoría protegida, quienes pagan por esa protección”. La comida mizrají, por ende, no es un ejercicio colonial de europeos apropiándose de las tradiciones de otros, sino una cocina que emerge de siglos de presencia judía en países árabes bajo condiciones precarias, y cuya existencia llega a su fin por una masiva expulsión a mediados del siglo pasado. La segunda razón que importa es que vivimos en una época en que muchos líderes cuestionan la globalización, y si hay un espacio de la vida cotidiana en que la globalización está presente es en la comida, y si hay un lugar en que notaríamos el cierre de fronteras, sería en nuestras cocinas. Así ha sido siempre, desde la influencia de los fideos chinos en la comida italiana hasta la importancia de la papa (palabra quechua) en las mesas alemanas, o la adopción del tomatl azteca y la badengan (berenjena) de la India en la cocina árabe. Esos casos no terminan siendo conflictos políticos porque no hay conflictos políticos subyacentes entre las culturas involucradas. Pero cuando dos culturas o países tienen temas no resueltos, una arena del conflicto suele ser gastronómico. El ejemplo de la denominación de origen del pisco viene inmediatamente a la mente. Y, también, el caso del humus, que hoy es tal vez el plato más políticamente simbólico. En 2006 una empresa norteamericana, Sabra, pensó que sería un buen acto publicitario servir la porción más grande de humus. Midiendo mas de tres metros en diámetro, el plato pesaba unos 400 kg., y entró al libro Guiness de records mundiales. Esto no le cayó bien a Fadi Abboud, presidente de la asociación de industrialistas libanés. Para Abboud, el humus es libanés, y basándose en el caso del queso feta, en que los griegos demandaron a los daneses y consiguieron el status de denominación de origen en 2002, Abboud intentó ir a los tribunales de comercio internacional para demostrarlo. No fue posible. Pero en 2009 Líbano decidió ganarle a la empresa Sabra, y obtuvo un récord Guiness con el plato más grande de humus, uno de 2000 kg. En 2010 Jawdat Ibrahim, un árabe israelí del pueblo de Abu Ghosh, conocido por su humus, sirvió un plato de 4000 kg., y de 6.4 m de diámetro. Nuevo récord. Cuatro meses más tarde, Líbano le gana de nuevo a Israel, con un humus de 10,500 kg. Con esto, parece que se logró por fin una tregua en “las Guerras del Humus”. El académico Ari Ariel, en un artículo en el Journal of Critical Food Studies, dice que las Guerras del Humus representan inquietudes más profundas sobre la “autenticidad” en un mundo globalizado. Son las mismas inquietudes que hoy alimentan a los movimientos populistas y nacionalistas. En un mundo globalizado, todo cambia, todo se mueve, todo migra. Gente, capital, comida. Cuando eso ocurre, ¿podemos reconocer la comida israelí, chilena, italiana o alemana? El humus, como muchas otras cosas, al final es el producto de cientos de años de migraciones, tanto de personas como de plantas. Pero, curiosamente, para algunos israelíes, la prueba definitiva de que el humus es israelí se encuentra en Megilat Rut, 2:14, cuando Boaz le dice a Rut: אָכַלְתְּ מִן-הַלֶּחֶם, וְטָבַלְתְּ פִּתֵּךְ, בַּחֹמֶץ “Venga, come del pan, y moja un pedazo en jometz” En español lo traducen como vinagre, o algo ácido. Pero para algunos, la palabra “jometz” es, en realidad, la primera mención en la historia de un plato de humus. Queda claro que la resolución a las Guerras del Humus pasa por resolver conflictos más profundos (y complejos) y eso no parece ser fácil. Una mirada más intensa nos hace comprender que a través de la comida se observan importantes cambios en la sociedad israelí. Da, de cierto modo, lo mismo quien lo haya inventado: la ubicuidad del humus en los hogares y restaurantes del país subraya el hecho que un 70% de su población sea, hoy por hoy, de origen mizrají, derribando así nociones de un país de europeos trasplantados, y ubicando a Israel, como siempre lo ha sido, al centro de rutas de globalización, migración e intercambio de ideas.

Instan a la FIFA a garantizar que hinchas israelíes puedan ir a ver el Mundial

Con miras al Mundial de fútbol de 2022, la organización judía internacional StandWithUs alertó, en un comunicado, que «Israel no está incluido en la lista de casi 250 nacionalidades y territorios elegibles para una visa de ingreso» al país organizador, ya que «como la mayoría de los Estados árabes (con la excepción de Egipto y Jordania, que tienen tratados de paz) Qatar no (lo) reconoce y prohíbe la entrada» de sus ciudadanos. Por ello, la entidad «insta al Comité de Ética de la FIFA (sigla en francés de la Federación Internacional de Asociaciones de Fútbol) a investigar y juzgar la conducta del Gobierno en este asunto, para garantizar que todos los fanáticos puedan participar en la Copa». «Si se permite a Qatar prohibirles la entrada a los hinchas israelíes, ello se reflejará negativamente» en la imagen de un ente rector que «ha hecho de la inclusión un principal sello distintivo de su espíritu», advirtió el director y cofundador de StandWithUs, Roz Rothstein. El artículo 22° del Código de Ética de la FIFA prohíbe expresamente «ofender la dignidad o integridad de un país, persona privada o grupo de individuos a través de palabras o acciones despectivas, discriminatorias o denigratorias por motivos de raza, color de piel, etnicidad, nacionalidad, origen social, sexo, discapacidad, idioma, religión, opinión política o de cualquier otro tipo, capacidad económica, nacimiento, estado, orientación sexual o cualquier otra razón».

El vínculo judío y sionista con el Mago de Oz

Se cumplieron 80 años del estreno de la película El Mago de Oz, un clásico que traspasó las pantallas del cine, y el director Eyal Boers conversó con Ynet sobre el vínculo entre esa historia de fantasía con el contexto del judaísmo en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Harold Arlene y Yep Harburg son dos compositores mundialmente reconocidos por la musicalización de la película y especialmente por la canción “Over the Rainbow” (tras el arcoíris), a criterio de Boers el principal nexo entre El Mago de Oz, el judaísmo y el sionismo. Arlene y Harburg eran judíos, inmigrantes de ultraortodoxos de Europa del Este y hablaban idish, por lo que Boers elaboró una teoría alrededor de esos orígenes: “La tierra más allá del arco puede no ser la tierra de Oz, sino la tierra de Israel a la que los judíos europeos de esa época querían escapar”, afirmó en relación a un momento histórico en el que todavía no se había iniciado la etapa más sangrienta del Holocausto, pero sí comenzaban a cerrarse las fronteras y las posibilidades para el judaísmo europeo. Además, Bours destacó que 124 personas enanas participaron del film, y que la mayoría de ellos eran inmigrantes austríacos y alemanes que llegaron a Estados Unidos después de la Primera Guerra Mundial. “Si se hubieran quedado allá probablemente los hubieran ejecutado, así que indirectamente la película, producida por tres judíos, salvó a 124 personas del holocausto”, analizó al respecto.

Trump dice que canceló las conversaciones de paz con los talibanes

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo el sábado que canceló las conversaciones de paz con los líderes talibanes de Afganistán después de que el grupo insurgente dijo que estaba detrás de un ataque en Kabul que mató a un soldado estadounidense y a otras 11 personas. “Si no pueden aceptar un alto el fuego durante estas conversaciones de paz muy importantes, e incluso matarían a 12 personas inocentes, entonces probablemente no tengan el poder de negociar un acuerdo significativo de todos modos”, dijo Trump en Twitter, diciendo que había estado planeando para reunirse con los líderes talibanes el domingo. “Sin que lo supieran casi todos, los principales líderes talibanes y, por separado, el presidente de Afganistán, se reunirían conmigo en secreto en Camp David el domingo”, dijo Trump en un tuit. “Desafortunadamente, para construir una influencia falsa, admitieron un ataque en Kabul que mató a uno de nuestros grandes grandes soldados y a otras 11 personas. Inmediatamente cancelé la reunión y suspendí las negociaciones de paz”. Kabul se ha visto afectado por un aumento de la violencia mortal incluso después de que Estados Unidos y los insurgentes llegaron a un acuerdo “en principio” que vería a Estados Unidos retirar miles de tropas de Afganistán a cambio de varias promesas de seguridad talibanes.

La “técnica única” que preservó uno de los Rollos del Mar Muerto más extensos

El documento más extenso de los milenarios Rollos del Mar Muerto y uno de los mejor conservados preservó su calidad por la “técnica excepcional” con la que se produjo y una variedad de sales y minerales atípicos que lo hacen único y cuestionan su procedencia original. Según reveló un estudio publicado en la revista Science Advances, el Rollo del Templo, de ocho metros, que destaca por su forma, color y texto más bien limpios en comparación al resto de pergaminos, tiene una “delgadez y brillante coloración marfil” que lo hace “excepcional”. “Su superficie está cubierta con una capa de minerales cuyos ingredientes exactos son atípicos de la región del Mar Muerto”, uno de los elementos que justifican su “alta calidad”, cuenta Jonathan Ben-Tov, profesor de la Universidad de Haifa y experto en estos manuscritos compuestos de ocho rollos, descubiertos por beduinos en 1947 en las cuevas de Qumrán, en las orillas del mar. El artículo, firmado por investigadores del Instituto Weizmann de Ciencias de Israel, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), la Universidad de Harvard y otros centros de investigación alemanes, remarca que el pergamino “tiene una estructura en capas formado por una base de material de colágeno y una capa inorgánica atípica”.

“Con el calentamiento global el pronóstico es más difícil porque todo es más extremo”

Desde hace casi dos años los pronósticos del TvTiempo, de TVN, tienen un rostro familiar para la comunidad. Se trata de la meteoróloga Yael Szewkis Zilberberg, quien luego de trabajar cuatro años en la Dirección Meteorológica, dependiente de la Dirección General de Aeronáutica Civil, participó de un casting y se integró al equipo del canal estatal. Sobre la experiencia del trabajo en televisión, la precisión de los pronósticos meteorológicos y los cambios climáticos a consecuencia del calentamiento global, conversó con La Palabra Israelita. ¿En qué consiste tu trabajo en TvTiempo, en TVN? -Mi trabajo consiste en hacer el pronóstico del tiempo para el TvTiempo. Independiente de quien lo conduzca, el pronóstico que sale al aire es el que hago yo. En general mi trabajo es detrás de cámara, sin embargo hay veces que me toca conducir el TvTiempo y salir en vivo cuando hay algún fenómeno meteorológico importante. ¿Cómo llegaste a trabajar en televisión? ¿Cómo ha sido la experiencia hasta ahora? -Entré a TVN porque me invitaron a participar de un casting, ya que necesitaban un meteorólogo más. La experiencia ha sido increíble, me gusta mucho lo que hago y además estoy gratamente sorprendida de la buena onda de la gente del canal con la que trabajo. ¿Cómo es trabajar con Iván Torres, que ya es un ícono en el Tiempo de TVN? -Con Iván nos llevamos excelente. Él trabaja por las mañanas y yo por las tardes, así que no nos vemos siempre, pero sí conversamos los pronósticos para que siempre sean de una sola línea. Es una persona muy divertida, aunque en la tele se vea más serio es muy chistoso. Ha sido un siete conmigo y le tengo mucho cariño. Siempre “suben al columpio” a los metereólogos en televisión porque “no aciertan” con los pronósticos o bien se producen cambios que hacen que el tiempo sea distinto a lo que anunciaron. ¿Con qué precisión pueden pronosticar el tiempo y con qué anticipación? -La meteorología no es una ciencia exacta y las condiciones cambian mucho y de forma muy rápida. Por eso puede ocurrir que el pronóstico a veces no sea lo que esperábamos. Pero los aciertos superan el 90%. Los pronósticos más certeros son a cinco días, como mucho una semana. Más allá de eso, tienen mucho margen de error y por eso siempre tratamos de evitar responder cuando nos preguntan qué va a pasar a más largo plazo, porque es incierto y los pronósticos pueden variar mucho. Pasa mucho que la gente alega sobre el pronóstico sin haber visto el pronóstico que anunciamos. O a veces las personas se basan en el pronóstico del celular que no tienen ningún análisis por detrás. ¿Y cuánto afecta el cambio climático en estos cambios en el tiempo? -Con el calentamiento global el pronóstico es más difícil porque todo es más extremo: las lluvias son más fuertes o precipita donde no debiese, como lo que ha pasado en el Norte. Hay sequías, las temperaturas son mucho más altas en verano. Hemos llegado a temperaturas impensables para Santiago, con un récord de sobre los 38 grados, y a 32° en Porvenir. Ha sido muy extremo.

Democráticos y confiables, pero con tareas pendientes a nivel local

Estamos ad portas de las Fiesta Patrias, que este año –además- vienen con un feriado tamaño XL. Y mientras llega el tiempo de celebrar nuestra chilenidad, quisimos conversar con expertos del mundo de los vinos para conocer cuáles son las preferencias de chilenos y extranjeros a la hora de elegir el mosto nacional. Pero primero, algunas cifras sobre la industria del vino en el país. Chile es el cuarto país exportador de vinos a nivel mundial. Tiene 212.000 hectáreas de vides. 70,2% de las uvas producidas por Chile son destinadas a vino, y un 26% a uvas de mesa; el resto (3,9%) se destina a uvas pasas. China, Inglaterra, Estados Unidos y Brasil, son algunos de los principales mercados a los que se exporta el vino nacional. Felipe Kaumann, de JJ Importadora, que comercializa vinos de todo el mundo -chileno, francés, español, portugués, alemán y norteamericano, entre otros- en Chile y Brasil, comenta que el vino nacional es conocido en el mundo “como un Volkswagen Golf. Es un vino confiable, que puede agradar a todos, que entrega satisfacción y alegría, y se puede maridar con prácticamente todas las comidas”. Es –además- un vino económico, de USD $ 10 o $ 12 la botella, y es difícil vender a un precio más caro que ese. Y agrega: “Hoy en día la gente espera de un vino chileno que sea fácil de tomar, que sea agradable”. Por su parte, Sven Bruchfeld, de Polkura Wines, da cuenta de cómo el vino ha posicionado la marca “Chile” en el mundo. “Chile está firmemente establecido como un actor clave en la escena vitivinícola mundial. En la mayoría de las tiendas de vino del mundo hay una sección “Chile” y no es raro ver banderitas chilenas o mapas con la ubicación de los viñedos. A uno se le hincha un poco el pecho. Definitivamente no hay ningún otro producto chileno que pueda ostentar algo así. El vino chileno es “el” embajador de Chile en términos de imagen país. Si bien el salmón o la fruta también tienen su espacio, no hay como el vino en ese sentido”. Sin embargo, el enólogo coincide con Kaufmann en el diagnóstico de que “Chile fue y sigue siendo “Bueno, bonito y barato”. “Cheap and cheerful”. Buena relación precio calidad. Desde el punto de vista comercial eso no es necesariamente una mala cosa, pero limita. Argentina en ese sentido lo ha hecho diferente, promocionando afuera especialmente los vinos de mayor valor. No es raro llegar a una tienda a ofrecer vinos chilenos relativamente caros y que te respondan que para vino chileno el cliente busca un menor precio. “Rico tu vino pero demasiado caro para Chile”. Eso independiente de la calidad que es reconocidamente de nivel mundial”. Kaufmann afirma que, en términos de preferencias, los vinos chilenos que son preferidos en el extranjero son “el Carmenere y también el Cabernet Sauvignon, con su carga de pimentón, que la gente puede compartir en una cena y no gastar tanto”. Para Bruchfeld, de Polkura, no es tan fácil determinar una preferencia. “Yo no sé realmente si existe un vino preferido de chilenos o extranjeros, pero cerca del 30% del viñedo chileno es Cabernet Sauvignon. Si ese número se ha mantenido es porque se trata de nuestra cepa más exitosa. El Syrah o El Carmenere no alcanzan el 10% cada uno”, señala. Y eso que la viña de la que es socio fundador –y que actualmente produce del orden de 100.000 botellas al año- se ha especializado en Syrah. “Soy fanático del Syrah. Tuve la suerte de trabajar con Syrah desde que llegó a Chile y luego en Australia y Francia me tocó también ver la cepa con otros ojos. Lo bonito del vino es que no hay una sola preferencia. Si bien existen tendencias, hay una audiencia para todo. Es uno de los productos más democráticos en ese sentido”. No obstante, es crítico de los hábitos de consumo que hay en Chile: “Mucha Coca Cola en las mesas y poco vino. En Chile el consumo per cápita es de 14 litros al año. De todos los países productores de vino, es por lejos la cifra más baja. En Chile se toman vinos baratos, sin ser necesariamente el motivo los eventuales problemas de poder adquisitivo. La mayoría de gente cree que un vino de $ 7.000 es caro y siente que no vale la pena pagar más. Pero al mismo tiempo gastan mucho en otros bienes. Nada de malo con eso. La responsabilidad es nuestra. Es nuestra labor educar el paladar”.

La primera pareja judía en Chile

Si bien fue Rodrigo de Orgoñoz el primer converso llegado al país en 1535 junto a las tropas de Diego de Almagro, la primera pareja de judíos conversos compuesta por el doctor Henríquez de Fonseca y Leonor de Andrade, lo hizo un siglo más tarde. Por lo que la hija de ambos, nacida hacia fines de 1665, se convirtió en el primer descendiente de padre y madre judíos conocido en Chile. El doctor Henríquez de Fonseca, quien obtuvo su título profesional en España, apenas llegó a Santiago adquirió un terreno con casa donde vivir. Efectuó la compra un 7 de junio de 1665 pero meses más tarde, un 3 de enero 1666, procedió a venderlo. En el documento de traspaso cometió la imprudencia de firmar con su verdadero nombre – Doctor don Rodrigo Henríquez o Dr. Rodrigo Henríquez Sotelo, Médico- lo que facilitó su identificación por el comisario del Santo Oficio que lo detuvo por orden de la Inquisición. Lo llevaron a Lima junto a su hermano y esposa donde cumplió una condena de dos años de cárcel. Tras recibir tormentos por parte de sus opresores, confesó la práctica de costumbres judaicas tanto en España como en el Nuevo Mundo. La cárcel y el destierro perpetuos, su final, sentencia dada a conocer en Auto Público en la Plaza Mayor de Lima. La hija de la pareja , en tanto , “ se entregó a su madre después que salió fenecida su causa” y el hermano de Henríquez de Fonseca una vez que hubo confesado ser “observante de la Ley de Moisés”, y tal como lo expresan los Inquisidores de Lima en una carta despachada al Consejo de Madrid, “se mató a si mesmo con la sangría”, según consigna el investigador Gunther Böhm en su estudio sobre los Cripto-Judíos y Judeo-Conversos en los Tiempos de la Inquisición en Chile.

La deslumbrante y trágica historia del espía Eli Cohen

Corrían los primeros años de la década del ’60, cuando Eliahu Cohen, un funcionario administrativo de la tienda por departamentos Mashbir, originario de Egipto y residente de Bat Yam, era convocado por el Mossad para infiltrarse como espía israelí en Siria. Cohen, que llegaría a ser Viceministro de Defensa sirio, llevando adelante la misión de espionaje más osada en la historia de Israel. Terminó sus días de manera trágica, siendo descubierto y desenmascarado por agentes del Gobierno de Siria. La deslumbrante historia de su preparación y desempeño como agente de inteligencia es magistralmente reflejada en la serie recién estrenada por Netflix, titulada “El espía” y protagonizada por el célebre actor inglés -especialmente conocido por su trayectoria en comedia- Sasha Barón Cohen. En ella, también se recoge el enorme costo personal y familiar que tuvo que asumir, teniendo que mentir a su esposa y familia para resguardar la confidencialidad de su misión. Barón Cohen, que se aleja de su trayectoria en el humor para encarnar al espía israelí más grande de todos los tiempos logra una interpretación notable, creíble y muy humana de un judío israelí misrají que -como se deja traslucir al comienzo de los seis capítulos que componen la producción televisiva- que ante todo quería ser un orgullo para su país y para su familia. Eli Cohen fue fundamental para la inteligencia militar en la década del ’60, consiguiendo -gracias a la información que obtuvo en su misión encubierta- frustrar ataques militares sirios y actividad terrorista pro palestina contra Israel. Fue tal el valor de su información, como se destaca al final de la serie el “El Espía”, que gracias a ella Israel pudo conquistar los Altos del Golán en la Guerra de los Seis Días de 1967. Cohen -quien en Siria utilizaba la identidad de Kamel Amin Thaabet- fue descubierto por agentes de Gobierno sirio, quienes sospechaban de la existencia de espías en el país. Juzgado por alta traición, fue condenado a muerte y ejecutado en la plaza central de Damasco, donde su cuerpo colgó durante seis horas a la vista de todo el mundo. Sus restos nunca fueron devueltos a su familia en Israel. La serie “El espía” es obra y arte del gigante de las series de TV israelíes, Gideon Raff, guionista de “Hatufim” (Israel, 2009) y de su versión norteamericana, “Homeland” (Estados Unidos, 2011), quien en esta oportunidad escribe, produce y dirige. Raff había estrenado unas pocas semanas antes, en la misma plataforma de streaming, la película “Operación hermanos” (2019) que narra la historia de un resort en el Mar Rojo que se utiliza de pantalla para llevar a Israel a judíos etíopes.

Apertura de postulaciones al Coro Voces de Israel

El Coro “Voces de Israel” invita a todos los amantes de la música que quieran ser parte de su formación a postular para integrarse a la agrupación. Se buscan contraltos, bajos, tenores y otros, con o sin experiencia previa. Sólo hace falta tener buen oído musical. Fundado oficialmente el 24 de julio de 2007, el coro nace como herencia del “Coro Carmel”, conjunto vastamente conocido en el medio coral chileno por su dedicación a estudiar y ejecutar principalmente la música de origen judío o relacionada, tanto docta (religiosa y profana) como de carácter popular y folclórico, interpretando temas en hebreo, yidish, castellano y ladino. Junto con ello, cantan además temas del repertorio universal. Aunque los integrantes solamente son aficionados del canto coral, han logrado convertirse en uno de los principales referentes de la música y la cultura judía en general. Para postulaciones y mayor información, comunicarse con Susy Priever, al teléfono +569-96992097.