11 Junio 2020, Santiago de Chile

Buscando la recompensa

Por Gachi Waingortin
Pirkei Avot 6:5 dice:” No busques grandeza para ti y no ambiciones los honores. Estudia mucho, pero actúa más. Y no envidies la mesa de los reyes, pues tu mesa es más grande que la de ellos y tu corona es más grande que la de ellos. Y el dueño de tu trabajo es fiel para retribuirte el pago por tus acciones”.
Esta mishná nos propone una serie de reflexiones interesantes. Hay dos motivaciones posibles para pedir grandeza. Podríamos pensar en alguien que no se siente reconocido por su medio. Nadie valora lo que hace, lo critican sin motivo, lo anulan. No es a esa persona a quien se dirige la mishná, esa persona debe pedir la grandeza que le corresponde. Todos merecemos que se aprecien nuestros esfuerzos, es gratificante, es sano y necesario.

Pero hay quien busca la grandeza y los honores, no porque se los nieguen sino porque se siente pequeño. Es tan poca su grandeza interior que necesita recibirla de afuera. Son los que ponen cortapisas a los proyectos de los demás, pero luego se arrogan los logros ajenos. Son personas para quienes todo avance del otro es vivido como un retroceso propio.

Buscar la grandeza y los honores nos habla de una gran falta de seguridad personal y de autoestima; y la mishná se hace cargo de esto con algunas indicaciones. La primera: estudia Torá para actuar según sus enseñanzas. El estudio de Torá debería inspirarnos en nuestra conducta lo que, junto con una buena terapia, puede ayudar a que nos valoremos más. Textos como “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18) o “No seas malo contigo mismo” (Pirkei Avot 2:18) pueden gatillar el cambio.

Estamos hablando de estudiar para hacer, para nutrirnos y ser mejores. No estamos hablando de lo que Jacob Bronowski, judío polaco, matemático y divulgador científico, dice a propósito de la banalidad del conocimiento por el conocimiento: “Debemos curarnos del ansia de conocimiento absoluto y de poder. Debemos acortar la distancia entre la motivación de los impulsos y el acto humano. Debemos acercarnos a las personas” (1). Si no intentamos equiparar nuestras intenciones con nuestras acciones, el conocimiento puede convertirse en algo vano o, peor aún, en una herramienta de soberbia y de poder. El conocimiento por el conocimiento nunca fue parte de nuestro concepto de sabiduría. La consecuencia necesaria del estudio debe ser realizar actos de bien e intentar vivir de acuerdo con lo que intuimos que D´s quiere de nosotros. Eso puede ayudarnos a que nos miremos con un poco más de respeto, mejorando nuestra autoestima.

Lo que nos lleva a la siguiente frase. Solo puedes envidiar aquello de lo que careces; la mishná te está diciendo que ya lo tienes, pero no lo ves. Tu mesa es más grande que la de los reyes y tú no lo sabes, por eso los envidias. Lo mismo pasa con la corona. ¿En qué se diferencian? La mesa se refiere a lo material. Muchos envidian lo ajeno. En contra de lo que se podría pensar, la envidia no tiene relación con la cantidad de bienes que se posean. Hay gente muy adinerada y muy envidiosa. En Pirkei Avot 4:1 Ben Zoma se pregunta “¿Eizehu ashir?”, ¿quién es rico? Y contesta “Hasameaj bejelkó”, el que es feliz con lo que tiene. La medida de la riqueza no está en el monto de nuestras posesiones sino en la valoración que tengamos de ellas.

Recordemos la conversación entre Jacob y Esav cuando se reencuentran tras veinte años de ausencia. Jacob busca el perdón de su hermano, a quien ha robado la bendición paterna, enviando gran cantidad de regalos. Esav los rechaza diciendo: “Tengo mucho, hermano mío, sea para ti lo que es tuyo”; pero Jacob responde: “Toma por favor mi presente, porque lo tengo todo” (Bereshit 33: 9-11). Tener mucho implica la posibilidad de tener más. Implica haber sopesado y comparado. Tenerlo todo no habla de cantidad, sino de estar satisfecho con lo que se tiene. El que es rico según la definición de Ben Zoma no envidia nada a nadie, sabe que su mesa es más grande que la de los reyes porque es feliz con ella.

La corona, por su parte, se refiere a lo intangible, los afectos, los valores, el conocimiento; nuestros talentos y capacidades, nuestro cuerpo, nuestra salud. Deberíamos aprender a considerar que cada día estamos todo lo bien que podemos estar dadas las circunstancias. Y, en estos tiempos de crisis, no olvidar agradecer por lo que somos y por lo que tenemos. Nuestra corona es más grande que la de los reyes.

Si logramos vivir en ese estado de satisfacción, podremos sentir que también D´s lo estará. Entramos así en un círculo virtuoso, donde la idea de agradar a D´s nos estimulará para seguir en ese camino. Pirkei Avot 4:2 nos dice “Sjar mitzvá mitzvá”, cumplir una mitzvá ya es un premio en sí mismo. También lo son las consecuencias lógicas de nuestras buenas acciones.

El premio y el castigo existen en el judaísmo, pues son inherentes al concepto de ley. Una ley carece de sentido si no hay consecuencias por su cumplimiento o trasgresión. Pero las mitzvot no traen premio aquí y ahora de manera lineal. Cuando no vemos la recompensa en este mundo, debemos saber que sí la habrá en el olam habá. Para poder seguir confiando en la justicia divina, necesitamos que la recompensa exista, aunque esté más allá de lo evidente.

Entender a D´s como el dueño de nuestros quehaceres marca la última etapa del proceso de crecimiento. Debemos amarnos y valorarnos por lo que somos, tomar conciencia de nuestras capacidades y de todo lo que tenemos, actuar siempre según los valores de la Torá y nunca olvidar para Quién trabajamos. La recompensa no está en la grandeza ni en los honores, sino en la sensación de ser feliz con lo que tienes y en saber que estás haciendo lo correcto a los ojos de D´s.


(1) Agradezco esta cita a mi amiga Miryam Singer.

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    Israel y los judíos: cómo reaccionar ante un odio demasiado grande para un pueblo y un país tan pequeño

    ¿Hasta cuándo? Esta semana fue ilustrativa del tema de esta columna. El miércoles 30 de septiembre, el vuelo FZ1073 de Flydubai viajaba de Dubái a Tel Aviv con sus tripulantes y 172 pasajeros, cuando el copiloto “inició la ejecución de un atentado atacando al capitán indio Smit Machchhar con un hacha de emergencia”, según estableció el fiscal general de los Emiratos Árabes Unidos, hoy, el país árabe más cercano a Israel. La idea era estrellar el avión mediante acto suicida, idealmente en territorio israelí. Sin embargo, la acción heroica del capitán herido y de valerosos pasajeros produjo el verdadero milagro de que se lograra estabilizar la nave y aterrizarla en Tabuk, Arabia Saudita, sin víctimas que lamentar.Final feliz, pero no para todos. Conocidos medios como CNN, la BBC y prensa tradicional, mucha de ella prestigiosa, sembraron todo tipo de dudas sobre lo ocurrido, reduciéndolo todo a un “altercado” entre el piloto y su copiloto, omitiendo el carácter terrorista, que además recordaba la tragedia del vuelo 93 que se estrelló el 11/9 en Shanksville, Pensilvania, y donde la acción de pasajeros héroes evitó lo que tenía como objetivo atentar contra la Casa Blanca. Para mí, esa sorpresa se unía a lo que en forma abrumadora se leía en las RRSS: teorías conspirativas de todo tipo, culpando a Netanyahu y repitiendo todo lo que se ha dicho de Israel desde el 7-X 2023.La pregunta es hasta cuándo le va a seguir pasando a Israel, ya que le viene ocurriendo desde hace tiempo, y ha empeorado desde la invasión de Hamas, por lo que como país no ha reaccionado bien ante esta ofensiva en su contra, y a todo nivel.Aunque yo prefiero usar el termino judeofobia, antisemitismo se ha usado por más tiempo para explicar y describir lo que ocurre. No es el gobierno de derecha de Netanyahu, ya que esta situación la ha vivido Israel desde su Declaración de Independencia el 14 de mayo de 1948. Al día siguiente comenzó la invasión de los ejércitos de cinco países árabes y en paralelo la deslegitimación comunicacional, a pesar de que la orientación política de ese primer gobierno era de izquierda.

    DECLARACIÓN PÚBLICA: Grupo de Amistad Chile Israel del Senado de la República

    El Grupo de Amistad Chile-Israel del Senado de la República manifiesta su preocupación por los símbolos y expresiones exhibidos durante la marcha realizada el pasado sábado en Santiago.Una convocatoria cuyo propósito era solidarizar con la causa palestina terminó mostrando imágenes y expresiones que generan legítima preocupación, entre ellas una camioneta con jóvenes encapuchados y cubiertos con keffias, proyectando una estética asociada a la violencia y la confrontación.Estos hechos adquieren especial sensibilidad a pocos días de conmemorarse un nuevo aniversario del 7 de octubre de 2023, fecha en que Hamás perpetró una masacre que provocó un sufrimiento indescriptible en la sociedad israelí y profundizó el drama humano que viven israelíes y palestinos.Reconocemos que la libertad de expresión y el derecho a manifestarse pacíficamente son pilares fundamentales de toda democracia. La solidaridad con el pueblo palestino merece respeto, al igual que toda expresión ciudadana que se desarrolle de manera pacífica. Sin embargo, ninguna causa política puede situarse por encima de la dignidad humana, ni la solidaridad puede transformarse en una expresión de indiferencia o celebración frente al sufrimiento ajeno.En este sentido, hacemos nuestras las palabras del papa León XIV en su encíclica Magnifica Humanitas, cuando afirma: «Desarmemos las palabras y contribuiremos a desarmar la tierra» (n.º 214). En el mismo pasaje, el Pontífice nos recuerda que la paz comienza en la manera en que miramos, escuchamos y hablamos de los demás, y nos llama a rechazar «la guerra de las palabras y de las imágenes». Su reflexión constituye una invitación a cuidar el lenguaje público, rechazar los prejuicios y evitar que las diferencias políticas o ideológicas deriven en expresiones de hostilidad o glorificación de la violencia.Por ello, hacemos un llamado a las autoridades competentes a examinar los antecedentes relacionados con estos hechos y evaluar, conforme a la legislación vigente, si corresponde adoptar alguna medida.Defender la libertad de expresión no significa permanecer indiferentes ante manifestaciones que puedan interpretarse como una glorificación de la violencia o una promoción del odio. La democracia exige respeto por la diversidad de opiniones, pero también un compromiso irrestricto con la dignidad humana, la convivencia pacífica y el rechazo a toda forma de violencia.Grupo de Amistad Chile-IsraelSenado de la República de Chile

    Más allá del aplauso: la historia solidaria de Don Francisco

    Hay personajes que forman parte de la memoria de un país casi sin pedir permiso. Don Francisco es uno de ellos. Su voz, sus gestos y aquella particular manera de entrar a los hogares durante décadas son parte del paisaje emocional de varias generaciones. Pero detrás del personaje televisivo existe también una historia marcada por la solidaridad, la inmigración y la capacidad de convertir la popularidad en acción.Eso es lo que propone “Más allá del aplauso: Don Francisco y la Solidaridad”, exposición que actualmente se presenta en la Sala Estudio Gigante del Centro de Extensión Alameda de la Pontificia Universidad Católica de Chile. La muestra, que estará abierta hasta el 17 de octubre de 2026 con entrada liberada, reúne fotografías, objetos, documentos y material audiovisual para recorrer más de cuatro décadas de iniciativas solidarias vinculadas a Mario Kreutzberger.Entre los episodios que aparecen está el origen de la Teletón chilena, pero también momentos menos conocidos de una trayectoria en la que Kreutzberger utilizó su enorme llegada pública para reaccionar frente a situaciones que conmovían al país. Un ejemplo es el caso de Rodrigo Anfruns, ocurrido en 1979, cuando el entonces conductor de Sábados Gigantes incluso se ofreció como intermediario ante quien aseguraba tener secuestrado al niño.Pero hay una característica que atraviesa buena parte de esta historia: Don Francisco ha sabido convertirse en un gran comunicador en momentos en que Chile necesita escucharse a sí mismo. La Teletón es, quizás, el ejemplo más evidente. Desde 1978, su figura quedó estrechamente ligada a una iniciativa que consiguió instalar la solidaridad con los niños y jóvenes con discapacidad en el centro de la conversación nacional.La misma capacidad volvió a aparecer frente a las catástrofes. “Chile ayuda a Chile”, campaña solidaria impulsada tras el terremoto de 2010 y nuevamente utilizada después de otras emergencias, convirtió una vez más a la televisión en un punto de encuentro. En medio de la incertidumbre, Don Francisco asumió el rol de convocante y comunicador, articulando rostros, instituciones y ciudadanos alrededor de una idea sencilla: ayudar al que lo necesita.Hay, además, una dimensión personal que atraviesa esta historia. Mario Kreutzberger nació en Talca, hijo de inmigrantes judíos alemanes que llegaron a Chile huyendo de la persecución nazi. Sus raíces estuvieron presentes desde sus primeros pasos artísticos: fue en el Club Israelita Maccabi donde comenzó a utilizar el personaje que terminaría dando origen a su conocido nombre televisivo.Quizás por eso la exposición adquiere una lectura que va más allá de la televisión. Habla de pertenencia, de gratitud y de la responsabilidad que puede acompañar al éxito. También recuerda que, en una sociedad cada vez más fragmentada, hubo un comunicador capaz de sentar a millones de chilenos frente a una misma pantalla y convocarlos a mirar al otro.

    Judíos que construyen el futuro de Chile

    Una vida entre la ciencia, la memoria y la academiaHay historias que parecen hechas de varios libros. La de Mario Suwalsky Weinsymer es una de ellas. El científico y académico —hijo de inmigrantes judíos llegados desde Polonia— ayudó a levantar instituciones científicas cuando la investigación chilena todavía daba sus primeros pasos. Sus padres nacieron en Kolno, un pequeño shtetl del noreste de Polonia. En un contexto político, económico y social cada vez más difícil, decidieron emigrar. Su padre partió primero, buscando un lugar seguro y con futuro, y después de pasar por distintos países llegó a Chile. Diez años más tarde pudo traer a su esposa. Nueve meses después nació Mario, el primero de sus tres hijos.La familia vivió inicialmente en Santiago, luego en Chillán y más tarde en Valdivia. Allí, siendo niño, comenzó a aparecer una curiosidad que terminaría acompañándolo durante toda su vida. Coleccionaba plantas, hacía experimentos y buscaba explicaciones a aquello que llamaba su atención. Recuerda, entre ellos, haber intentado resolver por qué el agua de una botella salía a borbotones. Diseñó una solución que, para su orgullo infantil, descubrió posteriormente que ya había sido inventada siglos antes.En Concepción, donde la familia se trasladó en 1947, hizo su Bar Mitzvá y se integró al movimiento sionista B’Nei Zion. Allí también vivió, siendo muy joven, la emoción de una comunidad que celebraba el nacimiento del Estado de Israel. “Mis raíces judías han influido definitivamente en mi carácter, forma de vida y mi amor y orgullo por lo judío e Israel”, recuerda.La Universidad de Concepción terminó de abrirle la puerta a ese mundo que desde niño buscaba entender. Ingresó a Química y Farmacia y comenzó una carrera académica que se prolongaría durante casi seis décadas. Su camino lo llevó hasta Israel, donde realizó su doctorado en el Instituto Weizmann, estudiando la relación entre el ADN y las proteínas. Más tarde, una beca Guggenheim le permitió continuar su formación en Harvard, donde investigó las membranas celulares y su relación con distintos sistemas químicos.Pero su aporte no quedó limitado al laboratorio. A su regreso a Chile participó activamente en la construcción de una institucionalidad científica que prácticamente estaba comenzando. Creó el Laboratorio de Rayos X, impulsó el primer doctorado en Química de la Universidad de Concepción, apoyó la creación del Departamento de Polímeros y participó en el proceso que llevó desde el Instituto de Química a la actual Facultad de Ciencias Químicas. Décadas después, esos aportes fueron reconocidos por la propia universidad.Su trabajo científico estuvo centrado en comprender cómo distintas sustancias afectan las membranas de las células. Estudió medicamentos, metales, pesticidas y compuestos presentes en plantas chilenas como el maqui y la murta, además de investigaciones relacionadas con el daño oxidativo y el Alzheimer. Publicó sus resultados en revistas científicas y presentó su trabajo en congresos internacionales.Fue Cónsul de Polonia en Concepción, miembro de varias academias científicas, y recibió diversos reconocimientos, entre ellos el Merentibus, otorgado por la Universidad Jagiellonia de Polonia. A nivel comunitario, dirigió y representó a la Comunidad Judía de Concepción, parte inseparable de su historia.El científico nunca ha dejado de compartir sus conocimientos: con sus alumnos en el laboratorio, en la comunidad judía y, durante años, también desde las páginas de La Palabra Israelita.Diseño, creatividad y emprendimientoSi Suwalsky construyó instituciones científicas desde Concepción, Aline Israel levanta hoy una marca desde el diseño. Fundadora y directora creativa de ENILĀ, marca de diseño de autor que nació hace menos de dos años, fue incluida por Forbes Chile en la lista “30 Under 30”, que reconoce a jóvenes talentos que transforman distintas industrias del país. Su historia muestra que la vocación por crear puede tomar formas muy distintas, pero se alimenta de la misma pregunta por el legado y la identidad.Aline combina diseño, creatividad y emprendimiento para demostrar que desde Chile es posible construir una marca de moda con identidad propia y un modelo de negocio sostenible.“Creo que lo que me condujo a la distinción Forbes fue, sobre todo, mi pasión por la moda, el diseño y la creatividad, pero también por crear una comunidad en torno a la marca y hacer que las personas se sientan parte de lo que estamos construyendo”, explica Aline.Siempre vinculada con la comunidad judía, fue parte de Bet-El y sigue conectada a través del Mercaz y de distintas instancias comunitarias. Al ser consultada sobre cómo imagina su marca dentro de diez años, dice: “Sueño con que ENILĀ se convierta en una marca chilena reconocida internacionalmente, pero sin perder su identidad ni el valor de lo local. Me encantaría mirar hacia atrás en diez años y sentir que ayudamos a demostrar que desde Chile se puede construir una marca de moda relevante a nivel global”.Ambas historias muestran cómo la ciencia, la creatividad y el emprendimiento permiten a los miembros de nuestra comunidad dejar una huella en el desarrollo del país.

    El eco de las voces: Poner palabras al horror

    Hay acontecimientos que podemos contar.Podemos decir dónde ocurrieron, cuándo, quiénes estaban, qué pasó primero y qué pasó después. Podemos ordenar los hechos y construir un relato.Y hay experiencias frente a las cuales las palabras llegan tarde.Experiencias que, por su intensidad, no pueden ser inmediatamente inscriptas, ligadas, narradas, significadas.Y eso es, en parte, lo que llamamos el trauma.El trauma no es solamente aquello terrible que ocurrió. Es también aquello que, por su intensidad, no pudo ser inscripto, ligado, narrado, significado en el momento en que ocurrió.El 7 de octubre pertenece, para muchos, a ese territorio difícil de nombrar.Fue el horror. Fue una masacre. Fue ese día que quebró tantas vidas.Pero ¿cómo se cuenta algo que, para quienes lo vivieron, desbordó las posibilidades habituales de comprender y de significar?Esta pregunta estuvo muy presente en la conmemoración que realizamos en el Instituto Hebreo a propósito del tercer aniversario del 7 de octubre. Y estuvo acompañada por un libro que acaba de llegar a nuestra comunidad: Un día en Octubre. 40 héroes. 40 historias de Yair Agmon y Orya Mevorach.El libro reúne cuarenta testimonios de personas que vivieron en primera persona aquel día. Cuarenta relatos. Cuarenta voces. Cuarenta historias de personas que, en medio del horror, tuvieron que decidir, actuar, cuidar, proteger, resistir, sobrevivir.Cuarenta testimonios de héroes por un día.Y quizás no sea casual que un libro de testimonios haya sido el eje de nuestra conmemoración.Porque Un día en Octubre no pretende explicar el 7 de octubre. No intenta encontrar una explicación para aquello que, en muchos sentidos, todavía resulta inexplicable.Nos propone algo diferente.Nos invita a preguntarnos qué hacemos los seres humanos cuando algo irrumpe de tal manera en nuestras vidas que rompe nuestras posibilidades habituales de darle sentido.¿Qué hacemos cuando las palabras no alcanzan?Cuando aquello que ocurrió es demasiado grande, demasiado violento, demasiado inesperado para poder ser inmediatamente comprendido, narrado, elaborado.Cuando algo puede ser narrado, podemos empezar a construir una representación de ello.Esto ocurrió.Fue en tal lugar.A tal hora.Yo estaba allí.Después pasó esto.Luego aquello.El relato empieza, de alguna manera, a poner cierta distancia entre nosotros y el acontecimiento.Pero hay experiencias frente a las cuales las palabras llegan tarde.Y entonces puede aparecer el cuerpo, que recuerda antes que la conciencia.Una imagen vuelve.Un sonido.Un olor.Una escena.Un miedo que aparece sin que sepamos por qué.Una pesadilla.Un ataque de pánico.Una reacción del cuerpo.Una imposibilidad de hacer algo que antes era cotidiano.Porque aquello que no pudo ser elaborado puede aparecer de otra manera: como repetición.Hay una idea del psicoanálisis que resulta especialmente signifi cativa para pensar esto: recordar, repetir y reelaborar.Aquello que no puede ser recordado y pensado puede, muchas veces, aparecer como repetición.Y elaborar no signifi ca simplemente recordar para dejar atrás.No se trata de olvidar.Se trata de poder recordar sin quedar nuevamente atrapados dentro de aquello que se recuerda.Quizás allí Un día en Octubre adquiere, para mí, un signifi cado todavía más profundo.Los cuarenta testimonios de este libro son, de alguna manera, cuarenta intentos de poner palabras donde hubo horror.No porque las palabras alcancen para explicar lo sucedido. Probablemente nunca alcancen.Sino porque narrar es una de las formas que tenemos los seres humanos de empezar a darle una forma a aquello que, cuando ocurrió, no tenía forma.Cada testimonio intenta hacer algo con lo vivido.Y lo hace de una manera singular.Gali Eilon cuenta: “Intenté ayudar todo lo que pude”. Una historia atravesada por la necesidad de actuar frente al otro cuando todo alrededor se desmorona.Tali Hadad nos acerca al poder de la maternidad, a ese vínculo primario que puede convertirse en fuerza y refugio incluso en las circunstancias más extremas.Michaela Koretzki afi rma: “Mi propósito es traer vida al mundo”. Una frase que adquiere una enorme potencia cuando es pronunciada en medio de la muerte y la destrucción.Shlomo Ron nos ofrece algo diferente: “El exacto opuesto de todas esas historias de héroes”. Una historia de miedo, de fragilidad, de límites, de impotencia. Y quizás también una historia necesaria, porque no todos pudieron ser héroes. No todos pudieron actuar. No todos pudieron salvar. Ser humano también es tener miedo, quedar paralizado, no saber qué hacer.Netta Epstein nos trae una historia de amor: “¿Quién se enamora en la primera cita?”. Porque detrás de cada persona asesinada había una vida, vínculos, proyectos, conversaciones, amores. Personas que amaban y eran amadas.Yadin Gellman cuenta “Dos cosas me mantuvieron con vida”, una historia que nos lleva a preguntarnos qué puede sostener a una persona cuando todo parece perdido.Y Emily y Thomas Hand nos conmueven con “Gracias, papi, por estar vivo”: el reencuentro de un padre y su hija después del horror, y con él, la posibilidad de que la vida vuelva a abrirse paso.Siete historias.Siete vidas.Siete maneras diferentes de atravesar aquel día.No siete explicaciones.No siete respuestas.Siete voces.Y hay algo que me conmueve especialmente de la decisión de llevar estas historias a través de las voces de nuestros estudiantes: ellos no vienen a hablar en nombre de quienes las vivieron.Vienen a prestar su voz.A acompañar esas historias.A hacerlas circular.A impedir que el silencio sea la única respuesta posible frente al horror.Y aquí aparece algo profundamente arraigado en nuestra tradición judía: la construcción de comunidad, la memoria colectiva.Nuestra historia está construida alrededor de relatos que contamos una y otra vez. Relatos que pasan de una generación a otra. Relatos que no contamos solamente para recordar qué ocurrió, sino para transmitir quiénes somos.Recordamos para no olvidar.Recordamos para transmitir.Para enseñar.Para cuidar.Para hacer presente a quien ya no está.Y nuestro pueblo también sabe acerca de la elaboración colectiva.El duelo se acompaña.Decimos los nombres.Contamos las historias.Nos hacemos presentes.Por eso, tres años después del 7 de octubre, creo que nuestra tarea no es solamente recordar lo ocurrido.Es también preguntarnos qué hacemos con esa memoria.Cómo la transmitimos a nuestros niños y jóvenes.Cómo logramos que recordar no sea quedar atrapados en el horror, sino construir una memoria que permita reconocer el dolor, honrar a quienes ya no están, acompañar a quienes sobrevivieron y sostener la vida.No podremos encontrar palabras capaces de explicar todo lo que ocurrió aquel 7 de octubre.Quizás algunas cosas permanezcan para siempre más allá de nuestras posibilidades de comprensión.Pero sí podemos hacer algo.Podemos escuchar.Podemos recordar.Podemos acompañar.Podemos cuidar las historias de quienes todavía están intentando encontrar una manera de vivir con aquello que les ocurrió.Podemos hacer que sus voces circulen.Y podemos hacerlo juntos.Porque quizás elaborar el trauma no sea solamente encontrar palabras para aquello que nos pasó.Quizás sea también encontrar a otros con quienes podamos sostener esas palabras.Y tal vez eso sea lo que una comunidad puede ofrecer cuando el horror irrumpe:Un lugar donde la historia pueda ser contada.Un lugar donde la memoria pueda ser sostenida.Un lugar donde el dolor no tenga que ser llevado en soledad.Porque las alegrías se viven en colectivo.Y las tristezas también se elaboran en colectivo.Así construimos comunidad.Así sostenemos nuestra memoria.Así, como pueblo judío, seguimos contando nuestras historias.Y mientras podamos seguir poniéndoles palabras, sus historias seguirán viviendo.

    Shadows of October: Cuando la memoria se niega a desaparecer

    Hay películas que se miran. Hay otras que, de alguna manera, nos miran a nosotros. Shadows of October: Israel Under Siege, documental estrenado en 2026 y dirigido por Beau Lee, pertenece a esta segunda categoría. Porque hablar del 7 de octubre de 2023 no es solamente reconstruir una fecha: es acercarse a una herida que todavía permanece abierta y a las historias de quienes tuvieron que aprender a vivir después de ella.El documental se construye a partir de testimonios de sobrevivientes y voces expertas que permiten dimensionar las consecuencias del ataque perpetrado por Hamás contra Israel. Pero su mayor valor está precisamente en no reducir aquella jornada a cifras, mapas o titulares. Detrás de cada dato hay una persona, una familia, una casa que quedó vacía, una comunidad que cambió para siempre.Shadows of October recuerda que el 7 de octubre comenzó mucho antes de que el mundo conociera sus imágenes y que sus consecuencias tampoco terminaron cuando cesaron los primeros ataques. El documental aborda el impacto que la masacre tuvo sobre Israel y también el aumento del antisemitismo y de las tensiones que siguieron en distintos lugares del mundo.Hay momentos particularmente difíciles de mirar, no necesariamente por lo que muestran, sino por lo que evocan. El espectador sabe que detrás de cada testimonio existe una vida que fue dividida en un antes y un después. Y allí aparece uno de los grandes méritos de la película: devolver humanidad a una historia que, con demasiada frecuencia, ha quedado atrapada en la discusión política.Para el público judío, la experiencia adquiere además otra dimensión. El 7 de octubre no es una fecha distante ni una noticia archivada. Es memoria familiar, preocupación, silencio, preguntas y, para muchos, una sensación de vulnerabilidad que volvió a instalarse de una manera que parecía imposible en pleno siglo XXI.Por eso este documental también puede entenderse como un ejercicio de memoria. No pretende cerrar una herida —porque algunas heridas no se cierran—, sino impedir que el tiempo la transforme en indiferencia.En tiempos en que las imágenes desaparecen rápidamente de nuestras pantallas y las tragedias compiten entre sí por unos segundos de atención, Shadows of October propone detenerse. Escuchar. Recordar.Porque recordar a las víctimas no significa quedarse atrapados en el pasado. Significa reconocer sus vidas, preservar sus historias y defender el derecho de una comunidad a mantener viva su memoria.A tres años del 7 de octubre, quizás ese sea el gesto más importante que deja esta película: no permitir que quienes fueron asesinados, secuestrados y marcados para siempre por aquella jornada se conviertan solamente en una cifra. Tenían nombres. Tenían familias. Tenían sueños. Y merecen ser recordados.

    El día que puso a prueba la moralidad del mundo

    El 7 de octubre de 2023 comenzó como un día de celebración. En Israel, las familias se preparaban para Shabat y Simjat Torá, mientras miles de jóvenes participaban en el festival Nova.A las 6:29 de la mañana todo cambió. Miles de terroristas de Hamás irrumpieron desde Gaza y atacaron comunidades israelíes. Más de 1.200 personas fueron asesinadas, entre ellas niños, mujeres y ancianos. Familias enteras fueron masacradas o quemadas en sus hogares. Se cometieron actos de violencia sexual y 251 personas fueron secuestradas y llevadas a Gaza.Durante los años siguientes, algunos rehenes regresaron con vida; otros fueron asesinados en cautiverio. En enero de 2026, después de 843 días de angustia, fueron recuperados los restos del último secuestrado. Israel pudo así cumplir el compromiso de no dejar atrás a ninguno de los suyos.Pero estos tres años dejaron al descubierto algo que trasciende la tragedia israelí: la rapidez con que parte del mundo perdió la claridad moral frente al terrorismo. Mientras aún se desarrollaba la masacre, hubo manifestaciones que la celebraron, y al día siguiente, algunos ya comenzaron a condenar a Israel. Los crímenes fueron negados, relativizados o presentados como una consecuencia inevitable del conflicto. Los secuestrados desaparecieron progresivamente de los titulares, y el 7 de octubre dejó de ser considerado el punto de partida de la guerra, para convertirse, simplemente, en parte del “contexto”.Al mismo tiempo, el antisemitismo se expandió de manera alarmante por el mundo, producto del accionar de colectivos ideologizados que señalan a los judíos como cómplices de lo que pasa en Medio Oriente. Así, las comunidades judías han debido reforzar la seguridad de sinagogas y escuelas, y muchos judíos han optado por ocultar símbolos de su identidad. El odio que comenzó con un ataque contra Israel encontró eco mucho más allá de sus fronteras. El 7 de octubre también transformó Oriente Medio. Israel enfrentó simultáneamente a Hamás, Hezbolá, los hutíes y a otros grupos fundamentalistas. El conflicto demostró que la amenaza no se limitaba a una organización terrorista, sino que formaba parte de una coalición más amplia, dirigida y financiada por Irán, con el objetivo de eliminar a Israel y desestabilizar la región.Tres años después, la pregunta fundamental sigue siendo moral. No se trata de negar el sufrimiento de ningún pueblo ni de ignorar la complejidad del conflicto palestino. Se trata de algo más elemental, de preguntarnos si somos capaces de distinguir entre quienes deliberadamente asesinan, secuestran y atacan a civiles, y quienes tienen el derecho y la obligación de defender a los suyos.El 7 de octubre puso a prueba a Israel, y los tres años posteriores han puesto a prueba al mundo, por cierto, con un saldo bastante cuestionable, dada su incapacidad de reconocer el mal, llamarlo por su nombre y enfrentarlo sin excusas.A tres años de la masacre más horrible de nuestros tiempos, sigue plenamente vigente la necesidad de rechazar el antisemitismo sin ambages, de negarse a glorificar el terrorismo y de recordar a sus víctimas sin relativizaciones.

    Wizo Chile conmemora tres años del 7 de octubre: Un espacio de encuentro, memoria y resiliencia

    En un emotivo encuentro realizado en la Sede WIZO, el martes 6 pasado  nos reunimos para conmemorar tres años desde el fatídico ataque terrorista perpetrado por Hamas en Israel el 7 de octubre de 2023.Fue un espacio de contención, reflexión y encuentro en torno a la resiliencia y a la fuerza que nos une a Israel.  La jornada dio inicio con las palabras de apertura de la presidenta de WIZO Chile, Evelyn Schatloff. El mensaje estuvo marcado por la emoción y el compromiso, recordó a las 1.200 víctimas, a las familias devastadas y a los jaialim que han entregado su vida por la defensa del Estado de Israel. Asimismo, hizo especial énfasis en la condena a la violencia sexual perpetrada contra las mujeres durante los ataques y durante su cautiverio.  "Recordar no es quedarse en el dolor. Recordar es honrar, dar testimonio y actuar".En su intervención, repasó las múltiples acciones que WIZO ha desplegado durante estos tres años. En Israel, inmediatamente luego del fatídico día, la habilitación de guarderías de emergencia en hospitales, la acogida en aldeas juveniles a familias evacuadas, el apoyo a familias de reservistas y la contención psicológica.En WIZO Chile, la campaña de emergencia "Israel Bajo Ataque", la Gala Viaje Musical, encuentros testimoniales, iniciativas conmemorativas como "Sabores de la Memoria" (en homenaje a la jaielet Sahar Saudyan Z”L), la ceremonia de Hafrashat Jalá, participación en en diferentes encuentros comunitarios como la Velatatón y Jalatón, en conjunto con el Círculo Israelita de Santiago y el voluntariado de javerot en Israel junto a Taglit.  En el ámbito internacional, las gestiones diplomáticas ante las Naciones Unidas para visibilizar la violencia sexual en contextos de conflicto, destacando la reciente participación de la presidenta mundial, Anat Vidor, en Abu Dhabi.  Tras las palabras de apertura, el Rabino Ari Sigal, reflexionó sobre la importancia de enfrentar la adversidad desde la fe, la tradición judía y la resiliencia que ha caracterizado históricamente al pueblo judío. En sus palabras, ofreció un marco de contención espiritual para procesar el dolor colectivo e invitó a mantener encendida la esperanza. Como símbolo de este compromiso con la memoria y la vida, el Rabino Sigal, junto a la presidenta de WIZO Chile, Evelyn Schatloff, procedieron a encender una vela en memoria de las víctimas y por la seguridad de los jaialim.Luego se dio paso a un conversatorio guiado por la psicóloga Analía Stutman, junto a la seminarista y mora Ruth Libfrand, y el rabino Ari Sigal, quienes compartieron sus reflexiones e invitaron a las asistentes a expresar sus vivencias y sentimientos.Durante el diálogo, se abordó el profundo impacto emocional tras tres años de repercusiones sociales, políticas y humanas. Analía Stutman analizó los componentes psicológicos detrás del pesar comunitario, explicando cómo la empatía, el sentido de pertenencia transgeneracional y la memoria emotiva hacen que los trágicos sucesos resuenen como propios en la comunidad judía.El encuentro permitió a los presentes profundizar en la importancia de  nuestra comunidad como espacio seguro de autocuidado y contención.Asimismo, se enfatizó la relevancia de alzar la voz en entornos locales con argumentos sólidos y de conectarse con el orgullo de ser judío.  La jornada concluyó reafirmando que la respuesta comunitaria ante la adversidad debe ser constante, transformando el dolor en compromiso y manteniendo una actitud de unión. "Ante la oscuridad, encendemos una luz. Am Israel Jai".   

    Zajor: Israel a tres años del 7 de octubre

    A las 6:29 de la mañana del 7 de octubre de 2023 —cuando el pueblo judío celebraba Simjat Torá—, miles de terroristas cruzaron la frontera desde Gaza hacia Israel: asesinaron a más de 1.200 personas y secuestraron a 251.Detrás de cada cifra hay un nombreEli Sharabi, miembro del kibutz Beeri, pasó 491 días en cautiverio; al ser liberado en febrero de 2025 supo que su esposa, Liyan, y sus hijas, Noya y Yahel, habían sido asesinadas aquel día, y que su hermano Yossi había muerto en manos de sus captores. 85 personas fueron asesinadas en cautiverio.Entre las más de 1.200 personas asesinadas durante el ataque, hubo cinco chilenos (o de origen chileno): • Gina Pak: chilena de 90 años. Fue sacada del refugio. La asesinaron a tiros.• Loren Dafna Garcovich: chilena de 47 años, originaria de San Felipe, fue quemada en el refugio del kibutz Kissufim, junto a su esposo Iván Illarramendi. • Noa Glasberg: hija de chilena de 39 años, asesinada en su casa en el kibutz Ein Hashloshá. • Itay Berdichevsky: nieto de chileno de 30 años de edad. Asesinado junto a su esposa en su hogar, tras    poner a salvo a sus hijos gemelos de 11 meses, que lograron sobrevivir.• Tomer Shpirer: hijo de madre chilena de 37 años. Asesinado mientras hacía ciclismo durante la jornada del ataque. Comunidad internacional: silencios que también hierenSi la masacre fue la primera herida, la indiferencia de quienes debían nombrarla fue la segunda. Pese a que los propios terroristas grabaron y transmitieron sus crímenes en vivo, y a que los sobrevivientes presenciaron o experimentaron violencia sexual, gran parte del movimiento feminista internacional guardó silencio. Recién en 2024, el informe de la enviada especial de la ONU sobre violencia sexual en los conflictos, Pramila Patten, concluyó que había motivos razonables para creer que hubo violaciones durante el ataque, y encontró información clara y convincente de violencia sexual contra los rehenes.Más inquietante aún es el negacionismo, que surgió apenas horas después de la masacre. La ADL documentó cómo políticos, periodistas y dirigentes atribuyeron a Israel las muertes del festival Nova o calificaron los relatos de asesinatos y violaciones como propaganda. Por ello, tres años después, recordar el 7 de octubre no consiste solo en honrar a las víctimas sino en negarse a que el mundo olvide.Una sociedad que se pone de pieUn estudio de 2026 que siguió a 680 israelíes desde antes del ataque mostró que los signos de probable estrés postraumático casi se duplicaron un mes después —de 16,1% a 29,8%— y que, más de dos años más tarde, aún alcanzaban el 19,7%. La psicóloga clínica Sharon Slater explica que sanar exige comprender que el trauma terminó y que ya se vive en el “después”, algo difícil tras años de incertidumbre.Mientras, el país reconstruye. De las 47 comunidades evacuadas en la frontera con Gaza, 43 ya regresaron, y unos 5.000 nuevos habitantes se han instalado en la zona; Kfar Aza comenzó su retorno el 31 de agosto y Beeri tiene previsto hacerlo a fines de diciembre. AntisemitismoEl ataque de Hamás desató una ola de odio sin precedentes. En Estados Unidos, la Anti- Defamation League (ADL) registró 8.873 incidentes antisemitas, el récord desde que comenzó a medirlos en 1979 (ADL). Francia cuadruplicó sus incidentes en 2023: solo en los tres meses posteriores al ataque acumuló lo mismo que en los tres años anteriores (Europe 1). En el Reino Unido, los incidentes subieron de 1.662 a 4.103, con 266 agresiones físicas (Community Security Trust). En 2024, Estados Unidos sufrió la cifra más alta de incidentes en 46 años de registro de la ADL (9.354). Por primera vez, la mayoría de los casos, el 58%, tenía relación con Israel o el sionismo, y las universidades se convirtieron en epicentro: allí los incidentes crecieron 84%. En Chile hubo vandalizaciones y agresiones verbales en las afueras de recintos comunitarios.En 2025 las cifras totales bajaron, pero la amenaza se volvió más letal.Para el director de la ADL, Jonathan Greenblatt, el antisemitismo es hoy una emergencia global.Recordar En julio, la Knéset estableció un día nacional de recuerdo y creó la Autoridad de Memoria de la Masacre y el Heroísmo.En esa línea, el pasado 5 de octubre, el presidente israelí, Isaac Herzog, inauguró el día nacional de conmemoración del 7 de octubre de 2023 bajando la bandera israelí a media asta a las 6:29 de la mañana, el minuto exacto en que comenzó el ataque.Zajor (recordar) es un mandato que ha servido al pueblo judío para seguir adelante. Esta semana, en Israel y en todo el mundo, se recuerda a las 1.200 personas asesinadas y a las 251 secuestradas en Gaza, mientras los niños todavía despiertan de noche y los kibutzim vuelven a encender sus luces.

    De la sucá a la Torá: cuando terminar es volver a empezar.

    Hay momentos del calendario judío en los que las fiestas parecen sucederse casi sin dejarnos respirar. Rosh Hashaná, Iom Kipur, Sucot, Sheminí Atzeret y Simjat Torá. Tefilot, ayuno, sucá, lulav, encuentros, introspección y alegría.Y de pronto llegamos al final.Pero quizás ésa sea precisamente la pregunta que estos días quieren dejarnos: ¿qué hacemos con todo lo vivido cuando la fiesta termina?Sucot comienza sacándonos de casa. Durante siete días abandonamos, aunque sea simbólicamente, la seguridad de nuestras paredes y habitamos una construcción frágil.בַּסֻּכֹּת תֵּשְׁבוּ שִׁבְעַת יָמִיםBasucot teshvú shiv'at iamim.“En sucot habitarán durante siete días.”(Vaikrá 23:42)Después de Rosh Hashaná y Iom Kipur, días en los que nos preguntamos quiénes somos y quiénes queremos llegar a ser, Sucot nos invita a salir. A dejar por un momento nuestras certezas y mirar el cielo a través del sjaj.Pero después de siete días ocurre algo extraño. La Torá podría simplemente decirnos: terminó Sucot, vuelvan a sus casas.Sin embargo, agrega un día:בַּיּוֹם הַשְּׁמִינִי עֲצֶרֶת תִּהְיֶה לָכֶםBaiom hashminí atzéret tihie lajem.“El octavo día tendrán una asamblea solemne.”(Bamidbar 29:35)Nuestros sabios encontraron en Atzeret la idea de detenerse. Como si después de tantos días intensos Dios nos dijera: todavía no se vayan.Rashí recoge una hermosa imagen: un rey invita a sus hijos a una celebración y, cuando llega el momento de despedirse, les pide que permanezcan un día más:קָשָׁה עָלַי פְּרֵדַתְכֶםKashá alai preidatjem.“Me resulta difícil vuestra separación.”Sheminí Atzeret nos invita entonces a quedarnos un instante más. A no correr inmediatamente hacia lo próximo. A mirar lo vivido y preguntarnos qué queremos llevar con nosotros.Y entonces llega Simjat Torá.Llegamos a las últimas palabras de la Torá. Moshé muere, terminamos Devarim. Pero casi sin detenernos volvemos a comenzar:בְּרֵאשִׁית בָּרָא אֱלֹהִיםBereshit bará Elohim.“En el comienzo creó Dios…”No esperamos una semana. Terminamos y comenzamos nuevamente.Quizás ésa sea una de las imágenes más poderosas del judaísmo: no existe un final que no pueda convertirse en un nuevo comienzo.Cada año volvemos al mismo Bereshit, pero nosotros ya no somos exactamente los mismos. Regresamos después de haber vivido otro año, con nuestras alegrías y pérdidas, nuestros aciertos y errores, nuestras preguntas y esperanzas.La Torá es la misma. Nosotros somos quienes volvemos diferentes.Y entonces descubrimos que estas tres festividades forman un único recorrido:Sucot nos enseña a salir.Sheminí Atzeret nos enseña a detenernos.Simjat Torá nos enseña a volver a empezar.Tal vez ésta sea también la conclusión del largo camino que comenzó en Elul y atravesó los Iamim Noraim.No podemos permanecer eternamente en Iom Kipur. Tampoco podemos vivir todo el año dentro de la sucá ni bailar permanentemente alrededor de la Torá.Tenemos que regresar a casa, al trabajo, a nuestros vínculos, a nuestras responsabilidades y a nuestra rutina.La pregunta no es si volvemos.La pregunta es cómo volvemos.Ojalá podamos llevar algo de la fragilidad de la sucá para ser más humildes; algo delatzor, del detenernos, de Sheminí Atzeret; y mucho de la alegría de Simjat Torá para recordar que, mientras seamos capaces de volver a comenzar, ninguna historia está definitivamente terminada.Jag Sameaj.

    Mauricio Russo Camhi: el arte de hacerse camino

    Antes de ser artista, Mauricio Russo Camhi fue un niño inquieto. Uno de esos que necesitaba hacer cosas con las manos: diseñar, dibujar, construir. La revista Mecánica Popular era una fuente de inspiración y cualquier material podía transformarse en algo nuevo. Madera de balsa, metal, alambre. Había curiosidad, pero también una necesidad de crear.Tenía 13 años cuando una visita escolar al Museo Nacional de Bellas Artes cambió algo. Allí vio los móviles de Alexander Calder y quedó profundamente impresionado por aquellas estructuras que parecían desafiar el equilibrio mientras se movían en el aire. Al volver a su casa construyó su primer móvil, siguiendo un folleto que le habían entregado a la salida.Nunca dejó de hacerlo.“Durante toda mi vida he construido móviles, ya sea por placer propio, para algún regalo o para algún familiar”, cuenta Mauricio en conversación con La Palabra Israelita. Con los años, aquella pasión de infancia se transformó en un trabajo más profesional y dedicado. Y también en una forma particular de mirar el mundo: en su obra nada parece completamente quieto.Esa sensibilidad convive con otra parte esencial de su historia. El judaísmo, dice, no llegó a su vida como una elección tardía, sino como algo inherente a ella. Su familia, vinculada a una historia de inmigración al sur de Chile y de esfuerzo, mantuvo las tradiciones y las festividades. Lo mismo que hoy intenta transmitir a sus hijos y nietos.Quizás por eso, cuando habla de su obra, aparecen naturalmente conceptos como generaciones, transmisión, memoria y comunidad. También el movimiento de las personas que deben abandonar un lugar, recorrer distancias y construir una vida en un territorio diferente. Son temas que aparecen de manera indirecta en su trabajo, pero que tienen una resonancia evidente con su propia historia.Mauricio también encuentra inspiración en relatos antiguos. Pandora, Damocles y Atlas son algunas de las obras nacidas de su interés por la mitología, no solo por sus historias, sino por las enseñanzas que permanecen detrás de ellas.Ahora, esa mirada llega al Mercaz. Hace tiempo que quería exponer allí y siente que encontró una oportunidad especial: encontrarse directamente con un público que, según explica, puede ser especialmente sensible a su propuesta.El título de la exposición —tomado de una de sus obras— habla precisamente de eso: de avanzar. De hacerse camino, atravesar obstáculos y seguir adelante. En ese recorrido quedan experiencias, algunas positivas y otras negativas, pero todas forman parte de la travesía.Y hay algo que Mauricio espera especialmente de esta muestra: el encuentro. “Para mí es vital tener la posibilidad de expresarme y de interactuar con quienes visitan la exposición”, señala en conversación con La Palabra Israelita. Porque quiere escuchar sus inquietudes, conocer sus sensibilidades y, sobre todo, que algo de lo que allí ocurra permanezca.Quizás ese sea, finalmente, el verdadero sentido de su trabajo: poner algo en movimiento y confiar en que, una vez que la obra encuentra al otro, el movimiento continúa.

    Israel vuelve a las urnas: Cinco claves para entender unas elecciones decisivas

    El escenario del próximo 27 de octubre es muy distinto a cuando se votó por última vez, en noviembre del 2022. Entre ambas elecciones ocurrió la masacre del 7 de octubre, comenzó una guerra que se extendió desde Gaza y Líbano hasta Irán, decenas de miles de reservistas pasaron largos períodos en uniforme y el país atravesó profundas transformaciones políticas y sociales.Sin embargo, una constante permanece: Benjamin Netanyahu vuelve a competir con posibilidades de encabezar el próximo gobierno.La última encuesta de KAN, publicada el 28 de septiembre, refleja lo ajustado de la contienda: el bloque encabezado por el actual primer ministro y el bloque opositor obtendrían 52 escaños cada uno. A nivel de partidos, Yashar, liderado por Gadi Eizenkot, se mantiene como la primera fuerza con 23 escaños, seguido por el Likud de Netanyahu con 21. 1. Un posible bloque de cambioLa principal novedad electoral es Eisenkot. Exjefe del Estado Mayor de las FDI, ingresó al gobierno de emergencia después del 7 de octubre y participó del gabinete de guerra. Posteriormente abandonó el Ejecutivo y terminó creando Yashar, partido con el que hoy disputa el primer lugar.Su perfil combina una extensa trayectoria militar con posiciones de centro. Ha defendido, entre otras medidas, una comisión estatal de investigación sobre las fallas que condujeron al 7 de octubre y un servicio militar o civil más amplio.En el mismo espacio opositor aparecen Bennett y Lapid, que compiten juntos por B’Yajad. Ambos ya gobernaron en 2021 mediante una coalición diversa que reunió derecha, centro, izquierda y, por primera vez, al partido árabe Ra’am.Más hacia la izquierda se encuentra Golán, líder de Los Demócratas, partido surgido de la unión del Laborismo y Meretz.Pero compartir el objetivo de reemplazar a Netanyahu no equivale a compartir una fórmula de gobierno. Los partidos árabes podrían obtener entre 12 y 14 escaños y convertirse nuevamente en árbitros de la elección.Mientras Golan defiende abiertamente la cooperación con ellos, Bennett y Eisenkot han planteado posiciones más restrictivas.2. Netanyahu y un bloque que se niega a desaparecerMuchos analistas pronosticaron el final de la carrera política de Netanyahu porque la masacre ocurrió bajo su gobierno y representó el mayor fracaso de seguridad de la historia reciente de Israel. Pero tres años después, continúa disputando el primer lugar.Netanyahu se ha resistido a crear una comisión estatal de investigación, mientras la oposición ha prometido establecerla si llega al gobierno.Conserva buena parte del bloque que lo ha acompañado durante los últimos años: Shas y Judaísmo Unido de la Torá entre los ultraortodoxos, Otzma Yehudit de Ben-Gvir y la lista conjunta del Sionismo Religioso encabezada por Smotrich.A ese campo podría sumarse Ofer Winter, general retirado cuyo nuevo partido, Amja Israel, oscila alrededor del umbral electoral y que podría alterar el equilibrio entre bloques.3. Una guerra que no terminaEn Gaza, el alto el fuego alcanzado en 2025 redujo los combates, pero siguen sin resolverse cuestiones centrales como el desarme de Hamás y la retirada israelí. Los ataques continúan y la reconstrucción permanece estancada.En el sur del Líbano, Israel mantiene una zona de seguridad mientras las negociaciones para conseguir el desarme de Hezbolá y una eventual retirada israelí continúan sin solución definitiva.El frente más peligroso sigue siendo Irán. Desde los ataques conjuntos estadounidense-israelíes del 28 de febrero, el conflicto continúa activo, aunque Washington busca una salida diplomática. La seguridad seguirá, por lo tanto, condicionando estas elecciones.4. El reclutamiento ultraortodoxo y el carácter del EstadoDurante décadas, decenas de miles de estudiantes de yeshivot estuvieron exentos del servicio militar. Después de tres años de guerra y largos períodos de movilización de reservistas, esa situación genera una oposición creciente.La Corte Suprema anuló por unanimidad una ley que impedía temporalmente arrestar a ultraortodoxos que evadieran el reclutamiento.Y aquí aparece una división clara: los partidos ultraortodoxos buscan proteger esas exenciones, mientras el bloque de cambio propone mecanismos para ampliar su incorporación al servicio militar o civil.La discusión va mucho más allá del Ejército. Se trata de quién asume las obligaciones de la ciudadanía y de la relación entre religión y Estado.5. Israel frente al mundoCon Estados Unidos, la relación gubernamental continúa siendo estrecha bajo Donald Trump, pero las encuestas muestran una erosión del apoyo a Israel especialmente entre los demócratas y también entre los republicanos más jóvenes.En Europa, las diferencias respecto de Gaza, los asentamientos y la cuestión palestina han provocado mayores tensiones diplomáticas y comerciales.América Latina presenta un escenario diferente. Cambios políticos recientes permitieron acercamientos con Chile, Bolivia, Colombia y Honduras, mientras Argentina mantiene bajo Javier Milei una de las relaciones más estrechas con Israel de la región.El 27 de octubre, Israel no decidirá solamente su futuro. También deberá responder preguntas que quedaron abiertas desde el 7 de octubre: quién debe asumir responsabilidad, quién debe servir en el Ejército, cómo terminar las guerras abiertas y qué relación quiere construir el país con sus propios ciudadanos y el mundo.

    Mensaje de Iom Kipur de David Bortnick, Director del Círculo Israelita de Santiago

    En estas horas finales de Iom Kipur, comenzando Neila, es un buen momento de parar un segundo, mirar a nuestro alrededor y ver qué es lo que tenemos.Por eso, hoy me gustaría hacer un ejercicio con todos ustedes y espero que me puedan acompañar en él.Me gustaría que miremos a la persona que tenemos al lado, a la familia que tenemos en frente, a la familia que está atrás y una mirada a todas las personas que hoy están sentadas junto a nosotros, compartiendo el día más sagrado de nuestro calendario.Muchas de las familias y personas que vemos, de seguro las conocemos y las llamamos amigos, quizás solo las conocemos a lo lejos o bien, no las conocemos del todo. Sin importar esto, todos sabemos por qué estamos acá y todos sabemos de la importancia de que estén sentados junto a nosotros. Sabemos que no son solo personas y familia, sino que somos una comunidad.La comunidad no es solo una hermosa sinagoga, es más que los rabinos que nos acompañan, la comunidad somos cada uno de nosotros. Somos nosotros los que le damos calor y vida a estas paredes. Somos nosotros los que le damos un sentido a este lugar y lo más importante, somos nosotros los que debemos darle continuidad.Tiempo atrás, en una charla comunitaria, escuché un concepto muy simple que me marcó y que transformó la forma en cómo mirar a las instituciones comunitarias, entre ellas a nuestro querido Mercaz.Esta persona señaló que nuestra generación es afortunada de haber nacido en un lugar en donde la vida judía ya estaba arraigada, en donde existían instituciones comunitarias fuertes y establecidas. Existían comunidades religiosas, colegios, centros médicos, instituciones de ayuda comunitaria entre otras. Al nacer con estas instituciones funcionando, pasa que uno las da por hecho y no piensa que tiempo atrás estas no existían y que fueron familiares nuestros, que ante una necesidad, trabajaron, le dedicaron parte de su vida y recursos a la creación de estas instituciones que garantizan una vida judía sostenible en este rincón del mundo.Pero ¿qué pasa si hoy no nos preocupamos de nuestras instituciones?, ¿qué pasa si no nos preocupamos de nuestra comunidad?Es responsabilidad nuestra, tomar la posta que nos entregaron nuestros familiares y aportar nuestro granito de arena a asegurar la continuidad de nuestra comunidad. Cuando escuché este mensaje, mis hijos estaban en el gan babait, que para los que no saben es una sede del Instituto Hebreo para los niños más chiquitos aquí en el Mercaz y también en la NBI.Como venía todos los días a dejar y a buscar niños, poco a poco mi familia y yo empezamos a asistir a las actividades que el Mercaz organizaba. Purim, Seder de Pesaj, sucot, Jánuca, entre otras, para luego empezar a involucrarnos cada vez más. Clases con el rabino, luego en reuniones para compartir nuestra visión y a trabajar junto a varios equipos en iniciativas para hacer de esta comunidad, la comunidad de todos, hacer del Mercaz no solo la comunidad de cada uno, sino la casa de cada uno.Ha sido un periodo hermoso, en donde junto con la Mary, mi señora, hemos podido aprender de muchas personas, nos ha dado la oportunidad de desarrollarnos, nos ha brindado la oportunidad de crecer y convertirnos en mejores personas y nos ha permitido llevar el judaísmo a nuestras casas y traspasárselo a nuestros hijos.Hoy, en este Neilá, les quiero hacer una invitación. Los quiero invitar al Mercaz. Quiero que sientan la libertad de hacer del Mercaz su espacio. Necesitamos de cada uno de ustedes para seguir fortaleciendo nuestra comunidad. Las posibilidades son infinitas y les aseguro, la retribución es gigantesca. Nosotros como familia, estamos felices y orgullosos de pertenecer al Mercaz, en donde encontramos nuestra casa y de todo corazón queremos que más familias lo puedan experimentar.En el Mercaz hay gente maravillosa. Acérquense, conózcanla, convérsenles. Cuéntenles de qué quieren del Mercaz.Preséntenles un proyecto. Participen de las actividades, traigan a su familia. Involúcrense.El Mercaz es nuestra casa, que nos ha acompañado por muchos años y es responsabilidad de nosotros asegurar que nos siga acompañando por muchos más.

    Mensaje de Iom Kipur de Micaela Klas, Madrijá de Tzeirei Ami y estudiante de Ingeniería Comercial

    Muchas gracias, Rabino Eduardo, por invitarme a compartir unas palabras. Birshut haRab, querida comunidad: Yom Kipur es probablemente uno de los momentos más personales del año. Es un momento en que cada uno se conecta con D’s desde su propio lugar, con sus pensamientos, sus errores, sus agradecimientos y todo lo que lleva adentro.Pero hay algo muy lindo en que, aunque sea un momento tan personal, lo hacemos todos juntos, y por momentos en silencio, mirando hacia Yerushalayim. Creo que justamente ahí está lo especial: cada uno está viviendo su propio momento, pero al mismo tiempo somos parte de algo mucho más grande. De una comunidad, de una tradición y de una historia compartida.Como madrijá de muchos de sus hijos, nietos o hermanos, paso mucho tiempo con los chicos de la comunidad. Ellos me enseñan algo increíble todos los días: a pedir y dar perdón con una flexibilidad y facilidad envidiable. Los niños no se quedan atrapados en el orgullo ni en quién tuvo la razón. Piden perdón, sueltan y siguen adelante.A medida que vamos creciendo eso se nos hace cada vez más difícil. Nos cuesta más soltar, reconocer cuando nos equivocamos o simplemente dar el primer paso.Creo que ahí tenemos una responsabilidad muy importante con ellos. Dado que los chicos aprenden muchísimo más de lo que ven que de lo que les decimos.Cuando nos ven parar, pensar sinceramente en nuestras acciones, pedir perdón e intentar empezar de nuevo, les estamos enseñando con el ejemplo.Y eso es justamente lo que hacemos en Yom Kipur. Nos detenemos por un momento de todo lo que está pasando afuera y nos damos el espacio de mirar hacia adentro. De pensar quiénes fuimos este año, qué hicimos bien, en qué nos equivocamos y, sobre todo, quiénes queremos ser de ahora en adelante.Hay algo muy judío en eso. En entender que reconocer nuestros errores y querer ser mejores no nos hace más débiles. Al contrario, es parte de lo que somos y de los valores que queremos transmitir.Nuestra tradición no se transmite solamente con lo que le enseñamos a los chicos en una actividad, o con lo que les contamos sobre judaísmo. También se transmite en momentos como este, donde ven a sus papás, abuelos, hermanos y a toda una comunidad pararse juntos frente a D’s.La fuerza con la que nosotros vivamos nuestro judaísmo hoy va a influir en la fuerza con la que ellos elijan vivirlo mañana.Así que aprovechemos para conectarnos de verdad, cada uno desde su lugar.Que este Yom Kipur nos recuerde que, aunque cada uno esté viviendo su propio momento, estamos parados juntos, conectados por una misma tradición, una misma historia y por el judaísmo que queremos seguir transmitiendo de generación en generación.

    Mensaje de Iom Kipur de Claudio Lanis, Magíster en Estudios Políticos.

    Quizás una de las obras más famosas del pensador florentino Nicolás Maquiavelo, es “El Príncipe”. Podríamos decir que “El Príncipe” es un manual perfecto para que un individuo logre el poder y lo mantenga. En la obra el autor nos enseña cómo por medio de la mentira, el engaño, prepotencia y la violencia entre otros, es posible obtener el poder y todo sin tener ningún conflicto moral. Una de las cosas interesantes de la obra es que fue escrita hace más de quinientos años y sigue plenamente vigente. Maquiavelo es el maestro de la sospecha, quiere que perdamos la inocencia, quiere que dudemos del hombre, es decir, de nuestras acciones.Para cualquiera de nosotros se hace incomprensible concebir cómo un pensador de la talla de Maquiavelo puede escribir una obra que ensalce todos los males del hombre para que sean usados en provecho de la vileza. Lo hace con una pluma que envuelve. Describe las malas conductas de manera que sean digeridas sin remordimientos. En el alma moderna, un elemento característico es el dudar del bien. El peligro es que al dudar del bien nos acercamos al mal.La historia de la humanidad es testigo de una infinidad de príncipes. Gobernantes que han sido despiadados, que han abusado del poder y la violencia para conseguir sus fines. Nuestro pueblo conoce muy bien a estos príncipes. Pero no solamente príncipes gobernantes, también príncipes individuos, embelesados por el mal han descargado su virulencia hacia nosotros. Como víctimas de estos príncipes es nuestro deber denunciarlos.Pero si leemos con más detención la obra y profundizamos entre líneas veremos que lo que el florentino pretende es mostrarnos la malignidad para así reconocerla. Si reconocemos al príncipe podremos enfrentarlo. Enfrentar al mal no es una tarea fácil ya que la tentación que ejerce el príncipe es inmensa. Para Maquiavelo el bien siempre se monta sobre el mal.Ahora pensemos y reflexionemos, ¿cuántas veces en el último año hemos actuado como el príncipe. ¿Cuántas veces hemos sido altaneros, prepotentes, mentirosos y crueles? ¿Habremos sido capaces de reconocernos como un príncipe? El príncipe no es más que un espejo donde nos reconocemos. Quien hace el mal no puede ser feliz. Uno de los frenos que tiene el hombre para corregir su actuar es la vergüenza, ¿habrá alguno que haya sobrepasado esta barrera? Perder la vergüenza es la pérdida de la moral.Si releemos la obra y escarbamos un poco más, entenderemos cómo Maquiavelo propone enfrentar al príncipe. El autor nos entrega una solución y esta es por medio de la conciencia, entendiendo la conciencia como el puente que separa el bien del mal. Para el autor el pueblo, es decir nosotros, somos los únicos virtuosos ya que nuestro fin es honesto. Está en manos del pueblo impedir al malvado gobernar ya sea a la sociedad o nuestra alma. Esto también lo traslada al individuo, el pensador aboga por la libertad y bienestar del pueblo.Debemos reparar en nuestro comportamiento. Las relaciones se basan por medio del amor y la moral. La interacción con el prójimo debe ser acción y no solo declaración. El que actúa en favor del prójimo termina actuando en favor de uno mismo. El pensador entre líneas nos aclara que ser buena persona no depende del régimen, solo depende de nosotros, es decir de nuestra conciencia.El puente que propone Maquiavelo nos permite reparar nuestro comportamiento. Si el ofensor pide disculpas por sus acciones entonces significa que su conciencia ha prevalecido. Disculparse es uno de los actos de humildad más profundos. También si el ofendido acepta las disculpas estamos frente a un acto de amor profundo, amor de benevolencia. ¿Podemos asegurar que somos capaces de transitar por el puente de nuestra conciencia? Si nos miramos al espejo vemos a un príncipe o nos vemos en nuestra dimensión más íntima, el espejo es el reflejo de nuestra alma. Solo en la intimidad de esa mirada podremos responder en qué lado del puente estamos. Como escribió el pensador nos reconocemos como lobos con piel de oveja.En un adelanto al tiempo propone la separación del Estado en dos, poder terrenal y poder celestial. Pero aclara que a pesar de que estos caminos deben transitar por vías separadas habrá un puente que los conecte, ese puente es la moral. El comportamiento ético en cualquiera de los dos Estados siempre estará del lado del bien.Todos los años al llegar a este momento nos angustiamos por nuestras acciones. La razón es que no sabemos qué pasará, el futuro se aprecia amenazante. La angustia se presenta porque tenemos conciencia del yo, es decir, de lo que hicimos. La angustia revela al hombre lo negativo. El remedio para la angustia es la fe, ya que esta es esperanza. Entonces si todos los años nos angustiamos por nuestras acciones está en nosotros buscar la oportunidad de encontrar el puente.Para poder transitar por este puente de virtud es necesario estar en paz. Solo la paz trae la tranquilidad necesaria para ponderar nuestras acciones. Dios nos entregó el libre albedrío, más somos nosotros quienes administramos nuestro comportamiento, por lo que no debemos culpar a otros por nuestras faltas. Reconocer la falta y perdonar nos acerca a Dios.He acá otra advertencia, acercarse a Dios no significa imitarlo. Los atributos de Dios son de Dios y los atributos del hombre son del hombre. Cuando nos transformamos en príncipes asumimos que tenemos el poder de Dios. Gran error, el poder del príncipe y el de nosotros siempre debe estar supeditado al eterno, de cualquier otra forma nos convertimos en ídolos. Por medio del intelecto uno consigue todas las cosas. Por medio de la voluntad nos unimos a todas las cosas.El perdón es ciertamente una de las más grandes capacidades humanas y quizás la más audaz de las acciones, en la medida en que intenta lo aparentemente imposible, deshacer lo que ha sido hecho, y logra dar lugar a un nuevo comienzo allí donde todo parecía concluido.¿Cuántas familias y amigos están enemistadas por no transitar por el puente. La mayoría de las veces se debe a la vergüenza, entendida esta como un escudo contra un orgullo mal entendido. La vergüenza no es más que nuestra vulnerabilidad, nos muestra indefensos. La vergüenza es una característica solo de los seres humanos, la razón se debe a la tensión entre nuestra dimensión espiritual y la terrenal.Al finalizar la obra, Maquiavelo nos da una esperanza que reconforta. Hace un giro inesperado. Alienta al príncipe a sacar todas sus virtudes nobles y ponerlas a disposición de un bien superior. Esto mismo lo podemos transferir a nosotros. En lo profundo del príncipe, es decir nosotros, siempre encontraremos virtudes positivas, esas que hacen que nuestras acciones sean buenas y moralmente correctas. Nuestro pueblo contó con un libertador, Moisés, quien rompió las cadenas del príncipe faraón y guio a su pueblo a la tierra prometida. ¿Seremos capaces de romper nosotros nuestras cadenas y así llegar a la consumación de la gran obra divina, que no es otra cosa que la vida buena?JATIMÁ TOVÁ

    Mensaje de Iom Kipur Ariela Agosin, expresidenta de la Comunidad Judía de Chile.

    Shaná Tová y muchas gracias por invitarme a decir unas palabras.Como ven tengo algunos problemas de movilidad y me cuesta mucho estar de pie. Les confieso que, al principio de Yom Kipur, en Kol Nidrei, para la primera AMIDA, dije:“אם אי אפשר לעמוד אז לא עושים עמידה” “Im Y Efshar laamod, az lo osim amida”, si no me puedo parar, no hago la amida, que significa literalmente estar de pie. Es al fin y al cabo un rezo para hacerlo parado.Pero después me detuve un segundo y dije: ¡NO! No sé qué dicen los sabios o la Halajá al respecto – y desde ya pido perdón al rab si es una barbaridad – pero yo voy a hacer la amidá sentada, como pueda.Porque quiero vivir este yom kipur a fondo, lo necesito y sé que todos los necesitamos, necesitamos este STOP obligado que nos da el judaísmo, para pensar, meditar, hacer introspección, perdonar, pedir perdón, perdonarnos a nosotros mismos y pensar en lo que realmente importa.Ahora que las puertas empiezan a cerrarse cuando comienza la Neila, podemos estar muy ansiosos porque estamos cansados y tenemos hambre y aún queda un rato…. O podemos estar muy ansiosos porque queda poco tiempo para este proceso de introspección que nos regala el judaísmo y hay tanto en qué pensar. Optemos por la segunda ansiedad.Y como no queda mucho tiempo, es necesario priorizar. Pero priorizar no es sólo decidir un orden, sino que es elegir. El rabino Jonathan Sacks escribió que se puede vivir sin sentido, pero que es una terrible pérdida.Y se puede vivir también una Neila sin sentido, pero es una triste y grave pérdida, no la desaprovechemos.En este caso, elegir es decidir qué es lo que le da sentido a nuestras vidas.Y quizás esa sea una de las preguntas más importantes que podemos hacernos hoy:Qué es lo realmente importante. Hay algunas ideas que no saltan a todos a la mente:La familia, los amigos, nuestra comunidad, nuestro judaísmo, nuestro pueblo, Israel o una misión específica. A veces unos minutos, horas, días o meses de propósito le pueden dar sentido a una vida completa.Saben, después que se destruyó el Beit Ha Mikdash, nos quedamos sin el gran templo, sin el lugar más sagrado donde estaba el arca de la alianza, sin el Cohen Hagadol -aunque por supuesto tenemos nuestro gran rabino-, todos ellos eran esenciales en Yom Kipur, la labor más sagrada e importante del Cohen hagadol era precisamente en Yom Kipur. PERO, seguimos haciendo Yom Kipur, ¿por qué? Porque quedamos nosotros, el pueblo judío, nuestras oraciones, nuestras costumbres y hoy tenemos además a Israel, cómo soñaron nuestros abuelos y bisabuelos con algo así, es una maravilla. Nosotros, nuestras oraciones y nuestras acciones somos el Beit Hamikdash.Entonces, honremos esa historia milenaria, seamos nosotros el Kodesh Hakodashim, pensemos en lo esencial, incluyendo nuestro círculo más cercano por supuesto y también a Am Israel. Sé que nuestros deseos compartidos para Am Israel son simples y tan complejos a la vez:Que las familias de Eretz Israel puedan vivir una vida normal, en paz, que sus hijos no tengan que ir más a la guerra y que no tenga que correr a los refugios ni construir una habitación segura. Que nuestros hijos y los de todo Am Israel puedan caminar por las calles del mundo orgullosos de su judaísmo y sionismo. Recemos por ello pero también busquémoslo activamente desde donde podamos, cómo podamos, todos podemos hacer algo al respecto.¿Saben? La vida y nuestros pensamientos se llenan con una facilidad impresionante, nos llenamos de urgencias, de trabajo, de deberes. Hagamos el esfuerzo por llenarla con lo que realmente importa, con sentido.Entonces, aprovechemos este ratito que nos queda de Neila, antes que vuelva el ruido de la vida cotidiana.Que cada uno encuentre aquello por lo que realmente quiere rezar.Quizás sea pedir perdón.Quizás sea agradecer.Quizás sea recordar a alguien que ya no está.Quizás sea pedir por nuestra familia, por salud, por Israel, o por la fuerza para cambiar algo que ¡sabemos que tenemos que cambiar! o hacer algo que ¡sabemos que podemos hacer y que haría una diferencia!Lo importante es que este tiempo y nuestras vidas tengan sentido.Querida comunidad, que entendamos todos que el tiempo es un regalo, que debemos aprender a distinguir lo urgente de lo importante y que encontremos el sentido y el propósito de nuestro tiempo en esta tierra.Gmar Jatimá Tová.

    Prédica Yom Kipur Rabinos Lucas Lejderman (Pato) y Ari Sigal

    Voy a empezar contando tres historias de personas que por culpa de malas decisiones a nivel valórico tuvieron resultados malos en sus vínculos.El primero, un joven muy exitoso profesionalmente, pero que está triste porque no tiene ningún tiempito para aumentar sus prácticas judaicas y espirituales.El segundo, el papá que solo trabajó y hoy está divorciado y los hijos no quieren hablar con él.El funeral de un padre que ni los hijos quisieran hacer su hesped.¿Qué exige Dios de nosotros en este momento de la historia?En el libro 21 lecciones para el siglo XXI, Yuval Noah Harari describe un ser humano amenazado por algoritmos, irrelevancia, manipulación y pérdida de sentido.La tradición judía responde que el ser humano nunca es irrelevante, porque fue creado betzelem Elohim, a imagen de Dios, y porque tiene una misión que ninguna máquina puede reemplazar: asumir responsabilidad moral, cuidar al otro, empatizar y convertir el mundo en una morada para la Presencia Divina.El peligro no es solamente que una computadora tome decisiones por nosotros.El verdadero peligro es que nosotros dejemos de decidir.Ahora que salió la 5.ª temporada de Fauda, hay una historia de estos últimos años que, para mí, expresa de manera extraordinaria qué significa la libertad judía y que el rav Gustavo la contó hace algunos meses.Eliya Cohen fue secuestrado el 7 de octubre desde el festival Nova. Pasó 505 días en cautiverio en Gaza.Le quitaron prácticamente todo.Le quitaron su casa. Le quitaron su familia.Le quitaron la luz del día.Le quitaron la posibilidad de saber qué estaba ocurriendo afuera.Le quitaron su comida, su privacidad y el control sobre su propio cuerpo.Y también le quitaron sus tefilín.Pero había algo que sus captores no podían quitarle: Su capacidad de decidir quién quería seguir siendo.Eliya contó que cada mañana se iba a un rincón. No tenía tefilín. Entonces cerraba los ojos e imaginaba que se los colocaba.Imaginaba las vueltas de la correa alrededor de su brazo.Imaginaba el tefilín sobre su cabeza.Imaginaba cada movimiento.Después hablaba con Dios y recitaba Shir Lamaalot.Día tras día.No había cuero.No había cajas.No había pergamino.Pero todavía había una decisión: “Ustedes pueden controlar dónde está mi cuerpo. Pero no pueden decidir quién soy”.Quizás esa sea una de las definiciones más profundas de libertad que podemos traer a este Iom Kipur. Porque la libertad más profunda no comienza cuando nadie puede obligarnos a hacer algo. La libertad comienza cuando, incluso bajo enormes presiones externas, todavía podemos preguntarnos: ¿Quién quiero ser?Y nosotros, gracias a Dios, no estamos en un túnel. Pero vivimos rodeados de otras fuerzas que intentan decidir por nosotros.Algoritmos que deciden qué vamos a mirar.Redes sociales que deciden qué debemos desear.Publicidades que nos dicen qué necesitamos comprar.La necesidad de aprobación que determina qué mostramos.Nuestros impulsos que nos convencen de que todo deseo debe ser satisfecho inmediatamente.Por eso, la pregunta de Iom Kipur no es solamente: ¿Somos libres?La pregunta es mucho más incómoda: ¿Qué estamos haciendo con nuestra libertad?La respuesta judía: la libertad no es hacer lo que deseo.Para el judaísmo, ser libre nunca significó simplemente satisfacer nuestros deseos. La libertad es la capacidad de gobernar esos deseos.Aquí entra el Musar, que comprendió algo extraordinariamente moderno: conocer el bien no garantiza practicarlo.Podemos saber perfectamente qué debemos hacer y, aun así, vivir de manera contraria.Podemos saber que tenemos que llamar a nuestros padres y no llamarlos.Saber que debemos pedir perdón y no pedirlo.Saber que debemos luchar contra todo tipo de injusticia y, aun así, callarnos.Saber que debemos ser más generosos y seguir encontrando razones para no dar.Saber que debemos guardar el teléfono cuando estamos con nuestros hijos y volver a mirarlo treinta segundos después.Por eso el Musar no propone solamente conocimiento. Propone entrenamiento moral: examen personal, repetición, disciplina, control del ego y transformación de nuestros hábitos.Kol Nidrei habla de palabras que pronunciamos y compromisos que no conseguimos cumplir. Cuántas veces dijimos: voy a estar más con mis hijos; voy a llamar a mis padres; voy a estudiar; voy a cuidar mi cuerpo; voy a involucrarme; voy a dejar el teléfono; voy a controlar mi enojo; voy a dar más; voy a estar más presente. Y pasó otro año.Esta noche no venimos solamente a liberarnos de promesas. Venimos a recuperar la capacidad de comprometernos. De elegir. De decidir conscientemente qué va a gobernar nuestra vida.Durante estas 25 horas quiero que una pregunta nos persiga: ¿quién gobierna mi vida? ¿Mis impulsos o mis valores? ¿El algoritmo o mi conciencia? ¿La comodidad o mi responsabilidad? ¿El miedo o mi misión? ¿Nuestra misión o nuestra necesidad de aprobación?¿Aquello que verdaderamente creemos o aquello que simplemente nos acostumbramos a hacer?Eliya Cohen no podía elegir dónde dormir.No podía elegir qué comer.No podía elegir cuándo salir.Pero cada mañana todavía podía elegir quién era.Nosotros tenemos infinitamente más libertad.La pregunta es si la estamos utilizando.Una de las respuestas judías a Harari, entonces, no es destruir la tecnología. No es escapar del mundo moderno. No es negar los algoritmos ni la inteligencia artificial.Es construir una interioridad suficientemente fuerte para que ninguna de esas fuerzas termine decidiendo quiénes somos.Porque tal vez esa sea una de las grandes misiones espirituales de nuestro tiempo: recuperar nuestra capacidad de elegir.Elegir nuestros valores.Elegir nuestras prioridades.Elegir nuestra generosidad.Elegir nuestra comunidad.Elegir nuestras mitzvot.Elegir qué clase de padres, hijos, amigos, parejas y seres humanos queremos ser.Y quizás eso sea, finalmente, la teshuvá.No solamente arrepentirnos de las decisiones equivocadas del año que pasó.Sino recuperar el derecho —y la obligación— de volver a decidir bien.Quiera Dios que de este Iom Kipur salgamos un poco más libres, un poco más responsables y, sobre todo, más profundamente humanos y judíos.

    Prédica Yom Kipur Rabino Gustavo Kelmeszes

    Kol Nidrei y el regreso a lo cotidiano. La kedushá, la tefilá y la renovación después del dolorHay canciones que uno escucha. Y hay canciones que, en determinados momentos, sostienen a una persona. En octubre de 1973, durante la Guerra de Iom Kipur, Israel vivía uno de esos momentos. Miles de familias no sabían dónde estaban sus hijos. Había radios encendidas, rumores, silencios y una pregunta que se repetía en miles de casas: ¿volverá?En aquellos días Naomi Shemer escribió לו יהי, Lu Yehi. Lo que había comenzado como una versión hebrea de “Let It Be” terminó convirtiéndose, con una melodía propia, en algo completamente israelí: casi una tefilá nacional. Soldados, maestros y padres le escribieron para contarle que la canción expresaba lo que ellos no podían decir y los ayudaba a atravesar la incertidumbre.Una de esas cartas llegó desde el kibutz Maoz Haim. Bracha Vardi había perdido en la guerra a su marido, Menajem, de 34 años, y había quedado con tres hijos pequeños. El mayor, Amijai, tenía seis. En el jardín infantil, después de aprender Lu Yehi, la maestra pidió a los niños que imaginaran palabras nuevas. Amijai expresó un único deseo: poder ver a su padre y no solamente a su madre. Luego agregó: Lu Yehi. Ojalá. Que así sea. Naomi Shemer respondió que, si su canción había ayudado a ese niño a rezar, para ella era suficiente.Antes de saber que Menajem había muerto, Bracha le había enviado al frente una carta copiándole la canción. Regresó sin haber llegado a destino. Dos meses después de su muerte nació otro niño en la familia. Le pusieron Menajem. No es una historia con final feliz: el padre no volvió y la familia tuvo que aprender a vivir con la ausencia. Pero dentro de la pérdida apareció una tefilá, y dentro del duelo, una nueva vida que recibió el nombre de quien ya no estaba. Eso no es olvidar. Eso es התחדשות, hitjadshut. Renovarse no significa regresar al punto anterior al dolor, sino descubrir que, incluso después del משבר, mashber, todavía puede nacer algo.Quizás allí haya algo esencial de Kol Nidrei. Rezar no significa tener todas las respuestas. A veces la tefilá nace precisamente cuando no las tenemos, cuando llevamos a Dios nuestra esperanza, nuestra gratitud, nuestro miedo, nuestra pérdida e incluso nuestro enojo. Seguimos hablando y pidiendo porque creemos que, aun cuando no comprendemos, no estamos solos.Por eso necesitamos la קדושה, kedushá: apartar por unas horas el ruido cotidiano y abrir un espacio para el encuentro con Dios. En Iom Kipur agradecemos, pedimos, confesamos, recordamos y decimos:סְלַח לָנוּ מְחַל לָנוּ כַּפֵּר לָנוּSlaj lanu mejal lanu kaper lanuPerdónanos discúlpanos concédenos expiaciónEntramos en la kedushá para acercarnos a lo divino y regresar a la vida de otra manera. La palabra נורא, norá, aparece en la Torá cuando Yaakov escapa de Esav. Está solo, tiene miedo y no sabe qué será de su vida. Se acuesta en medio del camino, con una piedra como almohada, y sueña con una escalera que une tierra y cielo. Cuando despierta dice:אָכֵן יֵשׁ ה׳ בַּמָּקוֹם הַזֶּה וְאָנֹכִי לֹא יָדָעְתִּיAjén yesh Adonai bamakom hazé veanojí lo yadátiVerdaderamente Dios está en este lugar y yo no lo sabíaמַה נּוֹרָא הַמָּקוֹם הַזֶּהMa norá hamakom hazéQué sobrecogedor es este lugarLa presencia ya estaba allí. Lo que faltaba era que Yaakov se detuviera lo suficiente para descubrirla. Durante el año vivimos en la שגרה, shigrá, la rutina: trabajamos, resolvemos, contestamos mensajes y corremos hacia el próximo compromiso. Vivimos como si miráramos permanentemente el Waze. El Waze responde: ¿cómo llego al próximo lugar? Iom Kipur pregunta: ¿dónde estoy? ¿Qué lugar tiene Dios en mi vida? ¿Dónde están mis vínculos? ¿Qué parte de mi vida funciona en automático? ¿Qué persona tengo tan cerca que dejé de verla?Iom Kipur es una מתנה, mataná, un regalo, y una הזדמנות, hizdamnut, una oportunidad para לעצור, laatzor: frenar. Un automóvil eléctrico debe detenerse y conectarse a una estación de carga. No se detiene porque haya fracasado ni porque el viaje terminó. Se detiene porque quiere seguir viajando. Mientras está quieto recupera la energía que necesitará para volver al camino.Quizás Iom Kipur sea nuestra estación de carga espiritual. Durante veinticinco horas detenemos el viaje y nos desconectamos del ruido cotidiano para volver a conectarnos con Dios. La tefilá, la Torá, el silencio, el Vidui, el Shemá, Kol Nidrei, Izkor y Ne’ilá crean ese espacio. Desde allí miramos nuestra historia, a quienes amamos, a quienes herimos, nuestros sueños y nuestros errores. La carga tiene sentido porque después viene el camino.La kedushá no es el destino final. Nos permite regresar al חול, jol, lo cotidiano, de otra manera. Después de Havdalá volvemos a la casa, al trabajo, a las conversaciones pendientes, a la sociedad real, a Israel real y a nosotros mismos, reales. Allí comienza la verdadera prueba. Si la tefilá termina cuando cerramos el Majzor, algo quedó incompleto: lo sagrado debe tocar la manera en que hablamos, perdonamos, cuidamos y actuamos.אַחֲרֵי הַחַגִּים יִתְחַדֵּשׁ הַכֹּלAjarei hajaguim itjadesh hakolDespués de las fiestas todo se renovaráEn Hitjadshut, Naomi Shemer recuerda las herramientas que quedaron en el patio: el martillo, la escalera y la azada. Después de elevarnos hay que volver a construir. משבר, mashber; נחמה, nejamá; התחדשות, hitjadshut: quiebre, consuelo, renovación. Lo vivimos como pueblo después del 7 de octubre, y cada uno lo vive también en su propia historia. La אמונה, emuná, no significa afirmar que comprendemos todos los dolores. Puede significar seguir buscando y rezando aun desde la pregunta. A veces no podemos volver a ser quienes éramos. Debemos preguntarnos qué podemos construir ahora con las herramientas que todavía tenemos. Eso es להיוולד מחדש, lehivaled mejadash: volver a nacer llevando nuestra historia.Yehuda Amijai recuerda aquellos problemas escolares de matemática: un tren sale de una ciudad y otro desde otra; ¿a qué hora se encontrarán? Pero pregunta lo que el libro no preguntaba: ¿qué sucederá cuando se encuentren? La matemática calcula el encuentro. La vida no. No sabemos qué conversación cambiará nuestra historia ni cuánto tiempo tendremos con quienes amamos. Yaakov también descubre un encuentro: וַיִּפְגַּע בַּמָּקוֹם, vayifgá bamakom. Iom Kipur une ambos movimientos: el encuentro con Dios y, desde esa profundidad, un encuentro más verdadero con el otro.Por eso el חשבון הנפש, jeshbón hanéfesh, no es solamente introspección. Es un balance espiritual y moral de la vida que recibimos y de lo que hicimos con ella. ¿Qué hice bien? ¿Dónde herí? ¿Dónde pude reparar y no reparé? Pero también: ¿qué no hice? La llamada que no hice, el abrazo que postergué, el perdón que dejé para más adelante, la conversación que evité, la persona que necesitaba que estuviera y yo estaba demasiado ocupado.עַל חֵטְא שֶׁחָטָאנוּ לְפָנֶיךָAl jet shejatanu lefanejaPor el pecado que cometimos ante TiEl Vidui es reconocer nuestras acciones, asumir responsabilidad y pedir la posibilidad de cambiar. Rosh Hashaná nos llevó al כלל, klal: el mundo y la creación. Iom Kipur nos lleva al פרט, prat: a mí, a aquello que nadie puede reparar en mi lugar. Rabí Zusia de Anípoli temía que en el cielo no le preguntaran por qué no había sido Moshé, sino: “Zusia, ¿por qué no fuiste Zusia?” No se nos pide vivir la vida de otro, sino responder qué hicimos con la vida que nos fue confiada.Todo el recorrido de Iom Kipur expresa ese movimiento. En Kol Nidrei frenamos. En Shajarit profundizamos el encuentro y nos preguntamos qué llevaremos de la kedushá al resto de nuestra vida. Así, cada momento del día nos conduce desde la detención y la memoria hacia la responsabilidad, la acción y el regreso. La cima espiritual sólo cobra sentido cuando abre nuevamente el camino cotidiano. En Izkor llevamos a la plegaria la memoria de quienes ya no están. En Maasim Tovim convertimos las palabras en acción. En Ne’ilá llegamos a la cima y repetimos ה׳ הוּא הָאֱלֹהִים, Adonai Hu HaElohim. Pero incluso allí falta algo fundamental: volver.El judaísmo no nos pide permanecer apartados de la vida. Nos pide llevar algo de la presencia divina a nuestra casa, nuestra familia, nuestro trabajo, nuestra comunidad, nuestra sociedad, Israel y la manera en que tratamos al otro. Ésa es la pregunta: ¿volvemos iguales o podemos להתחדש, lehitjadesh, renovarnos? No borrando la historia ni olvidando a quienes ya no están, sino haciendo algo nuevo con todo ello.Llegamos a Iom Kipur con lo que salió bien y con lo que salió mal, con lo que perdimos, con lo que todavía soñamos y con aquello que necesitamos reparar. Que sepamos frenar, rezar y escuchar. Que podamos reconocer la presencia divina allí donde, durante la shigrá, no supimos verla. Y que volvamos a la vida cotidiana no más perfectos, pero sí más despiertos; no sin heridas, pero sí con emuná; no empezando de cero, sino dispuestos a comenzar de nuevo.גְּמַר חֲתִימָה טוֹבָהGmar Jatimá Tová

    YOM KIPUR: MILES DE VOCES, UNA SOLA COMUNIDAD

    El Mercaz volvió a llenarse de vida durante Yom Kipur. Más de 3.600 personas participaron de las distintas tefilot, distribuidas en tres servicios paralelos liderados por cuatro rabinos.Familias, jóvenes, adultos mayores y niños se congregaron para detenerse, reflexionar y encontrarse con un profundo sentido de pertenencia.Compartimos las prédicas de los rabinos Lucas Lejderman (Pato), Ari Sigal y Gustavo Kelmeszes, así como los mensajes de Micaela Klas, Ariela Agosin y Claudio Lanis.Jatimá tová y shaná tová.

    Prédica del rabino Eduardo Waingortin en Yom Kipur: Kol Nidre: el Titanic y el arca de Noé

    1. El tripulante del TitanicCuentan que mientras el Titanic se hundía, un tripulante se puso a lustrar la platería: fuentes, candelabros, cubiertos. El agua entraba por los pasillos, la gente corría desesperada, pero él, concentrado, seguía sacando brillo.Un pasajero lo ve y le grita: “¡Corra, no sea insensato! ¿No ve que el barco se hunde?”. Pero él siguió en lo suyo.Aparece el capitán y le dice: “¿Qué hace lustrando plata? ¡Usted está loco! ¿No ve que nos vamos a ahogar?”.Y el tripulante lo mira y responde: “Mientras el barco no se hunda, todavía vale la pena seguir trabajando”.A veces, nuestro mundo se parece a ese Titanic. Parece que vamos directo hacia un iceberg. Miramos las noticias: tensiones geopolíticas, guerras desgarradoras, la amenaza constante contra el Estado de Israel y el rebrote del antisemitismo global. La inteligencia artificial, que avanza a pasos agigantados y nos hace preguntar qué lugar ocuparemos en el futuro (¡quizás el próximo año haya un robot acá dando la prédica, y ojalá sea más delgado y tenga más pelo que yo!).A nivel personal, la asimilación, la desconexión, la fatiga.Es muy fácil mirar afuera y sentir que estamos por hundirnos.2. La esperanza judíaPero hoy vine a hablarles de esperanza.Necesitamos ser como ese tripulante que no baja los brazos y sigue dando lo mejor de sí mientras el barco siga a flote. Aun cuando pareciera que todo anda mal.Od lo avdá tikvateinu. Aún no se ha perdido nuestra esperanza, dice nuestro himno de Israel. Y es que si hay algo profundamente judío, es mantener la tikvá: la fe obstinada de que podemos y debemos trabajar por un mundo mejor, aunque la realidad nos desafíe.Todos llegamos a esta noche de Iom Kipur cargados. Traemos en la espalda un año entero de desafíos y logros, de dolores y alegrías, de avances y pérdidas. Seguro que en tu año hubo momentos en que pensabas que tu Titanic se hundía. Pero estás acá. No te hundiste: seguiste dando lo mejor de ti, como ese tripulante.Y cuando pensaba en la imagen del Titanic, me di cuenta de que nosotros, como pueblo, no navegamos en un Titanic. Nosotros tenemos un símbolo mucho más potente: el arca de Noaj.3. El arca de NoéConocemos la historia: el mundo se había llenado de jamás: violencia, dolor, deshumanización, caos ¿Les suena conocido? El mundo colapsaba y D’s le pide a Noaj que construya un arca para salvar a la humanidad a través de su familia y de parejas de animales.Dice el midrash que mientras afuera había caos, adentro del arca había orden. Afuera hacía frío, pero adentro había calor. Afuera reinaba la oscuridad, pero adentro había luz.Yo siento que todos los que estamos hoy aquí buscamos exactamente eso: un espacio de calor, de orden y de luz. Un arca.Hoy, Iom Kipur nos trae un desafío.Si nos preguntamos ¿cómo sobrevivir al diluvio?, nos estamos haciendo la pregunta equivocada. El diluvio lo vamos a sobrellevar, porque somos el pueblo de la esperanza.Lo que nos tenemos que preguntar es ¿cómo se construye un arca? ¿Cómo transformamos nuestra vida en un refugio de paz en medio de la turbulencia?4. Los cuatro pilares del arcaSi vamos a construir un arca, tenemos que comenzar por cuatro pilares: la familia, nuestra identidad judía, nuestra comunidad y el mundo.Primer pilar: la familia arca¿Cómo se construye una familia que sea un arca? La familia, sea como sea que esté constituida, debe ser un refugio de amor y aceptación.• Pareja: busca espacios con tu pareja que estén libres de conflictos; vuelve a disfrutar. Cuando estés atravesando momentos difíciles, recuerda qué fue lo que te hizo enamorarte de esa persona y vuelve a eso. El otro día escuché a un psicólogo que decía algo muy interesante: que las parejas tienden a discutir siempre por los mismos temas, y que el éxito de una pareja no está en eliminar los conflictos, sino en cambiar la manera de enfrentarlos. Cambia la manera de hablar, de discutir; busca que tu pareja sea parte de esta arca.• Hijos: entre padres e hijos la relación debe ser un arca. El mundo ya es suficientemente exigente; padres e hijos deben regalarse aceptación y cariño. Y si hay críticas, que sean constructivas, que sumen y no que resten.• Adicciones: si a tu familia ha llegado el diluvio de las adicciones, busca reconstruir tu arca. Pide ayuda, se puede salir de ahí. No te acostumbres al diluvio, busca volver al arca.• Hermanos: conozco familias que eran un arca hermosa frente a los diluvios de la vida, hasta que comenzaron a pelear por dinero, herencias, envidias.Tenemos que trabajar en la construcción de familias arca. El judaísmo nos regala el Shabat, que es un tiempo en la semana para encontrarnos en familia, sin pantallas, sin distracciones. Solo estar y disfrutar. Vuelve a construir un arca para tu familia.Segundo pilar: el judaísmo arcaEl segundo pilar para construir nuestra arca es el judaísmo.¿Cómo se construye un judaísmo arca? Muchos me dicen: “Rabino, yo no soy religioso, pero soy tradicionalista”.El compositor Gustav Mahler decía: “La tradición no es la adoración de las cenizas, sino la preservación del fuego”.Si queremos construir un judaísmo arca, no podemos vivirlo como algo reactivo, que solo aparece frente al antisemitismo o que solo se alimenta de la memoria dolorosa.Es verdad, durante la historia nos han querido matar más de alguna vez, pero esa no es la razón por la cual somos judíos. Somos judíos porque amamos serlo, porque ser judíos nos da un sentido y un propósito. Porque ser judíos es un orgullo que no se puede explicar.Janusz Korczak, un gran educador que vivió en la época de la Shoá, decía: “Si hay algo por lo que darías la vida, entonces vive por ello”.Construyamos una identidad judía que sea un arca valórica en tiempos de relativismo. Vivamos un judaísmo que nos alimente el alma, que nos haga ser mejores personas, más empáticos, más humanos.La identidad judía como arca se construye cuando vienes a Shabat, cuando haces tzedaká y piensas en el prójimo, cuando comes kasher y mantienes prácticas que te unen a tu pueblo, cuando estudias y aprendes.¿Saben que en nuestra comunidad hay más de 200 adultos estudiando judaísmo cada semana? Sí, estamos construyendo un judaísmo arca.Para proteger esta identidad judía, formemos hogares judíos y cuidemos la continuidad con alegría y orgullo.Y a quienes han formado parejas mixtas, les digo con el corazón abierto: acérquense, caminen con nosotros, aquí hay un lugar para ustedes. No queremos perder a nadie.Tercer pilar: la comunidad arcaEl tercer pilar para nuestra arca es la comunidad.¿Cómo se construye una comunidad que sea un arca? Una comunidad arca nos abraza a todos. No hace diferencias de clases sociales ni distingue entre judíos de nacimiento o judíos por elección. Todos somos judíos, y es hora de enfocarnos en lo que nos une y no en las diferencias.Nuestra comunidad es un arca gracias a las decenas de personas que son voluntarias, que ayudan a los necesitados, que hacen tahará, que acompañan en la mikve, que nos reciben con una sonrisa en la puerta, que abren su mesa de Shabat a un desconocido.Construyamos juntos una comunidad arca. No seas espectador comunitario, esto no es un cine: sé protagonista, participa, involúcrate.El antisemitismo ha aumentado y nos tiene a todos preocupados. Ser comunidad arca es sentirnos en casa cuando estamos juntos, es saber que somos hermanos y sentir muy fuerte que Am Israel jai.Cuarto pilar: el mundo arcaYa tenemos el pilar de la familia, el del judaísmo y el de la comunidad, y nos falta el último pilar, que es el mundo.En Bereshit, D’s le entregó el mundo al ser humano leovdá uleshomrá, para trabajarlo y cuidarlo.¿Estamos cuidando la casa común o solo usufructuando de ella?Reciclemos, seamos conscientes de nuestro impacto en el mundo y seamos parte de la solución, no del problema. Construir un arca también es cuidar nuestro planeta para los hijos de nuestros hijos.Y construir un mundo arca significa ser refugio para cualquier ser humano. La Torá nos dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Y los sabios agregan: “Ama a tu prójimo aunque no sea como tú mismo”.Aceptar al diferente —sin importar su origen, orientación o condición— es el acto de amor y madurez más alto.Súmate a los voluntariados de acción social. ¿Sabías que cada domingo hay decenas de personas que ayudan en un comedor abierto de la Municipalidad de Lo Barnechea? Eso es jesed, amor desinteresado.El Rebe de Lubavitch decía que hay que imaginar el mundo como una balanza perfectamente equilibrada, y que cada pequeña acción tuya puede hacer la diferencia entre que se incline hacia el bien o hacia el mal.Construyamos un mundo que sea un arca de empatía y humanidad.5. La invitaciónEl Titanic se hundió. Pero el arca de Noé flotó, atravesó la tormenta y, cuando las aguas bajaron, sus puertas se abrieron para repoblar el mundo. Esa es la gran diferencia. Una verdadera arca no se construye para aislarse, sino para proteger la luz mientras afuera hay oscuridad, y luego salir a iluminar el mundo.Como pueblo debemos ser or lagoim, luz para las naciones. No porque seamos superiores (¡eso solo si fuéramos todos argentinos!), sino porque tenemos la responsabilidad moral de contagiar bendición.El Talmud es muy claro cuando dice: al tikrá banaij ela bonaij; no leas banaij, “mis hijos”, sino bonaij, “mis constructores”. D’s no nos llama simplemente sus hijos; nos llama sus constructores.Nuestra misión en este mundo es construir arcas que acojan, que salven, que sean luz.Y como decía el tripulante del Titanic: “Mientras sigamos a flote, vale la pena seguir trabajando”.En esta noche sagrada de Kol Nidre, cuando D’s abre el Libro de la Vida, la invitación es clara:• Sé el constructor de un arca de amor y conciliación en tu familia.• Sé el constructor de un arca de sentido y propósito en tu judaísmo.• Sé el constructor de un arca de pertenencia y acción en tu comunidad.• Y, por último, sé el constructor de un arca de responsabilidad e inclusión en el mundo.Que D’s nos regale un año más de vida para construir arcas llenas de luz. Y que muy pronto las tormentas del mundo se calmen y podamos ver juntos el arcoíris de la paz.Jatimá tová.

    Tres sinagogas, más de 3.600 personas y cuatro rabinos: una sola Comunidad reunida en Yom Kipur

    En el día más importante del judaísmo, el Mercaz volvió a convertirse en un espacio para detenerse, conectar con lo esencial y estar en comunidad.Tres mil seiscientas personas pudieron ser parte de cada tefilá, cada silencio y cada canto en tres servicios paralelos.Quienes no pudieron estar físicamente tuvieron la posibilidad de conectarse a la transmisión online, desde distintos lugares, para ser parte de una misma emoción y un mismo sentido de comunidad.Yom Kipur es una experiencia que se construye entre todos.Jatimá tová y shaná tová.

    “Al tifrosh min hatzibur”: Nunca te separes de tu comunidad.

    Hay días en el año donde miramos hacia adelante. Y hay otros, como Iom Kipur, que nos invitan a mirar hacia adentro.A preguntarnos quiénes somos. Qué estamos haciendo con nuestra vida. Qué lugar ocupamos en la vida de los demás. Y, quizás, también qué estamos haciendo por aquello que queremos que permanezca cuando nosotros ya no estemos. Crecí en una familia en la que la comunidad nunca fue algo ajeno. Nunca fue simplemente “el lugar al que uno va”. La comunidad era, y sigue siendo, parte de nuestra identidad. Desde chica, mi padre me repetía una y otra vez una enseñanza de Pirkei Avot, que me acompañó toda la vida: “Al tifrosh min hatzibur” — “No te separes de tu comunidad.” Cuando llegamos con mi familia a Chile hace 15 años, dejamos lejos a gran parte de nuestra familia y llegamos al Mercaz… y en ese momento esa enseñanza cobro mas vida que nunca. La semana pasada en nuestra clase de Torah aprendimos otras enseñanzas del Pirkei Avot: “Im ein ani li, mi li?” — “Si yo no estoy para mí, ¿quién estará?” “Uksheani leatzmi, ma ani?” — “Pero si estoy solamente para mí, ¿qué soy?” Y finalmente: “Ve’im lo achshav, eimatai?” — “Y si no es ahora, ¿cuándo?” Hoy siento que todas estas enseñanzas apuntan hacia un mismo lugar. Nos recuerdan que tenemos una responsabilidad con nosotros mismos, sí. Pero que una vida construida solamente alrededor de uno mismo queda incompleta. Que necesitamos pertenecer a algo más grande. Y que pertenecer no significa solamente estar. Significa involucrarse. Significa hacerse responsable. Significa entregar una parte de uno mismo para construir algo que quizás disfrutarán otros. Creo que aprendí eso mucho antes de poder ponerlo en palabras. Mi bisabuelo fue presidente de la comunidad judía de Colonia, en Alemania, en uno de los momentos más oscuros de nuestra historia. Cuando el nazismo hizo imposible la vida judía allí, tuvo que escapar. Pienso muchas veces en lo que habrá significado para él dejar atrás no solamente una casa o un país, sino una comunidad que había ayudado a construir. Después, la historia de mi familia volvió a empezar del otro lado del mundo. Mis abuelos llegaron a Buenos Aires y fueron parte de la fundación de una nueva comunidad. Habían perdido un mundo, pero eligieron volver a construir otro. Años más tarde vi a mi padre dedicarle muchos años al crecimiento de Lamroth Hakol, la comunidad en la cual hice mi bat y años más tarde me casé con Dani. Distintos países. Distintas generaciones. Distintas circunstancias. Pero, de alguna manera, la misma elección. No separarse de la comunidad. Cuando pienso en nuestra historia, me queda bien claro que la continuidad judía nunca estuvo garantizada. No ocurrió sola. Existió porque, generación tras generación, hubo personas que decidieron que valía la pena dedicar tiempo, esfuerzo, energía y corazón para que algo continuara después de ellas. Personas que probablemente estaban ocupadas, que tenían familias, trabajos, preocupaciones y problemas. Personas que podrían haber pensado: “que lo haga otro”. Pero no lo hicieron. Y quizás ahí está una de las enseñanzas más poderosas de Iom Kipur. Hoy dedicamos tantas horas a preguntarnos qué hicimos bien y qué hicimos mal. Pedimos perdón por nuestras acciones, por nuestras palabras, incluso por nuestras omisiones. Pero tal vez también podríamos hacernos otra pregunta: ¿Qué estamos haciendo por aquello que decimos que nos importa? Porque es muy fácil querer que exista una comunidad judía fuerte. Es fácil querer que nuestros hijos tengan dónde celebrar las fiestas, dónde aprender, dónde encontrarse, dónde sentirse parte. Es fácil querer que nuestros nietos algún día entren a una sinagoga y sientan que están entrando a su casa. Lo difícil es preguntarnos: ¿Qué parte de mí estoy dispuesto a entregar para que eso ocurra?No todos tenemos que hacer lo mismo. Pero todos podemos hacer algo. Podemos venir. Podemos participar. Podemos enseñar. Podemos ayudar. Podemos acercar a alguien que se alejó. Podemos traer a nuestros hijos. Podemos dar nuestro tiempo. Podemos hacernos cargo. Porque una comunidad no es un edificio. Una comunidad son las personas que deciden que vale la pena seguir construyéndola. Hoy nos toca a nosotros. Y espero profundamente que algún día nuestros hijos puedan mirar hacia atrás y decir que cuando nos tocó nuestro turno, estuvimos. Que no nos separamos de nuestra comunidad. Que entendimos que estar solamente para nosotros mismos no era suficiente. Y que cuando llegó el momento de preguntarnos: “Ve’im lo achshav, eimatai?” — “Si no es ahora, ¿cuándo?” nuestra respuesta fue: Ahora. Gmar Jatimá Tová.

    Discurso de Yom Kipur de Miguel Infeld, presidente CIS

    Querida comunidad:Iom Kipur, sin duda, es el momento más sensible y significativo de nuestro calendario. Una noche para detenernos, mirar hacia adentro y preguntarnos quiénes somos, qué hemos hecho y, sobre todo, qué queremos construir hacia adelante.Y este año esa reflexión tiene para mí un significado especialmente profundo.Ser judío hoy, en Chile y en el mundo, no es exactamente lo mismo que hace algunos años.Hemos vuelto a encontrarnos con expresiones de antisemitismo que creíamos superadas. Muchos de nuestros jóvenes lo han vivido en sus universidades, en las redes sociales o simplemente en su vida cotidiana.Y frente a esa realidad, hemos sentido con más fuerza que nunca la necesidad de estar juntos, de defender nuestra identidad y de sentirnos parte de nuestro pueblo.Es precisamente en momentos como éste cuando entendemos el verdadero valor de tener una comunidad.El Círculo Israelita es nuestra casa.Es el lugar donde podemos vivir nuestra identidad judía con libertad y orgullo. Donde educamos a nuestros hijos, acompañamos a nuestros adultos mayores, celebramos nuestras alegrías y nos abrazamos en los momentos difíciles.Y es también el lugar desde donde podemos organizarnos, actuar y expresar con claridad nuestro compromiso con el pueblo judío y con el Estado de Israel.Quiero compartir con ustedes algunos números.No porque los números sean lo importante, sino porque detrás de cada uno de ellos hay personas.Hay vida judía.El Círculo Israelita nació como una pequeña comunidad en el centro de Santiago. En 2006 éramos 546 familias.Hoy somos más de 1.230 familias y nos hemos convertido en una comunidad líder de la vida judía en Latinoamérica.Pero hay otro número que a mí me emociona todavía más.Cada semana, 366 jóvenes participan en Kivún y BBYO, y otros 230 jóvenes en Bet-El. Son casi 600 jóvenes participando semanalmente en nuestra comunidad.Pensemos un momento lo que significa eso.

    Reflexiones de Iom Kipur

    Este año, las prédicas de Iom Kipur en la sinagoga Ruaj tendrán un hilo conductor particular. Vamos a conversar con Yuval Noah Harari y su libro 21 lecciones para el siglo XXI. No porque allí estén las respuestas que buscamos, sino porque muchas de sus preguntas son también las nuestras: ¿qué ocurrirá con el trabajo en un mundo de inteligencia artificial? ¿Qué significa ser libre cuando algoritmos conocen nuestros gustos y deseos? ¿Cómo preservamos nuestra identidad en medio de tanta información? ¿Qué lugar tendrán la comunidad, la memoria y la responsabilidad en el mundo que viene?Harari plantea los desafíos. Nosotros intentaremos buscar respuestas en una tradición que lleva miles de años preguntándose qué significa ser humano.Y quizás una de las respuestas más importantes de Iom Kipur sea profundamente contracultural: nuestro valor no depende de nuestra productividad.Vivimos contando. Horas trabajadas, resultados obtenidos, dinero ganado, mensajes respondidos, objetivos alcanzados. Incluso el tiempo comenzó a ser evaluado según su rendimiento: decimos que una reunión “valió la pena”, que una conversación “no sirvió para nada”, que visitar a alguien nos “quitó” una tarde.Iom Kipur interrumpe esa lógica.Durante veinticinco horas dejamos de producir, comprar y vender. Nos alejamos de muchas de las cosas con las que habitualmente construimos nuestra importancia y nos presentamos ante Dios simplemente como seres humanos.El ejecutivo y el estudiante pronuncian el mismo Ashamnu. La persona exitosa y quien atraviesa una crisis dicen el mismo Al Jet. Frente a Dios desaparecen por algunas horas nuestros currículums.La Mishná enseña que quien salva una vida es considerado como quien salva un mundo entero. No pregunta cuánto produce esa persona, cuántos títulos posee ni cuánto aporta al producto interno bruto. Una vida contiene un mundo porque una persona posee un valor que no puede reducirse a un precio.Jonathan Sacks distinguía precisamente entre precio y valor. El mercado es extraordinariamente eficiente para determinar cuánto cuestan las cosas, pero existen dimensiones fundamentales de la existencia que se destruyen cuando intentamos convertirlas en mercancía: el amor, la amistad, la fidelidad, la familia, la comunidad.Por eso quizás una de nuestras grandes decisiones para 5787 sea aprender a “perder” un poco más.Perder una hora de trabajo para visitar a alguien enfermo. Perder una oportunidad para llegar a la cena de Shabat. Perder algunos minutos mirando a nuestros hijos a los ojos. Perder parte de lo que ganamos transformándolo en tzedaká. Perder comodidad para involucrarnos en nuestra comunidad.Desde la lógica de la eficiencia estaremos perdiendo.Desde la lógica judía, estaremos aprendiendo a vivir.Hay tres donaciones que todos podemos realizar este año: dinero, tiempo y presencia. El dinero puede convertirse en tzedaká. El tiempo puede convertirse en acompañamiento. Y la presencia puede convertirse en ese regalo cada vez más escaso de estar verdaderamente frente a otro ser humano, sin una pantalla reclamando nuestra atención.La inteligencia artificial podrá hacer innumerables cosas por nosotros. Probablemente muchas más de las que hoy imaginamos.Pero hay una decisión que ningún algoritmo podrá tomar en nuestro lugar:¿A quiénes y a qué estamos dispuestos a entregar nuestra vida?Iom Kipur nos recuerda que vivir no consiste solamente en aprovechar el tiempo.Consiste en decidir para qué vale la pena entregarlo.

    La identidad chilena también vive en Israel

    Alrededor del 18 de septiembre se juega la identidad chilena en el extranjero, es el momento en que, a imagen y semejanza de Chile, las diferencias parecen olvidarse en torno de una empanada y un vaso de vino.En Israel es también así, este año, como ya es tradicional, nos reuniremos un centenar de connacionales en el Kibutz Gezer, asociados a la Comunidad Chilena de Israel, en un día familiar de piscina, comida, música y baile.Pero también en otros lugares, otros grupos de chilenos celebrarán, en Naharía, en Tel Aviv y en Beer Sheva bailarán cueca y se vestirán con poleras de Chile.Este año además se dará un evento previo organizado por la embajada de Chile en el Centro Peres, un megaevento, sin precedentes que yo recuerde, en que se encontrarán innovadores israelíes, diplomáticos y organizaciones de chilenos, en honor a la fiesta nacional.Años de guerra, años sin embajador, no pasaron en vano, generaron un cambio en nuestra organización, en nuestro relato y en nuestra idea de lo que es ser chileno.Durante el acto del 18 entregaremos el premio Jaime Aron, Z”L, en honor del filántropo chileno fallecido hace unos años, que se otorga a connacionales que han hecho algo extraordinario en favor de la comunidad.Este año premiaremos a los psicólogos Gal Dvorquez y Daniel Eytan por su inquebrantable voluntad de asistir a nuestra comunidad en su salud mental en tiempos de guerra.También aprovecharemos la oportunidad para lanzar el Fondo de Solidaridad Social, pensado para apoyar a los inmigrantes que están llegando, especialmente gente de edad mayor, y que están encontrándose en serias dificultades sociales.Todo esto no es casual, la realidad nos ha obligado a pasar de ser una entidad centrada en el quehacer político a ser una entidad que también asume un rol solidario.Por último, quiero mencionar que nuestra idea de la identidad chilena ha evolucionado también y hoy investigamos las formas de mantenerla fuera de Chile. Fruto de ese trabajo nació el programa Cuentos desde la Memoria en el que rescatamos historias de connacionales, las novelizamos y convertimos en cuentos para niños, pues pensamos que en el relato a las nuevas generaciones hay una clave de permanencia.La nacionalidad es más que un territorio. Seguiremos trabajando para que nuestras dos patrias crezcan en amistad y cooperación.¡Viva Chile, Viva Israel!

    “Fauda” vuelve al caos: la temporada que Israel no podía contar como antes

    Hay temporadas que continúan una historia y otras que nacen porque la realidad obligó a cambiarla. La quinta temporada de Fauda, estrenada mundialmente en Netflix el 8 de septiembre, pertenece a la segunda categoría. La serie israelí creada por Lior Raz y Avi Issacharoff regresa después de casi cuatro años, pero lo hace a un mundo completamente distinto al que dejó en su cuarta entrega.El punto de partida es el 7 de octubre de 2023. Dos años después de la masacre perpetrada por Hamas, Doron Kavillio —interpretado por Raz— sigue cargando con las consecuencias psicológicas de aquel día. En paralelo, Eli y Salem, dos hombres que perdieron a sus familias, emprenden una misión de venganza que los lleva hasta Marsella, siguiendo el rastro de un terrorista de Hamas. Doron termina involucrándose para impedir que esa búsqueda personal desencadene algo todavía mayor.Lo más significativo es que esta historia no era la que originalmente habían escrito sus creadores. Después del 7 de octubre, Raz e Issacharoff decidieron descartarla y comenzar nuevamente. “No podíamos mantener el plan original”, explicó Raz en una conversación en Connecticut, donde contó que la magnitud de lo ocurrido había hecho imposible continuar como si nada hubiera sucedido.La decisión también abrió una de las principales polémicas de esta temporada. Fauda siempre ha provocado discusiones por su representación del conflicto israelí-palestino: mientras sus seguidores valoran el realismo y la complejidad de sus personajes, sus detractores la han acusado de glorificar las operaciones israelíes. En esta ocasión, algunas críticas apuntan a que la serie aborda con intensidad el ataque de Hamas, pero dedica menos espacio a las consecuencias de la guerra en Gaza.La controversia aumenta con los episodios 7 y 8, que recrean el 7 de octubre desde la perspectiva de sus protagonistas. Los productores emitieron una advertencia especial: las imágenes y sonidos podían resultar demasiado difíciles de ver, hasta el punto de recomendar a quienes lo necesitaran saltarse ambos capítulos.Y allí está, probablemente, el mayor mérito de esta temporada. Fauda sigue teniendo persecuciones, infiltraciones y tiroteos, pero el verdadero enemigo esta vez no siempre aparece con un arma. Es el trauma. La culpa. La necesidad de encontrar sentido después de una tragedia.La quinta temporada no intenta convertir el 7 de octubre en un simple recurso argumental. Intenta mostrar qué ocurre cuando una sociedad todavía está intentando comprender aquello que le pasó. Y quizá por eso Fauda vuelve más incómoda, más dolorosa y, también, más humana.

    Septiembre, el mes para celebrar a la Patria

    La semana pasada la comunidad judía de Chile celebró la Tefilá por Chile, espacio de encuentro interreligioso y cívico para orar por el bienestar, la paz y la unidad del país, que se realiza de forma anual durante septiembre, en el marco de las Fiestas Patrias. A la oración concurren autoridades de gobierno, parlamentarios, diplomáticos y líderes de diferentes credos religiosos, tal como lo hacen con el Te Deum Evangélico y Católico.Desde 2010 la comunidad judía organiza esta ceremonia como forma de expresar gratitud hacia un país que recibió a sus miembros desde el siglo XVI, cuando los primeros "cristianos nuevos" desembarcaron junto a los conquistadores españoles con un secreto: eran judíos que huían de la Inquisición, y en Chile, como en el resto del imperio, decir esa palabra en voz alta podía costar la vida. Durante casi cuatrocientos años esa gente rezó a puertas cerradas.A fines del siglo XIX y principios del XX, gracias al desarrollo del transporte, llegaron a Chile olas migratorias desde todo el globo: alemanes, croatas, palestinos e italianos, entre otros.Muchos judíos, motivados por la persecución y los pogromos, llegaron al Muelle Prat de Valparaíso desde Rusia, Polonia, Monastir, Salónica y Alemania, entre otros.En 1906, hace exactos 120 años, se registró el primer minyán. Los judíos chilenos tenían el quórum que exige la tradición para rezar.Nueve años después, en 1915, se registra la primera foto de Rosh Hashaná: un grupo numeroso posa frente a la cámara: un hito para los judíos de Chile. La imagen sobrevive gracias al Archivo Judío de Chile, que ha desempeñado un rol fundamental en la preservación de la memoria.De ahí en adelante la historia se aceleró. En 1916 nace en Valparaíso la Comunidad Israelita Max Nordau. Ese mismo año, en Temuco, los sefaradíes llegados de Monastir y Salónica levantaron la sinagoga más antigua del país. El minyán original se multiplicó de norte a sur.En 1970, plenamente integrados, resurge con fuerza la identidad. Ante el censo, se distribuye un afiche: "En la línea religión, coloque únicamente: judía". Ese volante, hoy también resguardado por el Archivo Judío de Chile, es prueba de que mantener la identidad e integrarse eran una necesidad.El compromiso con Chile sería absoluto y se profundizaría con iniciativas pensadas en colaborar con el desarrollo del país, tales como la red de "Escuelas República de Israel", conformada por 14 establecimientos educacionales desde Arica hasta Traiguén, patrocinada por la asociación de mujeres WIZO-CEFI, la Quinta Compañía de Bomberos de Ñuñoa "Bomba Israel" y la Decimoquinta Compañía de Bomberos de Valparaíso "Bomba Israel".Asimismo, el Centro Médico Israelita —creado por jóvenes médicos y dentistas judíos que querían retribuir al país que les abrió los brazos, y que funcionó por más de 100 años—, una ONG que apoya el empleo y el emprendimiento, Fundación Contigo del Círculo Israelita, que responde a las necesidades de personas vulnerables de Lo Barnechea, comuna donde se emplaza, Hatzalá, organización de rescatistas, B'nai B'rith , organización que entrega becas para educación superior, y la Sociedad de Damas Israelitas de Valparaíso de WIZO Viña del Mar, que apoya al Hospital Gustavo Fricke, entre otras iniciativas.También están aquellos que, como individuos, han hecho contribuciones al país, como Premios Nacionales, filántropos, científicos y comunicadores que aportan al "Tikún Olam" (mejorar el mundo).La comunidad es comprobadamente un colectivo interesado en el bienestar de las personas, que genera un impacto concreto en diversas áreas de la sociedad.En la reciente Tefilá por Chile, el rabino Eduardo Waingortin, capellán de La Moneda, recordó el inicio institucionalizado de la comunidad judía en Chile: "Se trata de una enorme declaración de esperanza y la voluntad de permanecer, formar familias, construir instituciones y ser parte del destino del país".Hace décadas, las familias judías disfrutan de las Fiestas Patrias mientras, en el dintel de sus puertas, se ubica la mezuzá. La bandera chilena convive con la menorá, y el asado con la jalá (pan trenzado de shabat). Nadie tiene que elegir.En septiembre se celebra a la patria, llevando a cada rincón la bandera, gastronomía, música y tradiciones chilenas, que reflejan la historia del país.Como dice el presidente de la Comunidad Judía de Chile (CJCH), Alfredo Misraji: "Chile es la patria cuyo destino sentimos como propio. Es la tierra por cuya prosperidad trabajamos, cuyos dolores son nuestros dolores y cuyo futuro estamos dispuestos a construir junto a otros. Somos judíos y somos chilenos. Esta es nuestra patria. Aquí queremos seguir construyendo nuestro futuro y el de nuestros hijos".Desde que llegaron los primeros conversos desde la Península Ibérica escapando de la Inquisición, pasando por aquel primer minyán y la institucionalización de la vida judía, que cumple 120 años, los judíos se han sentido chilenos con el deber de aportar a la construcción del país que acogió a sus antepasados y del cual son orgullosamente parte.

    Mois Navon: La pregunta detrás de la máquina

    Hay una pregunta que acompaña a Mois Navon desde niño. Tenía alrededor de ocho años cuando descubrió que las personas mueren y se preguntó, con la lógica implacable de un niño: si algún día todo termina, ¿para qué estamos aquí?Décadas después, esa pregunta sigue intacta. Solo cambió el escenario.Navon dedicó 35 años a la ingeniería, trabajando en hardware, software y computadores, y llegó a ser ingeniero jefe de Mobileye y responsable del desarrollo del chip que impulsó la revolución de los vehículos autónomos. Desde Israel, esa tecnología se convirtió en uno de los grandes hitos de la industria automotriz y llegó a millones de vehículos en todo el mundo. Pero mientras construía las máquinas que transformarían la manera de movernos, Navon seguía buscando respuestas sobre algo mucho más difícil de descifrar: el ser humano que las había creado.Estudió en una yeshivá en Jerusalem, obtuvo una maestría y un doctorado en Filosofía Judía y terminó dedicando su investigación doctoral al estatus moral de la inteligencia artificial.En Chile, invitado por Softpower Connections, esa historia volvió a aparecer detrás de cada respuesta.La charla que ofreció en Mercaz estuvo llena. Y cuando llegó el momento de las preguntas, muchos asistentes permanecieron esperando durante una larga ronda en la que la inteligencia artificial se convirtió, inevitablemente, en el centro de la conversación.Navon planteó que el verdadero desafío de la IA no consiste solamente en preguntarnos qué pueden hacer las máquinas, sino qué decisiones estamos dispuestos a entregarles. Ya existen algoritmos que intervienen en cuestiones financieras, médicas, laborales y de transporte. “Los juicios más importantes sobre la vida humana serán cada vez más reducidos a procedimientos algorítmicos”, explicó durante su exposición.Pero hay algo que, para Navon, todavía separa radicalmente a una máquina de una persona: la conciencia.Una máquina puede procesar información, reconocer patrones y llegar a conclusiones extraordinariamente sofisticadas. Incluso puede parecer que razona moralmente. Sin embargo, sostiene Navon, no siente, no tiene experiencia del mundo y no posee conciencia.Ahí aparece una de las preguntas centrales de su pensamiento: ¿puede la moral ser programada?Navon recordó que algunas empresas tecnológicas ya han intentado establecer “constituciones” morales para sus modelos de IA, documentos que buscan enseñarles principios sobre lo que deben y no deben hacer. Pero la tradición judía, explicó, ofrece una advertencia interesante: no existe un único libro capaz de contener todas las respuestas morales. Cada generación debe volver a estudiar, interpretar y aplicar esos principios frente a problemas nuevos.Por eso, su preocupación final no es que las máquinas piensen demasiado. Es que nosotros dejemos de hacerlo.“¿Vamos a usar las máquinas para ayudarnos a crecer o vamos a usar las máquinas para reemplazarnos?”, preguntó.Es una inquietud especialmente concreta cuando se piensa en niños y jóvenes. Navon contó que investigaciones ya muestran que delegar determinadas tareas cognitivas en buscadores o herramientas tecnológicas puede afectar el desempeño posterior: cuando dejamos que una máquina piense por nosotros, corremos el riesgo de ejercitar menos nuestra propia capacidad de pensar.Que esta conversación llegue a Chile responde también a una convicción de Jennyfer Salvo, CEO de Softpower Connections. “El conocimiento que va a definir nuestro futuro no puede ser un privilegio de la geografía”, con esas palabras Jenny introdujo la charla y el propósito de la gira de Navon por Sudamérica: traer a la región a quienes están pensando el futuro para que podamos participar de esas conversaciones mientras ocurren.Quizás por eso Navon resulta tan interesante. No viene solamente a explicar qué harán las máquinas. Viene a recordarnos qué podríamos perder si dejamos que hagan por nosotros aquello que durante siglos nos ha obligado a pensar, elegir y hacernos responsables. Navon viene a recordarnos que, mientras las máquinas aprenden a responder cada vez mejor, nosotros seguimos teniendo que hacernos las preguntas difíciles.Y algunas de ellas —como aquella que un niño de ocho años se hizo frente a la idea de la muerte— siguen sin poder programarse.

    IOM KIPUR: VOLVAMOS A CASA

    En toda buena casa hay algo que reparar.Una puerta que no cierra bien, una pared que necesita pintura, una ampolleta que lleva semanas esperando ser cambiada. También hay diferencias. Alguien quiere abrir la ventana y otro tiene frío. Uno necesita silencio mientras otro pone música. Convivir nunca significó estar siempre de acuerdo.Las familias lo saben. Las comunidades también.Una comunidad no es una casa perfecta. Es una casa a la que seguimos eligiendo volver, aun sabiendo dónde están sus grietas.Iom Kipur llega cada año para recordarnos precisamente eso: volver a casa, reparar nuestro hogar.En Rosh Hashaná decimos que D-s escribe y en Iom Kipur que D-s sella. BeRosh Hashaná ikatevún uveIom Tzom Kipur ieJatemún: en Rosh Hashaná será escrito y en Iom Kipur será sellado.Pero entre escribir y sellar todavía hay tiempo.Tiempo para volver. Para reparar. Para pedir perdón. Para llamar a alguien. Para escuchar una voz que durante demasiado tiempo evitamos. Para reconocer que quizás también nosotros rompimos algo que ahora nos corresponde ayudar a reconstruir.Por eso el Majzor de Iom Kipur resulta tan sorprendente. En el día más íntimo del calendario judío, casi nunca hablamos en singular.Ashamnu. Bagadnu. Hemos fallado. Hemos traicionado.No dice: él se equivocó. Ella debería cambiar. Ellos tienen la culpa.Dice: nosotros.Porque esta casa también es nuestra responsabilidad.Eso no significa esconder las diferencias. Una casa sana no es aquella donde nunca se discute. Es aquella donde una discusión no destruye el deseo de seguir viviendo juntos.Por eso pedimos selijá, mejilá vekapará. Perdonar. Reparar. Volver a comenzar. Hay grietas que se arreglan con una conversación. Otras necesitan tiempo. Algunas quizás nunca desaparezcan completamente, pero podemos aprender a no convertirlas en paredes que nos separen.Y cuando Iom Kipur comienza a terminar, después de tantas palabras, hacemos algo extraordinariamente sencillo: pronunciamos juntos Shemá Israel.Israel, escucha.Escuchemos.A D-s. Al otro. A quienes piensan diferente. A nuestra propia conciencia. A esta comunidad que construyeron quienes estuvieron antes y que algún día tendremos que entregar a quienes vengan después.D-s escribe. D-s sella.Pero mientras tanto, nosotros todavía podemos hacer algo.Volvamos a casa. Reparemos nuestro hogar.

    48ª Jornada Espiritual WIZO: Un Espacio de Reflexión, Resiliencia y Renovación

    El pasado lunes 7 de septiembre de 2026, el Departamento de Cultura WIZO Sima Nisis de Rezepka llevó a cabo la 48ª versión de la Jornada Espiritual 5787, una instancia concebida para la preparación interior e introspección de cara a los Iamim Noraim que se avecinan.Bajo el profundo y significativo lema "Un antes y un después del 7 oct: Identidad, resiliencia y visión a futuro", el encuentro propuso un espacio de pausa, balance y profunda reconexión. El trágico e impactante ataque perpetrado el 7 de octubre en Israel marcó un hito doloroso e imborrable que transformó a la sociedad israelí y a las comunidades judías en todo el mundo. Sin embargo, frente al dolor y la incertidumbre, la respuesta del pueblo judío ha sido la reafirmación de su dignidad, la fraternidad y la fuerza colectiva.Esta 48ª versión de la jornada abordó cómo la resiliencia no ha sido solo una capacidad de resistencia, sino una fuerza viva que ha renovado la identidad, redefinido prioridades y consolidado la unión comunitaria. En la antesala de un nuevo año judío, la introspección personal se entrelazó con el compromiso colectivo de honrar la memoria, transformar el impacto de la crisis en acción con sentido y mirar hacia el futuro con fe y determinación.Durante toda la jornada, rabinos y educadores de las distintas comunidades se reunieron para acompañar este proceso de preparación espiritual. Ari Sigal, rabino del Círculo Israelita de Santiago se refirió al poder de la Teshuvá, a la importancia de cerrar las ofensas pendientes y ser una fuente de Brajá. Daniel Zang, rabino de la Comunidad Israelita Sefaradí, hizo el recuento de las Seder ha Brajot, explicando los Simanin para la noche de Rosh Hashana. Aharón Benzadón, rabino de Aish Hatorah se refirió a la importancia del cumplimiento de las mitzvot, y a la transmisión de éstas de padres a hijos, sin esperar un despertar como el del 7 de octubre. La Seminarista Ruthy Libfrand se refirió al 7 de octubre como un silencio que era ruido y que derivó en mayor cohesión entre la gente, también habló de la importancia del judaísmo como una identidad y como un territorio que no tiene suelo. Yonatan Szewkis, rabino de Comunidad Israelita de Valparaíso-Viña del Mar hizo un llamado a pensar cuál será la tefilá de cada uno este año, y a través de la historia de Sara, Agar y Haná, recordó que para que exista el bien tiene que crearse el mal. Alan Geni, rabino de Makom Chile se refirió a la metáfora bíblica en relación con la decendencia judía “como las estrellas del cielo y la arena del mar”, señalando que si bien es importante seguir brillando también se debe acoger al de al lado, y ser como el Shamash. Martín Pusetto, rabino de la Comunidad NBI, haciendo referencia a citas bíblicas de Ezra y Jeremías y al violento despertar que fue el 7 de octubre, señaló la importancia de construir y reinventarse, pero sin olvidar. Cerró la jornada el Rabino Shmuel Szteinhendler de Beit Emunah, se refirió al cambio que significó el 7 de octubre y los tiempos tan difíciles que nos toca vivir, señalando la importancia de mantenernos erguidos, sin pedir perdón ni permiso, continuando la senda de la resiliencia de los que nos precedieron, transmitiendo ese legado a las futuras generaciones.Así la 48ª Jornada Espiritual concluyó reafirmando el compromiso histórico de WIZO con la cultura, la memoria y la vida comunitaria, dejando un mensaje de esperanza, unidad y resiliencia ante los tiempos por venir.