Desde 1974 se entrega este galardón, cuyo objetivo es distinguir a un médico investigador nacional en un tema relevante para la medicina clínica o la salud pública, habiendo originado publicaciones en revistas médicas científicas incluidas en bases de datos internacionales, repercutiendo positivamente en el conocimiento médico, la docencia o en las políticas de salud en Chile.
Este año el jurado ha entregado el premio a la doctora Ethel Codner, considerando sus importantes aportes, solidez, continuidad y proyección clínica de la línea de investigación que ha desarrollado en los “Efectos de la diabetes sobre la función ovárica durante la adolescencia”.
Ethel Codner es profesora titular del Instituto de Investigaciones Materno Infantil (IDIMI) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y coeditora de Guías 2022 ISPAD de Diabetes del Niño y Adolescente.
Médico de la Pontificia Universidad Católica de Chile, hizo su especialidad en Pediatría en la Universidad de Chile en el Hospital Roberto del Río. Realizó su especialización en Endocrinología Infantil en el Instituto de Investigaciones Materno Infantil de la Universidad de Chile y su Fellowship in Diabetes en la Universidad de California, San Diego.
Desde 2005 está a cargo del plan Auge de Diabetes Mellitus tipo 1 del Hospital San Borja Arriarán y desde 2004 es Investigadora Responsable de proyectos Fondecyt. Actualmente es coeditora de ocho de ellos.
Ex alumna del Instituto hebreo, se autocalifica como perseverante, y una persona que gusta del contacto con los demás, motivo por el cual se inclinó por la medicina.
Respecto del galardón recibido, sostiene que “fue una alegría, porque es un reconocimiento a la trayectoria y al trabajo que hemos hecho juntos un grupo de profesionales de la salud en el Instituto de Investigaciones Materno Infantil de la Universidad de Chile y el Hospital San Borja Arriarán. Llevamos alrededor de 20 años estudiando los efectos de la diabetes en la pubertad y la función reproductiva”.
Causa desconocida
¿Podría explicar, a grandes rasgos, las conclusiones de su investigación “Efectos de la diabetes sobre la función ovárica durante la adolescencia”?
-Nuestro grupo ha estudiado el tiempo de desarrollo de la pubertad, el síndrome de ovario poliquístico, la ovulación y problemas hormonales en adolescentes con y sin diabetes. Aunque parezca increíble, hay pocos grupos que evalúen aspectos reproductivos en adolescentes con diabetes. Hemos visto cómo con los tratamientos modernos los niños con diabetes tienen su pubertad a la misma edad que aquellos sin diabetes. Por otro lado, hemos visto cómo el tratamiento con intensificado con insulina en mujeres con diabetes 1 se asocia a problemas de trastornos menstruales y síndrome de ovario poliquístico.
En el Atlas 2019 de la Federación Internacional de la Diabetes (IDF), se afirma que hay 463 millones de personas viviendo algún tipo de Diabetes Mellitus, de los cuales 1.110.000 serían niños y adolescentes con diabetes tipo 1. La IDF reporta que cada año se diagnostica a 128.900 personas menores de 20 años con diabetes tipo 1 alrededor del mundo. En Chile, los datos relacionados a prevalencia son escasos y señalan que existirían 13.476 personas diagnosticadas con DM1, según el Estudio de Verificación de Costos del GES de 2015. ¿Son preocupantes las cifras en nuestro país? -En Chile ha ocurrido lo mismo que en otros países. A medida que el país ha ido mejorando sus condiciones socioeconómicas ha aumentado la incidencia de diabetes en niños y adolescentes. Afortunadamente, en nuestro país existe apoyo para los niños, pero existen varios aspectos en que hay un largo camino por recorrer. Por ejemplo, en los lugares distantes no hay especialistas. La tecnología en el manejo de la diabetes ha estado disponible para algunas personas, pero su uso debería ser mucho más amplio.
¿Cuál es la incidencia genética en la diabetes infantil y juvenil?
-La diabetes tipo 1, anteriormente conocida como diabetes infantojuvenil, tiene una causa desconocida. No se sabe qué es lo que exactamente la causa. Se sabe que en personas predispuestas habría elementos ambientales que la desencadenan, pero no es una enfermedad genética ni hereditaria. La diabetes tipo 2, la que ocurre en su mayoría en personas adultas, tiene un componente genético mucho mayor.
Tengo entendido que la diabetes infantil se ha convertido en la segunda enfermedad crónica más común en la infancia, en nuestro país. ¿Cuánto incide la obesidad en esta patología?
-La obesidad tiene un rol fundamental en que se desarrolle una diabetes tipo 2. En la diabetes 1, en cambio, podría tener algún rol en facilitar que ésta ocurra, pero no es un elemento central. En todo caso, una vez que la persona tiene cualquier forma de diabetes, es fundamental evitar el desarrollo de la obesidad. Ésta empeora el pronóstico y dificulta el manejo de la diabetes.
Proceso de duelo
¿A qué edad se suele diagnosticar la diabetes infantil y juvenil, y cuáles son sus cuidados, además de evitar el consumo de azúcares y carbohidratos?
-La diabetes tipo 1 puede ser diagnosticada a cualquier edad, pero en la mayoría de los casos ocurre en personas jóvenes. Por esta razón, anteriormente era conocida como diabetes infantil y juvenil. Los cuidados de niños y adolescentes buscan tener niveles de azúcar en sangre casi normales y mantener una buena calidad de vida libre de complicaciones. Para ello, se debe coordinar la administración de insulina, la medición del azúcar en sangre y la ingesta de comida.
¿Cómo reaccionan los niños y adolescentes cuando son diagnosticados con esta patología y cuán difícil es tratarlos?
-Se vive un proceso de duelo; de pérdida de la salud, miedo a las complicaciones y se produce un ajuste a un nuevo estilo de vida. Con el tiempo, la persona afectada y su familia logran un mayor nivel de aceptación. Lo importante es mantener el tratamiento en el tiempo y lograr el compromiso de la persona con su autocuidado.
¿Cómo debe involucrarse la familia en los cuidados? ¿Cuán importante es su apoyo en una buena vida para el paciente?
-La familia es fundamental; aunque el paciente quiera ser independiente, necesita tener una red de apoyo, especialmente los niños y adolescentes. Si la persona tiene el apoyo de la familia, todo el proceso será más fácil y los resultados del tratamiento serán mejores.
¿Es más fácil para un niño/adolescente hoy en día cuidarse de la diabetes?
-Lo central en el cuidado de la diabetes en niños y adolescentes es el tratamiento con insulina. Ahora tenemos nuevas formas de administración de la insulina con equipos que la dispensan. Además, contamos con diversos tipos de insulina, que también son una ayuda. Por otro lado, la tecnología para medir el azúcar ha tenido avances extraordinarios en los últimos años, que permiten ver la glicemia en forma continua, ayudando a prevenir la baja del azúcar y mejorar el control metabólico.
¿Cómo se ha manejado esta patología a nivel gubernamental, con el plan AUGE? ¿Cómo funciona este plan? ¿Cuáles son sus deficiencias?
-El plan AUGE-GES (Garantías Explícitas en Salud) garantiza los cuidados mínimos para algunas patologías. En el caso de la diabetes 1, incluye el tratamiento con insulina y las cintas para medir glicemia. Su deficiencia ha sido que contempla un pobre número de cintas de medición, y en algunos lugares hay dificultad para conseguir algunos tipos precisos de insulina. Por otro lado, este plan no garantiza la existencia de especialistas en todo Chile ni el uso de tecnología de avanzada en el tratamiento.
¿Qué hace falta en Chile para el tratamiento de la diabetes en niños y adolescentes? ¿Tal vez más apoyo interdisciplinario, más prevención?
-Creo que se ha avanzado mucho, pero que queda bastante por hacer. Falta mucho personal entrenado que pueda educar a las familias al autocuidado de la diabetes, apoyo en salud mental para las personas y acceso a la tecnología. Ojalá que en el futuro un niño de un lugar muy alejado pueda tener condiciones de tratamiento parecidas a la de aquel que se ve en el mejor centro.