Identidad 83, un ejercicio de memoria personal que se hace colectivo
Por Michelle Hafemann
Tal como nos cuenta en esta entrevista, la obra “Identidad #83” viene a coronar una larga carrera en las tablas que Hoppmann desarrolló en paralelo a su carrera en la cirugía. Y dada la excelente recepción de parte del público que asistió a las funciones en Taller Siglo XX, se presentará próximamente en otros espacios culturales y, probablemente, también comunitarios.
Dr. Hoppmann, ¿puede contarnos cómo llegó al teatro?
-Una cosa importante en mi persona es que, para mí, el arte es fundamental. Sin arte, no tendría cabeza; el arte me ha acompañado en toda mi actividad, completa. Comencé en el Liceo Manuel de Salas con el profesor de castellano, al que le gustaba hacer lecturas de obras de teatro. Formamos a formar un grupo de teatro en el liceo y, junto a Blanca Mayol, que es una gran actriz, empezamos con nuestras primeras obras. Y desde ahí, siempre, toda mi vida, he estado haciendo teatro. Fui parte del grupo de teatro del Centro Universitario Judío, CUJ, y del grupo del Estadio Israelita. Después entré a estudiar Medicina y ahí también participé en el grupo de teatro. Cuando estaba en quinto año de Medicina, dije “Bueno, en el día voy a estudiar medicina y en la noche teatro”, y me metí a la Universidad Católica, donde me recibí de actor después de dos años de estar en la Escuela de Teatro.
Como Roberto Hoppman siempre he tenido dos caminos importantísimos en mi vida profesional, que es por una parte la medicina, donde fui a dar a la cirugía plástica, que tiene mucho de arte, y por otra parte el teatro. El arte, para mí, es un compañero constante.
¿Y qué lo motivó a hacer esta obra?
-Yo tengo un centro cultural en el barrio Bellavista, que se llama Taller Siglo XX Yolanda Hurtado, que es el nombre de mi mujer. Hace 10 años que está funcionando y ahí tenemos actividades teatrales constantes, con distintas compañías. Hace unos 10 meses llegó hasta el centro el director de esta obra, Malicho Vaca Valenzuela, que es un hombre extraordinario, actual, con una visión totalmente nueva con respecto al teatro. Y en nuestra conversación inicial, yo le dije que tenía mucho interés de hablar de la identidad. Empezamos a buscar y averiguar cosas sobre la identidad, y finalmente terminamos buscando las bases de la identidad en la persona de Roberto Hoppman.
Y ahí comenzó el proceso de búsqueda de identidad en un hombre como yo, cuyos padres llegaron escapando de la Segunda Guerra Mundial a Chile y desarrollaron su vida en el país, con los distintos altos y bajos y con las distintas anécdotas que yo tuve toda mi vida, desde la infancia hasta la época adulta. Empezamos a buscar diapositivas, fotografías antiguas e información histórica de los hechos que se produjeron en ese tiempo, que se plasmaron en un escrito. Hasta que al final yo encontré una cosa maravillosa para la obra y para mi persona, que fue una maleta con cartas, cartas que habían mandado mis abuelos -que yo no conocí- a mi mamá, que vivía en Chile, cuando yo tenía mis primeros años de vida. Eran unas 17 cartas escritas en papel mantequilla, en un alemán antiguo, de las que hice la transcripción y traducción. Encontré un mundo con mis abuelos y supe que yo era para ellos la esperanza para que salieran del Ghetto en Colonia, Alemania, pero finalmente murieron en campos de concentración. Todo eso se revela en esta obra que es realmente un biodrama maravillosamente hecho.
¿Cómo fue la recepción del público a la obra?
-Recibí críticas excelentes, también comentarios de gente que quedó tremendamente impaqctada. Hemos hecho conversatorios después de las funciones y lo que más me dijeron es que era una obra que hablaba con verdad, y eso llega a todo el mundo, porque no es solamente mi vida, sino la vida de todos a través de la vida de alguien que tiene 83 años en este minuto.
¿Cómo se sintió ud., personalmente, con la obra?
-Ha sido catártico, para mí, a estas alturas de mi vida descubrir que la familia, que la verdad que uno tiene adentro más la experiencia de encontrar gente que yo no conocía, como eran mis abuelos, ha sido un crecimiento enorme. Yo me considero una persona feliz, soy un hombre contento, y con esto se completó algo maravilloso en mi vida. Fue un trabajo de 10 meses muy serio y haciendo una comunicación teatral nueva, que es impactante.