La identidad chilena también vive en Israel

Alrededor del 18 de septiembre se juega la identidad chilena en el extranjero, es el momento en que, a imagen y semejanza de Chile, las diferencias parecen olvidarse en torno de una empanada y un vaso de vino.En Israel es también así, este año, como ya es tradicional, nos reuniremos un centenar de connacionales en el Kibutz Gezer, asociados a la Comunidad Chilena de Israel, en un día familiar de piscina, comida, música y baile.Pero también en otros lugares, otros grupos de chilenos celebrarán, en Naharía, en Tel Aviv y en Beer Sheva bailarán cueca y se vestirán con poleras de Chile.Este año además se dará un evento previo organizado por la embajada de Chile en el Centro Peres, un megaevento, sin precedentes que yo recuerde, en que se encontrarán innovadores israelíes, diplomáticos y organizaciones de chilenos, en honor a la fiesta nacional.Años de guerra, años sin embajador, no pasaron en vano, generaron un cambio en nuestra organización, en nuestro relato y en nuestra idea de lo que es ser chileno.Durante el acto del 18 entregaremos el premio Jaime Aron, Z”L, en honor del filántropo chileno fallecido hace unos años, que se otorga a connacionales que han hecho algo extraordinario en favor de la comunidad.Este año premiaremos a los psicólogos Gal Dvorquez y Daniel Eytan por su inquebrantable voluntad de asistir a nuestra comunidad en su salud mental en tiempos de guerra.También aprovecharemos la oportunidad para lanzar el Fondo de Solidaridad Social, pensado para apoyar a los inmigrantes que están llegando, especialmente gente de edad mayor, y que están encontrándose en serias dificultades sociales.Todo esto no es casual, la realidad nos ha obligado a pasar de ser una entidad centrada en el quehacer político a ser una entidad que también asume un rol solidario.Por último, quiero mencionar que nuestra idea de la identidad chilena ha evolucionado también y hoy investigamos las formas de mantenerla fuera de Chile. Fruto de ese trabajo nació el programa Cuentos desde la Memoria en el que rescatamos historias de connacionales, las novelizamos y convertimos en cuentos para niños, pues pensamos que en el relato a las nuevas generaciones hay una clave de permanencia.La nacionalidad es más que un territorio. Seguiremos trabajando para que nuestras dos patrias crezcan en amistad y cooperación.¡Viva Chile, Viva Israel!

“Fauda” vuelve al caos: la temporada que Israel no podía contar como antes

Hay temporadas que continúan una historia y otras que nacen porque la realidad obligó a cambiarla. La quinta temporada de Fauda, estrenada mundialmente en Netflix el 8 de septiembre, pertenece a la segunda categoría. La serie israelí creada por Lior Raz y Avi Issacharoff regresa después de casi cuatro años, pero lo hace a un mundo completamente distinto al que dejó en su cuarta entrega.El punto de partida es el 7 de octubre de 2023. Dos años después de la masacre perpetrada por Hamas, Doron Kavillio —interpretado por Raz— sigue cargando con las consecuencias psicológicas de aquel día. En paralelo, Eli y Salem, dos hombres que perdieron a sus familias, emprenden una misión de venganza que los lleva hasta Marsella, siguiendo el rastro de un terrorista de Hamas. Doron termina involucrándose para impedir que esa búsqueda personal desencadene algo todavía mayor.Lo más significativo es que esta historia no era la que originalmente habían escrito sus creadores. Después del 7 de octubre, Raz e Issacharoff decidieron descartarla y comenzar nuevamente. “No podíamos mantener el plan original”, explicó Raz en una conversación en Connecticut, donde contó que la magnitud de lo ocurrido había hecho imposible continuar como si nada hubiera sucedido.La decisión también abrió una de las principales polémicas de esta temporada. Fauda siempre ha provocado discusiones por su representación del conflicto israelí-palestino: mientras sus seguidores valoran el realismo y la complejidad de sus personajes, sus detractores la han acusado de glorificar las operaciones israelíes. En esta ocasión, algunas críticas apuntan a que la serie aborda con intensidad el ataque de Hamas, pero dedica menos espacio a las consecuencias de la guerra en Gaza.La controversia aumenta con los episodios 7 y 8, que recrean el 7 de octubre desde la perspectiva de sus protagonistas. Los productores emitieron una advertencia especial: las imágenes y sonidos podían resultar demasiado difíciles de ver, hasta el punto de recomendar a quienes lo necesitaran saltarse ambos capítulos.Y allí está, probablemente, el mayor mérito de esta temporada. Fauda sigue teniendo persecuciones, infiltraciones y tiroteos, pero el verdadero enemigo esta vez no siempre aparece con un arma. Es el trauma. La culpa. La necesidad de encontrar sentido después de una tragedia.La quinta temporada no intenta convertir el 7 de octubre en un simple recurso argumental. Intenta mostrar qué ocurre cuando una sociedad todavía está intentando comprender aquello que le pasó. Y quizá por eso Fauda vuelve más incómoda, más dolorosa y, también, más humana.

Septiembre, el mes para celebrar a la Patria

La semana pasada la comunidad judía de Chile celebró la Tefilá por Chile, espacio de encuentro interreligioso y cívico para orar por el bienestar, la paz y la unidad del país, que se realiza de forma anual durante septiembre, en el marco de las Fiestas Patrias. A la oración concurren autoridades de gobierno, parlamentarios, diplomáticos y líderes de diferentes credos religiosos, tal como lo hacen con el Te Deum Evangélico y Católico.Desde 2010 la comunidad judía organiza esta ceremonia como forma de expresar gratitud hacia un país que recibió a sus miembros desde el siglo XVI, cuando los primeros "cristianos nuevos" desembarcaron junto a los conquistadores españoles con un secreto: eran judíos que huían de la Inquisición, y en Chile, como en el resto del imperio, decir esa palabra en voz alta podía costar la vida. Durante casi cuatrocientos años esa gente rezó a puertas cerradas.A fines del siglo XIX y principios del XX, gracias al desarrollo del transporte, llegaron a Chile olas migratorias desde todo el globo: alemanes, croatas, palestinos e italianos, entre otros.Muchos judíos, motivados por la persecución y los pogromos, llegaron al Muelle Prat de Valparaíso desde Rusia, Polonia, Monastir, Salónica y Alemania, entre otros.En 1906, hace exactos 120 años, se registró el primer minyán. Los judíos chilenos tenían el quórum que exige la tradición para rezar.Nueve años después, en 1915, se registra la primera foto de Rosh Hashaná: un grupo numeroso posa frente a la cámara: un hito para los judíos de Chile. La imagen sobrevive gracias al Archivo Judío de Chile, que ha desempeñado un rol fundamental en la preservación de la memoria.De ahí en adelante la historia se aceleró. En 1916 nace en Valparaíso la Comunidad Israelita Max Nordau. Ese mismo año, en Temuco, los sefaradíes llegados de Monastir y Salónica levantaron la sinagoga más antigua del país. El minyán original se multiplicó de norte a sur.En 1970, plenamente integrados, resurge con fuerza la identidad. Ante el censo, se distribuye un afiche: "En la línea religión, coloque únicamente: judía". Ese volante, hoy también resguardado por el Archivo Judío de Chile, es prueba de que mantener la identidad e integrarse eran una necesidad.El compromiso con Chile sería absoluto y se profundizaría con iniciativas pensadas en colaborar con el desarrollo del país, tales como la red de "Escuelas República de Israel", conformada por 14 establecimientos educacionales desde Arica hasta Traiguén, patrocinada por la asociación de mujeres WIZO-CEFI, la Quinta Compañía de Bomberos de Ñuñoa "Bomba Israel" y la Decimoquinta Compañía de Bomberos de Valparaíso "Bomba Israel".Asimismo, el Centro Médico Israelita —creado por jóvenes médicos y dentistas judíos que querían retribuir al país que les abrió los brazos, y que funcionó por más de 100 años—, una ONG que apoya el empleo y el emprendimiento, Fundación Contigo del Círculo Israelita, que responde a las necesidades de personas vulnerables de Lo Barnechea, comuna donde se emplaza, Hatzalá, organización de rescatistas, B'nai B'rith , organización que entrega becas para educación superior, y la Sociedad de Damas Israelitas de Valparaíso de WIZO Viña del Mar, que apoya al Hospital Gustavo Fricke, entre otras iniciativas.También están aquellos que, como individuos, han hecho contribuciones al país, como Premios Nacionales, filántropos, científicos y comunicadores que aportan al "Tikún Olam" (mejorar el mundo).La comunidad es comprobadamente un colectivo interesado en el bienestar de las personas, que genera un impacto concreto en diversas áreas de la sociedad.En la reciente Tefilá por Chile, el rabino Eduardo Waingortin, capellán de La Moneda, recordó el inicio institucionalizado de la comunidad judía en Chile: "Se trata de una enorme declaración de esperanza y la voluntad de permanecer, formar familias, construir instituciones y ser parte del destino del país".Hace décadas, las familias judías disfrutan de las Fiestas Patrias mientras, en el dintel de sus puertas, se ubica la mezuzá. La bandera chilena convive con la menorá, y el asado con la jalá (pan trenzado de shabat). Nadie tiene que elegir.En septiembre se celebra a la patria, llevando a cada rincón la bandera, gastronomía, música y tradiciones chilenas, que reflejan la historia del país.Como dice el presidente de la Comunidad Judía de Chile (CJCH), Alfredo Misraji: "Chile es la patria cuyo destino sentimos como propio. Es la tierra por cuya prosperidad trabajamos, cuyos dolores son nuestros dolores y cuyo futuro estamos dispuestos a construir junto a otros. Somos judíos y somos chilenos. Esta es nuestra patria. Aquí queremos seguir construyendo nuestro futuro y el de nuestros hijos".Desde que llegaron los primeros conversos desde la Península Ibérica escapando de la Inquisición, pasando por aquel primer minyán y la institucionalización de la vida judía, que cumple 120 años, los judíos se han sentido chilenos con el deber de aportar a la construcción del país que acogió a sus antepasados y del cual son orgullosamente parte.

Mois Navon: La pregunta detrás de la máquina

Hay una pregunta que acompaña a Mois Navon desde niño. Tenía alrededor de ocho años cuando descubrió que las personas mueren y se preguntó, con la lógica implacable de un niño: si algún día todo termina, ¿para qué estamos aquí?Décadas después, esa pregunta sigue intacta. Solo cambió el escenario.Navon dedicó 35 años a la ingeniería, trabajando en hardware, software y computadores, y llegó a ser ingeniero jefe de Mobileye y responsable del desarrollo del chip que impulsó la revolución de los vehículos autónomos. Desde Israel, esa tecnología se convirtió en uno de los grandes hitos de la industria automotriz y llegó a millones de vehículos en todo el mundo. Pero mientras construía las máquinas que transformarían la manera de movernos, Navon seguía buscando respuestas sobre algo mucho más difícil de descifrar: el ser humano que las había creado.Estudió en una yeshivá en Jerusalem, obtuvo una maestría y un doctorado en Filosofía Judía y terminó dedicando su investigación doctoral al estatus moral de la inteligencia artificial.En Chile, invitado por Softpower Connections, esa historia volvió a aparecer detrás de cada respuesta.La charla que ofreció en Mercaz estuvo llena. Y cuando llegó el momento de las preguntas, muchos asistentes permanecieron esperando durante una larga ronda en la que la inteligencia artificial se convirtió, inevitablemente, en el centro de la conversación.Navon planteó que el verdadero desafío de la IA no consiste solamente en preguntarnos qué pueden hacer las máquinas, sino qué decisiones estamos dispuestos a entregarles. Ya existen algoritmos que intervienen en cuestiones financieras, médicas, laborales y de transporte. “Los juicios más importantes sobre la vida humana serán cada vez más reducidos a procedimientos algorítmicos”, explicó durante su exposición.Pero hay algo que, para Navon, todavía separa radicalmente a una máquina de una persona: la conciencia.Una máquina puede procesar información, reconocer patrones y llegar a conclusiones extraordinariamente sofisticadas. Incluso puede parecer que razona moralmente. Sin embargo, sostiene Navon, no siente, no tiene experiencia del mundo y no posee conciencia.Ahí aparece una de las preguntas centrales de su pensamiento: ¿puede la moral ser programada?Navon recordó que algunas empresas tecnológicas ya han intentado establecer “constituciones” morales para sus modelos de IA, documentos que buscan enseñarles principios sobre lo que deben y no deben hacer. Pero la tradición judía, explicó, ofrece una advertencia interesante: no existe un único libro capaz de contener todas las respuestas morales. Cada generación debe volver a estudiar, interpretar y aplicar esos principios frente a problemas nuevos.Por eso, su preocupación final no es que las máquinas piensen demasiado. Es que nosotros dejemos de hacerlo.“¿Vamos a usar las máquinas para ayudarnos a crecer o vamos a usar las máquinas para reemplazarnos?”, preguntó.Es una inquietud especialmente concreta cuando se piensa en niños y jóvenes. Navon contó que investigaciones ya muestran que delegar determinadas tareas cognitivas en buscadores o herramientas tecnológicas puede afectar el desempeño posterior: cuando dejamos que una máquina piense por nosotros, corremos el riesgo de ejercitar menos nuestra propia capacidad de pensar.Que esta conversación llegue a Chile responde también a una convicción de Jennyfer Salvo, CEO de Softpower Connections. “El conocimiento que va a definir nuestro futuro no puede ser un privilegio de la geografía”, con esas palabras Jenny introdujo la charla y el propósito de la gira de Navon por Sudamérica: traer a la región a quienes están pensando el futuro para que podamos participar de esas conversaciones mientras ocurren.Quizás por eso Navon resulta tan interesante. No viene solamente a explicar qué harán las máquinas. Viene a recordarnos qué podríamos perder si dejamos que hagan por nosotros aquello que durante siglos nos ha obligado a pensar, elegir y hacernos responsables. Navon viene a recordarnos que, mientras las máquinas aprenden a responder cada vez mejor, nosotros seguimos teniendo que hacernos las preguntas difíciles.Y algunas de ellas —como aquella que un niño de ocho años se hizo frente a la idea de la muerte— siguen sin poder programarse.

IOM KIPUR: VOLVAMOS A CASA

En toda buena casa hay algo que reparar.Una puerta que no cierra bien, una pared que necesita pintura, una ampolleta que lleva semanas esperando ser cambiada. También hay diferencias. Alguien quiere abrir la ventana y otro tiene frío. Uno necesita silencio mientras otro pone música. Convivir nunca significó estar siempre de acuerdo.Las familias lo saben. Las comunidades también.Una comunidad no es una casa perfecta. Es una casa a la que seguimos eligiendo volver, aun sabiendo dónde están sus grietas.Iom Kipur llega cada año para recordarnos precisamente eso: volver a casa, reparar nuestro hogar.En Rosh Hashaná decimos que D-s escribe y en Iom Kipur que D-s sella. BeRosh Hashaná ikatevún uveIom Tzom Kipur ieJatemún: en Rosh Hashaná será escrito y en Iom Kipur será sellado.Pero entre escribir y sellar todavía hay tiempo.Tiempo para volver. Para reparar. Para pedir perdón. Para llamar a alguien. Para escuchar una voz que durante demasiado tiempo evitamos. Para reconocer que quizás también nosotros rompimos algo que ahora nos corresponde ayudar a reconstruir.Por eso el Majzor de Iom Kipur resulta tan sorprendente. En el día más íntimo del calendario judío, casi nunca hablamos en singular.Ashamnu. Bagadnu. Hemos fallado. Hemos traicionado.No dice: él se equivocó. Ella debería cambiar. Ellos tienen la culpa.Dice: nosotros.Porque esta casa también es nuestra responsabilidad.Eso no significa esconder las diferencias. Una casa sana no es aquella donde nunca se discute. Es aquella donde una discusión no destruye el deseo de seguir viviendo juntos.Por eso pedimos selijá, mejilá vekapará. Perdonar. Reparar. Volver a comenzar. Hay grietas que se arreglan con una conversación. Otras necesitan tiempo. Algunas quizás nunca desaparezcan completamente, pero podemos aprender a no convertirlas en paredes que nos separen.Y cuando Iom Kipur comienza a terminar, después de tantas palabras, hacemos algo extraordinariamente sencillo: pronunciamos juntos Shemá Israel.Israel, escucha.Escuchemos.A D-s. Al otro. A quienes piensan diferente. A nuestra propia conciencia. A esta comunidad que construyeron quienes estuvieron antes y que algún día tendremos que entregar a quienes vengan después.D-s escribe. D-s sella.Pero mientras tanto, nosotros todavía podemos hacer algo.Volvamos a casa. Reparemos nuestro hogar.

48ª Jornada Espiritual WIZO: Un Espacio de Reflexión, Resiliencia y Renovación

El pasado lunes 7 de septiembre de 2026, el Departamento de Cultura WIZO Sima Nisis de Rezepka llevó a cabo la 48ª versión de la Jornada Espiritual 5787, una instancia concebida para la preparación interior e introspección de cara a los Iamim Noraim que se avecinan.Bajo el profundo y significativo lema "Un antes y un después del 7 oct: Identidad, resiliencia y visión a futuro", el encuentro propuso un espacio de pausa, balance y profunda reconexión. El trágico e impactante ataque perpetrado el 7 de octubre en Israel marcó un hito doloroso e imborrable que transformó a la sociedad israelí y a las comunidades judías en todo el mundo. Sin embargo, frente al dolor y la incertidumbre, la respuesta del pueblo judío ha sido la reafirmación de su dignidad, la fraternidad y la fuerza colectiva.Esta 48ª versión de la jornada abordó cómo la resiliencia no ha sido solo una capacidad de resistencia, sino una fuerza viva que ha renovado la identidad, redefinido prioridades y consolidado la unión comunitaria. En la antesala de un nuevo año judío, la introspección personal se entrelazó con el compromiso colectivo de honrar la memoria, transformar el impacto de la crisis en acción con sentido y mirar hacia el futuro con fe y determinación.Durante toda la jornada, rabinos y educadores de las distintas comunidades se reunieron para acompañar este proceso de preparación espiritual. Ari Sigal, rabino del Círculo Israelita de Santiago se refirió al poder de la Teshuvá, a la importancia de cerrar las ofensas pendientes y ser una fuente de Brajá. Daniel Zang, rabino de la Comunidad Israelita Sefaradí, hizo el recuento de las Seder ha Brajot, explicando los Simanin para la noche de Rosh Hashana. Aharón Benzadón, rabino de Aish Hatorah se refirió a la importancia del cumplimiento de las mitzvot, y a la transmisión de éstas de padres a hijos, sin esperar un despertar como el del 7 de octubre. La Seminarista Ruthy Libfrand se refirió al 7 de octubre como un silencio que era ruido y que derivó en mayor cohesión entre la gente, también habló de la importancia del judaísmo como una identidad y como un territorio que no tiene suelo. Yonatan Szewkis, rabino de Comunidad Israelita de Valparaíso-Viña del Mar hizo un llamado a pensar cuál será la tefilá de cada uno este año, y a través de la historia de Sara, Agar y Haná, recordó que para que exista el bien tiene que crearse el mal. Alan Geni, rabino de Makom Chile se refirió a la metáfora bíblica en relación con la decendencia judía “como las estrellas del cielo y la arena del mar”, señalando que si bien es importante seguir brillando también se debe acoger al de al lado, y ser como el Shamash. Martín Pusetto, rabino de la Comunidad NBI, haciendo referencia a citas bíblicas de Ezra y Jeremías y al violento despertar que fue el 7 de octubre, señaló la importancia de construir y reinventarse, pero sin olvidar. Cerró la jornada el Rabino Shmuel Szteinhendler de Beit Emunah, se refirió al cambio que significó el 7 de octubre y los tiempos tan difíciles que nos toca vivir, señalando la importancia de mantenernos erguidos, sin pedir perdón ni permiso, continuando la senda de la resiliencia de los que nos precedieron, transmitiendo ese legado a las futuras generaciones.Así la 48ª Jornada Espiritual concluyó reafirmando el compromiso histórico de WIZO con la cultura, la memoria y la vida comunitaria, dejando un mensaje de esperanza, unidad y resiliencia ante los tiempos por venir.

En el Círculo Israelita: El presidente Kast encabezó la Tefilá por Chile Con la presencia del presidente de la República, José Antonio Kast, la comunidad judía de Chile realizó la tradicional ceremonia de oración por el país, destacando sus 120 años de vida institucionalizada. Los vitrales de la sinagoga del Círculo Israelita de Santiago volvieron a iluminar una de las ceremonias más significativas de la comunidad judía chilena. Después de cuatro años de ausencia de un Jefe de Estado, el presidente de la República, José Antonio Kast, encabezó la tradicional Tefilá por Chile, instancia de oración por el bienestar del país que reúne desde hace años a autoridades nacionales, representantes religiosos y miembros de la comunidad. Entre los asistentes estuvieron ministros de Estado, parlamentarios, diplomáticos, representantes de distintas confesiones religiosas y autoridades de diversas instituciones públicas. Fue el rabino Eduardo Waingortin, Capellán de La Moneda, quien dio inicio a la ceremonia: "Hoy agradecemos por Chile, nuestra patria, por la belleza de su tierra y especialmente por su gente. Este año se conmemoran 120 años de vida judía institucionalizada en Chile. Recordamos especialmente a quienes comenzaron a construir nuestra vida comunitaria en el país, cuando en 1906, un grupo de judíos se reunió en Santiago para formar un minyán, el quórum necesario para la oración. Este gesto sencillo contenía una enorme declaración de esperanza y la voluntad de permanecer, formar familias, construir instituciones y ser parte del destino de Chile. Son generaciones de vida compartida y una historia de gratitud hacia un país que recibió a nuestros antepasados y al que ellos buscaron retribuir con su trabajo, su cultura y su compromiso. Hoy nos corresponde seguir construyendo una comunidad plenamente judía y profundamente chilena, orgullosa de su identidad y comprometida con el bienestar de toda la sociedad", dijo. Libertad religiosa y compromiso con Chile En la ceremonia, el presidente José Antonio Kast señaló: "Mis padres también fueron acogidos aquí en Chile. Siempre la casa, la mesa estuvo abierta para el encuentro. Y es lo que hemos buscado también con nuestro gobierno, que este sea un lugar donde nos podamos encontrar”. Aludiendo a los 120 años de vida judía organizada, dijo sentirse honrado con esta comunidad arraigada y comprometida con el desarrollo del país, destacando, entre otras cosas, al Centro Oncológico Ambulatorio Infantil TROI —con presencia en Santiago—, a cuya inauguración en la Araucanía pudo asistir junto a la ministra de Salud, y que existe gracias al trabajo de la familia Rezepka. En esa línea también se refirió a la Teletón. Asimismo, el mandatario destacó la libertad religiosa como un principio del Estado de Chile, lo que significa "asegurar que la próxima generación también pueda crecer en Chile con la misma libertad con la que crecieron sus abuelos y sus padres". Finalmente, destacó: "En este año 2026, el año nuevo judío y el Día del Perdón coinciden con el mes de la patria. Septiembre reúne la historia milenaria de esta comunidad y la fiesta de una patria que es tan suya como la de cualquier chileno". Un gesto republicano Por su parte, el presidente de la Comunidad Judía de Chile (CJCh), Alfredo Misraji, también destacó los 120 años de vida judía institucionalizada en Chile y aseguró que "nuestra identidad judía y nuestra identidad chilena se enriquecen". Al mismo tiempo expresó inquietud: “Las minorías somos parte de la República, lo que hace especialmente preocupante el resurgimiento del antisemitismo. Combatirlo exige leyes eficaces, educación, memoria y una conducta inequívoca de quienes ejercen liderazgo". Misraji se dirigió a la máxima autoridad: "Señor presidente, su presencia esta noche constituye un gesto republicano y significativo para nuestra comunidad. Expresa que el Estado de Chile entiende que la diversidad enriquece a la nación". Plegarias por Chile Durante la ceremonia, los rabinos de Chile elevaron distintas plegarias. El rabino Daniel Zang se refirió al valor de la unidad; el rabino Yonatan Szewkis, a la solidaridad; el rabino Alejandro Bloch hizo una reflexión sobre la esperanza, mientras que el rabino Ari Sigal dedicó sus palabras a la paz. Tras las intervenciones, el presidente del Círculo Israelita de Santiago, Miguel Infeld, junto al presidente de la Comunidad Judía de Chile, Alfredo Misraji, entregaron al presidente de la República y a su esposa una obra de la artista Denise Portugueiz. La Tefilá por Chile concluyó con una oración ecuménica y el tradicional toque del shofar, dejando así una imagen cargada de simbolismo: una comunidad que, 120 años después de aquel primer minyán, continúa afirmando su identidad judía al mismo tiempo que reafirma su pertenencia y compromiso con Chile.

Los vitrales de la sinagoga del Círculo Israelita de Santiago volvieron a iluminar una de las ceremonias más significativas de la comunidad judía chilena. Después de cuatro años de ausencia de un Jefe de Estado, el presidente de la República, José Antonio Kast, encabezó la tradicional Tefilá por Chile, instancia de oración por el bienestar del país que reúne desde hace años a autoridades nacionales, representantes religiosos y miembros de la comunidad.Entre los asistentes estuvieron ministros de Estado, parlamentarios, diplomáticos, representantes de distintas confesiones religiosas y autoridades de diversas instituciones públicas.Fue el rabino Eduardo Waingortin, Capellán de La Moneda, quien dio inicio a la ceremonia: "Hoy agradecemos por Chile, nuestra patria, por la belleza de su tierra y especialmente por su gente. Este año se conmemoran 120 años de vida judía institucionalizada en Chile. Recordamos especialmente a quienes comenzaron a construir nuestra vida comunitaria en el país, cuando en 1906, un grupo de judíos se reunió en Santiago para formar un minyán, el quórum necesario para la oración. Este gesto sencillo contenía una enorme declaración de esperanza y la voluntad de permanecer, formar familias, construir instituciones y ser parte del destino de Chile. Son generaciones de vida compartida y una historia de gratitud hacia un país que recibió a nuestros antepasados y al que ellos buscaron retribuir con su trabajo, su cultura y su compromiso. Hoy nos corresponde seguir construyendo una comunidad plenamente judía y profundamente chilena, orgullosa de su identidad y comprometida con el bienestar de toda la sociedad", dijo.Libertad religiosa y compromiso con ChileEn la ceremonia, el presidente José Antonio Kast señaló: "Mis padres también fueron acogidos aquí en Chile. Siempre la casa, la mesa estuvo abierta para el encuentro. Y es lo que hemos buscado también con nuestro gobierno, que este sea un lugar donde nos podamos encontrar”. Aludiendo a los 120 años de vida judía organizada, dijo sentirse honrado con esta comunidad arraigada y comprometida con el desarrollo del país, destacando, entre otras cosas, al Centro Oncológico Ambulatorio Infantil TROI —con presencia en Santiago—, a cuya inauguración en la Araucanía pudo asistir junto a la ministra de Salud, y que existe gracias al trabajo de la familia Rezepka. En esa línea también se refirió a la Teletón.Asimismo, el mandatario destacó la libertad religiosa como un principio del Estado de Chile, lo que significa "asegurar que la próxima generación también pueda crecer en Chile con la misma libertad con la que crecieron sus abuelos y sus padres". Finalmente, destacó: "En este año 2026, el año nuevo judío y el Día del Perdón coinciden con el mes de la patria. Septiembre reúne la historia milenaria de esta comunidad y la fiesta de una patria que es tan suya como la de cualquier chileno".Un gesto republicanoPor su parte, el presidente de la Comunidad Judía de Chile (CJCh), Alfredo Misraji, también destacó los 120 años de vida judía institucionalizada en Chile y aseguró que "nuestra identidad judía y nuestra identidad chilena se enriquecen". Al mismo tiempo expresó inquietud: “Las minorías somos parte de la República, lo que hace especialmente preocupante el resurgimiento del antisemitismo. Combatirlo exige leyes eficaces, educación, memoria y una conducta inequívoca de quienes ejercen liderazgo".Misraji se dirigió a la máxima autoridad: "Señor presidente, su presencia esta noche constituye un gesto republicano y significativo para nuestra comunidad. Expresa que el Estado de Chile entiende que la diversidad enriquece a la nación".Plegarias por ChileDurante la ceremonia, los rabinos de Chile elevaron distintas plegarias. El rabino Daniel Zang se refirió al valor de la unidad; el rabino Yonatan Szewkis, a la solidaridad; el rabino Alejandro Bloch hizo una reflexión sobre la esperanza, mientras que el rabino Ari Sigal dedicó sus palabras a la paz.Tras las intervenciones, el presidente del Círculo Israelita de Santiago, Miguel Infeld, junto al presidente de la Comunidad Judía de Chile, Alfredo Misraji, entregaron al presidente de la República y a su esposa una obra de la artista Denise Portugueiz.La Tefilá por Chile concluyó con una oración ecuménica y el tradicional toque del shofar, dejando así una imagen cargada de simbolismo: una comunidad que, 120 años después de aquel primer minyán, continúa afirmando su identidad judía al mismo tiempo que reafirma su pertenencia y compromiso con Chile.

Múnich 1072: El deporte también excluye

El 5 de septiembre de 1972, el deporte perdió para siempre su inocencia.Aquella madrugada, ocho terroristas de Septiembre Negro ingresaron a la Villa Olímpica de Múnich y atacaron a la delegación israelí. Dos de sus integrantes fueron asesinados de inmediato y otros nueve tomados como rehenes. Horas después, tras un fallido operativo de rescate, los once habían muerto.No eran soldados. Eran entrenadores, árbitros y deportistas. Hombres que habían llegado a Alemania para competir y representar a Israel en la mayor celebración deportiva del mundo.54 años después, sería irresponsable establecer equivalencias fáciles. Múnich fue terrorismo. Lo que ocurre hoy es otra cosa. Pero existe una pregunta incómoda que vuelve a aparecer: ¿qué sucede cuando un atleta deja de ser visto como deportista y comienza a ser castigado por su nacionalidad, su identidad judía o su vínculo con Israel?Desde el 7 de octubre de 2023, deportistas israelíes y judíos han enfrentado exclusiones, cancelaciones, protestas, presiones políticas y dificultades para competir. No existe una suspensión generalizada de Israel por parte del COI, FIFA o UEFA, pero los episodios se han acumulado.La selección israelí sub-20 de hockey sobre hielo fue excluida temporalmente de un torneo por “razones de seguridad”. Gimnastas israelíes, incluido el campeón olímpico Artem Dolgopyat, quedaron fuera del Mundial de Yakarta tras la negativa de Indonesia a otorgarles visados. El equipo Israel-Premier Tech ha enfrentado protestas e interrupciones en competencias internacionales.Pero el fenómeno tampoco se limita a quienes llevan una bandera israelí. El capitán judío sudafricano de cricket David Teeger perdió la capitanía tras expresar públicamente su apoyo a Israel. En Canadá, la conferencia de Leah Goldstein, ciclista judía y exintegrante de las Fuerzas de Defensa de Israel, fue cancelada por presiones relacionadas con su pasado militar.No es Múnich. Y nadie debería decir que lo es.Pero tampoco debería ser normal que un deportista tenga que explicar quién es antes de demostrar lo que puede hacer.La gran lección de 1972 fue que el odio puede atravesar incluso los espacios creados para unir al mundo. Hoy no hay terroristas escalando la reja de una villa olímpica. Hay otras formas de hostilidad: vetos, campañas, abucheos, cancelaciones y la pretensión de que algunos deportistas carguen individualmente con conflictos que exceden por completo una cancha.Recordar Múnich también significa defender algo elemental: que ningún judío, israelí o deportista debería quedar fuera del deporte por aquello que es.Porque cuando la identidad se convierte en motivo de exclusión, el problema ya no está en el deporte._________________________Los once de Múnich, Z"L Los miembros de la delegación israelí asesinados entre el 5 y 6 de septiembre de 1972 fueron: ● Moshe Weinberg Z"L, entrenador de lucha. ●  Yossef Romano Z"L, levantador de pesas. ●  David Berger Z"L, levantador de pesas. ●  Ze’ev Friedman Z"L, levantador de pesas. ●  Yossef Gutfreund Z"L, árbitro de lucha. ●  Eliezer Halfin Z"L, luchador. ●  Amitzur Shapira Z"L, entrenador de atletismo. ●   Kehat Shorr Z"L, entrenador de tiro. ●   Mark Slavin Z"L, luchador. ●   André Spitzer Z"L, entrenador de esgrima. ●   Yakov Springer Z"L, juez de levantamiento de pesas. Deportistas cancelados, excluidos o afectados desde el 7 de octubre Algunos de los casos más visibles: ● Selección israelí sub-20 de hockey sobre hielo: excluida temporalmente por la IIHF de un torneo en Bulgaria en 2024 por motivos de seguridad. La decisión posteriormente fue revertida. ● Artem Dolgopyat y la delegación israelí de gimnasia: quedaron fuera del Mundial de Yakarta 2025 después de que Indonesia negara visados a los atletas israelíes. ● Israel-Premier Tech: el equipo ciclista ha enfrentado protestas, interrupciones de etapas y presiones para eliminar la palabra “Israel” de su indumentaria. ● David Teeger: capitán judío del equipo sudafricano sub-19 de cricket, fue apartado de la capitanía tras sus declaraciones públicas de apoyo a Israel. ●  Leah Goldstein: ciclista canadiense judía y exintegrante de las FDI. Su conferencia principal en Canadá fue cancelada debido a su pasado militar en Israel. ● Tel Aviv Ibex: equipo de rugby inclusivo israelí, integrado por jugadores judíos y árabes, fue excluido de una competencia europea en Noruega en medio de presiones políticas. ●  Jugadores israelíes de bowls: tres deportistas fueron inicialmente retirados de un campeonato mundial tras protestas, aunque posteriormente la decisión fue revertida. Una diferencia importante: estos casos no constituyen una suspensión general de Israel del deporte internacional. Son episodios específicos de exclusión, cancelación o presión que, en conjunto, reflejan un clima especialmente hostil hacia deportistas israelíes y judíos desde el 7 de octubre.

Rosh Hashaná. Cuando dejamos de contar

Durante 843 días hubo una pregunta que acompañó a millones de judíos alrededor del mundo: ¿cuántos quedan?Contamos personas. Contamos días. Vimos sus rostros en fotografías, llevamos cintas amarillas, dejamos sillas vacías y repetimos sus nombres en nuestras comunidades. En enero de este año, con el regreso de Ran Gvili z”l, el último de los secuestrados fue finalmente devuelto a Israel. Por primera vez desde 2014, no quedó ningún israelí cautivo en Gaza.El contador llegó a cero.Pero descubrimos algo que quizás ya sabíamos: dejar de contar no significa que todo haya terminado.5786 fue un año intenso para el pueblo judío. Un año de alivios y dolores, de pérdidas que todavía necesitan tiempo para encontrar palabras. También fue un año en que volvimos a descubrir algo esencial: frente a la incertidumbre, los judíos buscamos estar juntos.Nos reunimos para rezar, para recordar, para discutir, para ayudar. A veces estuvimos de acuerdo y muchas otras no. Pero estuvimos.Y eso también es comunidad.Los Iamim Noraim llegan ahora con una pregunta diferente. Después de todo lo vivido, ¿qué hacemos con el año que comienza?Nuestra tradición podría habernos enseñado a comenzar el año celebrando nuestras certezas. Eligió algo mucho más humano: comenzarlo reconociendo nuestra fragilidad.Entramos a la sinagoga sabiendo que no controlamos lo que ocurrirá durante 5787. No sabemos qué noticias recibiremos, qué desafíos enfrentaremos ni qué puertas se abrirán.Pero sí podemos decidir cómo queremos atravesarlo.Podemos elegir una comunidad donde nadie tenga que enfrentar solo sus momentos difíciles. Podemos volver a sentarnos alrededor de una mesa de Shabat. Podemos llamar a quien hace tiempo no llamamos, estudiar algo nuevo, ayudar a alguien, cantar juntos, discutir sin rompernos y recuperar la alegría de pertenecer.Y podemos volver a creer.Creer no significa pensar que todo saldrá como esperamos. La fe judía nunca prometió una vida sin dificultades. Creer significa sostener que, incluso cuando todavía no vemos el camino completo, vale la pena seguir caminando.Quizás ese sea nuestro desafío para 5787.Después de años en que aprendimos a contar ausencias, comenzar nuevamente a contar presencias.Quién está a nuestro lado. A quién podemos acercar. Qué podemos construir juntos.El año nuevo no borra el que termina.Nos entrega algo mucho más importante: una nueva oportunidad para escribir lo que viene.¡Shana Tova, A gezunt Yiur, Añada Buena y Saludosa para esta amada Comunidad! 

Yoel Levy: Seguir corriendo por los hermanos Bibas Z”L

Cuando Yoel Levy cruza una meta vestido de Batman, las fotografías suelen mostrar una imagen poderosa: un corredor, una capa, el naranja convertido en símbolo y cientos de personas preguntándose quiénes eran esos dos niños que amaban al superhéroe.Pero detrás del personaje hay algo menos visible.“Después de una de mis carreras quise dejarlo todo”, reconoce Levy, conocido mundialmente como The Jewish Fitness Coach. Había pensado regresar a casa y poner fin a un proyecto que comenzó tras el 7 de octubre, cuando decidió correr en memoria de la familia Bibas y, especialmente, de Ariel y Kfir.Un mensaje inesperado cambió todo.Al llegar a su casa, recibió palabras de apoyo de Yarden Bibas. “Él no sabía que yo estaba pensando en abandonar, pero me dijo lo orgulloso que estaba del viaje que estaba haciendo. Sentí que alguien, desde arriba, me estaba diciendo que siguiera. Todavía hay personas que necesitan conocer esta historia”.Y siguió.El domingo 30 de agosto, Levy corrió la Media Maratón de Santiago, una nueva estación de una travesía que ya lo ha llevado por distintos países y continentes. En Chile fue invitado por Fobeju, institución dedicada a preservar y fortalecer el legado de la educación judía, y compartió con jóvenes y miembros de la comunidad en el Instituto Hebreo.Para Yael Korol, directora ejecutiva de Fobeju, su presencia representó precisamente esa capacidad de transformar una pasión personal en un mensaje colectivo.Levy entiende bien esa conexión. “Mi misión ha sido unir a las comunidades judías alrededor del mundo”, explica. “En momentos difíciles necesitamos recordar que nos tenemos unos a otros”.Su historia, sin embargo, no es solamente la de alguien que encontró una causa. Es también la de un joven que cambió después del 7 de octubre.“Yo era una persona antes y otra diferente después”, cuenta. El deporte se convirtió en una forma de procesar lo ocurrido y, al mismo tiempo, en una herramienta para no quedarse paralizado frente al dolor.Cada vez que se pone el traje de Batman, dice, sigue siendo emocional. “Nunca se hace fácil. Pero también representa que, cuando llegan tiempos difíciles, volvemos a levantarnos y seguimos adelante”.En sus carreras ha enfrentado apoyo, cariño y también comentarios antisemitas. Ha aprendido que no puede controlar todo. “Hay que concentrarse en lo que uno sí puede controlar”, señala. “Construir confianza, enfrentar los desafíos y no dejar que las opiniones de otras personas definan tu misión”.En Chile dejó un mensaje especialmente dirigido a los jóvenes: no esperar a tener poder o fama para generar un impacto.“Encuentren aquello que les apasiona y vean cómo pueden usarlo para ayudar a otros”, aconseja. “No se rindan cuando las cosas se pongan difíciles”.Quizás esa sea la verdadera razón por la que Yoel Levy sigue corriendo.No porque crea que puede cambiar el pasado. Tampoco porque una capa pueda protegerlo del odio.Corre porque entendió que algunas historias no pueden quedar quietas.Y porque, mientras alguien siga preguntando quiénes fueron Ariel y Kfir Bibas, habrá una respuesta corriendo hacia adelante.

Alan Guendelman: Tecnología para dejar huella

Hay personas que crean cosas porque detectan una oportunidad. Alan Guendelman Portugueis parece hacerlo por otra razón: porque algo le inquieta, le importa y siente que podría ser útil para alguien más.General Manager de Delabase Inmobiliarias y, desde hace nueve años, presidente del Estadio Israelita Macabi EIM —institución en cuya directiva lleva cerca de 16 años—, El Pollo, como lo llaman sus amigos, ha transformado inquietudes personales en proyectos tecnológicos con un denominador común: preservar vínculos.El primero nació en un lugar cargado de memoria.Durante años recorrió el Cementerio Israelita buscando familiares, leyendo lápidas y tomando fotografías. Sabía lo difícil que podía ser encontrar a una persona y, sobre todo, comprendió que detrás de cada nombre había una historia que no debía perderse.Así nació CIS, una aplicación que permite buscar personas enterradas en el cementerio, encontrarlas en el plano y generar rutas para visitarlas o recorrer las tumbas de distintos integrantes de una misma familia.“¿Qué pasa si yo no conozco mi familia y quiero saber dónde están?”, se preguntó mientras desarrollaba la herramienta. Esa pregunta terminó convirtiéndose en una de sus funciones más significativas.La aplicación hoy puede ser utilizada en el propio cementerio mediante un iPad que Alan donó e instaló para facilitar el acceso de los visitantes. Para él, el proyecto tiene un sentido que supera ampliamente lo tecnológico.“Respeto a nuestros muertos, hasta que la gente pueda ir a visitarlos”, explica. Y cuando recibe comentarios de personas agradecidas porque lograron encontrar a un familiar, siente que el esfuerzo ya tuvo recompensa.Después vino Leitpalel, una aplicación que busca acercar la oración judía a quienes quieren participar, pero no necesariamente saben cómo hacerlo.La idea surgió de una experiencia familiar. Alan, que no se define como una persona religiosa, observó que para muchos seguir un rezo podía resultar difícil. “¿Cómo puede ser que no exista una forma de aprender a rezar o de seguir el rezo?”, pensó.Leitpalel funciona como una especie de guía interactiva: permite seguir al jazán, leer en distintos idiomas y fonética, acceder a brajot, salmos, estudios semanales y versiones breves de algunas prácticas.“Una cuestión es no ser religioso y otra cuestión es no tener la posibilidad”, resume.Pero probablemente la clave para entender estos proyectos está en su labor como presidente del Estadio Israelita EIM.Para Guendelman, el Estadio nunca ha sido solamente infraestructura. Es el lugar donde generaciones crecieron, hicieron amigos y construyeron una identidad compartida. Por eso le preocupa cierta lógica individualista que, a su juicio, ha ido ganando espacio.“Si queremos seguir en comunidad, hay cosas que tenemos la responsabilidad de preservar”, afirma.Esa misma idea parece recorrer CIS y Leitpalel: una aplicación para no perder la memoria y otra para que la tradición no se vuelva inaccesible.Como una historia más íntima está Recetario del Pollo, una aplicación nacida originalmente de un libro de 600 páginas que preparó para sus cuatro hijos. Allí reunió recetas cocinadas durante más de 30 años, fotografías, recuerdos y cápsulas familiares. Incluso clonó su propia voz para que, algún día, sus hijos y nietos puedan escuchar las historias detrás de cada plato.Tres aplicaciones. Tres mundos aparentemente distintos. Pero una misma obsesión: que algo valioso no se pierda.Encontrar a quienes estuvieron antes. Dar herramientas para acercarse a la tradición. Dejar sabores, voces y recuerdos para quienes vendrán después.Para el Pollo, quizás esa sea finalmente la verdadera utilidad de la tecnología: no reemplazar los vínculos humanos, sino ayudar a que sobrevivan.

Primer Congreso Sionista: el sueño de volver a nuestra tierra ancestral

Hubo un momento, entre el 29 y el 31 de agosto de 1897, en que la palabra "sionismo" dejó de ser una idea dispersa y se convirtió en un plan de acción. En el casino municipal de Basilea, alrededor de doscientos delegados llegados de distintos países se sentaron a discutir algo que hasta entonces parecía impensable: cómo construir, desde la diáspora, un hogar nacional para el pueblo judío.El hombre detrás de la convocatoria era Theodor Herzl, periodista vienés de origen húngaro que, como corresponsal en París, cubrió el juicio contra Alfred Dreyfus, el capitán judío del ejército francés acusado injustamente de espionaje. Movido por el antisemitismo que rodeó el caso, diría después: “Fue ese juicio lo que me convirtió en sionista”.En 1896 publicó El Estado judío, el libro donde planteaba la idea de un territorio propio. Usó, sin éxito, su red de contactos periodísticos para buscar financiamiento. Fue entonces cuando decidió que movilizaría a las personas. De allí surgió la convocatoria a Basilea, realizada entre el 29 y el 31 de agosto de 1897, en donde se fundó formalmente la Organización Sionista Mundial, que aspiraba a establecer para el pueblo judío un hogar en su tierra ancestral.Al cerrar el Congreso, Herzl escribió en su diario: "En Basilea fundé el Estado judío". Aunque sonaba desmedido, cincuenta años después, en 1947, la ONU votaría la partición de Palestina, y en 1948 nacería el Estado de Israel.Una revolución que sigue vivaUna persona que puede hablar con propiedad del tema es el rabino Lucas "Pato" Lejderman, del Círculo Israelita, mashpia del Instituto Hebreo Dr. Chaim Weizmann y líder en Chile de Masortí/Mercaz en el Congreso Sionista.“El sionismo y el establecimiento del Estado de Israel es la mayor revolución del pueblo judío después de la creación del Talmud y el desarrollo del judaísmo rabínico. No sé si de acá a veinte, pero seguro de acá a cincuenta años, gran parte de lo que llamamos judaísmo en la modernidad o posmodernidad va a estar obligatoriamente relacionado con lo que vive y lo que pasa en el Estado de Israel”.Hoy, dice, ya es raro encontrar comunidades judías relevantes en el mundo que no se autodefinan como sionistas: Israel no es solo un centro físico —ya que allí vive la mayoría de los judíos del mundo—, sino "principalmente el centro espiritual y político del mundo judío", sostiene.El sueño de una abuela, cumplido dos generaciones despuésPara el rabino, el sueño de Herzl tiene un rostro familiar. Su abuela, sobreviviente de la Shoá, soñaba con emigrar a Israel y sumarse a los jalutzim, los pioneros que construyeron el país. La Segunda Guerra Mundial se lo impidió, y ese sueño quedó pendiente. En enero de 2007, cuando él hizo aliá, su abuela le dijo que, dos generaciones después, parte de ella estaba cumpliendo su anhelo."Eso es entender lo que significó el sionismo, esta vuelta a la tierra ancestral; es un sueño hecho realidad, es entender el Estado de Israel como el motor de la continuidad, el motor de las aspiraciones y anhelos más grandes que el pueblo judío tuvo por dos mil años", reflexiona.La voz masortí en el debate sionistaComo rabino masortí, se refiere al avance del fundamentalismo religioso en Israel, el freno a proyectos como el del Kotel igualitario —aprobado por la Knesset pero congelado en la práctica— y la creciente presencia de voces ultraortodoxas dentro del propio Congreso Sionista. "Nuestro desafío es mantener el sionismo desde un lugar plural, liberal, democrático, de respeto. Israel debe ser 'una luz para las naciones', que respete a sus minorías internas y que cada corriente judía se sienta parte de él, que sea la carpa abierta de Abraham: un lugar donde todos puedan entrar y sentirse parte", afirma.¿Qué pensaría Herzl hoy?Consultado sobre qué sentiría Herzl si hoy caminara por Tel Aviv o visitara el Kotel dice:“Creo que Herzl estaría muy orgulloso porque vería su sueño de un refugio nacional y el hogar nacional del pueblo judío en el lugar que siempre fue la cuna de la historia del pueblo judío. Seguramente estaría muy orgulloso de lo que hicimos como pueblo”.

¿Cuál es la labor de la Jevra Kedisha?

La Jevrá Kedushá ocupa un lugar muy particular dentro de la vida de una comunidad judía. Su nombre significa literalmente “sociedad sagrada”, y no es casual: acompaña uno de los momentos más delicados de la existencia humana, cuando ya no queda nada por hacer por una persona salvo honrarla.Nuestros sabios llaman a esta tarea jesed shel emet, una bondad verdadera. Rashi explica que el acto de bondad realizado con quien ha fallecido es un jesed sin expectativa de devolución. Quien participa de la Jevrá hace algo que probablemente nadie verá, nadie aplaudirá y que la persona que recibe ese cuidado nunca podrá agradecer.En el Círculo Israelita de Santiago, la Jevrá está dividida en un equipo de hombres y otro de mujeres. Los hombres realizan la tahará de los hombres y las mujeres la de las mujeres, preservando así el principio de tzniut, pudor y dignidad, también después de la muerte.La tarea principal es la tahará, la preparación ritual del cuerpo para la sepultura. Incluye su limpieza y purificación, y luego la colocación de los tajrijim, las vestimentas blancas y sencillas con las que tradicionalmente somos enterrados. Allí desaparecen las diferencias sociales que tantas veces nos acompañan en vida: ricos y pobres, dirigentes y personas anónimas, todos regresamos de la misma manera.La halajá entiende que el cuerpo conserva su kavod, su dignidad, incluso después de la muerte. Por eso cada movimiento se realiza con cuidado, cada palabra importa y todo el procedimiento está rodeado de respeto.La Jevrá Kedushá nos recuerda algo esencial del judaísmo: una comunidad no sólo acompaña a sus miembros durante la vida. También sabe cómo acompañarlos hasta el final.

Israel se acerca al primer implante de médula espinal

Hay avances científicos que se miden en publicaciones, patentes o premios. Y hay otros que se miden en algo mucho más sencillo: la posibilidad de volver a ponerse de pie.Israel acaba de dar un nuevo paso hacia uno de ellos. Matricelf, empresa biotecnológica israelí, y el Centro Médico de Rehabilitación Loewenstein, de Clalit Health Services, firmaron un acuerdo para comenzar a identificar y evaluar pacientes con lesiones medulares que podrían convertirse en candidatos para el primer implante de una médula espinal diseñada mediante ingeniería de tejidos. Si se cumplen los hitos científicos y regulatorios, el tratamiento del primer paciente podría comenzar durante la primera mitad de 2027.La tecnología nació en el laboratorio del profesor Tal Dvir, de la Universidad de Tel Aviv, y busca fabricar para cada paciente una especie de “repuesto biológico” a partir de sus propias células. Para ello se obtiene una muestra de sangre, se generan células madre pluripotentes inducidas y se combinan con materiales biológicos del propio organismo. La apuesta es que el implante pueda reemplazar tejido dañado y favorecer la recuperación de funciones perdidas.El impacto potencial trasciende las fronteras de Israel. En Chile, la realidad de las lesiones medulares está lejos de ser menor, aunque el país no cuenta con estadísticas nacionales actualizadas que permitan conocer con precisión cuántas personas viven con esta condición. Un estudio realizado durante 20 años en el Hospital del Trabajador de Santiago registró 173 casos de lesión medular traumática vinculada a accidentes laborales, con una incidencia promedio de 7,8 casos por millón de trabajadores al año.Son 173 historias concretas detrás de una cifra fría: personas cuyas vidas cambiaron después de una caída, un accidente o un golpe. Y ese número representa solamente una parte del problema, porque no incluye todas las lesiones medulares ocurridas en Chile por accidentes de tránsito, deportes, caídas u otras causas.Los resultados preclínicos explican el interés. En modelos animales, el equipo de Dvir ha informado recuperación de la capacidad de caminar en una alta proporción de los casos. Pero todavía existe un largo trecho entre esos resultados y una terapia disponible para pacientes.La propia Universidad de Tel Aviv enfatiza que la selección de candidatos no significa que el ensayo clínico ni las implantaciones hayan sido aprobados. Todo dependerá de completar las etapas científicas y regulatorias y obtener la autorización final del Ministerio de Salud de Israel.Si finalmente ocurre, el primer procedimiento está previsto en el Centro Médico Sheba. Será un paso pequeño para un paciente, pero potencialmente enorme para miles de personas que esperan que algún día la palabra “irreversible” deje de ser una sentencia.

Chile - Irán: Una relación de bajo perfil

Universidad Alberto HurtadoEl 22 de agosto de 2026, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile anunció el cierre temporal de su Embajada en Teherán a partir del 31 de agosto de 2026. Esta medida responde a razones económicas y a la situación de seguridad por el conflicto bélico en Irán y el contexto regional. Sin embargo, la decisión no interrumpe las relaciones diplomáticas bilaterales, las cuales se han mantenido en un bajo perfil desde 2018 mediante encargados de negocios y no a nivel de embajadores.Los vínculos de Chile con Irán han pasado por diferentes momentos de acercamiento y contención. En 1980, un año después de la Revolución Islámica, Teherán rompió sus relaciones con Santiago, debido a la dictadura militar chilena, siendo reanudadas en 1991 con la vuelta a la democracia.  De 1999 a 2014, aunque existían relaciones, estas se caracterizaron por el cierre de la Embajada iraní en Santiago. La reapertura de la Embajada de Chile en Teherán y de la Embajada de Irán en Santiago se produjo en 2015. Durante este periodo, probablemente el de mayor intensidad en las relaciones bilaterales, existió una cumbre entre los cancilleres Heraldo Muñoz y Mohamed Zarif y se firmó un Memorándum de Entendimiento. La consolidación de estos lazos diplomáticos se sustentó, fundamentalmente, en el pacto denominado P5 + 1, suscrito entre Irán, los integrantes permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (EE.UU., Rusia, China, Francia y el Reino Unido) junto a Alemania. Dicho acuerdo buscaba fiscalizar el desarrollo nuclear iraní como contrapartida a la eliminación de las restricciones financieras. A partir del año 2017, la salida unilateral de la administración estadounidense del tratado provocó un nuevo distanciamiento en el diálogo bilateral entre Chile e Irán. A lo anterior, es preciso agregar que diferentes grupos de la sociedad civil tuvieron un rol crítico en las relaciones entre Chile e Irán, ejerciendo una postura contraria ante cualquier acercamiento. Algunos puntos críticos para una consolidación de la relación bilateral han estado vinculados con la alianza geopolítica de Teherán con los países del ALBA, su involucramiento en el atentado contra la AMIA (1994) en Argentina, y el apoyo al terrorismo internacional. Además de lo anterior, las reiteradas violaciones a los derechos humanos por parte del régimen iraní fueron denunciadas por el Estado chileno, independientemente del giro ideológico del gobierno chileno.  Tras la muerte de la joven Mahsa Amini en 2022, por parte de la policía moral del régimen, Santiago levantó la voz ante la comunidad internacional para condenar la represión desatada contra los y las manifestantes. En conclusión, el cierre temporal de la Embajada de Chile en Teherán es reflejo de una continuidad de una dinámica de bajo perfil que ha caracterizado la relación bilateral desde 2018, en la cual las aprehensiones sobre la situación de los derechos humanos en Irán y las presiones ejercidas por diversos actores de la sociedad civil chilena han marcado límites claros a un mayor acercamiento geopolítico.