¿Por qué se asocia la costumbre de no silbar de noche con la Shoá?

La pregunta suena a superstición, pero su origen combina sensibilidad religiosa antigua y trauma moderno. Desde el punto de vista halájico, no existe ninguna prohibición explícita de silbar de noche. Ni el Shulján Aruj ni los grandes códigos normativos lo mencionan. Sin embargo, el judaísmo clásico sí atribuye a la noche un carácter particular: el Talmud Bavli (Berajot 3a) describe las horas nocturnas como un tiempo de mayor vulnerabilidad, donde se recomienda moderación en la conducta y el lenguaje. No se trata de miedo mágico, sino de una ética de cautela.La mística judía reforzó esta idea. Textos cabalísticos presentan la noche como un espacio donde se intensifican fuerzas desordenadas (dinim), y ciertos sonidos innecesarios podían ser vistos como perturbadores del equilibrio espiritual. De allí surgieron costumbres populares que desaconsejaban ruidos agudos o vacíos de intención, como el silbido. Costumbre, no ley.Pero la frase adquirió un peso mucho más fuerte tras la Shoá. Testimonios reales de sobrevivientes, archivados en Yad Vashem, relatan que guardias nazis solían silbar durante patrullajes nocturnos en guetos y campos. El sonido se volvió una señal anticipatoria del horror: redadas, castigos, selecciones. Para muchos, el silbido ligero e indiferente resultaba más aterrador que un grito.Así, en la posguerra, numerosas familias judías europeas transmitieron una consigna simple: “no silbes, especialmente de noche”. No como mandato religioso, sino como memoria corporal heredada. La halajá nunca lo prohibió mientras que la historia lo cargó de sentido.

Enero 1980, Israel y Egipto inician relaciones diplomáticas

Tras la creación del Estado de Israel en 1948, el proceso de paz con Egipto es uno de los hitos más relevantes del siglo XX pues fue dicha nación árabe una de las que se opuso más firmemente a la existencia de un Estado judío. De hecho, el país de las monumentales pirámides fue parte de múltiples conflictos armados, incluyendo las guerras de 1948, 1956, 1967 y la guerra del Yom Kipur en 1973. El paso hacia la paz comenzó a gestarse con una audaz decisión del presidente egipcio Anwar el-Sadat de visitar Jerusalem en noviembre de 1977, algo nunca antes visto por parte de un líder árabe. Esta visita fue percibida como una señal clara de que Egipto estaba dispuesto a explorar conversaciones, aun cuando la mayoría de los países árabes se mantenían firmes en su rechazo a reconocer de manera formal la soberanía de Israel.  Los Acuerdos de Camp David y el Tratado de PazLa firma de los Acuerdos de Camp David (septiembre de 1978), negociados bajo la mediación del presidente estadounidense Jimmy Carter, entre el líder egipcio Sadat y el primer ministro israelí Menájem Begin, estableció un marco para la paz en el que, por primera vez, Egipto reconoció formalmente la existencia de Israel como Estado soberano y se comprometió a negociar un tratado de paz definitivo. Dieciséis meses después, el 26 de marzo de 1979, se firmó el tratado de paz que puso fin al estado de guerra entre ambos países, dio pie a la normalización diplomática. Por una parte, se estableció la retirada de Israel de la Península del Sinaí —bajo control israelí desde la Guerra de los Seis Días en 1967— mientras que Egipto aceptó mantener la zona desmilitarizada. Por otra, se garantizaron derechos de navegación para barcos israelíes a través del Canal de Suez y la libertad de paso por los estrechos estratégicos de Tirán y el Golfo de Aqaba. Normalización y consecuenciasLas relaciones formales entre Egipto e Israel comenzaron oficialmente el 26 enero de 1980 -que es lo que conmemoramos esta semana- cuando se intercambiaron embajadores y se comenzaron a establecer canales políticos, económicos y de cooperación entre ambas naciones. Sin embargo, esta paz no estuvo exenta de controversias. Egipto fue expulsado de la Liga Árabe y gran parte del mundo árabe consideró la decisión de Sadat como una traición a la causa palestina y a la unidad árabe frente a Israel. La tensión interna culminó con el asesinato de Sadat en 1981 por extremistas contrarios al tratado. Una paz duradera, aunque complejaHoy, más de cuatro décadas después, la paz entre Israel y Egipto sigue vigente. Pese que a menudo ha sido descrita como una “paz fría”, ha evitado conflictos armados directos y ha permitido que canalicen esfuerzos diplomáticos hacia otros asuntos regionales. Este hecho marcó el reconocimiento formal de su derecho a existir por parte de un vecino árabe y abrió el camino para futuras conversaciones de paz, lo que se cristalizó en 1994 con el Tratado de Paz con Jordania, firmado por el primer ministro Itzjak Rabin y el Rey Hussein.El avance de los Acuerdos de AbrahamCuarenta años después, la situación con algunos países vecinos ha evolucionado. En 2020 se firmaron una serie de tratados diplomáticos para normalizar relaciones entre Israel Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Sudán y Marruecos, todo ello bajo mediación de EE.UU. En 2025 se anunció que Kazajstán se unirá a los Acuerdos de Abraham.Lo que partió con Egipto hoy se proyecta en nuevas alianzas que buscan fomentar la convivencia y el entendimiento mutuo, y la cooperación comercial, tecnológica y de seguridad (especialmente frente a Irán).En 1978 Sadat y Begin iniciaron un camino que podría convertirse en la base de un cambio histórico en Medio Oriente.

Gerty Cori, Premio Nobel de Medicina

Gerty Theresa Radnitz nació el 15 de agosto de 1896 en Praga, en el seno de una familia de origen judío. Su padre, Otto Radnitz, era un químico y gerente de una refinería de azúcar. Gerty recibió formación en su casa con profesores particulares hasta que ingresó en el Liceo Femenino cuando tenía diez años. Pronto sintió interés por la medicina. En 1914 aprobó el examen de acceso a la Facultad de Medicina de la Universidad de Praga donde inició su formación universitaria. Seis años después obtenía su título.Fue en sus años universitarios cuando Gerty conoció al que sería su marido y compañero en el mundo de la investigación médica, Carl Cori. Gerty y Carl se casaron en 1920 y se fueron a vivir a Viena. En su nuevo hogar, Gerty empezó a trabajar en el Children’s Carolinen Hospital en la especialidad de pediatría y su marido en un laboratorio. Ya en aquellos años Gerty empezó también a introducirse en el mundo de la investigación, analizando la temperatura de la tiroides, y publicó algunos artículos relacionados con la sangre. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, la pareja vivió momentos de escasez y miedo. En 1922 decidieron emigrar a los Estados Unidos donde Carl consiguió un empleo en el Instituto Estatal para el Estudio de Enfermedades Malignas de Búfalo, en el estado de Nueva York. Seis años después se convertirían en ciudadanos norteamericanos y donde nació Thomas, su único hijo.A pesar de las críticas de sus colegas, Carl insistía en investigar junto a su mujer, a la que consideraba igualmente capacitada que un hombre. En aquellos años publicaron decenas de artículos relacionados con sus estudios, algunos firmados por él y otros, más escasos, firmados por ella. En 1931 Carl aceptó un trabajo como investigador en la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington. Carl pidió para su esposa un puesto similar, avalando su petición con toda la experiencia y todas las publicaciones de Gerty, pero al final ella tuvo que aceptar un puesto de investigador asociado, cobrando bastante menos que Carl. Gerty no se rindió y continuó con sus investigaciones al lado de Carl. Su tesón y determinación dieron sus frutos cuando en 1943, casi diez años después, conseguía un puesto como profesora asociada y poco después el de profesora titular.En 1947 el trabajo de ambos se vio reconocido con el Premio Nobel de Fisiología/ Medicina, compartido con el fisiólogo argentino Bernardo Houssay, por haber descubierto el mecanismo de transformación del glucógeno en ácido láctico, un proceso conocido como el “Ciclo de Cori”. Gerty se convertía en la tercera mujer en recibir el Premio Nobel y la primera en recibirlo en la especialidad de Fisiología/Medicina. Gerty Cori trabajó hasta el final de sus días investigando y descubriendo nuevos datos en el campo de la bioquímica, a pesar de padecer mieloesclerosis, una enfermedad mortal que le fue detectada diez años antes de su muerte, acaecida en 26 de octubre de 1957. Años después, su legado continuó siendo galardonado con distintos premios y reconocimientos públicos. Incluso un cráter de la luna recibió el nombre de Cori en honor a su trabajo y a una vida dedicada a la investigación, junto a su esposo, quien fue el puntal de su vida personal y profesional.

Acto Día del Holocausto 2026

Con sentidos llamados a fortalecer la memoria histórica de la Shoá y compartir su mensaje universal, la Cepal, la Embajada de Israel y la Embajada de Alemania conmemoraron el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto.Ante más de 200 personas, entre ellas autoridades políticas, diplomáticas y miembros de la comunidad judía, hicieron uso de la palabra el embajador Peleg Lewi, la embajadora Suzanne Fries-Gaier y la subsecretaria de Relaciones Exteriores, Gloria de la Fuente. Adicionalmente, durante el acto se leyó el mensaje del secretario general de ONU, António Guterres, y el presidente de la comunidad judía de Chile, Alfredo Misraji, encendió un cirio en memoria de los 6 millones de judíos asesinados en la Shoá. También se realizó una presentación sobre el rol de la diplomacia durante el Holocausto, a cargo de Michelle Reich, del Museo Judío de Chile.En sus palabras, el embajador Lewi destacó que el Holocausto no es propiedad del pueblo judío ni del Estado de Israel. “El Holocausto es patrimonio de la humanidad entera. Es la lección más dolorosa que ha recibido la civilización sobre hasta dónde puede llegar el odio, cuando se vuelve política de Estado, cuando la indiferencia se convierte en complicidad”.El diplomático agregó que en los últimos dos años se ha observado un fenómeno preocupante de banalización del Holocausto por parte de quienes no comprenden qué es realmente un genocidio. “Hemos visto cómo el término genocidio se arroja con ligereza en debates políticos, en redes sociales, en manifestaciones. Se comparan situaciones también complejas y dolorosas, pero que no se acercan a la dimensión y particularidades de la Shoá, diluyendo así su significado, vaciándolo de contenido”.Finalmente, Lewi enfatizó que el Holocausto tiene un valor universal que no se puede comparar con nada. “No porque los judíos tengamos el monopolio del sufrimiento, sino porque la Shoá representa un punto de quiebre en la historia humana. Fue el momento en que la modernidad, la ciencia, la burocracia y el Estado se pusieron al servicio del exterminio total de un pueblo”.En su mensaje de este año, el secretario general de la ONU, António Guterres, destacó que el Holocausto no fue inevitable. “Quienes lo idearon manifestaron sus intenciones con claridad; su odio y violencia estaban a la vista de todos. Los hechos son innegables. Sin embargo, hoy en día vemos avanzar las fuerzas de la distorsión y la negación. El antisemitismo, la intolerancia, el racismo y la discriminación son avivados por la retórica deshumanizadora y facilitados por la indiferencia. Debemos adoptar una postura firme, en la que honremos a las víctimas del pasado y evitemos nuevas atrocidades. Debemos renunciar al odio y a la injusticia dondequiera que aparezcan”.Por su parte, la embajadora de Alemania destacó la importancia de los actos de memoria, porque permiten reconocer a tiempo las señales históricas que pueden llegar a convertirse en un horror como el Holocausto, sentenciando que no hay justificación alguna para estos crímenes.Por su parte, la subsecretaria de RREE, puso énfasis en los alcances éticos de carácter universal que deja la Shoá, destacando que el Holocausto no comenzó en los campos de concentración, sino mucho antes, a través de la promoción del odio.

El “último secuestrado”: El hijo que todo un pueblo esperaba

Con la identificación y recuperación de Ran Gvili, Israel cerró el capítulo de los secuestros iniciados el 7 de octubre de 2023. Por primera vez desde la guerra de 2014, no quedan ciudadanos israelíes cautivos en Gaza, un hecho que marca un hito nacional, aunque no alivie el dolor de quienes perdieron a los suyos. Pero para su familia, sus compañeros y todo un país que aprendió a llamarlo “el último secuestrado”, el verdadero legado de Ran está en las decisiones que tomó el 7 de octubre y en la forma en que su nombre se transformó en símbolo de responsabilidad, coraje y amor por Am Israel.Cuando empezaron a llegar las noticias de los ataques en el sur ese fatídico 7 de octubre, Ran Gvili estaba en su casa, en Meitar, de licencia médica y esperando una cirugía por una lesión en el hombro. No estaba obligado a salir. Tenía un justificativo perfecto para quedarse: el dolor físico, el permiso médico, el miedo legítimo. Pero, según contó su padre, Itzik, Ran le dijo que no pensaba dejar a sus compañeros luchar solos, que con la fractura igual podía sostener un arma corta. Esa frase, y la mirada que la acompañó, quedaron grabadas en la memoria de la familia como el momento en que su hijo eligió, conscientemente, ponerse de pie para defender a otros.Ran tenía 24 años y era voluntario de la unidad Yasam del Negev, fuerzas especiales de la Policía de Israel entrenadas para situaciones de alto riesgo. Quienes lo conocieron lo describen como el que siempre iba adelante, el que no dudaba en tomar la delantera cuando había que entrar a una zona peligrosa, pero que al mismo tiempo sabía detenerse a atender a un herido, ofrecer una palabra de calma o un vaso de agua. En las fotos que su madre, Talik, compartió en redes, se lo ve joven, con uniforme, pero también rodeado de amigos y familia, sonriendo, como cualquier muchacho de 24 años con toda la vida por delante.Aquel sábado, Ran decidió presentarse en la comisaría de Beerseba, sumarse a su equipo y dirigirse hacia el área del festival Nova y de los kibutzim atacados. En el camino, el grupo se topó con terroristas en las cercanías de Kibutz Alumim. Un compañero recuerda que Ran fue el primero en reaccionar, que tiró de la anilla de una granada y abrió fuego, arrastrando con su decisión al resto del equipo, que hasta ese segundo todavía luchaba contra el shock de estar viendo terroristas cara a cara por primera vez. “Su calma me dio la fuerza para levantarme”, contó ese policía, que sobrevivió gracias a ese gesto y a esa voz que lo sacó de la parálisis.La batalla en torno al cruce de Alumim fue feroz. Ran resultó herido en el brazo y en la pierna, pero aun así logró seguir luchando y evacuar junto a un compañero hacia una zona con vegetación al lado del camino. Habían pasado antes por una estación de servicio para asistir a los heridos; sus padres conservan una foto suya ayudando en ese improvisado puesto de primeros auxilios, otra imagen que condensa quién era: un combatiente que también sabía agacharse junto a los caídos. Las fuerzas israelíes encontraron luego catorce cuerpos de terroristas en el lugar del secuestro; sus compañeros hablan de algo “de película”, de una resistencia casi imposible para alguien joven, herido y con un hombro roto.En algún punto de ese combate, Ran fue capturado y llevado a Gaza. Desde entonces, durante más de un año, su nombre dejó de ser sólo el de un hijo, un hermano, un amigo, para convertirse en “el último secuestrado”. Su madre repetía que para ellos era natural que él fuera “el primero en ir y el último en volver”, una frase que mezcla dolor y orgullo y que resonó con fuerza en una sociedad entera pendiente del destino de sus rehenes. Israel se transformó en una especie de vigilia colectiva, con rostros de secuestrados en banderas, murales, plazas y sinagogas, y en ese mosaico el de Ran ocupaba un lugar particular: era el recordatorio de que la historia aún no estaba cerrada.La noticia de la recuperación de sus restos, localizados en un cementerio de Gaza durante una operación militar, llegó acompañada de un mensaje claro del ejército: todos los rehenes israelíes han sido ya repatriados. Para la opinión pública, eso marca un hito y despeja un obstáculo en el camino hacia la siguiente fase del cese el fuego; para la familia Gvili, en cambio, significa algo más íntimo y a la vez muy judío: poder hacer levaiá, poder llorar y honrar a Ran con el ritual y las palabras que merece.Dirigentes israelíes subrayaron que Ran “fue el primero en ir a pelear y el último en regresar”, prometiendo que su nombre no será olvidado. Pero la memoria judía no se sostiene sólo en discursos oficiales, sino en la forma en que una historia entra en el relato de un pueblo. La de Ran Gvili dialoga con un hilo muy antiguo de nuestra tradición: el del joven que decide hacerse responsable, que sale al encuentro del peligro porque sabe que del otro lado hay judíos en riesgo, que entiende que “kol Israel arevim ze bazé”, que todos somos responsables unos de otros.En las comunidades de la diáspora, también en América Latina, el nombre de Ran se suma ahora a la larga lista de nombres que pronunciamos en Iom Hazikarón, en los rezos por los caídos y en las tefilot por la paz de Israel. Al recordar su historia, no hablamos sólo de una tragedia lejana, sino de un muchacho de 24 años que podría haber sido parte de cualquiera de nuestras kehilot: que tenía padres que se preocupaban, amigos con quienes salir, planes que ya no se cumplirán. Contar su vida, poner rostro y biografía allí donde durante meses escuchamos sólo “el último secuestrado”, es también un acto de justicia y de humanidad: devolverle a Ran lo que jamás debió perder, ni en manos de Hamas ni en el ruido de la política, su condición de persona única, de hijo de am Israel.Tenía 24 años. Tenía planes, amigos, padres que lo esperaban. Hoy su nombre se suma a los que pronunciamos en los días de memoria, pero también a los que nos recuerdan quiénes somos cuando llega el momento de elegir. Ran fue el último secuestrado. Y tal vez por eso, su historia no es solo la del final de una guerra, sino la de una responsabilidad que no se abandona.Cómo lo encontraron y cómo volvió a IsraelTras meses de incertidumbre y búsquedas infructuosas, los servicios de inteligencia israelíes lograron concentrar la atención en un cementerio de Gaza, gracias a información obtenida tanto en interrogatorios a milicianos como a partir de indicios entregados por mediadores y confirmados por Hamas y la Yihad Islámica.Durante el fin de semana, unidades del ejército, junto a especialistas forenses y odontólogos militares, exhumaron e inspeccionaron cientos de cuerpos hasta hallar el de Ran, que fue identificado mediante registros dentales y otras pruebas forenses.Una vez confirmada la identidad, sus restos fueron trasladados por una ruta militar segura desde el cementerio en el norte de Gaza hasta territorio israelí, cruzando la línea amarilla que separa las zonas bajo control de Israel en la Franja.En Israel, el cuerpo fue recibido por la Policía, la Rabanut Militar y el Instituto Nacional de Medicina Forense, que completaron el proceso de identificación y prepararon todo para entregarlo a su familia y permitirle finalmente un entierro digno en su país.

27 de enero: Conmemoramos el fin del mayor genocidio de la historia

El 27 de enero de 1945 marca uno de los hitos más significativos del siglo XX: la liberación del campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau, por parte del Ejército Rojo soviético. Esta fecha no solo simboliza el fin de una de las etapas más oscuras de la Segunda Guerra Mundial, sino que ha sido oficialmente designada por la Asamblea General de las Naciones Unidas como el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, para recordar a las millones de personas asesinadas por el nazismo y destacar la importancia de educar para prevenir este tipo de hechos.Durante el Holocausto, el régimen nazi asesinó a seis millones de judíos y a millones de personas pertenecientes a otros grupos perseguidos: el pueblo romaní, personas con discapacidad, minorías sexuales, opositores políticos y prisioneros de guerra. En total, cerca de 15 millones de seres humanos —hombres, mujeres, ancianos y niños— perdieron la vida. Por ello, este dolor es una herida histórica y universal.Con la designación de este día de recordación, el mundo asumió un imperativo ético y moral de luchar contra el antisemitismo, el racismo y toda forma de intolerancia.Auschwitz-Birkenau, ubicado en la Polonia ocupada por la Alemania nazi, fue el mayor complejo de campos de concentración y exterminio construido por el régimen de Adolf Hitler. Allí fueron asesinadas más de 1,1 millones de personas entre 1940 y 1945, la mayoría judías, muchas de ellas gaseadas poco después de llegar en tren. Marchas de la muerte y llegada del Ejército RojoA medida que el avance del Ejército Rojo soviético se aproximaba al este de Europa en enero de 1945, los nazis intentaron borrar las huellas de sus crímenes. Entre los días 17 y 21 de enero, obligaron a unos 60.000 prisioneros —aquellos que aún podían caminar— a marchar hacia el oeste en lo que se conoció como “marchas de la muerte”, una evacuación brutal que causó miles de muertes por agotamiento, frío extremo, hambre y ejecuciones sumarias.Cuando las tropas soviéticas finalmente entraron en el complejo de Auschwitz el 27 de enero de 1945, encontraron un escenario espeluznante: alrededor de 7.000 prisioneros, extremadamente débiles y enfermos, permanecían en los barracones, junto con evidencia física incontestable del genocidio perpetrado allí —montañas de ropa, zapatos, gafas y hasta toneladas de cabello humano que los nazis habían arrancado a sus víctimas y preparado para su venta o reutilización—. La gran mayoría de los demás prisioneros había sido evacuado o asesinado en los días previos a la llegada soviética. Para muchos de esos sobrevivientes, la llegada de los soldados soviéticos representó el fin de una pesadilla insoportable, aunque no el fin del sufrimiento: muchos morían poco después por desnutrición y enfermedades. Para los soldados y oficiales que llegaron, el horror fue igualmente impactante; algunos describieron su conmoción al ver a seres humanos reducidos prácticamente a esqueletos, rodeados de los restos materiales de millones de vidas destruidas. Cada 27 de enero, países de todo el mundo y organizaciones internacionales rinden homenaje a las víctimas del Holocausto. Las ceremonias incluyen discursos, exposiciones, marchas y actos educativos, convocando a gobiernos, sobrevivientes —cuyos números se reducen rápidamente con el paso de los años— y jóvenes generaciones comprometidas con mantener viva la memoria. En Chile también se realizará un acto conmemorativo.Chile y la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto Como parte de la misión de recordar, luchar contra el negacionismo y combatir el antisemitismo, surgió la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA, por sus siglas en inglés), una organización intergubernamental conformada por 35 países, que han adoptado una definición de antisemitismo como herramienta para identificarlo y combatirlo.Como país, Chile no debe estar ausente del imperativo de educar en respeto, tolerancia, no discriminación, inclusión y diversidad, ya que ahí es donde radica la construcción de sociedades más pluralistas, respetuosas de los derechos humanos y que garanticen el pleno desarrollo de todos sus habitantes.El nazismo asesinó a dos tercios de los judíos de Europa, una pérdida demográfica tan profunda que solo recientemente ha comenzado a ser revertida. Se trató de la expresión del mal absoluto, la demostración de adónde puede llegar la deshumanización sistemática. Por ello, sus lecciones deben llevar a la enseñanza de valores y a la condena del racismo y las ideas totalitarias. Ante el aumento de antisemitismo “Recordar” y “Nunca más” no deben ser solo un deseo, sino un compromiso activo frente a los discursos de odio actuales.

David Politzer, Premio Nobel de Física

Hugh David Politzer nació en Nueva York el 31 de agosto de 1949 en una familia de origen judío. Sus padres, ambos inmigrantes judíos húngaros, emigraron hacia los Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. Politzer mostró desde joven una fuerte inclinación por las matemáticas y las ciencias. Estudió en la Universidad de Míchigan, donde obtuvo su licenciatura en 1969, y posteriormente realizó su doctorado en Física en la Universidad de Harvard, completándolo en 1974 bajo la supervisión de una de las figuras centrales de la física teórica moderna. Durante su etapa doctoral, Politzer abordó el problema del comportamiento de las interacciones fuertes a altas energías.  En su primer artículo, publicado en 1973, Politzer describió el fenómeno de la libertad asintótica: cuanto más próximos estén los quarks (partículas elementales y  componentes fundamentales de la materia), menor es la interacción fuerte entre ellos;  cuando los quarks están extremadamente próximos la interacción nuclear entre ellos es tan débil que se comportan casi como partículas libres. La libertad asintótica, fue importante para el descubrimiento de la cromodinámica cuántica, la teoría de las interacciones nucleares fuertes. Este resultado aportó una base teórica que consolidó uno de los pilares fundamentales del Modelo Estándar de la física de partículas. y ofreció explicación al fenómeno complementario del confinamiento de quarks a bajas energías. Con Thomas Appelquist, Politzer jugó un rol importante al predecir la existencia del charmonium, una partícula elemental compuesta de un quark encanto (charm) y su antiencanto. Su tesis doctoral, concluida en 1974, se inscribe así en uno de los momentos de mayor transformación conceptual de la física de partículas del siglo XX. Tras completar el doctorado, Politzer se incorporó al California Institute of Technology (Caltech), institución en la que ha desarrollado la totalidad de su carrera académica y donde ha ocupado diversos cargos docentes y de investigación. Su labor combina investigación teórica, formación de estudiantes de posgrado y participación activa en la comunidad internacional de físicos de altas energías. A lo largo de su trayectoria, Politzer ha contribuido también a debates metodológicos y epistemológicos en torno a la teoría cuántica de campos, manteniendo una producción académica centrada en problemas conceptuales de la física fundamental. En 1977 obtuvo una beca de la Fundación Alfred P. Sloan, En 1986 obtuvo el Premio J. J. Sakurai de la Sociedad Estadounidense de Física, Obtuvo una beca de la Fundación Guggenheim en 1997 en física, en 2003 obtuvo el Premio de física de partículas y alta energía de la Sociedad Europea de Física, en 2004 le fue otorgado el Premio Nobel de Física “por el descubrimiento de la libertad asintótica en la Teoría de las Interacciones Fuertes”, y en 2011 fue elegido miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias.  Entre sus intereses y facetas menos conocidas, cabe mencionar que Politzer también ha mostrado interés por la cultura y las artes, e incluso realizó una breve aparición cinematográfica en la serie “The Big Bang Theory”, reflejando su cercanía con la comunidad científica popular; trabajó como actor secundario en la película Fat Man and Little Boy en el rol de un físico del Proyecto Manhattan, toca el banjo y ha explorado la física del instrumento; lideró una banda llamada “Professor Politzer and the Rho Mesons”.

Volver a casa: La Aliá como acto de valentía y pertenencia

La aliá no siempre comienza con una convicción absoluta. A veces nace del cansancio, del quiebre de certezas, o de un mundo que deja de sentirse seguro. Para Sharon Pollack, su llegada a Israel el 27 de enero de 2022 fue justamente eso: una decisión tomada en medio del ruido de la pandemia, del estallido social en Chile y de una pregunta que se volvió inevitable para muchas familias judías: ¿dónde empezar de nuevo?Casada con Marcelo Schwarc y madre de cuatro hijos —hoy de 23, 20, 18 y 16 años—, Sharon vive actualmente en Nahariya, al norte de Israel. Su aliá fue, en muchos sentidos, empujada por el contexto, pero sostenida por algo mucho más profundo: la familia y el sentido de pertenencia. Sus padres y su hermano mayor ya habían hecho aliá, y fue su madre quien le dijo una frase que terminó marcándolo todo: “Si van a empezar de cero, empiecen de cero acá”.Ella lo reconoce con honestidad: no quería irse de Chile. Fue Marcelo quien tomó las riendas del proceso. “Yo no hice nada”, dice, casi con humor. Mientras él se encargaba de trámites, papeles y gestiones, ella solo acompañó a sus hijos a sacarse la foto del pasaporte. Pero aun sin quererlo del todo, Sharon ya estaba cruzando un umbral.El proceso fue complejo. Hacer aliá en pandemia significó mudanzas, esperas eternas, incertidumbre y cuarentenas. Pero una vez en Israel, algo comenzó a acomodarse. No fue inmediato ni fácil, pero fue real.Lo que más la ha marcado desde su llegada es la gente. El israelí, dice, “es duro por fuera”, pero absolutamente confiable. No hay máscaras ni clases sociales, no hay distancia artificial. Si alguien necesita ayuda, aparece. Siempre. Esa honestidad brutal —a veces incómoda— terminó siendo un refugio.Ver a sus hijos crecer en Israel es, para Sharon, la mayor recompensa. La independencia que han desarrollado no tiene comparación. Se mueven por el país con seguridad, trabajan, sirven en el ejército. La mayor ya terminó su servicio, la segunda lo está haciendo ahora. “Esa independencia es impagable”, afirma. Siente que ellos han crecido más que nadie, y con ellos, también ella.Los desafíos existen y no se esconden. El idioma fue —y sigue siendo— uno de los más grandes. Llegó sin saber hebreo y, aun después de cuatro años, siente que le falta mucho. Cambiar de trabajo, reinventarse profesionalmente después de los 50, adaptarse a una comida que no siente propia, convivir con una cultura poco amiga del reciclaje. Todo eso ha sido parte del camino.Pero nada de eso eclipsa la certeza que hoy la sostiene: Israel es su casa. Aquí no se es minoría. Aquí la identidad no se explica, se vive. “Este es nuestro país”, dice Sharon. “Y acá es donde debemos estar”.Su mensaje para quienes piensan en hacer aliá es claro y honesto: prepararse, aprender hebreo, trabajar la paciencia y asumir que la guerra —como los temblores— puede ocurrir. Pero también entender que pedir ayuda no es debilidad, y que Israel, con toda su crudeza y belleza, recibe a quienes llegan dispuestos a adaptarse.La aliá de Sharon Pollack no es una historia idealizada. Es real, compleja, imperfecta. Y justamente por eso, profundamente verdadera.

Irán en llamas

Fuego y humo nublan Medio Oriente. El pueblo iraní salió a las calles a pedir libertad y el término del régimen teocrático de los ayatolás. Por cuarenta y siete años el régimen ha perseguido, torturado y ejecutado a un número aún indeterminado de ciudadanos que cometieron el error de pedir libertad. De entre las víctimas, un gran número son mujeres que, por el solo hecho de no llevar bien puesto el pañuelo en la cabeza, son detenidas por la “policía de la moral”, como le ocurrió a Mahsa Amini, de tan solo veintidós años, detenida por no llevar el hiyab bien puesto y que fue asesinada a golpes.Hoy las que lideran el movimiento que busca la libertad en Irán son mayoritariamente mujeres, que se hartaron de vivir bajo una tiranía religiosa y asesina. Valientes como pocas, han desafiado al régimen a pesar de que su vida corre peligro. Las que bailaban pidiendo igualdad y derechos para las mujeres. Las que, con el cuerpo pintarrajeado, nos aleccionaban en el feminismo, las que con flequillo en la frente nos enseñaban los derechos humanos. ¿Dónde están?Estas “feministas”, hoy ausentes, son las mismas que callaron el 7 de octubre de 2023. Ni una sola salió a defender a las mujeres israelíes que fueron violadas, secuestradas y asesinadas por Hamás. Son las mismas que se ausentaron para pedir por el retorno de sus congéneres enterradas en túneles por más de dos años. El #MeToo para ellas y las iraníes no aplica. El silencio mediático es abrumador. El mundo, con todas sus ONG y las instituciones internacionales, ha decidido guardar una vez más un silencio cómplice y repulsivo. Quizás el dinero proveniente desde Irán vale más que la moral.Greta y sus compinches, desaparecidos. Parece que una flotilla no es rentable si no hay judíos o israelíes a quien culpar. Los actores y periodistas, antes muy presentes en las redes, al parecer hoy están de vacaciones; los intelectuales que nos explicaban el contexto siguen silentes. Duele, cala demasiado el silencio de las feministas; el silencio ensordece el dolor, es injusto e inesperado, mientras en Irán siguen las llamas que son una ofrenda a la valentía.Las calles vacías, no hay banderas flameando, no hay coros gritando genocidas, no hay vergüenza. El mundo prefiere mirar hacia otro lado y criticar a quien alza la voz. Quizás es el momento de que el mundo diga ¡basta! Las últimas palabras de Fátima Baraghani (Táhirih), ejecutada en el siglo XIX por defender la emancipación de la mujer iraní, hoy se hacen vida: “Podéis matarme cuando queráis, pero nunca podréis detener la emancipación de las mujeres”. Una población silenciosa y conformista es una de las consecuencias duraderas de los totalitarismos.Nuestro pueblo conocedor de estos silencios cobardes se ha manifestado; el dolor de los manifestantes iraníes lo hacemos nuestro. Por tanto, reclamamos el término inmediato de la represión, la liberación de los presos políticos, la libertad de expresión y la autodeterminación del pueblo iraní. Pronto llegará el día en que Ciro el Grande se abrace con el rey David y juntos dirijan a sus pueblos por el camino de la paz.Las columnas de opinión reflejan exclusivamente el punto de vista de sus autores y no representannecesariamente la postura de La Palabra Israelita.

Cuando el escenario se apaga: El costo humano de ser artista judío en tiempos de odio

Para muchos artistas, la música, la actuación o la escritura son espacios de libertad. Pero cuando se trata de ser judío o de mostrar solidaridad con Israel, ese escenario se transforma en un lugar peligroso. Lo vivió Gal Gadot, la estrella de Wonder Woman. Tras el ataque del 7 de octubre, escribió un mensaje de condolencia a las víctimas. De inmediato, llegaron insultos, amenazas y protestas en su propia ceremonia en el Paseo de la Fama de Hollywood. Lo que debería haber sido un momento de orgullo se convirtió en un recordatorio del precio que pagan quienes no callan.La cantautora Regina Spektor pasó por algo similar. En un concierto, un grupo de asistentes levantó consignas políticas en su contra. Ella respiró hondo y dijo: “Soy una persona real que vine aquí a tocar música. Shalom Aleichem”. No gritó, no atacó: respondió con dignidad. Pero detrás de esa calma, quedó claro lo difícil que es sentirse atacada en un escenario que debería ser un refugio.Voces señaladasEl comediante Adam Sandler confesó que publicar su apoyo a Israel fue un acto consciente de riesgo: “Sabía que me lloverían críticas, pero no podía quedarme en silencio”. Otros como Jerry Seinfeld, Jamie Lee Curtis y Madonna se unieron a cartas públicas para pedir empatía con las víctimas del terrorismo. Y lo pagaron con miles de mensajes de odio.El miedo no es abstracto. Muchos artistas reportan no dormir bien, cancelar giras o cambiar de número de teléfono por la avalancha de amenazas. “Es como si te arrancaran el derecho a existir en paz”, comentó un actor israelí en conversación con medios comunitarios en Nueva York.Esther Lev, una comediante y fotógrafa judía de Costa Rica cuenta que el antisemitismo ha impactado directamente en el desarrollo de su carrera artística. Con más de 25 años de carrera “comencé a darme cuenta que la gente ya no me llamaba más”, cuenta. Cancelaciones digitales y listas negrasEl medio Aish Latino reveló una reciente publicación viral en X llevó este tema al extremo. La usuaria, Amina, creó una hoja de cálculo titulada "¿Es tu autor favorito un sionista? que describe cinco categorías, siendo la peor "Pro-Israel/Sionista", marcada en rojo. Para los escritores en esta categoría, dice Amina, "se sugiere que no les des dinero (comprando sus libros, transmitiendo sus programas/películas) ni promociones su trabajo en ninguna plataforma social".La autora Edie Jarolim escribió: "Esta lista de censura —porque eso es lo que es— me estremece hasta los huesos. He estado tratando de decirle a la gente cómo es el mundo para los escritores judíos en estos días. Aparentemente, expresar cualquier cosa menos que un llamado a la destrucción de Israel te pone en la lista de 'escritores que no debes leer'". Talia Carner, que escribe ficción histórica de temática judía y cuyo nombre aparece en la lista en rojo, escribió: "Esto es el equivalente a quemar libros en Berlín a finales de la década de 1930. Por otro lado, tal vez sería una buena idea que todos los autores judíos añadieran sus nombres en resaltado rojo con orgullo". La autora Danielle Solzman comparte: "He sido víctima de abusos y acosos antisemitas por firmar la carta abierta denunciando el discurso del Oscar de Jonathan Glazer. También he perdido lectores, lo que ha tenido un impacto desafortunado en mis ingresos".En redes sociales circulan listas negras con fotos de escritores y músicos acompañadas de la palabra “sionista”. Entre los señalados aparecen autoras como Talia Carner y Danielle Solzman, víctimas de campañas de difamación masiva. Estas publicaciones no solo buscan avergonzar: generan miedo real. Varias de ellas recibieron mensajes privados con amenazas explícitas. "Zionists in Publishing" es otra cuenta de X que publica nombres y fotos de autores superpuestos con la palabra "sionista". En el mundo de la música, páginas como Zionists in Music llaman al boicot de artistas judíos y hasta incluyen a celebridades internacionales como Justin Bieber por haber expresado empatía con Israel. El objetivo no es discutir, sino intimidar.Escenarios que se apaganEl cantante Matisyahu sabe lo que significa que te cierren las puertas. Hace años fue expulsado de un festival en España por negarse a condenar a Israel. Hoy, vuelve a enfrentar el mismo odio disfrazado de “boicot cultural”.La joven Eden Golan, representante israelí en Eurovisión 2024, vivió semanas de protestas y amenazas simplemente por subirse al escenario en nombre de su país. En medio del certamen, confesó que temía por su seguridad. “Solo quiero cantar”, dijo entre lágrimas a un medio israelí. Su experiencia refleja el clima asfixiante en que artistas israelíes deben trabajar hoy.Yuval Raphael, en Eurovisión 2025 cantó “New Day Will Rise”. Como superviviente del atentado de Hamás del 7 de octubre de 2023, Raphael tenía el objetivo de "difundir todo el amor que pueda y enorgullecer a mi país" a través de su participación. Pese a su determinación, Raphael también confesó que a veces los incidentes y las protestas la hacían sentir miedo e incomodidad, aunque esto reforzaba su propósito. Fue la de mayor apoyo por parte del televoto, obteniendo el segundo lugar en el certamen. Pese a ello, su participación fue controvertida debido a la situación en la guerra de Gaza, lo que llevó a protestas, incidentes, abucheos, mensajes de odio y de apoyo a Palestina, incluso por parte de algunas cadenas de televisión como RTVE. Fauda, símbolo de resilienciaIncluso producciones exitosas como Fauda, la serie israelí que conquistó al mundo, sufren las consecuencias. Sus creadores debieron cancelar la grabación en Francia por motivos de seguridad, temiendo protestas y ataques. La ficción, que narra historias de dolor y complejidad en el conflicto, fue acusada de “propaganda”, ignorando el esfuerzo de sus creadores por mostrar la realidad en toda su crudeza.Escritores en la miraLa novelista Jamie Brenner vio cómo reseñas negativas coordinadas inundaban sus libros en Amazon después de declarar su identidad judía. La escritora Deborah Feldman, autora de Unorthodox, reconoció en una entrevista en Berlín que “vivir como judía visible hoy en Europa es más difícil de lo que imaginé cuando escribí mi libro”. El costo emocional de ser quien uno es se multiplica.Una herida que dueleDetrás de cada cancelación hay miedo: miedo a perder el trabajo, miedo a no ser invitado a un festival, miedo a caminar solo por la calle. Para muchos, lo más doloroso no son las críticas políticas, sino la sensación de ser rechazados por existir.Aun así, artistas como Gadot, Spektor, Sandler, Matisyahu y Golan eligen hablar. No lo hacen porque no teman, sino porque sienten que el silencio sería aún peor. “Si me callo, me borro a mí misma”, dijo Eden Golan tras Eurovisión.Resistencia desde la culturaEl antisemitismo moderno busca aislar y callar. Pero cada concierto, cada película, cada libro publicado por un artista judío es un acto de resistencia. La cultura se convierte en un grito de vida frente al odio.Y quizás esa sea la verdadera lección de estos tiempos: cuando el escenario se apaga por miedo, la valentía consiste en encenderlo de nuevo, aunque tiemblen las manos y la voz.En tiempos en que el odio se disfraza de activismo, el desafío de nuestra generación es no permitir que el silencio gane. Porque lo que está en juego no es solo la libertad de expresión, sino la memoria y el futuro del pueblo judío en todas sus formas de vida y cultura.Claro. Aquí tienes un epílogo actualizado, pensado para integrarse de manera orgánica al final de tu nota, manteniendo el tono periodístico, emotivo y firme de La Palabra Israelita, sin repetir lo ya dicho y aportando una capa nueva de lectura:Cuando el silencio también es una toma de posiciónMeses después de que estas historias comenzaran a repetirse, el escenario no se ha vuelto más seguro para los artistas judíos. Por el contrario, el antisemitismo ha dejado de esconderse detrás de eufemismos y hoy se expresa con una crudeza inquietante. Ya no siempre llega en forma de insulto directo, sino como una exclusión silenciosa: invitaciones que no llegan, proyectos que se caen sin explicación, festivales que prefieren “evitar polémicas” antes que defender la diversidad que dicen promover.En este nuevo clima, el silencio de muchos colegas, productores e instituciones culturales pesa tanto como los ataques explícitos. No firmar una carta, no levantar la voz, no incomodarse. Para quienes viven esta hostilidad en carne propia, esa ausencia de respaldo duele más que cualquier consigna gritada desde la platea. Porque el mensaje es claro: el costo de defender a un judío hoy parece demasiado alto para muchos.El término “sionista”, convertido en insulto y marca de exclusión, se ha consolidado como una herramienta para deshumanizar. No se utiliza para abrir debates políticos, sino para cerrar puertas. Basta con existir, con tener un apellido, con no renegar públicamente de la propia identidad. En ese contexto, muchos artistas han optado por protegerse: esconder símbolos, moderar palabras, medir cada publicación. No por cobardía, sino por cansancio. Por supervivencia.Y sin embargo, algo persiste. A pesar del miedo, hay quienes siguen subiendo al escenario, publicando libros, estrenando películas. No porque no teman, sino porque entienden que el silencio también es una forma de borrarse. Cada obra creada en este contexto es un gesto de resistencia. Cada nota cantada, cada página escrita, cada personaje interpretado, es una afirmación: estamos aquí.La cultura siempre ha sido un termómetro de su tiempo. Y lo que revela hoy es incómodo: una sociedad que se dice plural, pero que vacila cuando el judío pide el mismo derecho a existir sin condiciones. La pregunta ya no es solo qué les está pasando a los artistas judíos, sino qué nos está pasando como comunidad cultural cuando aceptamos que el odio se disfrace de activismo y el silencio de neutralidad.Porque cuando el escenario se apaga por miedo, no solo pierde el artista. Perdemos todos.

Douglas Warren Diamond, Premio Nobel de Economía

Douglas Warren Diamond nació en Chicago el 25 de octubre de 1953 en el seno de una familia judía. Cuando era adolescente, Diamond originalmente tenía la intención de estudiar biología molecular, pero, después de asistir a un curso sobre Historia monetaria de los Estados Unidos de Milton Friedman y Anna Schwartz, decidió estudiar Economía. Se graduó de la Universidad de Brown con una licenciatura en economía en 1976, al año siguiente obtuvo una maestría y, finalmente, un doctorado en economía en 1980 de la Universidad de Yale. Actualmente es Profesor de Finanzas del Servicio Distinguido en la Escuela de Negocios de la Universidad de Chicago . Se especializa en el estudio de intermediarios financieros, crisis financieras y liquidez . Fue presidente de la Asociación Financiera Estadounidense y de la Asociación Financiera Occidental. Junto con Ben Bernanke y Philip H. Dybvig, fue galardonado con el Premio Nobel de Ciencias Económicas en 2022. Diamond es conocido por su trabajo sobre crisis financieras y pánicos bancarios, particularmente por el influyente modelo Diamond-Dybvig publicado en 1983.  Introducido por primera vez en el “Journal of Political Economy”, sigue siendo uno de los marcos más influyentes de la teoría bancaria moderna. El modelo demuestra cómo los bancos transforman la liquidez utilizando los depósitos a corto plazo de los ahorradores para financiar sus actividades de préstamo a largo plazo. Este desfase de vencimientos hace que los bancos sean vulnerables a las corridas bancarias si un gran número de depositantes demanda simultáneamente sus fondos. Diamond y Dybvig demuestran que el seguro de depósitos proporcionado por el gobierno puede prevenir las corridas bancarias autocumplidas al garantizar a los depositantes la seguridad de sus fondos. El modelo se ha convertido en una herramienta fundamental para la investigación académica en la banca, macroeconomía y estabilidad financiera. Sus hallazgos han influido significativamente en las políticas gubernamentales y de los bancos centrales, en particular en el diseño y la justificación de los sistemas de seguro de depósitos y las regulaciones de liquidez en todo el mundo. Tras la crisis financiera mundial de 2008, el marco brindó respaldo teórico a los mecanismos de liquidez, las líneas de crédito de emergencia y una supervisión más estricta de los balances bancarios.  En 2016, fue galardonado con el Premio CME Group - MSRI en Aplicaciones Cuantitativas Innovadoras, ha sido profesor invitado en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong, la Escuela de Administración Sloan del MIT y la Universidad de Bonn. Además de estas experiencias, Diamond también pasó tiempo enseñando en la Universidad de Yale. Es miembro de la Sociedad Econométrica, de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias, de la  Asociación Financiera Estadounidense, de la Sociedad para el Avance de la Teoría Económica, y de la Academia Nacional de Ciencias. Ha obtenido, además del Premio Nobel, el premio  Morgan Stanley-American Finance Association a la excelencia en finanzas, el premio CME Group-MSRI en Aplicaciones Cuantitativas Innovadoras, el premio Onassis en Finanzas, obtuvo la Medalla Cruz Wilbur, y es Doctor honoris causa de la Universidad de Zúrich.Douglas Diamond es judío, y su identidad judía influye en su visión del mundo y quizás en su ética profesional, pero no es el tema central de sus investigaciones. Está casado con Elizabeth Cammack y tienen dos hijos, entre ellos la economista Rebecca Diamond.

Justicia para Nisman: ¿cuándo?

Han pasado once años desde la muerte del fiscal argentino Alberto Nisman, un crimen que sacudió a la sociedad y a la política de su país, y de todo Latinoamérica. El 18 de enero de 2015, Nisman fue encontrado muerto en su departamento, pocas horas antes de presentarse ante el Congreso para presentar una denuncia contra la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner, su canciller Héctor Timerman y otros funcionarios, por presunto encubrimiento en el atentado a la AMIA de 1994.Desde el principio la investigación estuvo marcada por controversias, irregularidades y cambios de rumbo. La exfiscal Viviana Fein trató la causa como un posible suicidio, una decisión que hoy la tiene imputada por presunta negligencia en la preservación de la escena del crimen. No se protegió adecuadamente el departamento de Nisman, se permitió la manipulación de pruebas y no se amplió la investigación más allá del interior de la vivienda.Asumir el suicidio de manera prematura, sin evidencia concluyente, resultó un grave error que hizo prácticamente imposible reconstruir el crimen.Tras un análisis detallado de la trayectoria del disparo, la posición del cuerpo y otros indicios, la Justicia concluyó que se trataba de un homicidio. Sin embargo, once años después, los avances concretos son mínimos. La Justicia federal sigue investigando posibles encubrimientos, sin embargo, desde este lado de la Cordillera, vemos con impotencia cómo, tras once años, no hay avances concretos.En tanto, la denuncia que presentó Nisman contra la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner y otros funcionarios por presunto encubrimiento en el atentado a la AMIA sigue siendo un tema central en la opinión pública. Cabe recordar que la expresidenta hoy cumple una condena de 6 años bajo arresto domiciliario por corrupción.Esta causa se entrelaza con otra dolorosa realidad: la impunidad del propio atentado, que en 1994 dejó 85 muertos y más de 300 heridos. Décadas después, se lograron condenas a algunos funcionarios judiciales y de inteligencia que desviaron la investigación. Sin embargo, los autores materiales, iraníes y miembros de Hezbola, permanecen fuera del alcance de la Justicia internacional, protegidos por el régimen de los Ayatollas.AMIA y el caso Nisman siguen siendo una herida a la democracia argentina y un atentado a la soberanía en nuestro continente.Cada 18 de enero se reaviva el debate sobre las circunstancias que rodearon este crimen y continúan los interrogantes, pero sobre todo, el clamor por verdad y justicia.

Exitoso bingo de la Fundación Contigo Tzedaká

Desde 2014, el voluntariado Contigo Tzedaká —nacido al alero del Círculo Israelita— ha construido una relación profunda, basada en la cercanía y el cariño, con los vecinos de la comuna de Lo Barnechea.A partir de entonces, organiza diferentes proyectos que van en apoyo de las necesidades de adultos mayores, emprendedores, mujeres, niños, niñas y adolescentes, inspirándose en el valor del acompañamiento, la solidaridad y el Tikún Olam, la reparación del mundo.Desde hace tres años, un domingo al mes, la Fundación Contigo Tzedaká organiza Comedores Solidarios para entre 200 y 220 vecinos, lo que implica un esfuerzo significativo para los voluntarios, quienes reúnen y aportan aproximadamente $600.000 por encuentro.Para asegurar la continuidad de esta iniciativa y alivianar estos esfuerzos individuales, la Fundación organizó el primer Bingo Solidario en el Mercaz, que fue todo un éxito tanto por la alta convocatoria, el gran ambiente festivo, como por la cifra recaudada, que permitirá cubrir aproximadamente la mitad de los comedores proyectados para 2026.De esta forma, se mantendrá la tradición mensual de compartir un almuerzo nutritivo y sin costo con quienes deseen participar: no solo personas con dificultades económicas, sino también aquellos que buscan un espacio de descanso, compañía y encuentro comunitario.Allí, vecinos, organizaciones sociales y personas de distintas realidades comparten la mesa en un ambiente de respeto y cercanía, que además busca ser un espacio de intercambio cultural. En ese contexto, se transmite a los asistentes el significado de alguna festividad judía próxima, junto a una costumbre o alimento simbólico, como los sufganiot durante Janucá.El éxito del bingo permitirá que los comedores sigan siendo una práctica viva que refuerza el vínculo construido con los vecinos en torno a una mesa compartida.

El régimen islámico de Irán se tambalea

Hace tres años y medio, esto es en septiembre de 2022, el régimen islámico de Irán se enfrentó a una masiva oleada de protestas ciudadanas, como resultado de la muerte de Mahsa Ahmini. Se trataba de una joven kurda, detenida por la llamada Policía de la Moral por no usar de forma correcta el velo, que apareció luego muerta bajo custodia policial. Ahora, desde fines de diciembre de 2025, se ha inaugurado una nueva ola de protestas, con al menos 2.000 muertos según cifras oficiales, que tiene como origen la fuerte crisis económica, que se manifiesta en la subida de precios, la devaluación de la moneda local y, por lo tanto, una cada vez más precaria situación económica para los habitantes del país. Estas manifestaciones, que son las más importantes desde las realizadas en 2022, han sido respondidas, al igual que hace tres años y medio, por la represión, el corte total de internet, y persecuciones en contra de los manifestantes. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre las protestas de 2022 y las actuales, que dicen relación con el creciente agotamiento que ha tenido el régimen, lo cual obedece tanto a causas internas como externas.  Entre las causas internas, están la creciente represión que ha llevado a cabo el gobierno en contra de las mujeres, de los universitarios, de las minorías étnicas (especialmente los kurdos), del colectivo LGTBQ. Teherán ha sido condenado año tras año en la Asamblea General de las Naciones Unidas por sus reiteradas violaciones a los derechos humanos. A lo anterior, se suma el problema de la sucesión del Ayatolá Ali Jamenei, quien tiene 87 años, y su tensa relación, en cuanto jefe de Estado, con el jefe de Gobierno, en la figura del presidente Masoud Pezeshkian. En cuanto a causas externas, están las sanciones económicas a Irán, endurecidas durante la presidencia de Trump debido al programa nuclear iraní. Además, a partir de la guerra en Gaza, las cúpulas militares de los movimientos islamistas proiraníes Hezbolá en el Líbano y Hamás en Gaza han sido desmanteladas por Israel, en tanto que los rebeldes hutíes de Yemen han visto decrecer su capacidad ofensiva. También está la guerra de los 12 días, un enfrentamiento militar directo de Israel y Estados Unidos en contra de Irán, con el objetivo de destruir su programa nuclear iraní. Este conjunto de acontecimientos ha debilitado fuertemente el rol regional de Irán en el Medio Oriente. A ello hay que sumar que Rusia está ocupada en su guerra en Ucrania, por lo que no ha podido salir en defensa de su aliado.  Y, recientemente, Teherán ha perdido a otro socio importante, Venezuela, con la captura de Nicolás Maduro. En este contexto, las protestas que se dan actualmente en Irán son una oportunidad para socavar de manera más profunda los cimientos del sistema político, derrocando a uno de los regímenes más contrarios a Israel, y marcando el inicio de un cambio significativo que tenga impacto en toda la región del Medio Oriente. 

Israel en viaje: Cuando la experiencia desarma los prejuicios

Llegaron con expectativas distintas, historias personales diversas y miradas formadas desde Chile. Se fueron con algo en común: la convicción de que Israel no se entiende desde lejos. Durante una intensa semana, Rodrigo Ojeda, José Ignacio Concha y Marjorie Salazar participaron de un viaje organizado por la Embajada de Israel que buscó, deliberadamente, ir más allá del turismo y mostrar las múltiples capas de un país complejo, diverso y profundamente humano.La invitación fue clara desde el inicio: ver Israel en sus distintas dimensiones, sin esquivar el dolor ni las discrepancias, pero también sin reducirlo al conflicto. El programa incluyó ciencia, salud, educación, innovación, espiritualidad, memoria, convivencia interreligiosa y encuentros con la comunidad chilena residente en Israel.Seguridad, pluralismo y vida cotidianaEl primer impacto fue Tel Aviv. Para Rodrigo Ojeda, uno de los prejuicios que más rápido se desmoronó fue el de la inseguridad permanente. “Uno llega pensando que va a estar rodeado de controles, de militares, de tensión constante. Nada de eso fue así”, relata. Lo que encontró fue una ciudad viva, abierta, cosmopolita, donde la seguridad existe, pero no paraliza ni militariza la vida diaria.Marjorie Salazar coincide. Llegaron en Shabat y se sorprendió por la tranquilidad de una ciudad que, aun siendo moderna y vibrante, sabe detenerse. “Me impactó la convivencia: un hotel a una cuadra de una mezquita, personas haciendo deporte a cualquier hora, respeto por los ritmos de cada uno”, recuerda. La pluralidad no es un discurso, es una práctica cotidiana.José Ignacio Concha, por su parte, reconoce que nunca tuvo prejuicios negativos hacia Israel, pero sí temores transmitidos por terceros. “Decían que era un país cerrado, poco abierto al turismo. Apenas aterrizas te das cuenta de que es exactamente lo contrario”.Las cenas con miembros de la comunidad chilena en Israel revelaron algo profundo: el vínculo emocional es real y cotidiano. “El 7 de octubre hubo chilenos que no durmieron porque tenían familia aquí”, recuerda José Ignacio. Israel no es lejano cuando hay rostros, nombres y afectos de por medio.Ciencia, innovación y coexistenciaEl recorrido por el Peres Center for Peace and Innovation, el Weizmann Institute y el Technion mostró otra faceta del país: la apuesta permanente por el conocimiento, incluso en contextos adversos. En el Technion, el foco estuvo puesto en la coexistencia: estudiantes de distintos orígenes, religiones y visiones compartiendo aulas, investigación y futuro.Esa lógica de preparación y resiliencia se volvió tangible en el Hospital Rambam, donde conocieron el hospital subterráneo capaz de duplicar su capacidad en situación de emergencia. “La logística, la planificación, la capacidad de reacción es impresionante”, señala Marjorie. Para ella, es un modelo que Chile debería observar con atención, especialmente frente a catástrofes naturales.Isfiya: hospitalidad y lealtadUno de los momentos más significativos fue el almuerzo en Isfiya, en una casa drusa. Para los tres, fue un descubrimiento. Una comunidad árabe, con identidad propia, que mantiene una relación de lealtad con el Estado de Israel, sin renunciar a su cultura. “Nuevamente aparece la integración, el respeto, la convivencia”, resume Marjorie.Memoria que duele, pero educaEl viaje no evitó los lugares más difíciles. Kibutz Nir Oz y el sitio de Nova marcaron un antes y un después. Allí, los testimonios personales reemplazaron cualquier narrativa política. Rodrigo lo explica con claridad: “No hay análisis conceptual posible cuando estás en un lugar que fue violentado. El dolor humano lo ocupa todo”.El memorial de Nova reúne los rostros de jóvenes diversos, cosmopolitas, congregados por la música y la libertad. Fotografías, piedras colocadas como señal de memoria, testimonios de sobrevivientes. Israel no esconde la herida: la muestra, la explica y la transforma en aprendizaje. “Es imposible quedar al margen del horror”, coincide el grupo. Pero también destacan algo clave: la memoria no paraliza al país. Convive con la vida, con la reconstrucción, con la educación.Jerusalem: espiritualidad, diversidad y respetoEn Jerusalem, recorrieron la Ciudad Vieja y sus cuatro barrios. Para Marjorie, fue una de las experiencias más potentes: “Desde fuera se habla de conflicto permanente, pero adentro se ve convivencia, espiritualidad, respeto”. Caminar de noche por el barrio musulmán, sin guía, y sentirse seguros, fue revelador.La visita a Yad Vashem fue otro punto de inflexión. José Ignacio Concha destaca que allí se comprende por qué la existencia del Estado de Israel es vital. “El antisemitismo no empezó con los nazis. Es una persecución histórica. El Estado judío no es un capricho, es una necesidad”.Agua, diplomacia y futuroEn Ashkelon, la planta desaladora abrió una reflexión inevitable sobre Chile y la crisis hídrica. Rodrigo fue categórico: “Israel tiene la fórmula. Esto debería replicarse mediante alianzas públicas y privadas. No podemos seguir improvisando”.Las reuniones en el Ministerio de Relaciones Exteriores, la Universidad Hebrea, el Magen David Adom y el Israel Museum completaron una visión amplia: un país que discute, discrepa, se tensiona, pero no se detiene.Volver distintosLos tres coinciden en que regresan distintos. Con más información, sí, pero sobre todo con experiencia vivida. “Israel transforma”, resume José Ignacio. Marjorie habla de convertirse en “pequeños embajadores” de lo visto. Rodrigo, escritor de columnas, lo dice sin rodeos: “Ahora opino con conocimiento de causa”.Este viaje no buscó convencer, sino mostrar. Y en ese ejercicio honesto, Israel apareció con todas sus contradicciones, dolores y virtudes. Un país seguro, diverso, resiliente, que no teme a la discrepancia y que sigue viviendo, incluso cuando le duele.-------Rodrigo Ojeda● Profesor de Historia y columnista de opinión● Colaborador en iniciativas de diálogo, educación y combate al antisemitismo● Autor de columnas publicadas sobre Israel, antisemitismo y democraciaJosé Ignacio Concha● Abogado, profesional del ámbito académico y social● Analista en temas políticos, sociales y de actualidad● Interlocutor activo con la comunidad judía y con la Embajada de IsraelMarjorie Salazar● Profesional del área de la salud● Directora General en Fundación CISROCO, institución vinculada al trabajo comunitario con personas mayores.● Con casi 10 años de experiencia en trabajo comunitario, acompañamiento familiar y vida institucional