Prédica del rabino Eduardo Waingortin en Yom Kipur: Kol Nidre: el Titanic y el arca de Noé

1. El tripulante del TitanicCuentan que mientras el Titanic se hundía, un tripulante se puso a lustrar la platería: fuentes, candelabros, cubiertos. El agua entraba por los pasillos, la gente corría desesperada, pero él, concentrado, seguía sacando brillo.Un pasajero lo ve y le grita: “¡Corra, no sea insensato! ¿No ve que el barco se hunde?”. Pero él siguió en lo suyo.Aparece el capitán y le dice: “¿Qué hace lustrando plata? ¡Usted está loco! ¿No ve que nos vamos a ahogar?”.Y el tripulante lo mira y responde: “Mientras el barco no se hunda, todavía vale la pena seguir trabajando”.A veces, nuestro mundo se parece a ese Titanic. Parece que vamos directo hacia un iceberg. Miramos las noticias: tensiones geopolíticas, guerras desgarradoras, la amenaza constante contra el Estado de Israel y el rebrote del antisemitismo global. La inteligencia artificial, que avanza a pasos agigantados y nos hace preguntar qué lugar ocuparemos en el futuro (¡quizás el próximo año haya un robot acá dando la prédica, y ojalá sea más delgado y tenga más pelo que yo!).A nivel personal, la asimilación, la desconexión, la fatiga.Es muy fácil mirar afuera y sentir que estamos por hundirnos.2. La esperanza judíaPero hoy vine a hablarles de esperanza.Necesitamos ser como ese tripulante que no baja los brazos y sigue dando lo mejor de sí mientras el barco siga a flote. Aun cuando pareciera que todo anda mal.Od lo avdá tikvateinu. Aún no se ha perdido nuestra esperanza, dice nuestro himno de Israel. Y es que si hay algo profundamente judío, es mantener la tikvá: la fe obstinada de que podemos y debemos trabajar por un mundo mejor, aunque la realidad nos desafíe.Todos llegamos a esta noche de Iom Kipur cargados. Traemos en la espalda un año entero de desafíos y logros, de dolores y alegrías, de avances y pérdidas. Seguro que en tu año hubo momentos en que pensabas que tu Titanic se hundía. Pero estás acá. No te hundiste: seguiste dando lo mejor de ti, como ese tripulante.Y cuando pensaba en la imagen del Titanic, me di cuenta de que nosotros, como pueblo, no navegamos en un Titanic. Nosotros tenemos un símbolo mucho más potente: el arca de Noaj.3. El arca de NoéConocemos la historia: el mundo se había llenado de jamás: violencia, dolor, deshumanización, caos ¿Les suena conocido? El mundo colapsaba y D’s le pide a Noaj que construya un arca para salvar a la humanidad a través de su familia y de parejas de animales.Dice el midrash que mientras afuera había caos, adentro del arca había orden. Afuera hacía frío, pero adentro había calor. Afuera reinaba la oscuridad, pero adentro había luz.Yo siento que todos los que estamos hoy aquí buscamos exactamente eso: un espacio de calor, de orden y de luz. Un arca.Hoy, Iom Kipur nos trae un desafío.Si nos preguntamos ¿cómo sobrevivir al diluvio?, nos estamos haciendo la pregunta equivocada. El diluvio lo vamos a sobrellevar, porque somos el pueblo de la esperanza.Lo que nos tenemos que preguntar es ¿cómo se construye un arca? ¿Cómo transformamos nuestra vida en un refugio de paz en medio de la turbulencia?4. Los cuatro pilares del arcaSi vamos a construir un arca, tenemos que comenzar por cuatro pilares: la familia, nuestra identidad judía, nuestra comunidad y el mundo.Primer pilar: la familia arca¿Cómo se construye una familia que sea un arca? La familia, sea como sea que esté constituida, debe ser un refugio de amor y aceptación.• Pareja: busca espacios con tu pareja que estén libres de conflictos; vuelve a disfrutar. Cuando estés atravesando momentos difíciles, recuerda qué fue lo que te hizo enamorarte de esa persona y vuelve a eso. El otro día escuché a un psicólogo que decía algo muy interesante: que las parejas tienden a discutir siempre por los mismos temas, y que el éxito de una pareja no está en eliminar los conflictos, sino en cambiar la manera de enfrentarlos. Cambia la manera de hablar, de discutir; busca que tu pareja sea parte de esta arca.• Hijos: entre padres e hijos la relación debe ser un arca. El mundo ya es suficientemente exigente; padres e hijos deben regalarse aceptación y cariño. Y si hay críticas, que sean constructivas, que sumen y no que resten.• Adicciones: si a tu familia ha llegado el diluvio de las adicciones, busca reconstruir tu arca. Pide ayuda, se puede salir de ahí. No te acostumbres al diluvio, busca volver al arca.• Hermanos: conozco familias que eran un arca hermosa frente a los diluvios de la vida, hasta que comenzaron a pelear por dinero, herencias, envidias.Tenemos que trabajar en la construcción de familias arca. El judaísmo nos regala el Shabat, que es un tiempo en la semana para encontrarnos en familia, sin pantallas, sin distracciones. Solo estar y disfrutar. Vuelve a construir un arca para tu familia.Segundo pilar: el judaísmo arcaEl segundo pilar para construir nuestra arca es el judaísmo.¿Cómo se construye un judaísmo arca? Muchos me dicen: “Rabino, yo no soy religioso, pero soy tradicionalista”.El compositor Gustav Mahler decía: “La tradición no es la adoración de las cenizas, sino la preservación del fuego”.Si queremos construir un judaísmo arca, no podemos vivirlo como algo reactivo, que solo aparece frente al antisemitismo o que solo se alimenta de la memoria dolorosa.Es verdad, durante la historia nos han querido matar más de alguna vez, pero esa no es la razón por la cual somos judíos. Somos judíos porque amamos serlo, porque ser judíos nos da un sentido y un propósito. Porque ser judíos es un orgullo que no se puede explicar.Janusz Korczak, un gran educador que vivió en la época de la Shoá, decía: “Si hay algo por lo que darías la vida, entonces vive por ello”.Construyamos una identidad judía que sea un arca valórica en tiempos de relativismo. Vivamos un judaísmo que nos alimente el alma, que nos haga ser mejores personas, más empáticos, más humanos.La identidad judía como arca se construye cuando vienes a Shabat, cuando haces tzedaká y piensas en el prójimo, cuando comes kasher y mantienes prácticas que te unen a tu pueblo, cuando estudias y aprendes.¿Saben que en nuestra comunidad hay más de 200 adultos estudiando judaísmo cada semana? Sí, estamos construyendo un judaísmo arca.Para proteger esta identidad judía, formemos hogares judíos y cuidemos la continuidad con alegría y orgullo.Y a quienes han formado parejas mixtas, les digo con el corazón abierto: acérquense, caminen con nosotros, aquí hay un lugar para ustedes. No queremos perder a nadie.Tercer pilar: la comunidad arcaEl tercer pilar para nuestra arca es la comunidad.¿Cómo se construye una comunidad que sea un arca? Una comunidad arca nos abraza a todos. No hace diferencias de clases sociales ni distingue entre judíos de nacimiento o judíos por elección. Todos somos judíos, y es hora de enfocarnos en lo que nos une y no en las diferencias.Nuestra comunidad es un arca gracias a las decenas de personas que son voluntarias, que ayudan a los necesitados, que hacen tahará, que acompañan en la mikve, que nos reciben con una sonrisa en la puerta, que abren su mesa de Shabat a un desconocido.Construyamos juntos una comunidad arca. No seas espectador comunitario, esto no es un cine: sé protagonista, participa, involúcrate.El antisemitismo ha aumentado y nos tiene a todos preocupados. Ser comunidad arca es sentirnos en casa cuando estamos juntos, es saber que somos hermanos y sentir muy fuerte que Am Israel jai.Cuarto pilar: el mundo arcaYa tenemos el pilar de la familia, el del judaísmo y el de la comunidad, y nos falta el último pilar, que es el mundo.En Bereshit, D’s le entregó el mundo al ser humano leovdá uleshomrá, para trabajarlo y cuidarlo.¿Estamos cuidando la casa común o solo usufructuando de ella?Reciclemos, seamos conscientes de nuestro impacto en el mundo y seamos parte de la solución, no del problema. Construir un arca también es cuidar nuestro planeta para los hijos de nuestros hijos.Y construir un mundo arca significa ser refugio para cualquier ser humano. La Torá nos dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Y los sabios agregan: “Ama a tu prójimo aunque no sea como tú mismo”.Aceptar al diferente —sin importar su origen, orientación o condición— es el acto de amor y madurez más alto.Súmate a los voluntariados de acción social. ¿Sabías que cada domingo hay decenas de personas que ayudan en un comedor abierto de la Municipalidad de Lo Barnechea? Eso es jesed, amor desinteresado.El Rebe de Lubavitch decía que hay que imaginar el mundo como una balanza perfectamente equilibrada, y que cada pequeña acción tuya puede hacer la diferencia entre que se incline hacia el bien o hacia el mal.Construyamos un mundo que sea un arca de empatía y humanidad.5. La invitaciónEl Titanic se hundió. Pero el arca de Noé flotó, atravesó la tormenta y, cuando las aguas bajaron, sus puertas se abrieron para repoblar el mundo. Esa es la gran diferencia. Una verdadera arca no se construye para aislarse, sino para proteger la luz mientras afuera hay oscuridad, y luego salir a iluminar el mundo.Como pueblo debemos ser or lagoim, luz para las naciones. No porque seamos superiores (¡eso solo si fuéramos todos argentinos!), sino porque tenemos la responsabilidad moral de contagiar bendición.El Talmud es muy claro cuando dice: al tikrá banaij ela bonaij; no leas banaij, “mis hijos”, sino bonaij, “mis constructores”. D’s no nos llama simplemente sus hijos; nos llama sus constructores.Nuestra misión en este mundo es construir arcas que acojan, que salven, que sean luz.Y como decía el tripulante del Titanic: “Mientras sigamos a flote, vale la pena seguir trabajando”.En esta noche sagrada de Kol Nidre, cuando D’s abre el Libro de la Vida, la invitación es clara:• Sé el constructor de un arca de amor y conciliación en tu familia.• Sé el constructor de un arca de sentido y propósito en tu judaísmo.• Sé el constructor de un arca de pertenencia y acción en tu comunidad.• Y, por último, sé el constructor de un arca de responsabilidad e inclusión en el mundo.Que D’s nos regale un año más de vida para construir arcas llenas de luz. Y que muy pronto las tormentas del mundo se calmen y podamos ver juntos el arcoíris de la paz.Jatimá tová.

Tres sinagogas, más de 3.600 personas y cuatro rabinos: una sola Comunidad reunida en Yom Kipur

En el día más importante del judaísmo, el Mercaz volvió a convertirse en un espacio para detenerse, conectar con lo esencial y estar en comunidad.Tres mil seiscientas personas pudieron ser parte de cada tefilá, cada silencio y cada canto en tres servicios paralelos.Quienes no pudieron estar físicamente tuvieron la posibilidad de conectarse a la transmisión online, desde distintos lugares, para ser parte de una misma emoción y un mismo sentido de comunidad.Yom Kipur es una experiencia que se construye entre todos.Jatimá tová y shaná tová.

“Al tifrosh min hatzibur”: Nunca te separes de tu comunidad.

Hay días en el año donde miramos hacia adelante. Y hay otros, como Iom Kipur, que nos invitan a mirar hacia adentro.A preguntarnos quiénes somos. Qué estamos haciendo con nuestra vida. Qué lugar ocupamos en la vida de los demás. Y, quizás, también qué estamos haciendo por aquello que queremos que permanezca cuando nosotros ya no estemos. Crecí en una familia en la que la comunidad nunca fue algo ajeno. Nunca fue simplemente “el lugar al que uno va”. La comunidad era, y sigue siendo, parte de nuestra identidad. Desde chica, mi padre me repetía una y otra vez una enseñanza de Pirkei Avot, que me acompañó toda la vida: “Al tifrosh min hatzibur” — “No te separes de tu comunidad.” Cuando llegamos con mi familia a Chile hace 15 años, dejamos lejos a gran parte de nuestra familia y llegamos al Mercaz… y en ese momento esa enseñanza cobro mas vida que nunca. La semana pasada en nuestra clase de Torah aprendimos otras enseñanzas del Pirkei Avot: “Im ein ani li, mi li?” — “Si yo no estoy para mí, ¿quién estará?” “Uksheani leatzmi, ma ani?” — “Pero si estoy solamente para mí, ¿qué soy?” Y finalmente: “Ve’im lo achshav, eimatai?” — “Y si no es ahora, ¿cuándo?” Hoy siento que todas estas enseñanzas apuntan hacia un mismo lugar. Nos recuerdan que tenemos una responsabilidad con nosotros mismos, sí. Pero que una vida construida solamente alrededor de uno mismo queda incompleta. Que necesitamos pertenecer a algo más grande. Y que pertenecer no significa solamente estar. Significa involucrarse. Significa hacerse responsable. Significa entregar una parte de uno mismo para construir algo que quizás disfrutarán otros. Creo que aprendí eso mucho antes de poder ponerlo en palabras. Mi bisabuelo fue presidente de la comunidad judía de Colonia, en Alemania, en uno de los momentos más oscuros de nuestra historia. Cuando el nazismo hizo imposible la vida judía allí, tuvo que escapar. Pienso muchas veces en lo que habrá significado para él dejar atrás no solamente una casa o un país, sino una comunidad que había ayudado a construir. Después, la historia de mi familia volvió a empezar del otro lado del mundo. Mis abuelos llegaron a Buenos Aires y fueron parte de la fundación de una nueva comunidad. Habían perdido un mundo, pero eligieron volver a construir otro. Años más tarde vi a mi padre dedicarle muchos años al crecimiento de Lamroth Hakol, la comunidad en la cual hice mi bat y años más tarde me casé con Dani. Distintos países. Distintas generaciones. Distintas circunstancias. Pero, de alguna manera, la misma elección. No separarse de la comunidad. Cuando pienso en nuestra historia, me queda bien claro que la continuidad judía nunca estuvo garantizada. No ocurrió sola. Existió porque, generación tras generación, hubo personas que decidieron que valía la pena dedicar tiempo, esfuerzo, energía y corazón para que algo continuara después de ellas. Personas que probablemente estaban ocupadas, que tenían familias, trabajos, preocupaciones y problemas. Personas que podrían haber pensado: “que lo haga otro”. Pero no lo hicieron. Y quizás ahí está una de las enseñanzas más poderosas de Iom Kipur. Hoy dedicamos tantas horas a preguntarnos qué hicimos bien y qué hicimos mal. Pedimos perdón por nuestras acciones, por nuestras palabras, incluso por nuestras omisiones. Pero tal vez también podríamos hacernos otra pregunta: ¿Qué estamos haciendo por aquello que decimos que nos importa? Porque es muy fácil querer que exista una comunidad judía fuerte. Es fácil querer que nuestros hijos tengan dónde celebrar las fiestas, dónde aprender, dónde encontrarse, dónde sentirse parte. Es fácil querer que nuestros nietos algún día entren a una sinagoga y sientan que están entrando a su casa. Lo difícil es preguntarnos: ¿Qué parte de mí estoy dispuesto a entregar para que eso ocurra?No todos tenemos que hacer lo mismo. Pero todos podemos hacer algo. Podemos venir. Podemos participar. Podemos enseñar. Podemos ayudar. Podemos acercar a alguien que se alejó. Podemos traer a nuestros hijos. Podemos dar nuestro tiempo. Podemos hacernos cargo. Porque una comunidad no es un edificio. Una comunidad son las personas que deciden que vale la pena seguir construyéndola. Hoy nos toca a nosotros. Y espero profundamente que algún día nuestros hijos puedan mirar hacia atrás y decir que cuando nos tocó nuestro turno, estuvimos. Que no nos separamos de nuestra comunidad. Que entendimos que estar solamente para nosotros mismos no era suficiente. Y que cuando llegó el momento de preguntarnos: “Ve’im lo achshav, eimatai?” — “Si no es ahora, ¿cuándo?” nuestra respuesta fue: Ahora. Gmar Jatimá Tová.

Discurso de Yom Kipur de Miguel Infeld, presidente CIS

Querida comunidad:Iom Kipur, sin duda, es el momento más sensible y significativo de nuestro calendario. Una noche para detenernos, mirar hacia adentro y preguntarnos quiénes somos, qué hemos hecho y, sobre todo, qué queremos construir hacia adelante.Y este año esa reflexión tiene para mí un significado especialmente profundo.Ser judío hoy, en Chile y en el mundo, no es exactamente lo mismo que hace algunos años.Hemos vuelto a encontrarnos con expresiones de antisemitismo que creíamos superadas. Muchos de nuestros jóvenes lo han vivido en sus universidades, en las redes sociales o simplemente en su vida cotidiana.Y frente a esa realidad, hemos sentido con más fuerza que nunca la necesidad de estar juntos, de defender nuestra identidad y de sentirnos parte de nuestro pueblo.Es precisamente en momentos como éste cuando entendemos el verdadero valor de tener una comunidad.El Círculo Israelita es nuestra casa.Es el lugar donde podemos vivir nuestra identidad judía con libertad y orgullo. Donde educamos a nuestros hijos, acompañamos a nuestros adultos mayores, celebramos nuestras alegrías y nos abrazamos en los momentos difíciles.Y es también el lugar desde donde podemos organizarnos, actuar y expresar con claridad nuestro compromiso con el pueblo judío y con el Estado de Israel.Quiero compartir con ustedes algunos números.No porque los números sean lo importante, sino porque detrás de cada uno de ellos hay personas.Hay vida judía.El Círculo Israelita nació como una pequeña comunidad en el centro de Santiago. En 2006 éramos 546 familias.Hoy somos más de 1.230 familias y nos hemos convertido en una comunidad líder de la vida judía en Latinoamérica.Pero hay otro número que a mí me emociona todavía más.Cada semana, 366 jóvenes participan en Kivún y BBYO, y otros 230 jóvenes en Bet-El. Son casi 600 jóvenes participando semanalmente en nuestra comunidad.Pensemos un momento lo que significa eso.

Reflexiones de Iom Kipur

Este año, las prédicas de Iom Kipur en la sinagoga Ruaj tendrán un hilo conductor particular. Vamos a conversar con Yuval Noah Harari y su libro 21 lecciones para el siglo XXI. No porque allí estén las respuestas que buscamos, sino porque muchas de sus preguntas son también las nuestras: ¿qué ocurrirá con el trabajo en un mundo de inteligencia artificial? ¿Qué significa ser libre cuando algoritmos conocen nuestros gustos y deseos? ¿Cómo preservamos nuestra identidad en medio de tanta información? ¿Qué lugar tendrán la comunidad, la memoria y la responsabilidad en el mundo que viene?Harari plantea los desafíos. Nosotros intentaremos buscar respuestas en una tradición que lleva miles de años preguntándose qué significa ser humano.Y quizás una de las respuestas más importantes de Iom Kipur sea profundamente contracultural: nuestro valor no depende de nuestra productividad.Vivimos contando. Horas trabajadas, resultados obtenidos, dinero ganado, mensajes respondidos, objetivos alcanzados. Incluso el tiempo comenzó a ser evaluado según su rendimiento: decimos que una reunión “valió la pena”, que una conversación “no sirvió para nada”, que visitar a alguien nos “quitó” una tarde.Iom Kipur interrumpe esa lógica.Durante veinticinco horas dejamos de producir, comprar y vender. Nos alejamos de muchas de las cosas con las que habitualmente construimos nuestra importancia y nos presentamos ante Dios simplemente como seres humanos.El ejecutivo y el estudiante pronuncian el mismo Ashamnu. La persona exitosa y quien atraviesa una crisis dicen el mismo Al Jet. Frente a Dios desaparecen por algunas horas nuestros currículums.La Mishná enseña que quien salva una vida es considerado como quien salva un mundo entero. No pregunta cuánto produce esa persona, cuántos títulos posee ni cuánto aporta al producto interno bruto. Una vida contiene un mundo porque una persona posee un valor que no puede reducirse a un precio.Jonathan Sacks distinguía precisamente entre precio y valor. El mercado es extraordinariamente eficiente para determinar cuánto cuestan las cosas, pero existen dimensiones fundamentales de la existencia que se destruyen cuando intentamos convertirlas en mercancía: el amor, la amistad, la fidelidad, la familia, la comunidad.Por eso quizás una de nuestras grandes decisiones para 5787 sea aprender a “perder” un poco más.Perder una hora de trabajo para visitar a alguien enfermo. Perder una oportunidad para llegar a la cena de Shabat. Perder algunos minutos mirando a nuestros hijos a los ojos. Perder parte de lo que ganamos transformándolo en tzedaká. Perder comodidad para involucrarnos en nuestra comunidad.Desde la lógica de la eficiencia estaremos perdiendo.Desde la lógica judía, estaremos aprendiendo a vivir.Hay tres donaciones que todos podemos realizar este año: dinero, tiempo y presencia. El dinero puede convertirse en tzedaká. El tiempo puede convertirse en acompañamiento. Y la presencia puede convertirse en ese regalo cada vez más escaso de estar verdaderamente frente a otro ser humano, sin una pantalla reclamando nuestra atención.La inteligencia artificial podrá hacer innumerables cosas por nosotros. Probablemente muchas más de las que hoy imaginamos.Pero hay una decisión que ningún algoritmo podrá tomar en nuestro lugar:¿A quiénes y a qué estamos dispuestos a entregar nuestra vida?Iom Kipur nos recuerda que vivir no consiste solamente en aprovechar el tiempo.Consiste en decidir para qué vale la pena entregarlo.

La identidad chilena también vive en Israel

Alrededor del 18 de septiembre se juega la identidad chilena en el extranjero, es el momento en que, a imagen y semejanza de Chile, las diferencias parecen olvidarse en torno de una empanada y un vaso de vino.En Israel es también así, este año, como ya es tradicional, nos reuniremos un centenar de connacionales en el Kibutz Gezer, asociados a la Comunidad Chilena de Israel, en un día familiar de piscina, comida, música y baile.Pero también en otros lugares, otros grupos de chilenos celebrarán, en Naharía, en Tel Aviv y en Beer Sheva bailarán cueca y se vestirán con poleras de Chile.Este año además se dará un evento previo organizado por la embajada de Chile en el Centro Peres, un megaevento, sin precedentes que yo recuerde, en que se encontrarán innovadores israelíes, diplomáticos y organizaciones de chilenos, en honor a la fiesta nacional.Años de guerra, años sin embajador, no pasaron en vano, generaron un cambio en nuestra organización, en nuestro relato y en nuestra idea de lo que es ser chileno.Durante el acto del 18 entregaremos el premio Jaime Aron, Z”L, en honor del filántropo chileno fallecido hace unos años, que se otorga a connacionales que han hecho algo extraordinario en favor de la comunidad.Este año premiaremos a los psicólogos Gal Dvorquez y Daniel Eytan por su inquebrantable voluntad de asistir a nuestra comunidad en su salud mental en tiempos de guerra.También aprovecharemos la oportunidad para lanzar el Fondo de Solidaridad Social, pensado para apoyar a los inmigrantes que están llegando, especialmente gente de edad mayor, y que están encontrándose en serias dificultades sociales.Todo esto no es casual, la realidad nos ha obligado a pasar de ser una entidad centrada en el quehacer político a ser una entidad que también asume un rol solidario.Por último, quiero mencionar que nuestra idea de la identidad chilena ha evolucionado también y hoy investigamos las formas de mantenerla fuera de Chile. Fruto de ese trabajo nació el programa Cuentos desde la Memoria en el que rescatamos historias de connacionales, las novelizamos y convertimos en cuentos para niños, pues pensamos que en el relato a las nuevas generaciones hay una clave de permanencia.La nacionalidad es más que un territorio. Seguiremos trabajando para que nuestras dos patrias crezcan en amistad y cooperación.¡Viva Chile, Viva Israel!

“Fauda” vuelve al caos: la temporada que Israel no podía contar como antes

Hay temporadas que continúan una historia y otras que nacen porque la realidad obligó a cambiarla. La quinta temporada de Fauda, estrenada mundialmente en Netflix el 8 de septiembre, pertenece a la segunda categoría. La serie israelí creada por Lior Raz y Avi Issacharoff regresa después de casi cuatro años, pero lo hace a un mundo completamente distinto al que dejó en su cuarta entrega.El punto de partida es el 7 de octubre de 2023. Dos años después de la masacre perpetrada por Hamas, Doron Kavillio —interpretado por Raz— sigue cargando con las consecuencias psicológicas de aquel día. En paralelo, Eli y Salem, dos hombres que perdieron a sus familias, emprenden una misión de venganza que los lleva hasta Marsella, siguiendo el rastro de un terrorista de Hamas. Doron termina involucrándose para impedir que esa búsqueda personal desencadene algo todavía mayor.Lo más significativo es que esta historia no era la que originalmente habían escrito sus creadores. Después del 7 de octubre, Raz e Issacharoff decidieron descartarla y comenzar nuevamente. “No podíamos mantener el plan original”, explicó Raz en una conversación en Connecticut, donde contó que la magnitud de lo ocurrido había hecho imposible continuar como si nada hubiera sucedido.La decisión también abrió una de las principales polémicas de esta temporada. Fauda siempre ha provocado discusiones por su representación del conflicto israelí-palestino: mientras sus seguidores valoran el realismo y la complejidad de sus personajes, sus detractores la han acusado de glorificar las operaciones israelíes. En esta ocasión, algunas críticas apuntan a que la serie aborda con intensidad el ataque de Hamas, pero dedica menos espacio a las consecuencias de la guerra en Gaza.La controversia aumenta con los episodios 7 y 8, que recrean el 7 de octubre desde la perspectiva de sus protagonistas. Los productores emitieron una advertencia especial: las imágenes y sonidos podían resultar demasiado difíciles de ver, hasta el punto de recomendar a quienes lo necesitaran saltarse ambos capítulos.Y allí está, probablemente, el mayor mérito de esta temporada. Fauda sigue teniendo persecuciones, infiltraciones y tiroteos, pero el verdadero enemigo esta vez no siempre aparece con un arma. Es el trauma. La culpa. La necesidad de encontrar sentido después de una tragedia.La quinta temporada no intenta convertir el 7 de octubre en un simple recurso argumental. Intenta mostrar qué ocurre cuando una sociedad todavía está intentando comprender aquello que le pasó. Y quizá por eso Fauda vuelve más incómoda, más dolorosa y, también, más humana.

Septiembre, el mes para celebrar a la Patria

La semana pasada la comunidad judía de Chile celebró la Tefilá por Chile, espacio de encuentro interreligioso y cívico para orar por el bienestar, la paz y la unidad del país, que se realiza de forma anual durante septiembre, en el marco de las Fiestas Patrias. A la oración concurren autoridades de gobierno, parlamentarios, diplomáticos y líderes de diferentes credos religiosos, tal como lo hacen con el Te Deum Evangélico y Católico.Desde 2010 la comunidad judía organiza esta ceremonia como forma de expresar gratitud hacia un país que recibió a sus miembros desde el siglo XVI, cuando los primeros "cristianos nuevos" desembarcaron junto a los conquistadores españoles con un secreto: eran judíos que huían de la Inquisición, y en Chile, como en el resto del imperio, decir esa palabra en voz alta podía costar la vida. Durante casi cuatrocientos años esa gente rezó a puertas cerradas.A fines del siglo XIX y principios del XX, gracias al desarrollo del transporte, llegaron a Chile olas migratorias desde todo el globo: alemanes, croatas, palestinos e italianos, entre otros.Muchos judíos, motivados por la persecución y los pogromos, llegaron al Muelle Prat de Valparaíso desde Rusia, Polonia, Monastir, Salónica y Alemania, entre otros.En 1906, hace exactos 120 años, se registró el primer minyán. Los judíos chilenos tenían el quórum que exige la tradición para rezar.Nueve años después, en 1915, se registra la primera foto de Rosh Hashaná: un grupo numeroso posa frente a la cámara: un hito para los judíos de Chile. La imagen sobrevive gracias al Archivo Judío de Chile, que ha desempeñado un rol fundamental en la preservación de la memoria.De ahí en adelante la historia se aceleró. En 1916 nace en Valparaíso la Comunidad Israelita Max Nordau. Ese mismo año, en Temuco, los sefaradíes llegados de Monastir y Salónica levantaron la sinagoga más antigua del país. El minyán original se multiplicó de norte a sur.En 1970, plenamente integrados, resurge con fuerza la identidad. Ante el censo, se distribuye un afiche: "En la línea religión, coloque únicamente: judía". Ese volante, hoy también resguardado por el Archivo Judío de Chile, es prueba de que mantener la identidad e integrarse eran una necesidad.El compromiso con Chile sería absoluto y se profundizaría con iniciativas pensadas en colaborar con el desarrollo del país, tales como la red de "Escuelas República de Israel", conformada por 14 establecimientos educacionales desde Arica hasta Traiguén, patrocinada por la asociación de mujeres WIZO-CEFI, la Quinta Compañía de Bomberos de Ñuñoa "Bomba Israel" y la Decimoquinta Compañía de Bomberos de Valparaíso "Bomba Israel".Asimismo, el Centro Médico Israelita —creado por jóvenes médicos y dentistas judíos que querían retribuir al país que les abrió los brazos, y que funcionó por más de 100 años—, una ONG que apoya el empleo y el emprendimiento, Fundación Contigo del Círculo Israelita, que responde a las necesidades de personas vulnerables de Lo Barnechea, comuna donde se emplaza, Hatzalá, organización de rescatistas, B'nai B'rith , organización que entrega becas para educación superior, y la Sociedad de Damas Israelitas de Valparaíso de WIZO Viña del Mar, que apoya al Hospital Gustavo Fricke, entre otras iniciativas.También están aquellos que, como individuos, han hecho contribuciones al país, como Premios Nacionales, filántropos, científicos y comunicadores que aportan al "Tikún Olam" (mejorar el mundo).La comunidad es comprobadamente un colectivo interesado en el bienestar de las personas, que genera un impacto concreto en diversas áreas de la sociedad.En la reciente Tefilá por Chile, el rabino Eduardo Waingortin, capellán de La Moneda, recordó el inicio institucionalizado de la comunidad judía en Chile: "Se trata de una enorme declaración de esperanza y la voluntad de permanecer, formar familias, construir instituciones y ser parte del destino del país".Hace décadas, las familias judías disfrutan de las Fiestas Patrias mientras, en el dintel de sus puertas, se ubica la mezuzá. La bandera chilena convive con la menorá, y el asado con la jalá (pan trenzado de shabat). Nadie tiene que elegir.En septiembre se celebra a la patria, llevando a cada rincón la bandera, gastronomía, música y tradiciones chilenas, que reflejan la historia del país.Como dice el presidente de la Comunidad Judía de Chile (CJCH), Alfredo Misraji: "Chile es la patria cuyo destino sentimos como propio. Es la tierra por cuya prosperidad trabajamos, cuyos dolores son nuestros dolores y cuyo futuro estamos dispuestos a construir junto a otros. Somos judíos y somos chilenos. Esta es nuestra patria. Aquí queremos seguir construyendo nuestro futuro y el de nuestros hijos".Desde que llegaron los primeros conversos desde la Península Ibérica escapando de la Inquisición, pasando por aquel primer minyán y la institucionalización de la vida judía, que cumple 120 años, los judíos se han sentido chilenos con el deber de aportar a la construcción del país que acogió a sus antepasados y del cual son orgullosamente parte.

Mois Navon: La pregunta detrás de la máquina

Hay una pregunta que acompaña a Mois Navon desde niño. Tenía alrededor de ocho años cuando descubrió que las personas mueren y se preguntó, con la lógica implacable de un niño: si algún día todo termina, ¿para qué estamos aquí?Décadas después, esa pregunta sigue intacta. Solo cambió el escenario.Navon dedicó 35 años a la ingeniería, trabajando en hardware, software y computadores, y llegó a ser ingeniero jefe de Mobileye y responsable del desarrollo del chip que impulsó la revolución de los vehículos autónomos. Desde Israel, esa tecnología se convirtió en uno de los grandes hitos de la industria automotriz y llegó a millones de vehículos en todo el mundo. Pero mientras construía las máquinas que transformarían la manera de movernos, Navon seguía buscando respuestas sobre algo mucho más difícil de descifrar: el ser humano que las había creado.Estudió en una yeshivá en Jerusalem, obtuvo una maestría y un doctorado en Filosofía Judía y terminó dedicando su investigación doctoral al estatus moral de la inteligencia artificial.En Chile, invitado por Softpower Connections, esa historia volvió a aparecer detrás de cada respuesta.La charla que ofreció en Mercaz estuvo llena. Y cuando llegó el momento de las preguntas, muchos asistentes permanecieron esperando durante una larga ronda en la que la inteligencia artificial se convirtió, inevitablemente, en el centro de la conversación.Navon planteó que el verdadero desafío de la IA no consiste solamente en preguntarnos qué pueden hacer las máquinas, sino qué decisiones estamos dispuestos a entregarles. Ya existen algoritmos que intervienen en cuestiones financieras, médicas, laborales y de transporte. “Los juicios más importantes sobre la vida humana serán cada vez más reducidos a procedimientos algorítmicos”, explicó durante su exposición.Pero hay algo que, para Navon, todavía separa radicalmente a una máquina de una persona: la conciencia.Una máquina puede procesar información, reconocer patrones y llegar a conclusiones extraordinariamente sofisticadas. Incluso puede parecer que razona moralmente. Sin embargo, sostiene Navon, no siente, no tiene experiencia del mundo y no posee conciencia.Ahí aparece una de las preguntas centrales de su pensamiento: ¿puede la moral ser programada?Navon recordó que algunas empresas tecnológicas ya han intentado establecer “constituciones” morales para sus modelos de IA, documentos que buscan enseñarles principios sobre lo que deben y no deben hacer. Pero la tradición judía, explicó, ofrece una advertencia interesante: no existe un único libro capaz de contener todas las respuestas morales. Cada generación debe volver a estudiar, interpretar y aplicar esos principios frente a problemas nuevos.Por eso, su preocupación final no es que las máquinas piensen demasiado. Es que nosotros dejemos de hacerlo.“¿Vamos a usar las máquinas para ayudarnos a crecer o vamos a usar las máquinas para reemplazarnos?”, preguntó.Es una inquietud especialmente concreta cuando se piensa en niños y jóvenes. Navon contó que investigaciones ya muestran que delegar determinadas tareas cognitivas en buscadores o herramientas tecnológicas puede afectar el desempeño posterior: cuando dejamos que una máquina piense por nosotros, corremos el riesgo de ejercitar menos nuestra propia capacidad de pensar.Que esta conversación llegue a Chile responde también a una convicción de Jennyfer Salvo, CEO de Softpower Connections. “El conocimiento que va a definir nuestro futuro no puede ser un privilegio de la geografía”, con esas palabras Jenny introdujo la charla y el propósito de la gira de Navon por Sudamérica: traer a la región a quienes están pensando el futuro para que podamos participar de esas conversaciones mientras ocurren.Quizás por eso Navon resulta tan interesante. No viene solamente a explicar qué harán las máquinas. Viene a recordarnos qué podríamos perder si dejamos que hagan por nosotros aquello que durante siglos nos ha obligado a pensar, elegir y hacernos responsables. Navon viene a recordarnos que, mientras las máquinas aprenden a responder cada vez mejor, nosotros seguimos teniendo que hacernos las preguntas difíciles.Y algunas de ellas —como aquella que un niño de ocho años se hizo frente a la idea de la muerte— siguen sin poder programarse.

IOM KIPUR: VOLVAMOS A CASA

En toda buena casa hay algo que reparar.Una puerta que no cierra bien, una pared que necesita pintura, una ampolleta que lleva semanas esperando ser cambiada. También hay diferencias. Alguien quiere abrir la ventana y otro tiene frío. Uno necesita silencio mientras otro pone música. Convivir nunca significó estar siempre de acuerdo.Las familias lo saben. Las comunidades también.Una comunidad no es una casa perfecta. Es una casa a la que seguimos eligiendo volver, aun sabiendo dónde están sus grietas.Iom Kipur llega cada año para recordarnos precisamente eso: volver a casa, reparar nuestro hogar.En Rosh Hashaná decimos que D-s escribe y en Iom Kipur que D-s sella. BeRosh Hashaná ikatevún uveIom Tzom Kipur ieJatemún: en Rosh Hashaná será escrito y en Iom Kipur será sellado.Pero entre escribir y sellar todavía hay tiempo.Tiempo para volver. Para reparar. Para pedir perdón. Para llamar a alguien. Para escuchar una voz que durante demasiado tiempo evitamos. Para reconocer que quizás también nosotros rompimos algo que ahora nos corresponde ayudar a reconstruir.Por eso el Majzor de Iom Kipur resulta tan sorprendente. En el día más íntimo del calendario judío, casi nunca hablamos en singular.Ashamnu. Bagadnu. Hemos fallado. Hemos traicionado.No dice: él se equivocó. Ella debería cambiar. Ellos tienen la culpa.Dice: nosotros.Porque esta casa también es nuestra responsabilidad.Eso no significa esconder las diferencias. Una casa sana no es aquella donde nunca se discute. Es aquella donde una discusión no destruye el deseo de seguir viviendo juntos.Por eso pedimos selijá, mejilá vekapará. Perdonar. Reparar. Volver a comenzar. Hay grietas que se arreglan con una conversación. Otras necesitan tiempo. Algunas quizás nunca desaparezcan completamente, pero podemos aprender a no convertirlas en paredes que nos separen.Y cuando Iom Kipur comienza a terminar, después de tantas palabras, hacemos algo extraordinariamente sencillo: pronunciamos juntos Shemá Israel.Israel, escucha.Escuchemos.A D-s. Al otro. A quienes piensan diferente. A nuestra propia conciencia. A esta comunidad que construyeron quienes estuvieron antes y que algún día tendremos que entregar a quienes vengan después.D-s escribe. D-s sella.Pero mientras tanto, nosotros todavía podemos hacer algo.Volvamos a casa. Reparemos nuestro hogar.

48ª Jornada Espiritual WIZO: Un Espacio de Reflexión, Resiliencia y Renovación

El pasado lunes 7 de septiembre de 2026, el Departamento de Cultura WIZO Sima Nisis de Rezepka llevó a cabo la 48ª versión de la Jornada Espiritual 5787, una instancia concebida para la preparación interior e introspección de cara a los Iamim Noraim que se avecinan.Bajo el profundo y significativo lema "Un antes y un después del 7 oct: Identidad, resiliencia y visión a futuro", el encuentro propuso un espacio de pausa, balance y profunda reconexión. El trágico e impactante ataque perpetrado el 7 de octubre en Israel marcó un hito doloroso e imborrable que transformó a la sociedad israelí y a las comunidades judías en todo el mundo. Sin embargo, frente al dolor y la incertidumbre, la respuesta del pueblo judío ha sido la reafirmación de su dignidad, la fraternidad y la fuerza colectiva.Esta 48ª versión de la jornada abordó cómo la resiliencia no ha sido solo una capacidad de resistencia, sino una fuerza viva que ha renovado la identidad, redefinido prioridades y consolidado la unión comunitaria. En la antesala de un nuevo año judío, la introspección personal se entrelazó con el compromiso colectivo de honrar la memoria, transformar el impacto de la crisis en acción con sentido y mirar hacia el futuro con fe y determinación.Durante toda la jornada, rabinos y educadores de las distintas comunidades se reunieron para acompañar este proceso de preparación espiritual. Ari Sigal, rabino del Círculo Israelita de Santiago se refirió al poder de la Teshuvá, a la importancia de cerrar las ofensas pendientes y ser una fuente de Brajá. Daniel Zang, rabino de la Comunidad Israelita Sefaradí, hizo el recuento de las Seder ha Brajot, explicando los Simanin para la noche de Rosh Hashana. Aharón Benzadón, rabino de Aish Hatorah se refirió a la importancia del cumplimiento de las mitzvot, y a la transmisión de éstas de padres a hijos, sin esperar un despertar como el del 7 de octubre. La Seminarista Ruthy Libfrand se refirió al 7 de octubre como un silencio que era ruido y que derivó en mayor cohesión entre la gente, también habló de la importancia del judaísmo como una identidad y como un territorio que no tiene suelo. Yonatan Szewkis, rabino de Comunidad Israelita de Valparaíso-Viña del Mar hizo un llamado a pensar cuál será la tefilá de cada uno este año, y a través de la historia de Sara, Agar y Haná, recordó que para que exista el bien tiene que crearse el mal. Alan Geni, rabino de Makom Chile se refirió a la metáfora bíblica en relación con la decendencia judía “como las estrellas del cielo y la arena del mar”, señalando que si bien es importante seguir brillando también se debe acoger al de al lado, y ser como el Shamash. Martín Pusetto, rabino de la Comunidad NBI, haciendo referencia a citas bíblicas de Ezra y Jeremías y al violento despertar que fue el 7 de octubre, señaló la importancia de construir y reinventarse, pero sin olvidar. Cerró la jornada el Rabino Shmuel Szteinhendler de Beit Emunah, se refirió al cambio que significó el 7 de octubre y los tiempos tan difíciles que nos toca vivir, señalando la importancia de mantenernos erguidos, sin pedir perdón ni permiso, continuando la senda de la resiliencia de los que nos precedieron, transmitiendo ese legado a las futuras generaciones.Así la 48ª Jornada Espiritual concluyó reafirmando el compromiso histórico de WIZO con la cultura, la memoria y la vida comunitaria, dejando un mensaje de esperanza, unidad y resiliencia ante los tiempos por venir.

En el Círculo Israelita: El presidente Kast encabezó la Tefilá por Chile Con la presencia del presidente de la República, José Antonio Kast, la comunidad judía de Chile realizó la tradicional ceremonia de oración por el país, destacando sus 120 años de vida institucionalizada. Los vitrales de la sinagoga del Círculo Israelita de Santiago volvieron a iluminar una de las ceremonias más significativas de la comunidad judía chilena. Después de cuatro años de ausencia de un Jefe de Estado, el presidente de la República, José Antonio Kast, encabezó la tradicional Tefilá por Chile, instancia de oración por el bienestar del país que reúne desde hace años a autoridades nacionales, representantes religiosos y miembros de la comunidad. Entre los asistentes estuvieron ministros de Estado, parlamentarios, diplomáticos, representantes de distintas confesiones religiosas y autoridades de diversas instituciones públicas. Fue el rabino Eduardo Waingortin, Capellán de La Moneda, quien dio inicio a la ceremonia: "Hoy agradecemos por Chile, nuestra patria, por la belleza de su tierra y especialmente por su gente. Este año se conmemoran 120 años de vida judía institucionalizada en Chile. Recordamos especialmente a quienes comenzaron a construir nuestra vida comunitaria en el país, cuando en 1906, un grupo de judíos se reunió en Santiago para formar un minyán, el quórum necesario para la oración. Este gesto sencillo contenía una enorme declaración de esperanza y la voluntad de permanecer, formar familias, construir instituciones y ser parte del destino de Chile. Son generaciones de vida compartida y una historia de gratitud hacia un país que recibió a nuestros antepasados y al que ellos buscaron retribuir con su trabajo, su cultura y su compromiso. Hoy nos corresponde seguir construyendo una comunidad plenamente judía y profundamente chilena, orgullosa de su identidad y comprometida con el bienestar de toda la sociedad", dijo. Libertad religiosa y compromiso con Chile En la ceremonia, el presidente José Antonio Kast señaló: "Mis padres también fueron acogidos aquí en Chile. Siempre la casa, la mesa estuvo abierta para el encuentro. Y es lo que hemos buscado también con nuestro gobierno, que este sea un lugar donde nos podamos encontrar”. Aludiendo a los 120 años de vida judía organizada, dijo sentirse honrado con esta comunidad arraigada y comprometida con el desarrollo del país, destacando, entre otras cosas, al Centro Oncológico Ambulatorio Infantil TROI —con presencia en Santiago—, a cuya inauguración en la Araucanía pudo asistir junto a la ministra de Salud, y que existe gracias al trabajo de la familia Rezepka. En esa línea también se refirió a la Teletón. Asimismo, el mandatario destacó la libertad religiosa como un principio del Estado de Chile, lo que significa "asegurar que la próxima generación también pueda crecer en Chile con la misma libertad con la que crecieron sus abuelos y sus padres". Finalmente, destacó: "En este año 2026, el año nuevo judío y el Día del Perdón coinciden con el mes de la patria. Septiembre reúne la historia milenaria de esta comunidad y la fiesta de una patria que es tan suya como la de cualquier chileno". Un gesto republicano Por su parte, el presidente de la Comunidad Judía de Chile (CJCh), Alfredo Misraji, también destacó los 120 años de vida judía institucionalizada en Chile y aseguró que "nuestra identidad judía y nuestra identidad chilena se enriquecen". Al mismo tiempo expresó inquietud: “Las minorías somos parte de la República, lo que hace especialmente preocupante el resurgimiento del antisemitismo. Combatirlo exige leyes eficaces, educación, memoria y una conducta inequívoca de quienes ejercen liderazgo". Misraji se dirigió a la máxima autoridad: "Señor presidente, su presencia esta noche constituye un gesto republicano y significativo para nuestra comunidad. Expresa que el Estado de Chile entiende que la diversidad enriquece a la nación". Plegarias por Chile Durante la ceremonia, los rabinos de Chile elevaron distintas plegarias. El rabino Daniel Zang se refirió al valor de la unidad; el rabino Yonatan Szewkis, a la solidaridad; el rabino Alejandro Bloch hizo una reflexión sobre la esperanza, mientras que el rabino Ari Sigal dedicó sus palabras a la paz. Tras las intervenciones, el presidente del Círculo Israelita de Santiago, Miguel Infeld, junto al presidente de la Comunidad Judía de Chile, Alfredo Misraji, entregaron al presidente de la República y a su esposa una obra de la artista Denise Portugueiz. La Tefilá por Chile concluyó con una oración ecuménica y el tradicional toque del shofar, dejando así una imagen cargada de simbolismo: una comunidad que, 120 años después de aquel primer minyán, continúa afirmando su identidad judía al mismo tiempo que reafirma su pertenencia y compromiso con Chile.

Los vitrales de la sinagoga del Círculo Israelita de Santiago volvieron a iluminar una de las ceremonias más significativas de la comunidad judía chilena. Después de cuatro años de ausencia de un Jefe de Estado, el presidente de la República, José Antonio Kast, encabezó la tradicional Tefilá por Chile, instancia de oración por el bienestar del país que reúne desde hace años a autoridades nacionales, representantes religiosos y miembros de la comunidad.Entre los asistentes estuvieron ministros de Estado, parlamentarios, diplomáticos, representantes de distintas confesiones religiosas y autoridades de diversas instituciones públicas.Fue el rabino Eduardo Waingortin, Capellán de La Moneda, quien dio inicio a la ceremonia: "Hoy agradecemos por Chile, nuestra patria, por la belleza de su tierra y especialmente por su gente. Este año se conmemoran 120 años de vida judía institucionalizada en Chile. Recordamos especialmente a quienes comenzaron a construir nuestra vida comunitaria en el país, cuando en 1906, un grupo de judíos se reunió en Santiago para formar un minyán, el quórum necesario para la oración. Este gesto sencillo contenía una enorme declaración de esperanza y la voluntad de permanecer, formar familias, construir instituciones y ser parte del destino de Chile. Son generaciones de vida compartida y una historia de gratitud hacia un país que recibió a nuestros antepasados y al que ellos buscaron retribuir con su trabajo, su cultura y su compromiso. Hoy nos corresponde seguir construyendo una comunidad plenamente judía y profundamente chilena, orgullosa de su identidad y comprometida con el bienestar de toda la sociedad", dijo.Libertad religiosa y compromiso con ChileEn la ceremonia, el presidente José Antonio Kast señaló: "Mis padres también fueron acogidos aquí en Chile. Siempre la casa, la mesa estuvo abierta para el encuentro. Y es lo que hemos buscado también con nuestro gobierno, que este sea un lugar donde nos podamos encontrar”. Aludiendo a los 120 años de vida judía organizada, dijo sentirse honrado con esta comunidad arraigada y comprometida con el desarrollo del país, destacando, entre otras cosas, al Centro Oncológico Ambulatorio Infantil TROI —con presencia en Santiago—, a cuya inauguración en la Araucanía pudo asistir junto a la ministra de Salud, y que existe gracias al trabajo de la familia Rezepka. En esa línea también se refirió a la Teletón.Asimismo, el mandatario destacó la libertad religiosa como un principio del Estado de Chile, lo que significa "asegurar que la próxima generación también pueda crecer en Chile con la misma libertad con la que crecieron sus abuelos y sus padres". Finalmente, destacó: "En este año 2026, el año nuevo judío y el Día del Perdón coinciden con el mes de la patria. Septiembre reúne la historia milenaria de esta comunidad y la fiesta de una patria que es tan suya como la de cualquier chileno".Un gesto republicanoPor su parte, el presidente de la Comunidad Judía de Chile (CJCh), Alfredo Misraji, también destacó los 120 años de vida judía institucionalizada en Chile y aseguró que "nuestra identidad judía y nuestra identidad chilena se enriquecen". Al mismo tiempo expresó inquietud: “Las minorías somos parte de la República, lo que hace especialmente preocupante el resurgimiento del antisemitismo. Combatirlo exige leyes eficaces, educación, memoria y una conducta inequívoca de quienes ejercen liderazgo".Misraji se dirigió a la máxima autoridad: "Señor presidente, su presencia esta noche constituye un gesto republicano y significativo para nuestra comunidad. Expresa que el Estado de Chile entiende que la diversidad enriquece a la nación".Plegarias por ChileDurante la ceremonia, los rabinos de Chile elevaron distintas plegarias. El rabino Daniel Zang se refirió al valor de la unidad; el rabino Yonatan Szewkis, a la solidaridad; el rabino Alejandro Bloch hizo una reflexión sobre la esperanza, mientras que el rabino Ari Sigal dedicó sus palabras a la paz.Tras las intervenciones, el presidente del Círculo Israelita de Santiago, Miguel Infeld, junto al presidente de la Comunidad Judía de Chile, Alfredo Misraji, entregaron al presidente de la República y a su esposa una obra de la artista Denise Portugueiz.La Tefilá por Chile concluyó con una oración ecuménica y el tradicional toque del shofar, dejando así una imagen cargada de simbolismo: una comunidad que, 120 años después de aquel primer minyán, continúa afirmando su identidad judía al mismo tiempo que reafirma su pertenencia y compromiso con Chile.

Múnich 1072: El deporte también excluye

El 5 de septiembre de 1972, el deporte perdió para siempre su inocencia.Aquella madrugada, ocho terroristas de Septiembre Negro ingresaron a la Villa Olímpica de Múnich y atacaron a la delegación israelí. Dos de sus integrantes fueron asesinados de inmediato y otros nueve tomados como rehenes. Horas después, tras un fallido operativo de rescate, los once habían muerto.No eran soldados. Eran entrenadores, árbitros y deportistas. Hombres que habían llegado a Alemania para competir y representar a Israel en la mayor celebración deportiva del mundo.54 años después, sería irresponsable establecer equivalencias fáciles. Múnich fue terrorismo. Lo que ocurre hoy es otra cosa. Pero existe una pregunta incómoda que vuelve a aparecer: ¿qué sucede cuando un atleta deja de ser visto como deportista y comienza a ser castigado por su nacionalidad, su identidad judía o su vínculo con Israel?Desde el 7 de octubre de 2023, deportistas israelíes y judíos han enfrentado exclusiones, cancelaciones, protestas, presiones políticas y dificultades para competir. No existe una suspensión generalizada de Israel por parte del COI, FIFA o UEFA, pero los episodios se han acumulado.La selección israelí sub-20 de hockey sobre hielo fue excluida temporalmente de un torneo por “razones de seguridad”. Gimnastas israelíes, incluido el campeón olímpico Artem Dolgopyat, quedaron fuera del Mundial de Yakarta tras la negativa de Indonesia a otorgarles visados. El equipo Israel-Premier Tech ha enfrentado protestas e interrupciones en competencias internacionales.Pero el fenómeno tampoco se limita a quienes llevan una bandera israelí. El capitán judío sudafricano de cricket David Teeger perdió la capitanía tras expresar públicamente su apoyo a Israel. En Canadá, la conferencia de Leah Goldstein, ciclista judía y exintegrante de las Fuerzas de Defensa de Israel, fue cancelada por presiones relacionadas con su pasado militar.No es Múnich. Y nadie debería decir que lo es.Pero tampoco debería ser normal que un deportista tenga que explicar quién es antes de demostrar lo que puede hacer.La gran lección de 1972 fue que el odio puede atravesar incluso los espacios creados para unir al mundo. Hoy no hay terroristas escalando la reja de una villa olímpica. Hay otras formas de hostilidad: vetos, campañas, abucheos, cancelaciones y la pretensión de que algunos deportistas carguen individualmente con conflictos que exceden por completo una cancha.Recordar Múnich también significa defender algo elemental: que ningún judío, israelí o deportista debería quedar fuera del deporte por aquello que es.Porque cuando la identidad se convierte en motivo de exclusión, el problema ya no está en el deporte._________________________Los once de Múnich, Z"L Los miembros de la delegación israelí asesinados entre el 5 y 6 de septiembre de 1972 fueron: ● Moshe Weinberg Z"L, entrenador de lucha. ●  Yossef Romano Z"L, levantador de pesas. ●  David Berger Z"L, levantador de pesas. ●  Ze’ev Friedman Z"L, levantador de pesas. ●  Yossef Gutfreund Z"L, árbitro de lucha. ●  Eliezer Halfin Z"L, luchador. ●  Amitzur Shapira Z"L, entrenador de atletismo. ●   Kehat Shorr Z"L, entrenador de tiro. ●   Mark Slavin Z"L, luchador. ●   André Spitzer Z"L, entrenador de esgrima. ●   Yakov Springer Z"L, juez de levantamiento de pesas. Deportistas cancelados, excluidos o afectados desde el 7 de octubre Algunos de los casos más visibles: ● Selección israelí sub-20 de hockey sobre hielo: excluida temporalmente por la IIHF de un torneo en Bulgaria en 2024 por motivos de seguridad. La decisión posteriormente fue revertida. ● Artem Dolgopyat y la delegación israelí de gimnasia: quedaron fuera del Mundial de Yakarta 2025 después de que Indonesia negara visados a los atletas israelíes. ● Israel-Premier Tech: el equipo ciclista ha enfrentado protestas, interrupciones de etapas y presiones para eliminar la palabra “Israel” de su indumentaria. ● David Teeger: capitán judío del equipo sudafricano sub-19 de cricket, fue apartado de la capitanía tras sus declaraciones públicas de apoyo a Israel. ●  Leah Goldstein: ciclista canadiense judía y exintegrante de las FDI. Su conferencia principal en Canadá fue cancelada debido a su pasado militar en Israel. ● Tel Aviv Ibex: equipo de rugby inclusivo israelí, integrado por jugadores judíos y árabes, fue excluido de una competencia europea en Noruega en medio de presiones políticas. ●  Jugadores israelíes de bowls: tres deportistas fueron inicialmente retirados de un campeonato mundial tras protestas, aunque posteriormente la decisión fue revertida. Una diferencia importante: estos casos no constituyen una suspensión general de Israel del deporte internacional. Son episodios específicos de exclusión, cancelación o presión que, en conjunto, reflejan un clima especialmente hostil hacia deportistas israelíes y judíos desde el 7 de octubre.

Rosh Hashaná. Cuando dejamos de contar

Durante 843 días hubo una pregunta que acompañó a millones de judíos alrededor del mundo: ¿cuántos quedan?Contamos personas. Contamos días. Vimos sus rostros en fotografías, llevamos cintas amarillas, dejamos sillas vacías y repetimos sus nombres en nuestras comunidades. En enero de este año, con el regreso de Ran Gvili z”l, el último de los secuestrados fue finalmente devuelto a Israel. Por primera vez desde 2014, no quedó ningún israelí cautivo en Gaza.El contador llegó a cero.Pero descubrimos algo que quizás ya sabíamos: dejar de contar no significa que todo haya terminado.5786 fue un año intenso para el pueblo judío. Un año de alivios y dolores, de pérdidas que todavía necesitan tiempo para encontrar palabras. También fue un año en que volvimos a descubrir algo esencial: frente a la incertidumbre, los judíos buscamos estar juntos.Nos reunimos para rezar, para recordar, para discutir, para ayudar. A veces estuvimos de acuerdo y muchas otras no. Pero estuvimos.Y eso también es comunidad.Los Iamim Noraim llegan ahora con una pregunta diferente. Después de todo lo vivido, ¿qué hacemos con el año que comienza?Nuestra tradición podría habernos enseñado a comenzar el año celebrando nuestras certezas. Eligió algo mucho más humano: comenzarlo reconociendo nuestra fragilidad.Entramos a la sinagoga sabiendo que no controlamos lo que ocurrirá durante 5787. No sabemos qué noticias recibiremos, qué desafíos enfrentaremos ni qué puertas se abrirán.Pero sí podemos decidir cómo queremos atravesarlo.Podemos elegir una comunidad donde nadie tenga que enfrentar solo sus momentos difíciles. Podemos volver a sentarnos alrededor de una mesa de Shabat. Podemos llamar a quien hace tiempo no llamamos, estudiar algo nuevo, ayudar a alguien, cantar juntos, discutir sin rompernos y recuperar la alegría de pertenecer.Y podemos volver a creer.Creer no significa pensar que todo saldrá como esperamos. La fe judía nunca prometió una vida sin dificultades. Creer significa sostener que, incluso cuando todavía no vemos el camino completo, vale la pena seguir caminando.Quizás ese sea nuestro desafío para 5787.Después de años en que aprendimos a contar ausencias, comenzar nuevamente a contar presencias.Quién está a nuestro lado. A quién podemos acercar. Qué podemos construir juntos.El año nuevo no borra el que termina.Nos entrega algo mucho más importante: una nueva oportunidad para escribir lo que viene.¡Shana Tova, A gezunt Yiur, Añada Buena y Saludosa para esta amada Comunidad! 

Yoel Levy: Seguir corriendo por los hermanos Bibas Z”L

Cuando Yoel Levy cruza una meta vestido de Batman, las fotografías suelen mostrar una imagen poderosa: un corredor, una capa, el naranja convertido en símbolo y cientos de personas preguntándose quiénes eran esos dos niños que amaban al superhéroe.Pero detrás del personaje hay algo menos visible.“Después de una de mis carreras quise dejarlo todo”, reconoce Levy, conocido mundialmente como The Jewish Fitness Coach. Había pensado regresar a casa y poner fin a un proyecto que comenzó tras el 7 de octubre, cuando decidió correr en memoria de la familia Bibas y, especialmente, de Ariel y Kfir.Un mensaje inesperado cambió todo.Al llegar a su casa, recibió palabras de apoyo de Yarden Bibas. “Él no sabía que yo estaba pensando en abandonar, pero me dijo lo orgulloso que estaba del viaje que estaba haciendo. Sentí que alguien, desde arriba, me estaba diciendo que siguiera. Todavía hay personas que necesitan conocer esta historia”.Y siguió.El domingo 30 de agosto, Levy corrió la Media Maratón de Santiago, una nueva estación de una travesía que ya lo ha llevado por distintos países y continentes. En Chile fue invitado por Fobeju, institución dedicada a preservar y fortalecer el legado de la educación judía, y compartió con jóvenes y miembros de la comunidad en el Instituto Hebreo.Para Yael Korol, directora ejecutiva de Fobeju, su presencia representó precisamente esa capacidad de transformar una pasión personal en un mensaje colectivo.Levy entiende bien esa conexión. “Mi misión ha sido unir a las comunidades judías alrededor del mundo”, explica. “En momentos difíciles necesitamos recordar que nos tenemos unos a otros”.Su historia, sin embargo, no es solamente la de alguien que encontró una causa. Es también la de un joven que cambió después del 7 de octubre.“Yo era una persona antes y otra diferente después”, cuenta. El deporte se convirtió en una forma de procesar lo ocurrido y, al mismo tiempo, en una herramienta para no quedarse paralizado frente al dolor.Cada vez que se pone el traje de Batman, dice, sigue siendo emocional. “Nunca se hace fácil. Pero también representa que, cuando llegan tiempos difíciles, volvemos a levantarnos y seguimos adelante”.En sus carreras ha enfrentado apoyo, cariño y también comentarios antisemitas. Ha aprendido que no puede controlar todo. “Hay que concentrarse en lo que uno sí puede controlar”, señala. “Construir confianza, enfrentar los desafíos y no dejar que las opiniones de otras personas definan tu misión”.En Chile dejó un mensaje especialmente dirigido a los jóvenes: no esperar a tener poder o fama para generar un impacto.“Encuentren aquello que les apasiona y vean cómo pueden usarlo para ayudar a otros”, aconseja. “No se rindan cuando las cosas se pongan difíciles”.Quizás esa sea la verdadera razón por la que Yoel Levy sigue corriendo.No porque crea que puede cambiar el pasado. Tampoco porque una capa pueda protegerlo del odio.Corre porque entendió que algunas historias no pueden quedar quietas.Y porque, mientras alguien siga preguntando quiénes fueron Ariel y Kfir Bibas, habrá una respuesta corriendo hacia adelante.