Tres historias de vidas, expectativas y sueños por cumplir
Olim Jadashim chilenos:
Por LPI
Quisimos, entonces, conversar con algunos Olim Jadashim que han llegado hace poco, o hace no tan poco, a Israel. Nuestros tres entrevistados coinciden, además, en que son personas que tuvieron roles activos en la comunidad judía chilena pero decidieron, por diversas razones, continuar desarrollándose en Israel.
Además, los tres son parte de la incipiente comunidad de chilenos en Beer Sheva, que se ha convertido en un polo de atracción importante para Olim Jadashim que vienen del país, quizás por tener cercanía con quienes ya se encuentran allá y también porque existe en una comunidad, la Kehilat Eshel Abraham, en que el rabino es Mijael Even-David, Mauricio Tassara, también de origen chileno.
Deborah Bechan:
“Estoy consciente de que acá tengo que reinventarme”
Periodista y Magíster Dirección y Gestión Pública, Debby Bechan (48 años) hizo Aliá hace tres meses junto a su hijo Eli, el menor, quedándose en Chile sus dos hijos mayores, que ya están en la universidad. Llegó al Mercaz Klitá (centro de absorción) de Neurit, en Beer Sheva, aunque su primera intención era llegar a un kibutz. En este período, relata, su primera preocupación ha sido acondicionar la casa donde están viviendo, aunque a los pocos días de llegar ella ya había comenzado el Ulpán de hebreo, mientras que su hijo entró al colegio con el comienzo del año escolar, a principios de septiembre.
Comenta que es él que se ha acostumbrado más rápido que ella, porque “para los niños es más fácil que para nosotros (los adultos)”. Tiene la idea de que terminar el Ulpán, completar los cinco meses, es muy importante a pesar de que ya sabía hebreo (estudió en el Instituto Hebreo de Viña de Mar) porque el nivel de este idioma le abre puertas laborales. También, completar el Ulpán Alef le da acceso a otras oportunidades, por ejemplo otros cursos con valores de descuento. Además, le gustaría trabajar como periodista y entonces el idioma es fundamental, “aunque estoy consciente de que acá tengo que reinventarme”. Pero actividad no le falta: se integró al Directorio del Instituto Chileno Israelí de Cultura.
Respecto de la pregunta de que si el hecho de que ya haya un grupo importante de Olim Jadashim de Chile en Beer Sheva hace las cosas más fáciles para quienes recién llegan, dice que sí, “es como sentirse en familia”. También lo hace el hecho de que el rabino de la comunidad sea chileno. En la kehilá tomó un curso adicional de hebreo conversacional, con la esposa del rabino, también con el afán de mejorar su idioma.
Ariel Toro:
Una nueva vida en la música en Israel
Ariel (56 años) lleva ya tres años en Israel. Hizo Aliá con su esposa e hijo menor, mientras que el mayor se había ido años antes para participar en el programa Naalé. Hoy, sus dos hijos están en la Hatzavá.
Ariel también llegó a Beer Sheva, y desde ahí ha podido emprender una prometedora carrera musical. En Chile, había trabajado en varias instituciones comunitarias, tanto como diseñador (que es su profesión) y también como músico, siendo incluso tecladista para los servicios religiosos del Círculo Israelita de Santiago.
Por eso cuando llegó a Israel se acreditó como músico en el Ministerio de Cultura, teniendo que pasar por un examen de certificación, que aprobó con honores. Entonces comenzó una carrera musical en el país, continuando la que ya tenía en Chile, donde había grabado seis discos. Hace pocas semanas terminó de grabar su nuevo y séptimo disco y comenzará una gira por Israel que bautizó “Isra-Ariel Tour”.
En estos años en Israel, Ariel ha habilitado su propio estudio de grabación en su hogar, y en él también apoya a otros artistas musicales del país. En el último mes, de hecho, estuvo en Barcelona trabajando con un artista español.
Boris Stier:
Tirarse a la piscina (con o sin agua)
Boris Stier (50 años) es el más nuevo de estos Olim. Llegó a Israel el 19 de agosto de 2019, siendo ésta su primera vez en el país. “Eso se llama tirarse a la piscina sin saber si tiene agua o no”, comenta entre risas. Dice que había pensando durante mucho tiempo hacer Aliá, y que creía que además la única forma de aprender bien hebreo era en Israel. Trabajaba en el Ministerio de Salud hasta hace cuatro meses atrás, y cuando terminó su trabajo en esa repartición, decidió abrir su carpeta para emigrar.
Aunque su idea inicial era irse a Tel Aviv, el hecho de que Beer Sheva es una ciudad mucho más económica lo decidió a instalarse allá. Hace dos semanas comenzó su Ulpán, partiendo el aprendizaje del hebreo -confiesa- desde cero.
Como Debby, se instaló en el Mercaz Klitá de Neurit y también asiste a la kehilá de Rabino Even-David. Para él, era fundamental la vivencia del centro de absorción, porque le ha permitido conocer gente de todas las culturas. “Hay que vivirlo”, dice, aunque cree que terminado el Ulpán buscará instalarse en otra ciudad, quizás más al Norte del país.