Netanyahu aventaja a Eisenkot, pero pierde escaños y se abren múltiples escenarios de gobierno
En mayo de 1996, miles de israelíes se fueron a dormir convencidos de que Shimon Peres continuaría siendo primer ministro. Las primeras encuestas a boca de urna anticipaban su victoria, pero el recuento terminó dando un triunfo ajustado a Benjamin Netanyahu, quien llegaría al poder por primera vez. Treinta años después, Israel volvió a vivir una noche electoral de resultados cambiantes, nuevamente con Netanyahu como protagonista.Inicialmente, los canales 12 y 13 proyectaron entre 52 y 53 escaños para el bloque opositor encabezado por Gadi Eisenkot, frente a 50 del oficialismo. Sin embargo, durante la madrugada, las proyecciones comenzaron a modificarse y el escrutinio oficial terminó mostrando una ventaja para Netanyahu.Con el 100% de las mesas electorales ordinarias escrutadas, y a la espera del recuento de los votos especiales, el bloque encabezado por Benjamin Netanyahu suma 53 escaños, frente a los 48 del bloque opositor liderado por Gadi Eisenkot. Los partidos árabes, por su parte, registran un resultado histórico con 19 diputados. Aunque el Likud se consolida como la principal fuerza política individual, ninguno de los dos grandes bloques alcanza los 61 escaños necesarios para asegurar una mayoría parlamentaria en la Knéset.El resultado constituye una demostración de la capacidad de resistencia política de Netanyahu, después de cuatro años marcados por la masacre del 7 de octubre, una guerra en múltiples frentes y profundas divisiones internas. Sin embargo, también representa un retroceso para su coalición, que llegó a reunir 68 escaños durante la legislatura anterior. Más allá de los bloques tradicionales: los posibles escenarios para formar gobiernoEl bloque encabezado por Benjamin Netanyahu reúne al Likud, partido de derecha nacionalista; Shas y Judaísmo Unido de la Torá, representantes de los sectores ultraortodoxos; y las formaciones de derecha radical Otzma Yehudit, de Itamar Ben-Gvir, y Sionismo Religioso, de Bezalel Smotrich, que compitió junto a Zehut.Frente a ellos se encuentra Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor y líder de Yashar, una formación centrista que busca reemplazar a Netanyahu. Su bloque incluye a Beyajad, la alianza entre Naftali Bennett y Yair Lapid, que combina sectores de derecha liberal y centro secular; Israel Beitenu, del nacionalista secular Avigdor Lieberman; y Los Demócratas, encabezados por Yair Golan, representantes de la izquierda sionista y socialdemócrata.Sin embargo, la división entre ambos bloques no necesariamente anticipa la composición del próximo gobierno. Con ninguno de ellos cerca de los 61 escaños necesarios para asegurar una mayoría parlamentaria, las negociaciones podrían dar lugar a nuevas alianzas.Por ahora, se perfilan tres escenarios principales.El primero es un gobierno de derecha y centro sionista encabezado por Netanyahu, que incorpore a sectores de la actual oposición, como Yashar de Eisenkot, Beyajad de Bennett y Lapid o Israel Beitenu de Lieberman, dejando fuera a Los Demócratas y a los partidos árabes. Aunque esta fórmula permitiría construir una mayoría parlamentaria, enfrenta importantes obstáculos: Eisenkot ha rechazado gobernar bajo Netanyahu, incluso mediante un acuerdo de rotación, mientras otros dirigentes opositores también han descartado incorporarse a una coalición liderada por el actual primer ministro. El segundo escenario es un gobierno encabezado por Eisenkot con apoyo de los partidos árabes. Una alternativa sería incorporar a Ra'am, la formación islamista moderada de Mansour Abbas, que ya participó en el gobierno de Bennett y Lapid entre 2021 y 2022. Sin embargo, incluso con sus escaños, el bloque de Eisenkot no alcanzaría los 61 diputados necesarios para asegurar una mayoría parlamentaria. Por ello, otra posibilidad sería formar un gobierno minoritario, es decir, un Ejecutivo que consiga asumir y mantenerse en el poder mediante el apoyo externo o la abstención de otras fuerzas parlamentarias, sin necesidad de incorporarlas formalmente a la coalición. Sin embargo, Bennett y Lieberman se han opuesto a depender del respaldo árabe, mientras Yair Golan se ha mostrado más abierto a esa cooperación. Abbas, por su parte, expresó su disposición a participar en un gobierno de cambio.El tercer escenario es la convocatoria de nuevas elecciones. Si los vetos personales y las diferencias ideológicas impiden alcanzar los acuerdos necesarios, Israel podría regresar a las urnas, como ocurrió durante la prolongada crisis política que llevó al país a celebrar cinco elecciones entre 2019 y 2022.Así, aunque Netanyahu conserva la ventaja electoral y el Likud se mantiene como el partido más votado, su continuidad en el poder está lejos de estar garantizada. La verdadera disputa comienza ahora, cuando los dirigentes deberán decidir qué compromisos están dispuestos a asumir para evitar un nuevo bloqueo político.El voto árabe, protagonista inesperadoUno de los acontecimientos más relevantes de las elecciones fue la elevada participación del electorado árabe israelí, que impulsó un crecimiento histórico de su representación parlamentaria. Este fenómeno se produjo en una jornada de participación nacional récord en casi tres décadas: el 77,7% de los electores acudió a las urnas, la cifra más alta desde 1999. Con el escrutinio de las mesas ordinarias, la Lista Conjunta, integrada por Hadash, Ta'al y Balad, obtiene una proyección de 12 escaños, mientras que Ra'am, el partido islamista moderado encabezado por Mansour Abbas, alcanza siete. En conjunto, 19 diputados, un máximo histórico para las formaciones árabes, frente a los diez obtenidos en 2022. Este avance podría convertirlas en actores decisivos para la formación del próximo gobierno, especialmente ante la ausencia de una mayoría parlamentaria clara. Un largo camino para formar gobiernoEl escrutinio continuará durante los próximos días, especialmente con el recuento de los denominados sobres dobles, un mecanismo utilizado por soldados, diplomáticos, pacientes hospitalizados y otros ciudadanos que votan fuera de sus mesas habituales. Estos sufragios se introducen en un segundo sobre que permite verificar la identidad del elector y evitar duplicaciones, preservando el secreto del voto.La Comisión Electoral Central dispone hasta el 4 de noviembre para publicar los resultados oficiales. Posteriormente, el presidente Isaac Herzog deberá consultar con los partidos representados en la nueva Knéset y designar al diputado que considere con mayores posibilidades de formar gobierno, que no necesariamente será el líder del partido más votado.El candidato elegido tendrá 28 días para conseguir los acuerdos necesarios, con una posible extensión de 14 días adicionales. Si fracasa, podrán iniciarse nuevas rondas de negociación con otros candidatos, prolongando aún más la incertidumbre política.

