08 Agosto 2019, Santiago de Chile

¿Por qué importa el camino del schnitzel al humus?

Por Robert Funk

Política y globalización: Schnitzel y humus
El poder de la comida –de la cocina– no debería sorprendernos. Pensemos en las festividades judías. Todas tienen un elemento culinario. Manzanas y miel en Rosh Hashaná; latkes o sufganiot en Janucá; lácteos en Shavuot, y las mil y una preparaciones de Pesaj. Tal vez la única excepción, por razones obvias, es Iom Kipur, aunque incluso ahí cada familia tiene platos tradicionales con los que deja el ayuno.

También hay quienes mantienen la reglas de la kashrut, por lo que los judíos son un pueblo que usa la comida como un identificador. Según algunos académicos, como el profesor Ronald Hendel de Berkeley, la kashrut tiene sus orígenes en la diferenciación cultural (aparentemente el cerdo, muestran las excavaciones arqueológicas, era una carne bastante común en la dieta de los filisteos). Maimónides, por el otro lado, decía que la kashrut estaba vinculada con la salud – que las comidas no kasher eran menos saludables. Abarbanel discrepó: para él la explicación de Maimónides le quitaba toda espiritualidad a las leyes de Moisés. Era imposible que la Torá fuera un simple manual médico. Lo cierto, es que los judíos entienden el poder simbólico y cultural de la comida.

Pero más allá de la religión, la comida está fuertemente vinculada al poder. Una de las primeras cosas que aprende una guagua es negarse a comer ciertos tipos de comida. Los padres empiezan a negociar, la hija cierra la boca o empuja el plato, y empieza la lucha de poder. Son nuestras primeras negociaciones políticas. Aprendemos lo que es el poder a través de la comida.

Como la política es el ejercicio del poder, no debe sorprender que exista una relación entre comida y política. Cuando se piensa en el poder del estado –especialmente en el contexto israelí– se suele pensar en términos concretos. Israel sobrevive gracias a su poder militar, la inteligencia, el Mossad, y también a un poder científico que le da cierta ventaja comparativa.

Pero hay otros tipos de poder. Gramsci, un teórico marxista italiano, veía el poder como una condición impuesta por uno o varios grupos no solamente a través de la violencia, sino a través de estructuras sociales como los medios, la educación, la economía, y, desde luego, las relaciones sociales. El cientista político Joseph Nye identificó hace años lo que llamaba el “Poder blando”, que incluye la influencia cultural. Nye se refiere al ejercicio del poder que un país puede ejercer en la esfera internacional más allá de las presiones tradicionales como la militar. Un buen ejemplo son las películas de Hollywood, y cómo han influido en las percepciones que el resto del mundo tiene de EEUU, o cómo las cadenas de comida rápida ya casi no son vistas como restaurantes estadounidenses sino como un patrimonio global. La comida, tal vez sin querer, se hizo parte del poder blando estadounidense.

Es muy raro, sin embargo, que alguien diga, “voy a comer comida gringa o china o italiana porque me gusta Estados Unidos, China o Italia.” A la vez, debe haber, pero son pocos, los que dirían “no como bagels o jalá porque son panes judíos”. El consumo de distintas comidas nacionales o étnicas no suelen ser declaraciones políticas. Como escribe el académico israelí Nir Avieli, la comida no es reflexiva. Uno no lo piensa. Come lo que le gusta. Pero aunque la comida no sea reflexiva, sí refleja. Es evidente que una cocina nacional refleja la cultura en que opera, los productos locales, las influencias extranjeras, la disposición a probar lo nuevo, la relativa riqueza o pobreza, y desde luego, las relaciones de poder.

Todos estos factores están muy presentes en la comida israelí.

Si uno hubiera visitado Israel en sus primeros años, la comida que se podía encontrar estaba muy determinada por la escasez y la cultura. La política de Tsena de los años cincuenta limitó el acceso a ingredientes, y la cultura dominante era la ashkenazí. Pero, ¿cuándo fue la última vez que vieron guefilte fish en un restaurante israelí? Hoy, en todo restaurante, y en casi todos los hogares, con la posible excepción de la comunidad ultra-ortodoxa, se sirve humus, falafel, shawarma y shakshuka.

Y no solamente en Israel. La comida israelí está de moda. Uno de los restaurantes más comentados en EE.UU. no está en Chicago o Nueva York, sino que en Filadelfia. Se llama Zahav. En Londres, el chef israelí Yotam Ottolenghi tiene seis restaurantes y sus libros de cocina -incluyendo “Jerusalem”, escrito con un amigo palestino, Sami Tamimi- son bestsellers. Estos restaurantes, como Zahav, ganador del prestigioso premio James Beard, no sirven bolitas de matzá. Sirven comida mizrají.

Este giro en lo que se come en Israel refleja un cambio importante dentro de la cultura israelí. Si bien desde su fundación hasta hace unos años atrás los ashkenazim construyeron una cultura nacional –política, literaria y culinaria– dominada por tradiciones alemanas, rusas y polacas, hoy Israel es una sociedad mucho más compleja.

Entre 1948 y 1956, la población de Israel creció por un poco más de la mitad, y la mayoría de esos nuevos inmigrantes llegaron de los países árabes, expulsados por la violenta reacción de sus gobiernos locales al establecimiento del Estado Judío. En esos años llegaron casi un millón de personas de los países MENA (la sigla en inglés por el Medio Oriente y el Norte de África), es decir, judíos orientales o, en hebreo, mizrajim. El estado israelí intentó integrar estos nuevos inmigrantes dentro de una visión hegemónica del sionismo de la época, queriendo construir en Israel un modelo socialdemocrático y moderno, según líneas europeas.

Un ejemplo de lo anterior lo recuenta la académica Orit Rozin, que explica que durante los años de racionamiento de la Tsena, David Ben Gurion le envía una carta a Yigal Yadin, dándole instrucciones de cambiarle los hábitos alimenticios a los yemenitas. Le ordena a Yigal Yadin que busque para los niños de padres yemenitas “mejor nutrición, ojalá fuera de la casa, porque el padre yemenita no cuida a sus hijos como lo hacemos nosotros…”.

La relación entre comida y poder se hace evidente. La generación de Ben Gurión, además de absorber a los casi un millón de mizrajim, veía la capacidad que tenía la comida para moldear una cierta imagen de Israel y del israelí. Instalaron en el Boulevard Rotschild y en Dizengoff cafés vieneses que servían strudel y schnitzel. Cuenta la leyenda que Golda Meir recibía líderes internacionales en su pequeña cocina y les servía sopa de pollo (tan importante es la receta que, en el año 2012, los Archivos Nacionales de Israel la desclasificaron y la publicaron en su sitio web). Pero los mizrajim trajeron sus propias preparaciones; falafel, humus, malawaj, kabuneh y yajnun, y especias como zhug y za’atar.

El cambio desde el Israel del schnitzel de pollo hacia el Israel del humus ha sido gradual pero constante, desde el primer minuto. Los primeros jalutzim, los que se cambiaron de nombre de Grün a Ben Gurion, o de Meyerson a Meir, entendieron la importancia de volver, por lo menos lingüísticamente, a los orígenes locales. Pero con la comida fue distinto.

¿Por qué importa el camino del schnitzel al humus?

Por dos razones.

Primero, existen voces, cada vez más vociferantes, que han tomado la idea de la apropiación cultural –una teoría sociológica que emerge desde las críticas anti-coloniales de los 80– y la han aplicado a la política del Medio Oriente. El argumento sería que el humus y el falafel son comidas árabes, y el hecho que hoy se venda como comida israelí es nada más que una muestra más del colonialismo sionista.

Queda claro, al entender que los cerca un millón de inmigrantes de los países MENA trajeron con ellos sus tradiciones culinarias, que la acusación peca en la repetición de un tipo de estereotipología que la misma teoría dice combatir. Si uno ve en Israel un proyecto colonial europeo, claramente el consumo de la cocina árabe es un acto de colonialismo, junto con su versión geográfica y política. Pero como señala Hen Mazzig en una columna en el Los Angeles Times, “borrar la experiencia mizrají niega las vidas de los 850.000 refugiados judíos quienes, incluso en los estados herederos al Imperio Otomano de comienzos del siglo XX, fueron tratados de ‘dhimmis’, una palabra árabe que describe una minoría protegida, quienes pagan por esa protección”. La comida mizrají, por ende, no es un ejercicio colonial de europeos apropiándose de las tradiciones de otros, sino una cocina que emerge de siglos de presencia judía en países árabes bajo condiciones precarias, y cuya existencia llega a su fin por una masiva expulsión a mediados del siglo pasado.

La segunda razón que importa es que vivimos en una época en que muchos líderes cuestionan la globalización, y si hay un espacio de la vida cotidiana en que la globalización está presente es en la comida, y si hay un lugar en que notaríamos el cierre de fronteras, sería en nuestras cocinas. Así ha sido siempre, desde la influencia de los fideos chinos en la comida italiana hasta la importancia de la papa (palabra quechua) en las mesas alemanas, o la adopción del tomatl azteca y la badengan (berenjena) de la India en la cocina árabe.

Esos casos no terminan siendo conflictos políticos porque no hay conflictos políticos subyacentes entre las culturas involucradas. Pero cuando dos culturas o países tienen temas no resueltos, una arena del conflicto suele ser gastronómico. El ejemplo de la denominación de origen del pisco viene inmediatamente a la mente. Y, también, el caso del humus, que hoy es tal vez el plato más políticamente simbólico.

En 2006 una empresa norteamericana, Sabra, pensó que sería un buen acto publicitario servir la porción más grande de humus. Midiendo mas de tres metros en diámetro, el plato pesaba unos 400 kg., y entró al libro Guiness de records mundiales.

Esto no le cayó bien a Fadi Abboud, presidente de la asociación de industrialistas libanés. Para Abboud, el humus es libanés, y basándose en el caso del queso feta, en que los griegos demandaron a los daneses y consiguieron el status de denominación de origen en 2002, Abboud intentó ir a los tribunales de comercio internacional para demostrarlo. No fue posible. Pero en 2009 Líbano decidió ganarle a la empresa Sabra, y obtuvo un récord Guiness con el plato más grande de humus, uno de 2000 kg.

En 2010 Jawdat Ibrahim, un árabe israelí del pueblo de Abu Ghosh, conocido por su humus, sirvió un plato de 4000 kg., y de 6.4 m de diámetro. Nuevo récord. Cuatro meses más tarde, Líbano le gana de nuevo a Israel, con un humus de 10,500 kg. Con esto, parece que se logró por fin una tregua en “las Guerras del Humus”.

El académico Ari Ariel, en un artículo en el Journal of Critical Food Studies, dice que las Guerras del Humus representan inquietudes más profundas sobre la “autenticidad” en un mundo globalizado.

Son las mismas inquietudes que hoy alimentan a los movimientos populistas y nacionalistas. En un mundo globalizado, todo cambia, todo se mueve, todo migra. Gente, capital, comida. Cuando eso ocurre, ¿podemos reconocer la comida israelí, chilena, italiana o alemana?

El humus, como muchas otras cosas, al final es el producto de cientos de años de migraciones, tanto de personas como de plantas. Pero, curiosamente, para algunos israelíes, la prueba definitiva de que el humus es israelí se encuentra en Megilat Rut, 2:14, cuando Boaz le dice a Rut:

אָכַלְתְּ מִן-הַלֶּחֶם, וְטָבַלְתְּ פִּתֵּךְ, בַּחֹמֶץ

“Venga, come del pan, y moja un pedazo en jometz”

En español lo traducen como vinagre, o algo ácido. Pero para algunos, la palabra “jometz” es, en realidad, la primera mención en la historia de un plato de humus.

Queda claro que la resolución a las Guerras del Humus pasa por resolver conflictos más profundos (y complejos) y eso no parece ser fácil. Una mirada más intensa nos hace comprender que a través de la comida se observan importantes cambios en la sociedad israelí. Da, de cierto modo, lo mismo quien lo haya inventado: la ubicuidad del humus en los hogares y restaurantes del país subraya el hecho que un 70% de su población sea, hoy por hoy, de origen mizrají, derribando así nociones de un país de europeos trasplantados, y ubicando a Israel, como siempre lo ha sido, al centro de rutas de globalización, migración e intercambio de ideas.

Un hombre grande, en su vida y en su legado

Así comenzaba la columna titulada “Fragilidad”, la última publicada por Tiberio Yosif Klein Z.L., publicada en su perfil de Facebook el pasado 31 de octubre. Tito, como lo conocían sus cercanos era un prolífico ensayista y columnista, a pesar de que su formación profesional era la de arquitecto. Aquejado por un cáncer, falleció el miércoles 13 de noviembre de 2019, a la edad de 75 años. Comprometido dirigente comunitario, fue parte del Directorio de diversas instituciones, entre ellas la Federación Sionista de Chile y el Keren Kayemet Le Israel. Llevaba el sionismo en la sangre, y había sido voluntario en Israel durante la Guerra de los Seis Días, en 1967. Tiberio fue además el primer Presidente en Chile de la Organización Internacional Mensa, una asociación de personas de alto coeficiente intelectual (CI), fundada en Inglaterra en el año 1946. Escritor y dramaturgo de oficio, fue autor de las novelas “Los Peones” (2010) y “¿Dónde está Rita?” (s/a), y mención Honrosa en la Sociedad de Autores Teatrales de Chile. Tiberio Yosif cultivaba una visión crítica e integradora de la comunidad y la vida judía en Chile. Fue parte, hasta su fallecimiento, de Comité Editorial de La Palabra Israelita. Lo recordaremos eternamente por su compromiso kehilatí, su caballerosidad, opinión ilustrada y pluma virtuosa.

El gran gestor de “Anajnu”

David Abodovsky Guiser, Z.L., no era periodista -era publicista- sin embargo entendía muy bien cuál era el rol de un medio de comunicación, y en especial uno comunitario. Desde el sitio web de Anajnu, www.anajnu.cl, fundado en el año 2005, David buscaba propiciar un intercambio de ideas, que estimulara “a las personas a comprometerse con su ser judío e idealmente a participar en alguna de las vertientes del judaísmo con la que se sientan identificadas, fomentando a su vez el conocimiento, la solidaridad y la empatía con Eretz Israel”, como se señalaba en su sitio web. David tenía una idea transversal e inclusiva de cómo debía ser la comunidad judía de Chile, y a través del medio de comunicación que creó y dirigió, intentó impulsar y compartir esa visión. Falleció en la madrugada del sábado 9 de noviembre, a la edad de 73 años, afectado por una grave enfermedad. Fue, como lo calificó la Comunidad Judía de Chile en un comunicado, “un trabajador incansable y un férreo defensor del pueblo judío y el Estado de Israel”.

Directora israelí integrará jurado del Festival Internacional de Cine

La cineasta y actriz israelí Hadas Ben-Aroya integrará el jurado de la 34ª edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. El filme “People that are not me”, dirigido y protagonizado por Ben-Aroya, había ganado el premio mayor (Astor de Oro) del Festival en 2016. Ben-Aroya nació en 1988 en Israel. Se graduó de la Escuela de Cine Steve Tisch en la Universidad de Tel Aviv. Ganó el «Mejor Cortometraje» en el Shanghai Film Festival con «Sex Doll» (2013). Su primer largometraje «People That Are Not Me» (2016) se estrenó en el Festival de Locarno y ganó la competencia internacional a mejor película en el Festival de Mar del Plata. Hadas participó en los Berlinale Talents 2016 y en el Master Class del Festival de Cine de Zúrich. «Nymphie», su segundo proyecto de largometraje, fue seleccionado para participar en el laboratorio de guionistas de Sundance 2017. El Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2019 se realizará del 9 al 18 de noviembre y es organizado por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA).

Censuran libros del israelí Yuval Noah Harari

La liga de editores de Teherán decidió vetar la compra y venta en su territorio de los libros del célebre escritor israelí Yuval Noah Harari. De acuerdo a información de la agencia estatal iraní IRNA recogida por la agencia de noticias AP, la liga incluso busca una “posible” toma de acciones legales contra la venta de los libros. Entre los libros vetados se encuentran De animales a dioses: Breve historia de la humanidad, Homo deus: Breve historia del mañana, 21 lecciones para el siglo 21 y Dinero. En mayo pasado, el Ministerio de Cultura de Irán anunció el veto a la publicación de los libros de Harari en el territorio iraní. Como sus argumentos para la decisión, señaló que estos promueven la teoría de la evolución y falsifican la historia. Asimismo, las autoridades iraníes expresaron su temor de que los libros de Harari, al que llaman “un sionista”, pudieran difundir ideas occidentales entre sus ciudadanos.

Musulmanes y judíos de Bosnia conmemoran siglos de buena convivencia

Con motivo del bicentenario de este acontecimiento, las dos comunidades organizaron en Sarajevo una conferencia y exhibición para recordar y destacar que la convivencia pacífica entre las dos religiones es posible en estas tierras desde hace unos 500 años. Todo ello, en medio de crecientes sentimientos antisemitas y islamófobos, no solo en Europa sino en gran parte del mundo. Tras la expulsión de los sefardíes de España en 1492 decenas de miles de judíos llegaron al Imperio Otomano, y con ello también a lo que hoy es Bosnia Herzegovina. "Estas dos comunidades son un luminoso ejemplo de cómo dos religiones diferentes pueden cooperar. Los dos pueblos muestran que la tolerancia es la clave del éxito", aseguró Jakob Finci, histórico líder de la comunidad judía de Sarajevo. "Lo que desconcierta a este mundo dividido por todo tipo de conflictos es cómo los musulmanes y judíos de Bosnia viven juntos, comparten el bien y el mal", agregó el ex político durante la conferencia celebrada el pasado jueves. LA COMUNIDAD JUDÍA, DIEZMADA POR EL HOLOCAUSTO La comunidad judía de Sarajevo -con hoy solo entre 700 y 800 personas, en su mayoría de origen español (sefardí)- contaba hasta la Segunda Guerra Mundial con más de 12.000 personas, casi una cuarta parte de la población de la ciudad entonces. Sin embargo, gran mayoría de los judíos bosnios fueron asesinados durante la ocupación nazi y el Holocausto. Los musulmanes conforman la principal de las tres grandes comunidades étnica-religiosas de Bosnia, junto a los serbios y croatas, que se enfrentaron durante la sangrienta guerra civil de 1992-1995. En Sarajevo, un 80 % de la población es musulmana actualmente. El líder de la comunidad islámica bosnia, Husein Kavazovic, expresó durante la conferencia su esperanza de que conmemoraciones conjuntas de este tipo vayan a "fortalecer la unidad" entre ambas comunidades, pero también con otros grupos en el país balcánico, que sigue traumatizado por la guerra civil hace un cuarto de siglo. UNA REBELIÓN MUSULMANA DA ORIGEN A UNA FIESTA JUDÍA El motivo concreto de la conmemoración esta semana es el 200 aniversario de una rebelión de los musulmanes sarajevitas contra el gobernador otomano Mehmed Ruzdi Pasha. Éste había encarcelado al rabino local Moshe Danon y a otros diez prestigiosos judíos de la ciudad, exigiendo un elevado rescate a la comunidad hebrea a cambio de sus vidas. Unos 3.000 musulmanes se alzaron en armas para protestar ante la sede del gobernador. Lograron no solo salvar a sus vecinos judíos sino también forzar la destitución y expulsión del administrador. El historiador bosnio Eli Tauber destacó la importancia de este evento para los judíos sarajevitas, que desde entonces festejan cada otoño lo que llama en ladino (judeoespañol) el "Purim di Saray". Hacen alusión así a la fiesta judía de Purim, que se celebra cada febrero o marzo (dependiendo del calendario judío) para conmemorar la salvación de los judíos en Persia hace 2.500 años cuando un ministro del Rey propuso aniquilar a todos los hebreos. La salvación sarajevita de 1819 hace pensar de alguna forma en la historia de Purim, expuesta en el Libro de Ester (Meguilat Ester, en hebreo) que se lee cada año y desde hace siglos en las sinagogas de todo el mundo. "Purim es una celebración de la libertad. Esta es la primera vez que salimos del marco de nuestra propia comunidad. La comunidad Islámica ha aceptado celebrarla con nosotros", concluyó Tauber.

Para recordar la Kristallnacht

El histórico equipo brasilero Corinthians ha dado a conocer a través de sus redes sociales que, durante esta semana portarán tanto en su camiseta, como en las butacas de su estadio una Estrella de David para recordar la Kristallnacht, más conocida como la noche de los cristales rotos. El fútbol puede ser mucho más que un resultado. Y en Corinthians, uno de los clubes más populares del mundo, van a encargarse de dejarlo claro. Es por esto que el club usará su camiseta para mantener viva la memoria sobre un episodio funesto la Noche de los Cristales Rotos, uno de los episodios emblemáticos de la persecución a los judíos en la Alemania nazi. El club paulista contó en un video brillante y conmovedor la idea del homenaje que se realizará el 9 de noviembre, cuando se cumplan 81 años del día en que comenzó una serie de linchamientos acompañada por la destrucción de instituciones judías. Corinthians recordará esa tragedia en un partido clave: el choque por la 31° fecha del Brasileirao ante Palmeiras, su clásico rival. Como bien explica el video que se difundió a través de los canales oficiales del equipo dejó de usar estrellas en sus camisetas en 2012, año en que obtuvo su primera Copa Libertadores y su segundo Mundial de Clubes. “Corinthians no vive de títulos. Vive de Corinthians (…) Y a pesar de no usar más estrellas, sabemos que nuestros títulos jamás serán olvidados. Pero existe una historia que debe ser recordada. Una historia que también es representada por una estrella. La estrella del Holocausto, explica el locutor en off del emocionante video, mientras se aprecian las imágenes de los refugiados judíos durante los años del horror nazi. En una publicación en su cuenta de Twitter, el club de fútbol anunció que desde el 6 de noviembre y durante esta semana, su equipo lucirá en su camiseta una Estrella de David amarilla, como las que los Judíos fueron obligados a utilizar :“Cortinthians rendirá homenaje a una fecha dolorosa que ha marcado a generaciones de personas”, publicaron.

El vivo legado de Sefarad

El Instituto de Estudios Sefaradíes fue fundado en 1975. Sus objetivos son el estudio, la preservación y la difusión del Patrimonio y valores culturales, históricos y sociales de los judíos que vivieron en la Península Ibérica por más de mil años, hasta su expulsión en 1492. La mayoría se fue hacia países en torno al Mediterráneo, en especial al entonces Imperio Otomano. El Instituto creó el “Coro Sefarad” a principio de los años ochenta, dedicado a la difusión del Romancero Judeoespañol y canciones folclóricas y litúrgicas sefaradíes, en forma polifónica y folclórica con acompañamiento musical. También se desdobla en un grupo amateur de teatro musical que, a través de sus interpretaciones, testimonia las costumbres del quehacer sefaradí. Colabora regularmente con los Departamentos de Culto y de Cultura de la Comunidad Sefaradí. En 1994, se inaugura el “Museo Histórico Sefaradí de Chile” y el “Museo Bibliográfico del Judeoespañol”. Estos se encuentran en el atrio de la Sinagoga Maguen David de la Comunidad Israelita Sefaradí. Se pueden visitar con guía y, cada año, centenares de personas, entre los cuales los alumnos de varias escuelas de Santiago, seminaristas, turistas, etc., los visitan. El Instituto mantiene también un Archivo General con importante material informativo. Ofrece permanente orientación a estudiantes y estudiosos en la investigación del acervo Sefaradí. Su directora actual -y desde hace años- es Raquel Gateño Palombo.

“Queremos nivelar la cancha hacia arriba y que ningún niño se quede atrás”

A comienzos del mes de septiembre de 2019, con motivo de la realización del 15° Encuentro Anual de Endeavor Chile, la red internacional de emprendedores eligió a cinco nuevos miembros para su Directorio, entre ellos a Ariel Gringaus. Ariel es egresado del Instituto Hebreo y de Ingeniería Civil Industrial de la Universidad de Chile, y tiene estudios de educación ejecutiva en administración e innovación en IESE (España), Wharton (EE.UU.) y CEIBS (China). Fue Rosh Tnuá de Tikva, co-fundador de la Asociación de Emprendedores de Chile, ASECH, y es fundador y CEO de Colegium, la empresa que provee soluciones tecnológicas para la educación, creada en Chile y ya presente en seis países de Latinoamérica y en España. Creado en el año 2000, Colegium nació con el objetivo de mejorar la gestión global y el desempeño de los colegios, desarrollando herramientas tecnológicas diseñadas para mejorar el trabajo de los profesores y el equipo administrativo; mejorar la supervisión del colegio por parte de los directivos, y mejorar la comunicación entre el colegio y las familias. Desde el año 2009, es parte de Endeavor, que como explica Ariel “es una organización sin fines de lucro, fundada en Nueva York con la idea de agrupar a países que están en vías de desarrollo y ayudarlos desarrollarse a través de emprendimientos de alto impacto, que generen buenas condiciones para el país, empleos y relaciones con clientes y proveedores de calidad, y que sean escalables, que puedan estar en muchos países”. “Lo que hace”, agrega, “es ayudar, a través de mentorías, a que los emprendedores se puedan desarrollar mejor. Pero no cualquier emprendedor, en este caso emprendedores de alto impacto que pasan por un proceso de selección súper difícil. En 20 años han seleccionado, en unos 25 países, a unas 2.000 personas, y a esas personas los ayudan a que se desarrollen y tengan mejor resultado sus emprendimientos, y así le va mejor a los países. Cada país tiene un directorio que, en general, es formado por parte de los principales empresarios del país. Son los mismos emprendedores los que votan y pueden elegir miembros nuevos para el Directorio, y me votaron”. Es, para ti, una actividad honorem, tal como es la misión de la organización. -Es como en la comunidad, el tiempo que uno le dedica es parte del tiempo personal, en que uno deja de hacer otra cosa, deja de trabajar o deja de hacer algo con su familia por ayudar a esta misión, que -sobre todo en estos momentos, en esta situación complicada en que la gente se ve medio agobiada- busca ver cómo ayudamos a que Chile sea un mejor país para vivir. Necesitamos trabajar, que haya trabajo de calidad, que la gente se puede desarrollar profesionalmente y que pueda pensar globalmente, y que pueda generar riqueza para Chile. Eso es súper interesante y eso es lo que hace Endeavor. ¿Les ha tocado analizar cómo se siguen desarrollando estas empresas en esta contingencia y cómo va a impactar? -Para Chile va a ser súper difícil, pero no imposible salir adelante. Pero sí va a ser algo súper duro. Nosotros decidimos ser parte de la solución, entonces estamos conversando con gente, tuvimos una ronda de conversaciones con senadores y diputados. No queremos conversar sólo entre nosotros mismos, los emprendedores. Y estamos viendo varias cosas relacionadas con buenas prácticas, no solamente con temas salariales, sino de calidad de trabajo, de Home Office, para entre todos ver cómo manejar esta situación tan difícil para mucha gente. A veces uno no se da cuenta, pero si una persona se demoraba 25 minutos o media hora en llegar a trabajar, ahora llega después de dos horas de viaje, ya llega al trabajo cansada. Y ahí tenemos que ver cómo lo recibimos, cómo le damos cariño, cómo los ayudamos, porque más encima está preocupado de que los niños no están en el colegio, de lo que está pasando en su casa. Esto tiene distintos focos, antes sólo tenía el foco en trabajo y después se iba a una vida organizada, y se desorganizó todo. La gente que trabaja con nosotros en otros países también está súper preocupada, porque ven en la tele los saqueos, ellos saben que nuestra oficina está cerca de Plaza Italia y está súper asustados. Mucha de la gente que está fuera pregunta qué pasa con ustedes, con el manejo de crisis y esta situación especial, y la verdad que no ha sido difícil para nosotros, porque le hemos dedicado tiempo a cada persona y todo el equipo ha estado súper unidos. “Más tiempo para educar” Ariel Gringaus sabe que una de las áreas más conocida de Colegium es Schoolnet, pero comenta que ésta es parte de una idea mayor, que es “tratar de resolver los problemas de los colegios a través de tecnología e innovación. Nosotros motivamos a que los profesores se dediquen a lo que importa, que es enseñar, les sacamos todo el tema de atrás, qué son las calificaciones, la asistencia, etc. También tenemos un área que ve las recaudaciones de los colegios y además tenemos un sistema de comunicaciones, que en estos días ha sido súper útil. Tenemos, también, una parte de orientación, de seguimiento de talentos, y otra de biblioteca de recursos digitales. Entonces, es un sistema que de alguna manera transforma digitalmente el colegio, y lo más importante es que el profesor tenga ese tiempo, que es el que puede estar haciendo tareas rutinarias, que tenga más tiempo para para estar con los alumnos”. El CEO de Colegium comenta que “ahora, además, tenemos ciertas herramientas de diagnóstico para ayudar a que los niños aprendan mejor matemáticas y lenguaje. Hace unos años se decía siempre que los chilenos no entienden lo que leen y es verdad, entonces dijimos “Bueno, cómo vamos a ser un país desarrollado si los niños no entienden”. Nosotros tenemos un grupo de niños afortunados que van a colegios espectaculares, como el Instituto Hebreo o el Maimónides, que tienen un nivel de profesores y directores espectacular, pero hay muchos niños que están en un colegio público, por ejemplo, que muchas veces el niño pasó del curso pero tiene una carencia en lectura. Pasa de segundo a tercero Básico y el profesor de tercero parte con la materia de ese año, no está preocupado de ayudarlo. Y después ese niño pasa a cuarto, a quinto, y de pronto ese niño tiene que empezar a estudiar de manera autónoma, leyendo un libro de ciencia y no entiende nada. Entonces, estamos trabajando en todos estos temas para que los niños lean bien, queremos nivelar la cancha hacia arriba y que ningún niño se quede atrás por un tema de lectura, porque eso al final a ese niño lo va a perjudicar para siempre, le va a ir peor en la universidad, va a tener un peor empleo. Es algo de muy largo plazo, pero creemos que por ahí va. Los países desarrollados lo han hecho, tú lo ves en Finlandia, en Singapur, en Estados Unidos”. ¿Qué te motivó a trabajar desarrollando tecnologías para la educación? -20 años atrás yo estaba estudiando ingeniería en la Universidad de Chile y, en esa época, te formaban no para ser un emprendedor, sino ser un ejecutivo, ojalá de alguna empresa destacada. En ese momento decidimos, con mi socio, emprender y era muy raro, nos decían “Por qué quieren emprender si tienen un título, si son ingenieros, pueden tener un trabajo digno, un buen sueldo”. Nosotros creíamos que el emprendimiento en una forma de vida que nos gustaba. Empezamos a buscar un negocio, una idea, justo era el boom de las .com. Y yo me di cuenta de que los colegios estaban en ese proceso de digitalización, tenían registro de la información pero no le comunicaban a los papás, ellos estaban fuera de los procesos educativos de sus hijos. Dije “Hay una oportunidad de conectar a colegio con los papás, ese papá debiera estar dentro el proceso educativo, no fuera”. Pensé en hacer Schoolnet y vi que habían colegios que ya tenían un sistema que se llamaba School track, entre ellos el Instituto Hebreo. Fui a ver el creador, lo encontré genial y nos asociamos. ¿Tienes una idea de cuántos son los colegios que están trabajando con ustedes actualmente? -Son miles, miles, no te puedo decir, y todos los días hay más colegios. ¿Están trabajando en alguna línea nueva de desarrollo? -Nosotros estamos todo el tiempo inventando cosas, y ahora estamos muy enfocados en el tema calidad, que en el fondo es cómo ayudar a que los alumnos a que realmente aprendan. Lo que pasa es que hay una diferencia generacional super importante, tú tienes los libros de texto y la forma en que enseñan los profesores, como nos enseñaron a nosotros, a nuestros papás, a nuestros abuelos, etc. Pero los niños ahora aprenden distinto, entonces nosotros tenemos que hacer la interfaz que ayude a que un niño que nació en el Siglo 21 pueda aprender mejor. El problema es que los profesores son espectaculares, pero un niño tiene conversaciones simultáneas entre el Instagram, el Whatsapp, la abuela, la polola… Tiene problemas de lectura, no sabe leer bien y tiene mala nota en comunicación, pero el niño se puede comunicar con un montón de gente simultáneamente, se coordina hasta para ir a una manifestación. Pero llega la prueba de lenguaje ¡y no se saben comunicar! Entonces algo está pasando entre la forma en que estamos enseñando y como ellos reciben lo que estamos enseñando. Nuestra misión es ahora es ayudar a acortar ese gap. Y está todo el tema de cómo hacer las tareas en línea. Entonces estamos pensando en un sistema que sea fácil, para que el profesor pueda corregir, así ayudar a la calidad de vida del profe y sobre todo al aprendizaje de los alumnos. Estamos tratando de apuntar ahí.

“Iguales a uno” de Juan Pablo Iglesias ya circula en Estados Unidos e Israel

Fue gracias a un azar relacionado con los libros que Juan Pablo Iglesias pudo conocer al ensayista y traductor mexicano Ilan Stavans. Invitado a la Feria Internacional del Libro de Santiago, FILSA, en el año 2017, Stavans e Iglesias se conocieron gracias a que el segundo estaba a cargo del stand que la Comunidad Judía de Chile, CJCh, tenía en el evento cultural. Entonces, Juan Pablo tuvo oportunidad de hablarle de su libro, “Iguales a 1”, una obra de literatura infantil e ilustración que había lanzado el año anterior. El libro cuenta la historia de Daniel e Ismael, que no se conocen, pero comparten más semejanzas de las que cualquiera pueda imaginar. Ambos se encuentran en el parque, y la pelota comienza a rodar, y de esta manera protagonizan el juego más grande de todos, aquel donde el marcador deja de importar. Superando sus diferencias, Daniel que es judío y Ismael árabe, se dan cuenta que es más lo que los acerca que lo que los separa, y dejan de lado los prejuicios que los adultos les quieren imponer. Con el apoyo del Fondo del Libro, “Iguales a 1” fue publicado por el sello SM. Y ahora, gracias a la gestión de Ilan Stavans con la editorial Restless Books, fue publicado en una versión trilingüe hebreo, árabe e inglés, que ya está en los escaparates de las librerías de Israel y se puede adquirir online a través de Amazon y Book Depository.